Julianne Moore

Sin juegos ni hambre

Fotograma de 'Los juegos del hambre. Sinsajo-Parte 2'. / EONE-EUROPA PRESS

Fotograma de ‘Los juegos del hambre. Sinsajo-Parte 2’. / EONE-EUROPA PRESS

Los juegos del hambre, la conocida saga cinematográfica inspirada en la a su vez popular trilogía literaria del mismo nombre, nacida de la prolífica imaginación de la escritora estadounidense Suzanne Collins, ha llegado a su fin, y con ella parece que el interés del público por las franquicias basadas en novelas que presentan como denominador común las peripecias de adolescentes o posadolescentes en sociedades distópicas -en este caso, una Norteamérica de corte fascista denominada Panem-. Las modas en el cine transitan así, de esta manera, y aunque todavía quedan resquicios de tal tendencia, es decir, las continuaciones y clausuras de series como Divergente o El corredor del laberinto, lo cierto es que  huelen a producto caducado. Los juegos del hambre: Sinsajo-Parte II viene a confirmar el agotamiento de la chispa que ya vimos en la entrega precedente, muy lejos de los bríos y de la fuerza visual de las dos primeras, eminentemente entretenidas y con una gran vocación generalista a pesar de que su target objetivo era el público juvenil; películas cimentadas, por otro lado, en un relevante elenco de actores -Donald Sutherland, Woody Harrelson, Julianne Moore, Stanley Tucci, Elizabeth Banks y el fallecido Philip Seymour Hoffman-, que flanqueaba con solvencia al trío protagonista, Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson y Liam Hemsworth. La cinta final, dirigida por Francis Lawrence (realizador de las tres últimas películas de la saga), sigue los parámetros de la anterior e incluso puede que la supere en abotargamiento: son los riesgos que se corren con la maldita y monetaria manía del Hollywood de los últimos tiempos de dividir en dos un epílogo, con el consiguiente espaciamiento temporal que suele llevar irremisiblemente al camino de la abulia y del desinflamiento. En ningún momento el filme mantiene el pulso del interés, y la acción no es, a juicio del que suscribe, ni la suficiente ni la adecuada, cuando, precisamente, se esperaba todo lo contrario, a modo de guinda del pastel. Una vez más, sólo se salva de la quema esa atractiva heroína futurista llamada Katniss Everdeen, que ha ido modelando a base de cincel interpretativo la oscarizada Jennifer Lawrence, y que por lo menos resuelve aquí su triángulo amoroso.

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Fantasía entretenida

Cartel del filme fantástico 'El séptimo hijo'. / DA

Cartel de filme ‘El séptimo hijo’. / DA

Las fechas navideñas, ya superadas afortunadamente para nuestro mermado bolsillo, resultan propicias para las películas a mayor gloria del cine de evasión, y que tienen en el género fantástico su máximo exponente. Eclipsada por el epílogo de El Hobbit, la cartelera ha contado -y cuenta aún- con otro título, El séptimo hijo, un blocksbuster como mandan los cánones que ha pasado un tanto desapercibido y que, dicho sea de paso -todo hay que mentarlo-, acabé por visionar gracias a la equivocación de los horarios de la página web de uno de los cines en donde se exhibe -iba a ver otra, lo admito-. La cinta es la adaptación cinematográfica de la primera novela de la saga escrita por el autor británico Joseph Delanay, que narra las peripecias de Tom Ward, un veinteañero que a la sazón es un séptimo hijo de un séptimo hijo, algo que, al parecer, por ese mundo imaginario deviene en condición sine qua non para dedicarse al noble oficio de combatir las malas artes de la magia negra, y de paso luchar contra demonios, dragones, brujas y bichos raros, y lo que se le eche por delante, que no es poco. Con el cabreo por lo del horario equivocado (esas páginas web las carga el diablo), mi predisposición era la de poner a parir el filme de arriba a abajo y de un lado a otro; sin embargo, debo confesar que me retracte de quemarlo en la pira de la más absoluta indiferencia. Sin llegarme a maravillar ni mucho menos -ya pocas cosas maravillan-, El séptimo hijo es una película entretenida -firmada por Sergey Bodrov-, con el metraje justo -no se van a pegar tres horas en la butaca-, sin grandes alharacas narrativas -sencillez a raudales-, y que a falta de unos efectos especiales del copón, se sustenta en un elenco solvente  -aspecto en el que sí se nota que se gastaron las perras-, encabezado por el incombustible Jeff Bridges -una especie de El Nota medieval (por lo de El gran Lebowski ) en el papel de maestro de espectros- y por la siempre atractiva Julianne Moore, una hechicera muy chic pero con bastante mala leche. Todo ello subrayado por una correcta banda sonora, obra de un seguro en estas lides: Marco Beltrami. Tal y como se sugiere en las postrimerías de la cinta, El séptimo hijo tiene visos de continuidad, aunque me temo que su recorrido no será muy largo que digamos…

