Canarias

Sin Goya al mejor espectáculo

Si en 2015 la gala de los Goya comenzaba con contundencia y cierto estilo, acabando luego en las manos del dios del aburrimiento, eso sí, salvada por la irrupción del humorista metido a actor Dani Rovira, este año no solo su inicio no fue prometedor -un paupérrimo número musical-, sino que lejos de remontar durante la noche se sumió aún más en el tedio, sin que el carisma del cómico malagueño pudiera hacer nada para mejorar el cotarro, salvo algún que otro chascarrillo a cuenta de los políticos presentes entre el respetable. Una -larga- velada para olvidar en su faceta de espectáculo, en la que únicamente deslumbraron las emocionales intervenciones de Miguel Herrán, Dani Guzmán y Natalia de Molina, la gran sorpresa de la noche, no en vano arrebató el cabezón a Penélope Cruz, Juliette Binoche e Inma Cuesta -ahí es nada-. Una realización televisiva manifiestamente mejorable -a muchos aludidos ni se les vio en el graderío, o se les vio a destiempo-, unos números desubicados -la magia y el cine van de la mano, pero no tanto- y el dudoso criterio -como acertó a espetar Ricardo Darín– para interrumpir los discursos de los premiados -la dichosa e irrespetuosa musiquita- jalonaron un acto bastante lejano de la brillantez que se requería en el 30 aniversario de los galardones. Si la referencia para la que se supone que es la gran fiesta del cine español sigue siendo Hollywood -si se copia de lo bueno, bienvenido sea-, todavía hace falta aprender, y mucho. Y si no, que se fijen aquí cerquita, en los Premios Feroz, que en solo tres ediciones, con menos medios pero con bastante imaginación, logran hacer una gala de lo más ágil y divertida.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Premios ¿Qué opinas?

Los premios de la crítica más Feroz

Foto de familia de parte del elenco del filme 'La novia', la gran ganadora de los premios Feroz. / EUROPA PRESS

Foto de familia de parte del elenco del filme ‘La novia’, la gran ganadora de los premios Feroz. / EUROPA PRESS

Van solo tres ediciones, pero como si llevaran 20. Los premios de los críticos de cine españoles, o sea, los Feroz, ya se han consolidado en el panorama de galardones patrios y en la gran antesala de los Goya, algo así como los Globos de Oro de estos lares, lo cual no es moco de pavo. El madrileño Teatro Príncipe Pío concitó la noche del pasado martes a buena parte de lo más granado de la cinematografía actual del país; por allí pasaron actores y directores como Penélope Cruz, Inma Cuesta, Natalia de Molina, Blanca Suárez, Mario Casas, Hugo Silva, Quim Gutiérrez, Leticia Dolera, Daniel Guzmán, Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Elvira Mínguez, Luisa Gavasa, Javier Cámara, Ramón Barea, Pedro Casablanc, Nora Navas, Bárbara Lennie, Ingrid García Jonsson, Bárbara Santa-Cruz, Álvaro Cervantes, Rosa María Sardà, Fernando Trueba, Dani de la Torre, Paula Ortiz, Fernando León de Aranoa, Álex de la Iglesia, Borja Cobeaga y Paco Plaza, entre muchos otros, además de productores, guionistas, publicistas, y cómo no, los críticos e informadores de cine de España que, reunidos bajo las siglas de AICE, promueven la concesión de estos premios.

