Meryl Streep

El retorno de la institutriz

La actriz británica Emily Blunt da vida a la niñera más famosa, Mary Poppins, tomando así el relevo de Julie Andrew. / DISNEY

Emily Blunt da vida a la niñera más famosa, Mary Poppins, tomando así el relevo de la también actriz británica Julie Andrews. / DISNEY

Hay retornos y retornos, y el de la niñera más famosa del mundo, a la sazón Mary Poppins, no ha sido muy convincente. Como suele decirse, segundas partes nunca fueron buenas, salvo El Padrino -y alguna otra ilustre excepción-, pero en Hollywood se empeñan en seguir con la máquina de las secuelas, aun a costa de desnaturalizar el original o de darle una continuidad artificial sin el empaque suficiente. El regreso de Mary Poppins, dirigida por el ducho en musicales Rob Marshall -recordemos su Chicago (2002)-, no cumple con las expectativas creadas y solo viene a refrescar las andanzas de la “perfecta institutriz”, en un filme que sigue a pie juntillas el esquema de su célebre predecesor -solo que ahora los dos niños, Michael y Jane, los hermanos Banks, ya son mayores, y el primero de ellos tiene tres hijos- y aunque, obviamente, cuenta con más medios técnicos a su alcance-entre ambas cintas median casi 55 años- no logra desprender encanto ni espontaneidad. Lo único original, y que se puede extrapolar a estos tiempos, es el contexto cronológico en el que se desarrolla: el crack del 29, la Gran Depresión, y sus nefastos efectos, como los embargos bancarios y los desahucios, que sirven de hilo conductor y de guiño social actual de una historia que no emociona y que se limita a repetir roles -el deshollinador se cambia ahora por un señor que enciende y apaga las farolas londinenses, por ejemplo-, pese al gran trabajo de Emily Blunt para intentar emular a la sin par preceptora que otrora estuvo bajo la piel de la inolvidable Julie Andrews. El regreso de Mary Poppins rezuma un innecesario aire de nostalgia -sensación que se consigue volviendo a ver el filme primigenio de Disney- y poco más. Un último apunte: salir de una película de este tipo sin tatarear ninguna cancioncilla es siempre un mal síntoma…

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

Pulso al poder

Tom Hanks y Meryl Streep protagonizan 'Los papeles del Pentágono', de Steven Spielberg. / FOX

Los consagrados actores Tom Hanks y Meryl Streep protagonizan  ‘Los archivos del Pentágono’, el nuevo filme de Steven Spielberg. / FOX

El cine siempre ha fijado su mirada en el caleidoscópico mundo del periodismo, una veta siempre fructífera en cualquiera de sus vertientes, ya sea enfocada desde el thriller político, el suspense, el drama o la comedia (en este último género destaca sobremanera Primera plana (1974) la genial película de Billy Wilder, a su vez la tercera versión cinematográfica de la obra teatral The front page). En los últimos años han brillado con luz propia dos filmes sobre el extenso universo de la canallesca, ambos sobresalientes, La sombra del poder (2009), de Kevin Macdonald, que despliega un sabor nostálgico de la prensa escrita, y Spotlight (2015), de Thomas McCarthy, elegida mejor película en los Óscar de 2016, toda una radiografía del (buen) ejercicio periodístico. Los archivos del Pentágono, la última propuesta del incombustible Steven Spielberg, una sólida y equilibrada cinta, muestra el pulso que cada cierto tiempo, cuando las circunstancias, la predisposición y la valentía lo permiten, emprende el llamado cuarto poder contra el primero. Si Spotlight nos adentraba en las entrañas del concienzudo trabajo periodístico, en una implacable investigación llevada a cabo por el Boston Globe a principios de la presente centuria de casos de abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes católicos, Los archivos del Pentágono nos eleva a otro terreno cenagoso, las relaciones entre política y periodismo. Basada, en hechos reales, la nueva película del rey de Midas de Hollywood utiliza dos eficaces balas de oro, Meryl Streep y Tom Hanks, paladines morales de la Meca del Cine, para contar el esfuerzo de los dos principales periódicos de Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post por publicar documentos secretos y comprometedores del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam, allá por 1971, en plena Administración Nixon, en la antesala del postrero caso Watergate. Un producto consistente, que rezuma periodismo clásico, con redacciones trufadas de humo y papeles, y donde el tronar de la rotativa hace temblar las mesas de los periodistas, y que recuerda a Todos los hombres del presidente, no solo por el propio escenario, el Post, sino por la propia filosofía. Narración y ritmo impecables, con una genial interpretación -no descubrimos nada- de Streep, en la piel de la editora del Post, Katharine Graham, y de Hanks, como el célebre Ben Bradlee, el director del mentado diario, paradigma del compromiso periodístico. Spielberg, cuando juega, lo hace sobre seguro…

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas ¿Qué opinas?

