Emily Blunt

El tren indiscreto

Ya está entre nosotros el esperado estreno de La chica del tren, filme sobre el conocido bestseller de la escritora nacida en Zimbabue Paula Hawkins, todo un pelotazo editorial. Drama teñido de suspense con tintes psicológicos, dirigido por Tate Taylor (Criadas y señoras), narra la historia de tres mujeres -Rachel, Megan y Anna-, marcadas cada una de una manera distinta por la maternidad -o por su anhelo- y cuyas vidas están entrelazadas. La cinta comienza de forma brillante y con el suficiente gancho para el espectador -como mandan los cánones del género-, con el devenir del tren que traslada diariamente a una de ellas desde las afueras de Nueva York a Manhattan. El tren se convierte en un elemento indispensable para la trama, ejerciendo de singular ventana indiscreta, al modo de la célebre película de Hitchcock -de la que toma evidentes préstamos-, por la que la verdadera protagonista, Rachel, interpretada por una sublime Emily Blunt -lo mejor del filme, sin duda-, ve retazos de la vida hogareña de las otras dos mujeres y de sus respectivos maridos. La chica del tren empieza a flaquear a medida que avanza, con sus excesivos flashbacks y enredos argumentales gratuitos, que restan equilibrio al conjunto y, por lo tanto, impiden coronar el producto con solvencia.

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En la frontera

Fotograma de una de las escenas de 'Sicario'. / LIONSGATE

Fotograma de una de las escenas de ‘Sicario’. / LIONSGATE

En los últimos tiempos, el cine ha tratado el siniestro mundo del tráfico de drogas, especialmente en el ámbito de los temibles y violentos cárteles, preñando películas de diferentes facturas, como Traffic (Steven Soderbergh, 2001), Salvajes (Oliver Stone, 2012) Escobar: Paraíso perdido (Andrea Di Stefano, 2014) por citar solo unas cuantas, las más conocidas. Ahora, llega a las pantallas Sicario, un notable filme dirigido por el canadiense Denis Villeneuve que cuenta entre sus protagonistas con Emily Blunt, Josh Brolin y el incombustible en estas lides Benicio del Toro (el actor puertorriqueño es ya un clásico en la temática, no en vano ha participado en todas las cintas antes mentadas). Tras el visionado de Sicario resulta inevitable  su comparación con la excelente Traffic. En el caso de la cinta de Steven Soderbergh, el abonado terreno de las drogas se aborda desde múltiples perspectivas, de una manera casi integral, poniendo el foco en la burocrática política gubernamental, las operaciones policiales a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México, la corrupción lineal y transversal, los recovecos del consumo, y los devastadores efectos de la adicción y su incidencia. Soderbergh compone, con un soberbio tono narrativo, un caleidoscópico fresco del problema y sus derivaciones, si bien lo pincela con un claro tono esperanzador que no diluye para nada el resultado final. Villeneuve se centra en Sicario en el combate contra las drogas desde el lado más opulento de esa misma frontera, y lo ejemplifica en las figuras de una idealista agente del FBI (Blunt) y de un pragmático miembro del servicio secreto (Brolin), a quien acompaña un misterioso compañero de fatigas (Del Toro) -del que sobra decir que está inmenso en su interpretación, como siempre-, embarcados en una operación encubierta contra el cártel de Sinaloa. Sicario reflexiona acerca del uso de la guerra sucia en la lucha antidroga, con la utilización de las mismas prácticas que sus antagonistas y del recurso del todo vale para alcanzar la meta, en una visión actualizada y ad hoc del maquiavélico “el fin justifica los medios”. Sicario va de fronteras físicas pero también morales, donde la legalidad se cuestiona o sacrifica por mor de un objetivo, aunque sea efímero. Todo ello envuelve el aire de este thriller de acción altamente recomendable.