Inma Cuesta, premio Feroz a mejor actriz. / EUROPA PRESS

Inma Cuesta, premio Feroz a mejor actriz. / EUROPA PRESS

Silvia Abril, la presentadora de la gala de los Feroz. / EUROPA PRESS

Silvia Abril, la presentadora de la gala de los Feroz. / EUROPA PRESS

A diferencia de los Goya, los Feroz tienen mucho menos boato en sus formas, aunque sin renunciar al glamour, faltaría más. Lejos de las tensiones y los nervios de la llamada gran fiesta del cine español, el acto de los Feroz resulta siempre un encuentro distendido y ameno, que se hace extensivo a la propia gala en las que el gremio del séptimo arte y la canallesca comparten mesa y mantel, y alguna que otra confidencia. Una noche por y para el cine, que en esta convocatoria tuvo una clara ganadora, La novia, que se alzó con seis galardones, seguida de Truman, con dos, encumbrando a mejor actriz a esa pedazo de intérprete llamada Inma Cuesta, que poco a poco va subiendo peldaños en esto de la claqueta y que le arrebató el título a una Penélope Cruz sublime por su papel en ma ma. El otro nombre propio de la noche, además de la mentada Inma Cuesta y de Paula Ortiz, la directora de La novia, y de la homenajeada por su trayectoria, Rosa María Sardà, no fue otro que el de Silvia Abril. La actriz y cómica se encumbró como una excelente presentadora de galas, tanto que los organizadores de los Goya ya deben haber tomado buena nota para futuras veladas. Humor ácido y fresco, vamos, lo que se le pide a una cita impulsada por la crítica. Silvia Abril tiró a diestro y siniestro (ni su propia pareja, Andreu Buenafuente -que no asistió- se salvó de sus dardos). “Esta edición de los Goya tendrá una Academia de Cine más española que nunca, porque qué más español que tener un presidente imputado”, remachó la catalana en alusión al extitular de la Academia Enrique González Macho.
El desparpajo de Silvia Abril no acabó aquí. Bromeó a pie de mesa con Mario Casas (a quien expulsó de la sala), Javier Cámara (al que le recordó que era su tercera nominación a los Feroz, “y que eso no significaba que se lo fuera a llevar”), Luis Tosar, Nora Navas y Penélope Cruz. “Gracias por asistir a esta humilde gala”, le dijo a la oscarizada actriz española. “Sabemos que estás acostumbrada al glamour de los Óscar, aunque a veces alguna actriz berrea el nombre de algún director (por lo del famoso “¡Pedroooo!” que Cruz gritó cuando se conoció el premio a Almodóvar). Pero las pullas no acabaron aquí, refiriéndose a B, la película, la cinta sobre Luis Bárcenas que interpretó Pedro Casablanc y que obtuvo el premio especial del jurado, la conductora de la gala espetó: “Ya era hora de hacer una película sobre corrupción, con la de chicha que dan los políticos, y debería existir como género propio, como los americanos, que tienen el western, los ingleses, que tienen el cine social, o los franceses, que tienen el cine pretencioso”. Y no le falta razón…

La actriz catalana Rosa María Sardá recibió el Feroz de Honor. / F.D.

La actriz catalana Rosa María Sardá recibió el Feroz de Honor. / F.D.

Otro de los momentos estelares llegó con el Feroz de Honor a Rosa María Sardá, entregado por su hermano Javier Sardà. “Somos afortunados pese a todo, porque no cruzamos el Egeo en patera, porque no estamos en campos de refugiados, porque no tenemos que pasar de un país a otro… Porque por mucho que nos estén jodiendo, seguimos haciendo cine, y el cine puede ayudar a un mundo mejor”, subrayó entre el aplauso del respetable. Rosa María Sardà, quien no se bajó del escenario sin dar antes un consejo mirando a las artistas más jóvenes: “No es cuestión de tiempo ni de talento, es cuestión de sobrevivir, nenas”.
Una gala rápida, sin demasiadas alharacas, en la que hasta los agradecimientos son escuetos (que aprendan en otros lados), con mucho sentido del humor (geniales tanto el vídeo introductorio en el que Silvia Abril estaba predestinada a presentar los Feroz, como el de los guionistas de algunas de las películas nominadas camuflados entre opinadores de sus propios filmes).
Una noche que se recordará también por el cumpleaños feliz cantado por los asistentes a Javier Cámara cuando subió al escenario a recoger el premio a mejor actor en nombre de Ricardo Darín. Ya se lo había “advertido” a Cámara la ínclita presentadora, era su tercera nominación en los Feroz, y que igual tampoco lo ganaba este año. Daba igual, la velada fue una fiesta donde nadie perdió, todos ganaron, es lo bueno que tienen estos premios…

 

 

PALMARÉS

Mejor drama: La novia
Mejor comedia: Negociador
Mejor director: Paula Ortiz, por La novia
Mejor actriz protagonista: Inma Cuesta, por La novia
Mejor actor protagonista: Ricardo Darín, por Truman
Mejor actriz de reparto: Luisa Gavasa, por La novia
Mejor actor de reparto: Mario Casas, por Mi gran noche
Mejor guion: Truman
Mejor música original: La novia
Mejor tráiler: La novia
Mejor cartel: Requisitos para ser una persona normal
Premio Feroz Especial Jurado: B, la película
Premio Feroz de Honor: Rosa María Sardá

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Los ‘Globos de Oro’ patrios

Premios Feroz 2015. / F.D.

Uno de los instantes de la gala de los Premios Feroz 2015. / F.D.

Que los informadores de cine organicemos unos premios y la consiguiente gala de entrega, un poco -o mucho, según se mire- a imagen y semejanza de los Globos de Oro, pues qué quieren que les diga: que muy bien, y ya era hora. Los Premios Feroz -así de contundente es el nombre del galardón para los que no lo sepan- celebraron el pasado domingo en Madrid su segunda edición y, mira por dónde, tan párvulos aún ellos y ya pueden presumir de consolidación y de erigirse en la verdadera antesala de los Goya -ahí es nada-. Esta vez el lugar elegido fue el Gran Teatro Ruedo de Las Ventas -sí, en la mismísima plaza de toros-, un escenario ideal, por su amplitud, para albergar a una miríada de miembros de la canallesca del celuloide y a una abundante representación del cine español, todo retransmitido por Canal+.