Pastiche de cuentos

Meryl Streep es una de las protagonista de 'Into the woods'. / DISNEY

Meryl Streep es una de las protagonistas de ‘Into the woods’. / DISNEY

De un tiempo a esta parte a Hollywood le ha dado por reinventar, reformular y revisar los cuentos clásicos, los de toda la vida, vamos. También la televisión ha querido contarnos otros cuentos, como se muestra en la serie de la cadena norteamericana ABC Érase una vez, y en su versión española, más acorde con los tiempos y en clave de thriller. Así, hemos visto en la gran pantalla a una Caperucita Roja sexy y posadolescéntica -la interpretada por Amanda Seyfried-, una Blancanieves guerrera -la protagonizada por Kristen Stewart- o unos matrix Hansel y Gretel -con Jeremy Renner y Gemma Arterton en la piel de los dos “tiernos” y talluditos  hermanitos-, por citar solo algunos filmes de una lista no precisamente escasa, que este año también se incrementará. Por lo pronto, ya tenemos en la gran pantalla a Into the woods, la última aportación a la causa. Se trata de la adaptación cinematográfica del musical del mismo nombre, dirigida por el coreógrafo y realizador Rob Marshall, bastante ducho en este tipo de espectáculos, recordemos Chicago (2002) y Nine (2009). Into the woods deviene en una mezcla indisciplinada de varios cuentos populares, desde la mentada Caperucita Roja, hasta La Cenicienta, pasando por Rapunzel o Las habichuelas mágicas, con un matrimonio de panaderos que no pueden tener hijos como hilo. Sacudan bien todo esto y pongan un bosque y una bruja malvada dentro, y el resultado es una comedia musical que funciona bien cuando desmitifica las consabidas narraciones, las malea, las retuerce y les da un punto hasta canalla, y pierde enteros cuando se pone un tanto bucólica. Este cóctel de fabulaciones se sustenta en su exultante artificio visual y en un reparto bastante equilibrado, donde destaca, cómo no, una hechicera Meryl Streep que interpreta lo que le echen -está nominada por su actuación aquí a mejor actriz de reparto en los próximos Óscar- y por una siempre brillante Emily Blunt. Into the woods te hace pasar un rato entretenido -con un metraje un poco largo, eso sí-, aunque con ciertos altibajos que rebajan sus pretensiones finales pero que, en cualquier caso, evita que te vayas con el cuento a otra parte.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

El ombligo de la Thatcher

“A la Thatcher, échale laca”, me decía siempre con sorna un compañero del instituto. La primera ministra británica forma parte de los iconos políticos de los años 80 del pasado siglo, década en la que con su férrea gestión marcó toda una época, el denominado thatcherismo, no de muy buen recuerdo precisamente para la clase obrera de la Pérfida Albión, donde la palabra recorte, ahora tan de moda en nuestras vidas por razones de sobra conocidas, era moneda corriente. En La dama de hierro (no se comieron mucho la testa con el obvio título), la directora Phyllida Lloyd y la guionista Abi Morgan llevan a cabo un peculiar biopic en el que, sin entrar en ningún tipo de juicio crítico con el personaje (lo que a la postre se echa bastante en falta), se limitan a explorar los anhelos, las ambiciones y los miedos de esta enfant terrible de la política europea, que llegó a lo más alto del Gobierno de su Graciosa Majestad allá por 1979, poltrona de la cual no bajó hasta 1990. Con un tono pausado e intimista, la película se centra en las reflexiones -pasadas por el tamiz de la alucinación- de una más que otoñal Margaret Thatcher, que mantiene fluidas conversaciones con el fantasma de su fallecido marido (en sentido literal, que no figurado); y en la que a través del recurso del flashback vamos conociendo telegráficamente y sin mucha consistencia sus inicios políticos y su llegada y asentamiento en el poder. Esta verdadera hagiografía de Thatcher (de santa poco, aunque ya sabemos que este término se utiliza con bastante laxitud) rezuma condescendencia por doquier con una dama que se mira el ombligo constantemente, sin que el filme ahonde en un periodo lleno de turbulencias sociales. Punto y aparte merece la interpretación de Meryl Streep, un verdadero calco de la Thatcher, que borda el papel y que a buen seguro le reportará un nuevo Oscar que sumar a su amplia buchaca de premios, esta vez merced al sombrero, a las perlas y a los kilos de laca de Maggie.

 

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?