Matt Damon

El reverso oscuro de la Arcadia

Matt Damon y  Julianne More protagonizan 'Suburbicon', filme dirigido por George Clooney. /www.suburbiconmovie.com

Matt Damon y Julianne More protagonizan ‘Suburbicon’, filme dirigido por George Clooney. / www.suburbiconmovie.com

George Clooney se ha convertido en un más que notable director, como pudimos comprobar bien a las claras en la excelente Buenas noches,y buena suerte (2005). En su sexta película tras las cámaras, con libreto de sus queridísimos y admirados hermanos Coen -ahí es nada-, además de él mismo y de Grant Heslov, Clooney se atreve con eso de escrutar la psique colectiva de su país con Suburbicon . Como ocurriera en un filme de reciente factura, Detroit, de Kathryn Bigelow, aunque con otros registros, la mejor manera de explicar ciertas cosas que ocurren en la actualidad, ya saben la incipiente era Trump, la de la impostada posverdad y la del rebrote de determinadas actitudes racistas, es echando una mirada atrás, en este caso desde la óptica de la comedia negra, como no podía ser de otra manera estando los Coen de por medio. Suburbicon es el nombre de una especie de Arcadia americana, una coqueta localidad de finales de los años 50 con casas unifamiliares en las que ondean las banderas de las barras y estrellas y donde los niños de próspera clase media juegan al béisbol. Un trasunto de sociedad idílica en la que a poco que escarbes ves la mierda saltar por doquier, desde el racismo del que repite hasta la saciedad no ser racista hasta una muestra de ejemplares humanos que reverberan las pulsiones más bajas. Ambas cuestiones se manifiestan en dos casas contiguas, bajo las siempre incisiva mirada de dos niños que observan lo que ocurre a su alrededor. La cinta destila el humor ácido y corrosivo propio de los Coen y cuando juega al thriller tiene evidentes toques hitchcockianos, todo envuelto en una precisa factura visual, completada por la soberbia interpretación de Matt Damon y de Julianne Moore, en su doble papel de hermanas gemelas. Tal vez no sea la mejor película filmada por Clooney -esa ya la mentamos al principio del artículo, a la que habría que agregar Los idus de marzo (2011)-, pero pasa de nuevo la prueba con gran solvencia.

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Solo en Marte

Matt Damon es el astronauta Mark Watney en el filme 'Marte. The martian'. / FOX

Matt Damon es el astronauta Mark Watney en el filme ‘Marte. The Martian’. / FOX

Hay películas que llegan justo en el momento apropiado. Es el caso de Marte (The Martian). Ahora que el planeta rojo vuelve a estar de moda tras confirmarse la existencia de grandes cantidades de agua salada en partes de su superficie y reactivarse el interés por visitarlo (ahí está el Mars One, el incierto y acongojante proyecto privado de colonizar tan lejano lugar), el filme dirigido por ese enorme pero irregular realizador británico llamado Ridley Scott viene que ni pintado. La cinta, sin duda, el trabajo más completo de esta ulterior etapa de la carrera de Scott, casa a la perfección espectáculo y ciencia (con sus grandes aciertos y pequeñas licencias, comunidad científica dixit) y ofrece un producto consistente y entretenido, que también son dos cosas harto difíciles de ligar en este nuestro universo. Matt Damon (al que hemos tenido por la ínsula tinerfeña durante un mes haciendo del ínclito Bourne) encarna al astronauta Mark Watney, a quien la tripulación de una nave de la NASA deja abandonado en Marte creyendo que el infortunado pereció tras una tormenta. Huelga mentar que Damon no es la primera vez que se queda más solo que la una en un planeta desierto -fílmicamente hablando, claro-. Chistopher Nolan también lo deja de tal guisa en Interstellar (2014), película que además comparte protagonista con la que nos ocupa, Jessica Chastain, aquí de capitana de la misión -y ahí se acaban todas las similitudes-. El acierto de Scott radica en sostener al alza la doble trama de la supervivencia del astronauta, en un gran trabajo interpretativo de Matt Damon (nos viene al recuerdo sí o sí el Tom Hanks de Náufrago, y en menor medida la Sandra Bullock de Gravity, la cinta de supervivencia sideral de Alfonso Cuarón), y los sesudos esfuerzos de los cabezas pensantes de la NASA -y de China. ¡viva la colaboración entre agencias!- por rescatarlos, rematado todo con un digno desenlace, que se aleja de cualquier consideración lacrimógena, lo cual es de agradecer. Marte (The Martian), que cuenta con una estupenda banda sonora setentera (suena David Bowie, incluso Abba), no decae en ningún momento; eso sí, manteniendo la gravedad, que no es poco…

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Viaje al Oeste de los Coen

Los Coen, a la sazón Joel y Ethan, tanto monta, monta tanto, tienen, entre sus muchas virtudes y algunos que otros defectos -vamos, como en botica-, el afán de revertir los géneros, malearlos o dotarlos de ropajes ajenos a los cánones establecidos e inyectarles grandes dosis de originalidad. Aunque No es país para viejos, la última obra maestra hasta la fecha del dúo fraternal, no era un western, en el fondo e incluso en las formas sí que contaba con su sello. Ahora, ha ocurrido lo mismo, pero un poco a la inversa, con Valor de ley, su nueva película, aparentemente una del Oeste de toda la vida, pese a no encajar en los mimbres del amplio universo del Far West, al menos para la casi siempre lúcida mente de este genial equipo cinematográfico de hermanos. Valor de ley resulta de manera nominal un remake del filme del ilustre artesano Henry Hathaway, protagonizado allá por el año 1969 por el verdadero icono del género, John Wayne, si bien la película de los Coen tiene diferencias notables respecto a su antecesora. A ratos lenta y sobria y, sobre todo, eminentemente desmitificadora y crepuscular, con algún que otro toque de lirismo, Valor de Ley transita por territorios un tanto alejados de los clichés característicos del western más clásico y purista. Es como si ambos pasaran de puntillas por el academicismo imperante en este ámbito genuinamente norteamericano, salpicando la película con sus habituales ingredientes, en los que no falta, como no podía ser de otra manera, su habitual humor ácido y la apuesta sin ambages por los antihéroes. Un excepcional Jeff Bridges (el alguacil borracho y pasado de vuelta Rooster Cogburn), en un papel con ribetes que recuerdan, aunque sea a determinada distancia a su ya celebérrimo personaje el Nota, en la también coeniana El gran Lebowski -cambia aquí la maría por el whisky-, y un ensimismado Matt Damon, en la piel de LaBoeuf, un ranger de Texas, orgulloso  y petulante, dan la reválida a la verdadera protagonista de la cinta, una jovencita de prometedor futuro llamada Hailee Steinfeld (Mattie Ross), quien está francamente espléndida como ángel vengador -no en vano la chiquilla está nominada al Oscar-, que demuestra una convicción impropia de su edad a la hora de “negociar” su particular vendetta contra el asesino de su padre -un canalla envuelto en Josh Brolin- con unos diálogos impagables. Sin duda, Valor de ley resulta un producto altamente recomendable para pasar un buen rato frente a la gran pantalla.

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