Con semejante predio , se imaginaran el trajín… La pertinente y preceptiva alfombra roja se deja para los verdaderos protagonistas: los artistas, como es menester en estas cosas. El cóctel y la cena previa a la gala se convirtió en un hervidero de gente, de felicitaciones, de intercambio de pareceres y de confesiones (de qué estarían hablando Carlos Saura y Julio Medem, chiquito binomio de talento juntos), de lucir palmitos (todo el mundo bastante fetén, oiga), y sobre todo con un halo de buen rollismo entre la profesión de uno y otro lado. Se nota que los actores se sienten más desinhibidos cerca de los periodistas y críticos que en otros encuentros similares, aunque pudiera parecer lo contrario. Tal vez igual porque no hay ningún ministro o algo que se le parezca a la vista… En los Globos de Oro -y acabo aquí más comparaciones con los premios que otorga la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood- pasa lo mismo.

Pero vayamos a la ceremonia de entrega, después de dejar a todos sentaditos en las casi 30 mesas grandes habilitadas en el amplio patio. Para adelantarme un poco, la gala resultó sobria y elegante, con una presentadora firme y contundente, mesurada y simpática a la vez. Tiene madera esta Bárbara Santa-Cruz, que cogió el testigo de la grácil Alexandra Jiménez, presente también en la velada. Santa-Cruz argumentó lo de la consolidación de los Feroz en su segunda convocatoria “porque ya Almodóvar no ha querido venir”. Antes, en la presentación tuvo “palabras” para todas las películas nominadas y sus protagonistas, desde Javier Gutiérrez hasta Javier Cámara -a quien “confundió” con Mortadelo-, pasando por Natalia Tena y David Verdaguer, protagonistas de la historia de amor de 10.000 kilómetros, de los que remachó que eran “dos catalanes que viven en países diferentes”… La mordacidad e ingenio de Santa-Cruz insuflaron bríos a una ceremonia con momentos memorables, como el instante en el que el maestro Carlos Saura recibió su feroz de honor de manos de José Coronado (otro de los protagonistas de la noche, con el gag de darle un beso en todos los morros a Miguel Ángel Muñoz delante de Manuela Vellés “por exigencias del guión”; el de la emoción sin contener de Itziar Aizpuru, la actriz vasca de Loreak, una de las más aplaudidas, y que casi no se marcha del escenario agradecida a todo el mundo; el del elocuente Carlos Vermut; o el del propio Javier Gutiérrez, quien dedicó su galardón como mejor actor al “añorado Álex Angulo”, fallecido en julio.

La gala discurrió rápida y ágil, lo que es siempre de agradecer, y dentro de un ambiente distendido y cordial, con presentadores eventuales por la labor, como Rossy de Palma y Carlos Areces -deberían hacer pareja cinematográfica-, o Leonor Watling y Javier Fesser (alguien lo propuso como conductor de la edición de 2016, lo cual no estaría mal). Como el humor reinaba, qué mejor manera que hacerle un homenaje con el premio a Carmina y Amén, que recogió un fervoroso Paco León en medio de una enorme ovación.

En definitiva, lo suscrito. ¡Que vivan los Feroz! Y hasta la próxima edición, “escribidores y peliculeros”, que diría José Sacristán.

 

PALMARÉS DE LOS FEROZ 2015

-MEJOR PELÍCULA DRAMÁTICA
La isla mínima
-MEJOR PELÍCULA DE  COMEDIA
Carmina y amén
-MEJOR DIRECCIÓN
Alberto Rodríguez (La isla mínima)
-MEJOR ACTOR
Javier Gutiérrez (La isla mínima)
-MEJOR ACTRIZ
Bárbara Lennie (Magical Girl)
-MEJOR ACTOR DE REPARTO
José Sacristán (Magical Girl)
-MEJOR ACTRIZ DE  REPARTO
Itziar Aizpuru por (Loreak)
-MEJOR GUIÓN
Magical Girl
-MEJOR MÚSICA
La isla mínima
-MEJOR CARTEL
Magical Girl
-MEJOR TRÁILER
La isla mínima
*PREMIO FEROZ DE HONOR
Carlos Saura
-PREMIO ESPECIAL
Costa da morte, de Lois Patiño

