Kenneth Branagh

Clasicismo y ‘glamour’

Kenneth Branagh encarna al detective belga Hércules Poirot en 'Asesinato en el Orient Express', que él mismo dirige . / FOX

El británico Kenneth Branagh encarna al detective belga Hércules Poirot en ‘Asesinato en el Orient Express’. / FOX

 

Resulta siempre alentador encontrarse en la gran pantalla con notables muestras de la literatura clásica de suspense, como es el caso de Asesinato en el Orient Express, una de las novelas más celebradas de Agatha Christie, que cobró vida con gran acierto en el séptimo arte de la mano de Sidney Lumet, en 1974 (hay, además, otra versión para la televisión realizada en 2001 y un capítulo de una serie de 2010). Instalados ya en el permanente revisionismo cinematográfico que nos viene del otro lado del charco, la persona más adecuada para filmar de nuevo tal obra no era otra que Kenneth Branagh, actor y director británico y, si se me permite la licencia, el cineasta actual más literario, no solo por sus conocidas adaptaciones de Shakespeare, también por las de cuentos, como La Cenicienta, e incluso incursiones en la cultura popular urbana, como la traslación al cine del cómic de Marvel sobre el dios vikingo Thor. Un poliédrico Branagh ha contado para ello con un notable elenco de actores, si bien sin llegar al excelso nivel de la cinta de Lumet (dispuso de una alineación de primera: Albert Finney, Lauren Bacall, Ingrid Bergman, John Gielgud, Sean Connery, Anthony Perkins, Jacqueline Bisset, Vanessa Redgrave y Richard Widmark, entre otros). Sin embargo, tener en el plantel a gente tan solvente y consolidada como Michelle Pfeiffer, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Josh Gad y Derek Jacobi, además del mismo Branagh, en el papel del inefable Hércules Poirot, tampoco es moco de pavo, lo que obviamente se ha notado en la calidad interpretativa. El realizador inglés dota de un ingrávido clasicismo a la cinta, con el glamour propio de la época de entreguerras y del singular escenario, un tren de lujo intercontinental, que acentúa con un amplio despliegue de recursos visuales y alguna concesión estilística vestida de homenaje (los sospechosos reunidos en la mesa a modo de la última cena). La puesta en escena inicial en la Jerusalén de los años 30, bajo mandato británico, sirve de sólido enganche al vagón de la película, a través de los eficaces quehaceres investigatorios del sabelotodo y bigotudo detective belga que, en la piel de Branagh, posee hasta tics obsesivo-compulsivos. El filme cumple el expediente, aunque quizás se eche en falta en el conjunto una pizca más de humor, algo que siempre viene bien.

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Reiniciando a Jack Ryan

Lo tenía francamente difícil el chico con tanto antecesor ilustre en el personaje: sustituir a Alec Baldwin, Harrison Ford y Ben Affleck -sobre todo al segundo- en la piel de Jack Ryan no era moco de pavo. No es que el párvulo en estas lides Chris Pine (va por el camino de “resucitar” a la gente: ya hizo lo propio con el capitán Kirk en la renovada saga de Star Trek) sea un dechado de virtudes en la vuelta a la gran pantalla de ese aparentemente discreto agente de la CIA con doctorado y todo, en realidad se limita a cumplir de manera sobria con el papel, que ya es bastante, en un filme que tiene como principal misión reiniciar a este analista-espía, actualizarlo a los nuevos tiempos que corren y sentar las bases para futuras películas. Esta aventura iniciática cuenta la conversión -algo tuneada respecto a la saga literaria de Tom Clancy- de Ryan de marine a miembro del espionaje norteamericano, su trabajo tapadera en Wall Street y su primera operación, en Rusia, para desenmascarar a un poderoso financiero conchabado con las altas esferas del gobierno de ese país eslavo y que trata de hundir la economía norteamericana y de paso perpetrar un atentando en las mismas entrañas de la Gran Manzana. La cinta, que lleva por título Jack Ryan: Operación Sombra, posee todos los ingredientes del género del thriller de acción, pero no convence, al menos al que suscribe estas líneas, tal vez porque, a pesar de su intención, no aporta la frescura necesaria (más allá del impulso al personaje con el cambio de actor), con un libreto que presupuesta prácticamente todos los clichés de este tipo de filmes sin dar pábulo a la más mínima sorpresa (vamos, nada que no hayamos visto antes). Kenneth Branagh, que dirige el cotarro de manera eficaz, si bien poco brillante, interpreta también al villano -aunque lo prefiero más en su rol shakesperiano-, con un cada vez más crepuscular Kevin Costner y una cada vez más actriz Keira Knightley, que prefiere que su novio sea de la CIA a que tenga una amante -no sé yo con la que está cayendo-, completando así el elenco protagonista -lo mejor del filme- En cualquier caso, me sigo quedando con los Jack Ryan de La caza del Octubre Rojo y de Peligro Inminente. Nada que ver con esta.

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El dios y su martillo

Chris Hemsworth (Thor) y Anthony Hopkins (Odin)

Chris Hemsworth (Thor) y Anthony Hopkins (Odin)

Thor supone otro botón de muestra del inagotable material que los cómics están proporcionando al cine y antesala de otros proyectos más ambicioso de la factoría Marvel.

El filme, que toma el nombre del conocido dios nórdico convertido en superhéroe, resulta a grandes rasgos entretenida, en especial su primera parte, que nos traslada al mítico mundo de Asgard, donde Thor vive con su padre Odín y con su pérfido hermano Loki, amén de amigos, familiares y demás lugareños.

Es allí, precisamente, donde discurren las escenas más logradas de la cinta, ligadas casi siempre a unos convincentes efectos especiales y, sobre todo, con un cierto tufillo shakesperiano que tiene su puntito en un contexto sideral y que viene a explicar el porqué de poner la cinta en manos de un tipo como Kenneth Branagh (Hamlet, Enrique V, Mucho ruido y pocas nueces…).

Sin embargo, la trama cojea cuando Thor, a la sazón el cachas Chris Hemsworth, deambula por la Tierra sin su inseparable martillo y de la mano de la sin par y pródiga Natalie Portman -2011 es, desde luego, su año-, que ejerce aquí de científica y a quien acompañan un nada desdeñable reparto, entre los que se hallan Anthony Hopkins, Stellan Skarsgard, Idris Elba y Rene Russo.

Poco equilibrada pero se deja ver…

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