Bradley Cooper

Un Eastwood no tan letal

Bradley Cooper es el protagonista de 'El francotirador', el último filme de Eastwood. / WARNER BROS.

Bradley Cooper es el protagonista de ‘El francotirador’, el último filme de Clint Eastwood. / WARNER BROS.

 

El francotirador recibió un disparo en los pasados Óscar. Ese puede ser el titular de esta controvertida película, que ha sido un éxito en taquilla en Estados Unidos, pero que no ha contado con el beneplácito de los premios (sólo se llevó en el caso de la estatuilla dorada un galardón técnico: mejor montaje de sonido). El último filme de Clint Eastwood, basado en la historia real del Navy SEAL Chris Kyle -interpretado por Bradley Cooper-, quien tuvo en su haber como tirador de élite del ejército estadounidense la terrible cifra de 160 personas abatidas en Irak (y eso según fuentes oficiales, porque se le atribuyen hasta 250 muertes), no logra sorprender ni enganchar, entre otras cosas por su vocación de soflama conservadora y militarista, y se queda en el reverso oscuro de una hagiografía. Es más, la cinta toma retazos de otras películas de la que es deudora y que van desde el explícito Enemigo a las puertas hasta Black Hawk derribado, pasando por La chaqueta metálica o si me apuran incluso por El sargento de hierro -dirigida por el propio Eastwood-, y sobre todo, por En tierra hostil, de Kathryn Bigelow, la gran triunfadora en los Óscar del año 2010. En ella, Bigelow nos mostraba la historia de un especialista en desarticular explosivos, miembro de un escuadrón norteamericano en territorio iraquí, y nos deslizaba su adicción a la guerra y su nula adaptación a la sociedad. Eastwood cuenta aquí prácticamente lo mismo que Bigelow, aunque otorga al filme de una carga ideológica de mayor profundidad, o dicho de otra manera, de una consideración más patriótica -al estilo yankee, ya saben, con esa visión unilateral en la que no existen los tonos grises-. Eso sí, el viejo maestro dota a su producto, como no podía ser de otra manera, de una notable factura visual y narrativa a las escenas de acción, si bien no pone toda la carne en el asador en el universo civil del protagonista, con un final en el que obvia los detalles para mayor gloria del homenaje y la glorificación del héroe. En definitiva, El francotirador es de las cintas que no engrosarán ni de lejos el listado de honor del que fuera alcalde de Carmel.

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Estafa y peluquería

Tiene La gran estafa americana algo que te engancha a pesar de que uno se esperaba un poco más de este multipremiado filme -es lo que pasa con las grandes expectativas-, y no lo digo por la impactante escena inaugural, en la que un enorme excaballero oscuro Christian Bale, barrigón y desengañado, se coloca a duras penas su peluquín. Y no será por falta de pelos, porque el cabello forma parte de la personalidad de los diferentes protagonistas que pululan por esta historia de estafadores captados por el FBI para destapar una trama de corrupción en la Norteamérica de los años 70, desde los pequeños y cuidados rizos de Bradley Cooper, hasta los cuidados estofados de Amy Adams, pasando por los recogidos de Jennifer Lawrence y acabando con el tupé a lo Elvis de Jeremy Renner. David O. Russell (Tres Reyes, The Figther, El lado bueno de las cosas) ha articulado una tragicomedia en la que el timo, personal y profesional, supone el hilo conductor de este cóctel de géneros que transita entre surreales personajes y situaciones, donde los actores llevan absolutamente el peso de la narración, con una estupenda Amy Adams y una brillantísima Jennifer Lawrence, que tiene todos los visos de convertirse en un gran estrella del celuloide y que lo borda en el papel de femme fatale doméstica con laca hasta arriba. De hecho, son los intérpretes, principales y secundarios, incluido el cameo mafioso de un -parece que recuperado para la causa- Robert De Niro, los que dan bagaje y lustre a una película que deambula con un ritmo bastante pausado, roto por una excelente banda sonora que recrea en la época que mandaban en esto de la música gente como Donna Summer y Tom Jones. Merece la pena su visionado por estas circunstancias, no en vano el cuarteto principal de actores está nominado a los Óscar -ya ocurrió en la edición del año pasado con el anterior filme de David O. Russell, El lado bueno de las cosas-. Si nos ponemos a compararla con la otra gran favorita a mejor película para ganar la preciada estatuilla, léase El lobo de Wall Street, no me cabe ninguna duda, me quedo sí o sí con el excelso y excesivo filme de Martin Scorsese. Sin embargo, no le hagan ascos a esta cinta, aunque ponga estafa en el título.