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Premio al cine mudo

En medio de este planeta digital, del 3-D y demás parafernalia técnica en la que vivimos, una película francesa, muda y en blanco y negro, ha reivindicado el mundo desposeído de palabras, en el que la imagen cobra su poder más descriptivo para emocionarnos. En un auténtico desafío creativo y comercial, The Artist ha cautivado al público con su sentido homenaje a un cine de otra pasta, de otros mimbres, que ya no volverá. La apuesta de Hazanavicius ha tenido su recompensa en la propia Meca del Cine, con un filme que recuerda a los estadounidenses en su propia cara los orígenes de esta industria. En la edición inaugural de estos galardones (que aún no se llamaban Oscar), que se entregaron por primera vez en 1929 (se premiaba a las películas del periodo 1927-1928), la ganadora se llamaba Wings (Alas), de William A. Wellman. Fue la primera vez y única (hasta el pasado lunes) que una cinta muda había logrado tal distinción. Wings suponía el canto del cisne de un modelo cinematográfico, en una época en la que la irrupción del sonoro era inevitable. Más de 80 años después, The Artist sorprende por su “modernidad”, revalorizando el espíritu de los pioneros…

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Goyas contenidos

Sobriedad, glamour hasta cierto punto discreto, poca fastuosidad, escasas sorpresas, alguna que otra crítica (muy tibia, cuando la hubo), algún espontáneo, y mucho humor (ya solo nos queda eso). Y es que hasta las galas entre las galas no se salvan de la alargada e inquietante sombra de la crisis. Los Goya más contenidos (por diversos motivos) que uno recuerde premiaron mesuradamente al favorito de las quinielas: ese western urbano llamado No habrá paz para los malvados, aunque nuestro (por lo de Mateo Gil) western del Altiplano, Blackthorn, tampoco se fue de vacío. Era lo esperado, incluidos los Goyas menores (salvo los premios a mejor actriz, Elena Anaya; y mejor banda sonora, Alberto Iglesias) para el hijo pródigo Pedro Almodóvar, quien con gafas a lo Jack Nicholson resistió impávido la velada. Eva Hache se sube al carro de presentadores -si bien se esperaba un poco más de ella- que se han ganado a pulso el volver a conducir una gala de los Goya. A diferencia de los estadounidenses en sus Oscar (Billy Crystal y poco más, no crean), por estos lares tenemos unos cuantos para elegir, desde los clásicos Rosa María Sardá y el Gran Wyoming, hasta José Corbacho y Buenafuente, sin obviar a un futurible en tales cometidos: Santiago Segura, con diferencia, el más canalla de los que pasaron el domingo por el acto. En una ceremonia que osciló entre las gracietas y el inicio del bostezo, se hicieron un sitio la emoción, en especial cuando subió al escenario una recuperada Silvia Abascal, y el absurdo, con el espontáneo que pidió dinero para un western en Extremadura (por allí pasó otro de Anonymous). La controversia también tuvo un cachito de protagonismo, una vez más con internet. Si el año pasado, el presidente saliente del cotarro académico, Álex de la Iglesia, decía que el “cine le debe mucho a internet”; el entrante, Enrique González Macho, opinaba que la red “no forma parte de la actividad económica de esta industria”. Qué cosas…

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El director y la guionista

Ni 25 años ni nada. La ceremonia de los Goya del domingo estuvo presidida de principio a fin por la guerra fría que mantienen un director metido a presidente y una guionista vestida de ministra. La gran noche del cine español estaba marcada de antemano, como una baraja en una mala partida de cartas, desde que comenzaron las desavenencias entre Álex de la Iglesia y Ángeles González-Sinde a colación de la polémica ley que lleva el nombre de ésta.

Ni la gala en sí -menos brillante y glamorosa de lo esperado, y muy en la línea de la anterior edición, que estuvo mejor, por cierto- pudo difuminar la niebla de tensión vivida entre ambos, que se vio acrecentada más si cabe tras el discurso del realizador bilbaíno, en el que vino a confirmar su anunciada marcha y a remarcar su postura: “Internet no es el futuro, como algunos creen, es el presente (…) No tenemos miedo a Internet, porque Internet es, precisamente, la salvación de nuestro cine”. Y ante ello pasó casi de puntillas y sin mucho ruido Pa negre, de Agustì Villaronga, acaparando 9 de los14 premios a los que optaba y dejando en bragas a la gran favorita, Balada triste de trompeta, del propio Álex de la Iglesia.

¿Venganza de la Academia? La de Pa negre fue la gran y casi única sorpresa de la velada, quitando al pesado de Jimmy Jump, el espontáneo de las barretinas, que vino a dar la nota (¡ay!, esa organización…). El resto cumplió el guión, incluido el Goya a Javier Bardem por su magnífica interpretación de Uxbal en Biutiful, y el papel de showman de Buenafuente, que se consolida en un espectáculo que le viene al pelo y en el que seguro que repetirá más veces. Emoción de estrado, preceptivas lagrimillas y típicas caras circunspectas de los que se quedan sin premio… Por lo demás, y ahora que estamos en vísperas de Carnavales, ni fu ni fa, salvo que una tinerfeña, Tatiana Hernández, atinó con la estatuilla al mejor diseño de vestuario por Lope.

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