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Pastiche de cuentos

Meryl Streep es una de las protagonista de 'Into the woods'. / DISNEY

Meryl Streep es una de las protagonistas de ‘Into the woods’. / DISNEY

De un tiempo a esta parte a Hollywood le ha dado por reinventar, reformular y revisar los cuentos clásicos, los de toda la vida, vamos. También la televisión ha querido contarnos otros cuentos, como se muestra en la serie de la cadena norteamericana ABC Érase una vez, y en su versión española, más acorde con los tiempos y en clave de thriller. Así, hemos visto en la gran pantalla a una Caperucita Roja sexy y posadolescéntica -la interpretada por Amanda Seyfried-, una Blancanieves guerrera -la protagonizada por Kristen Stewart- o unos matrix Hansel y Gretel -con Jeremy Renner y Gemma Arterton en la piel de los dos “tiernos” y talluditos  hermanitos-, por citar solo algunos filmes de una lista no precisamente escasa, que este año también se incrementará. Por lo pronto, ya tenemos en la gran pantalla a Into the woods, la última aportación a la causa. Se trata de la adaptación cinematográfica del musical del mismo nombre, dirigida por el coreógrafo y realizador Rob Marshall, bastante ducho en este tipo de espectáculos, recordemos Chicago (2002) y Nine (2009). Into the woods deviene en una mezcla indisciplinada de varios cuentos populares, desde la mentada Caperucita Roja, hasta La Cenicienta, pasando por Rapunzel o Las habichuelas mágicas, con un matrimonio de panaderos que no pueden tener hijos como hilo. Sacudan bien todo esto y pongan un bosque y una bruja malvada dentro, y el resultado es una comedia musical que funciona bien cuando desmitifica las consabidas narraciones, las malea, las retuerce y les da un punto hasta canalla, y pierde enteros cuando se pone un tanto bucólica. Este cóctel de fabulaciones se sustenta en su exultante artificio visual y en un reparto bastante equilibrado, donde destaca, cómo no, una hechicera Meryl Streep que interpreta lo que le echen -está nominada por su actuación aquí a mejor actriz de reparto en los próximos Óscar- y por una siempre brillante Emily Blunt. Into the woods te hace pasar un rato entretenido -con un metraje un poco largo, eso sí-, aunque con ciertos altibajos que rebajan sus pretensiones finales pero que, en cualquier caso, evita que te vayas con el cuento a otra parte.

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Cruise resucitado

Dentro de la ciencia ficción, la temática de las invasiones alienígenas a la Tierra suele ser de las favoritas del gran público, más que nada porque, quieran o no, nos da cierto morbillo vernos atacados por toda suerte de bichos babosos o de entes de vete a saber tú. La última propuesta del género que llega a las pantallas se llama Al filo del mañana y viene de la mano de Tom Cruise, cuya ultima película de esta guisa, de nombre Oblivion, fue un truño de mucho cuidado. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Al filo del mañana, que resulta un blockbuster la mar de entretenido, con acción a mansalva, intriga y ritmo frenético, lo que agradece siempre el personal. El filme, firmado por Doug Liman (El caso BourneSr y Sra Smith), deviene en una mezcla sin complejos de la genial Atrapado en el tiempo (más conocida popularmente por El día de la marmota), de la spielbergniana Salvar al soldado Ryan y de la marcial Starship Troopers (ese filme en el que la humanidad se enfrentaba a todo tipo de insectos). El resultado de este cóctel con tropezones, adaptación, por cierto, de una obra japonesa, te deja un buen sabor de boca. Cruise, que todavía está el hombre para trotes, y una siempre dúctil Emily Blunt contentan a la parroquia con los continuos déjà vu y diferentes resurrecciones del primero, en un mundo invadido por seres biomecánicos donde el toque de humor nunca falta. De lo mejorcito del cine de evasión que se ha visto últimamente, y ya es algo.

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Yoísmo futurista

Hay películas que te dejan una extraña sensación, como cuando pruebas algo aparentemente nuevo pero su sabor te recuerda a cosas que has engullido con anterioridad. Looper forma parte de esos filmes. De entrada, esta cinta de corte futurista te lo deja claro, casi como una declaración de intenciones a cargo de la propia voz en off del protagonista: “No quiero hablar de esa mierda de los viajes en el tiempo porque, si empezamos, vamos a estar aquí todo el día haciendo diagramas (…)”. Y es que Looper (del inglés loop, bucle en español) se refiere (a modo de rápida sinopsis para los que no la conozcan) al apelativo dado a un grupo de asesinos a sueldo que se encargan de eliminar en el presente (en el filme, el año 2040, más o menos) a víctimas que le llegan desde el futuro. La cosa se complica cuando uno de los reos que  envían es la misma persona que el verdugo, aunque con 30 años más (para entendernos, los actores principales: Joseph Gordon-Levitt y Bruce Willis)… Pese a ser una historia original, lo cual resulta loable en estos tiempos que corren de revisitaciones y escasez de ideas, y más tratándose del género de la ciencia-ficción, lo cierto es que al visionarla uno no deja de pensar constantemente en el batiburrillo de clásicos que se le reproducen en la cabeza, y de la que Looper resulta deudora (la saga Terminator, Doce monos, Blade Runner y hasta La profecía y Los chicos del maíz -sí, como lo oyen-, por citar algunas). La primera parte, mucho más entretenida, de este kilométrico filme (118 minutos), deviene básicamente en explorar el novedoso conflicto interno de acabar con una versión más vieja de ti mismo (y, por lo tanto, más madura). La segunda, mucho más densa, aunque no deja de sorprender, lleva a inesperados giros (incluido la presencia de una madre -Emily Blunt- y su retoño, claves en la trama) que, no obstante, concluyen de una manera bastante previsible. En cualquier caso, Rian Johnson, el director de este cotarro, consigue esbozar un notable producto que hilvana con lucidez en medio de una historia enmarañada.

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