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Estirando el juego

Jennifer Lawrence es Katniss Everdeen, la heroína de la saga de 'Los juegos del hambre'. / WWW.THEHUNGERGAMESEXPLORE.COM

Jennifer Lawrence es Katniss Everdeen, la heroína de la saga de ‘Los juegos del hambre’. / WWW.THEHUNGERGAMESEXPLORER.COM

En los últimos años está de moda que los finales de las sagas cinematográficos se dividan en dos partes, por aquello del pase usted por taquilla para seguir exprimiendo hasta que se pueda el producto y sus sucedáneos. Tendencia a la que también se ha apuntado    -cómo no- el exitoso universo de Los juegos del hambre, la adaptación de la no menos aplaudida trilogía escrita por Suzanne Collins sobre una sociedad distópica en una Norteamérica neofascistoide (llamada Panem), dividida en distritos que están obligados a dar cada año como tributo a dos de sus jóvenes, quienes se juegan los cuartos en una particular contienda mortal. El problema de este sistema -de sacar más tajada, me refiero- deviene en que la primera película de estos epílogos cinematográficos suele ser un preámbulo alargado y contenido que ya per se deja el espectador a medias. Es lo que ocurre en Sinsajo, muy alejada de las dos anteriores entregas -especialmente de la que inauguraba la saga-, que si bien estaban enfocadas para un público juvenil, se trataba de filmes con vocación generalista, entretenidos y con una factura técnica impecable; eso sí, centrados -es lo que toca- en amores adolescénticos -de nuevo otro triángulo- y que dejaban casi en un segundo plano las tensiones sociales subyacentes en una sociedad autoritaria y clasista. Los juegos del hambre. Sinsajo, dirigida por Francis Lawrence -que repite de nuevo en la franquicia-, resulta una cinta menor en comparación a las otras, más pausada y prácticamente sin concesiones a la acción -una de sus bazas-, y que a ratos resulta hasta tediosa. La trama se limita aquí a contar cómo se utiliza mediáticamente a la heroína Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) como símbolo de la lucha contra el poder establecido, en una especie de master class sobre propaganda política, y en tratar de rescatar, de paso, a su compañero de fatigas y enamorado Peeta (Josh Hutcherson). El excelente reparto ayuda a salvar los muebles (el fallecido Philip Seymour Hoffman, Donald Sutherland, Woody Harrelson, Stanley Tucci, Julianne Moore), sobre todo, una cada vez más sólida Jennifer Lawrence, verdadero atractivo de un filme del que se esperaba mucho más.

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Don Porno

Cartel de 'Don Jon', ópera prima de Joseph Gordon-Levitt. / WANDA.ES

Cartel de ‘Don Jon’, ópera prima de Joseph Gordon-Levitt. / WANDA.ES

Pornófilo, católico y familiar. Estas son las credenciales que definen a Don Jon, personaje que da título a la ópera prima cinematográfica del prometedor actor Joseph Gordon-Levitt (lo hemos visto últimamente en películas de corte fantástico como El caballero oscuro: la leyenda renace y en Looper), que además de dirigir el filme también rubrica su guión. Entre tanta comedia romántica bobalicona, pueril, artificiosa, resabiada, previsible y sin chispa que aparece con demasiada frecuencia por la gran pantalla (seguro que les vienen a la mente un buen puñado de ellas), se agradecen planteamientos y aportaciones como las de Gordon-Levitt, quien ha insuflado una dosis de aire fresco a este acomodado subgénero con una propuesta entre canalla y desenfadada. La trama de Don Jon es de una sencillez devastadora pero a la vez cautivadora (perdonen la rima), a saber: un chulesco joven, currante, independiente, amante del gimnasio, amigo de sus amigotes, que presume de coche y que los fines de semana, además de no faltar los domingos a misa, se convierte en un auténtico donjuán. No obstante, en su cosmovisión, por encima de todo y antes (y después) que sus frecuentes relaciones esporádicas reales, está el porno en Internet, que venera como un poseso, hasta que un día decide encauzar su masturbatoria existencia… Joseph Gordon-Levitt se ríe de una manera muy personal de muchas cosas, pero sobre todo de la agotada fórmula de ida y vuelta de “chico conoce chica, rompe con chica, se reconcilia con chica y todos felices y a comer perdices”. Le acompañan en su particular periplo vital, aderezado con un atractivo esquema y un excelente ritmo en la narración, una siempre deslumbrante Scarlett Johannson, en un papel a caballo entre juani y pija con tendencia a la manipulación, y una sobria a la par que interesante Julianne Moore. Incluso destaca en el reparto el televisivo Tony Danza -los más talluditos y avezados en las series estadounidenses recuerdan sus interpretaciones en series como ¿Quién manda a quién? o Taxi-, aquí en la piel de puretón padre italoamericano con demasiada testosterona. Una muy recomendable cinta para pasar al menos un hedonista y divertido rato.

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