ciencia ficción

Cruise resucitado

Dentro de la ciencia ficción, la temática de las invasiones alienígenas a la Tierra suele ser de las favoritas del gran público, más que nada porque, quieran o no, nos da cierto morbillo vernos atacados por toda suerte de bichos babosos o de entes de vete a saber tú. La última propuesta del género que llega a las pantallas se llama Al filo del mañana y viene de la mano de Tom Cruise, cuya ultima película de esta guisa, de nombre Oblivion, fue un truño de mucho cuidado. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Al filo del mañana, que resulta un blockbuster la mar de entretenido, con acción a mansalva, intriga y ritmo frenético, lo que agradece siempre el personal. El filme, firmado por Doug Liman (El caso BourneSr y Sra Smith), deviene en una mezcla sin complejos de la genial Atrapado en el tiempo (más conocida popularmente por El día de la marmota), de la spielbergniana Salvar al soldado Ryan y de la marcial Starship Troopers (ese filme en el que la humanidad se enfrentaba a todo tipo de insectos). El resultado de este cóctel con tropezones, adaptación, por cierto, de una obra japonesa, te deja un buen sabor de boca. Cruise, que todavía está el hombre para trotes, y una siempre dúctil Emily Blunt contentan a la parroquia con los continuos déjà vu y diferentes resurrecciones del primero, en un mundo invadido por seres biomecánicos donde el toque de humor nunca falta. De lo mejorcito del cine de evasión que se ha visto últimamente, y ya es algo.

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El viaje terrícola de los Smith

A veces te arrepientes de ver una película justo cuando llevas menos de cinco minutos acomodado en la butaca. Es como esa sensación que te aflora con sudor frío cuando nada más empezar un partido de tu equipo del alma sabes que algo falla, que algo no anda bien: vamos que le va a caer la de Dios en forma de goles. After earth es el caso. Y he aquí que confieso que me metí en la sala en cuestión porque llegaba tarde a la película que realmente quería visionar y, bueno, ya que estábamos en la tesitura, pues… Y eso que barruntaba lo se me venía encima: la ventaja de los malos tráilers es que te ayudan a ahorrarte luego una pasta -cosa que aquí no ocurrió-. Will Smith se ha empeñado sí o sí en hacer actor a su hijo Jaden  -como aquellos progenitores con aires inquisitoriales que quieren a toda costa que su hijo sea un émulo de Messi o de Ronaldo- y creo que no cejará en su empeño, aunque para ello se invente de su puño y letra rocambolescas y frágiles historias como esta: la de un accidente de una nave espacial humana que cae en una Tierra evacuada mil años atrás por un desastre ambiental de proporciones bíblicas. De la tripulación solo quedan dos supervivientes, obviamente el padre (el comandante Cypher Raige, líder de los llamados Rangers Unidos) y su hijo (Kitai), además de un bicho sideral de malas babas. Esta fábula paterno-filial, dirigida por un cada vez más capitidisminuido M. Night Shyamalan -quién te ha visto y quién te ve-, con pueriles toques ecologistas y de moralina fácil, no capta ni al más despistado, en una especie de viaje iniciático con trasfondo de drama familiar no superado. Bostezos -igual era por las  intempestivas horas- y pocos sobresaltos en un filme vehicular para único -y frustrado- lucimiento de los Smith. Sentimentaloide, escasamente consistente y a todas luces previsible, y para más inri con un guión de risa. Como sugerí a un compañero de la casa que me preguntó insistentemente por esta cinta postapocalíptica: ni se les ocurra llevar a sus vástagos al cine, les odiarían el resto de su vida. Y no es cuestión…

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Yoísmo futurista

Hay películas que te dejan una extraña sensación, como cuando pruebas algo aparentemente nuevo pero su sabor te recuerda a cosas que has engullido con anterioridad. Looper forma parte de esos filmes. De entrada, esta cinta de corte futurista te lo deja claro, casi como una declaración de intenciones a cargo de la propia voz en off del protagonista: “No quiero hablar de esa mierda de los viajes en el tiempo porque, si empezamos, vamos a estar aquí todo el día haciendo diagramas (…)”. Y es que Looper (del inglés loop, bucle en español) se refiere (a modo de rápida sinopsis para los que no la conozcan) al apelativo dado a un grupo de asesinos a sueldo que se encargan de eliminar en el presente (en el filme, el año 2040, más o menos) a víctimas que le llegan desde el futuro. La cosa se complica cuando uno de los reos que  envían es la misma persona que el verdugo, aunque con 30 años más (para entendernos, los actores principales: Joseph Gordon-Levitt y Bruce Willis)… Pese a ser una historia original, lo cual resulta loable en estos tiempos que corren de revisitaciones y escasez de ideas, y más tratándose del género de la ciencia-ficción, lo cierto es que al visionarla uno no deja de pensar constantemente en el batiburrillo de clásicos que se le reproducen en la cabeza, y de la que Looper resulta deudora (la saga Terminator, Doce monos, Blade Runner y hasta La profecía y Los chicos del maíz -sí, como lo oyen-, por citar algunas). La primera parte, mucho más entretenida, de este kilométrico filme (118 minutos), deviene básicamente en explorar el novedoso conflicto interno de acabar con una versión más vieja de ti mismo (y, por lo tanto, más madura). La segunda, mucho más densa, aunque no deja de sorprender, lleva a inesperados giros (incluido la presencia de una madre -Emily Blunt- y su retoño, claves en la trama) que, no obstante, concluyen de una manera bastante previsible. En cualquier caso, Rian Johnson, el director de este cotarro, consigue esbozar un notable producto que hilvana con lucidez en medio de una historia enmarañada.

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Bichos en el Oeste

Mezclar churras con merinas suele ser mal síntoma cinematográfico y termómetro de que la imaginación o está de capa caída o de un subidón incontrolable de aquí te espero. La verdad, no sé muy bien dónde encuadrar en esta tesitura a Cowboys&Aliens, esa combinación de western y ciencia ficción, amalgama que muestra una singular batalla de extraterrestres más feos que Picio contra pistoleros zarrapastrosos, en los que salen bien parados estos últimos, lo que resulta de difícil verosimilitud -incluso en un contexto de ficción- y de paso dice muy poco de estos bichejos del Universo (tecnología puntera para que encima te ganen con una pistola decimonónica). Al ver la película me recordó, a bote pronto, a ese producto híbrido llamado Aliens vs Predator y también, con el prismático de la lejanía, a cintas de difícil encaje devenidas del peplum como Hércules contra Sansón o El Zorro contra Maciste, por citar sólo dos sin miedo a sonrojarme mucho y donde el tiempo, el espacio y los personajes históricos o mitológicos eran tan maleables como un político en campaña. Sin embargo, Cowboys&Aliens, pese a lo previsible del filme, se deja ver, aunque al guión le falte mordiente y una mayor dosis de originalidad (ya puestos a darle rienda a la fantasía). El producto salva los muebles gracias a sus actores principales: con un Daniel Craig a lo Clint Eastwood -lacónico e implacable-, un Harrison Ford  crepuscular,  y una etérea e ignífuga Olivia Wilde.

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