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Película bipolar

Una de las escenas de la película

El éxito de los géneros híbridos radica en la laxitud y en la habilidad de escaparse de los encorsetamientos y de los límites académicos, lo que suele desconcertar positivamente al espectador. Es el caso de las denominadas dramedias, que coquetean sin remisión entre ambos ámbitos aunque al final la balanza siempre se decante (para bien o para mal) de una parte. En El lado bueno de las cosas gana a los puntos la comedia romántica, a pesar de los fuertes rasgos dramáticos que la presiden y que en algunos instantes nos hacen dudar vivamente del camino que seguirá el filme. Y es que cada vez más nos gustan menos los estereotipos y sí las situaciones inusuales. David O. Russell (Tres reyes, The Fighter), que además de dirigir el filme firma el guión, ha sabido captar la atención con un caramelo de esos que, aparte de tener un envoltorio atractivo, poseen  un sabor variable, como un zumo multifrutas, en esta singular historia -basada en un relato corto de Matthew Quick– sobre un hombre con trastorno bipolar que quiere reconducir su vida después de pasar ocho meses en el psiquiátrico por un episodio violento tras hallar en la ducha a su mujer y su amante.

De Niro, en una de las escenas de la película

Esta cinta, que veremos en los premios Óscar, donde compite con ocho nominaciones, cuenta con un sorprendente e inusual Bradley Cooper, uno de sus elementos más sobresalientes, con una interpretación de altura que lo aleja de los papeles con cierto toque gamberro a los que nos tiene acostumbrados. Su actuación, junto a la prometedora Jennifer Lawrence, en la piel de una joven viuda que ayuda a exorcizarlo a través del baile, y, sobre todo, la de un resucitado De Niro (sin duda, de lo mejorcito que ha hecho en los últimos años), en la tesitura de un peculiar padre con un trastorno obsesivo-compulsivo, dan lustre a una película con un epílogo bastante previsible y edulcorado. El lado bueno de las cosas abunda en la sana sensación de que al final la cordura siempre es relativa en este mundo de marras, que parece que necesita de unas buenas dosis de desenfreno.

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Doble resacón

Las secuelas tienen eso: corren siempre el peligro de repetirse como una salsa de ajo. Sin embargo, a veces -muy pocas, la verdad- la reiteración puede ser el camino de refrendar la gloria anterior, al menos desde el punto de vista de la respuesta del público. Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! es un claro ejemplo de ello. El guionista y director Todd Phillips no se ha cortado ni un pelo en repetir el mismo -y exitoso, por qué no decirlo- esquema de la primera película, cambiado en esta ocasión a Las Vegas por la exótica Bangkok, además de darle un poco más de escatología y de perversión al asunto. La fórmula postulada por Phillips (y que le da un punto de diferencia a películas similares, casi siempre dirigidas a un publico juvenil) es ésa en la que tras una noche de desenfreno, los resacados y amnésicos protagonistas van reconstruyendo la trama hasta saber qué pasó exactamente, y que se ve reforzada por un elenco de actores que tienen un rol muy definido (el chulesco y relativista Bradley Cooper, el desconfiado y temeroso Ed Helms, y el pueril y rocambolesco Zach Galifianakis). Grandes dosis de humor gamberro y desafiante sazonan esta segunda entrega que mantiene viva -por ahora- a una franquicia a la que quieren estirar cual chicle Bazooka -hasta que les explote en la cara, claro-. La cosa tiene visos de seguir. De momento, y para mitigar las testosterona imperante en estos dos primeros filmes, en julio se estrenará un “resacón femenino” subidito de estrógenos…

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