thriller de acción

Más ‘Millenium’

Una de las escenas de 'Lo que no te mata te hace más fuerte'. / SONY PICTURES

Una de las escenas de ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’, filme protagonizado por Claire Foy. / SONY PICTURES

En la primera década de la presente centuria irrumpía con fuerza inusitada la serie literaria Millenium, ya saben la trilogía compuesta por los sonoros títulos Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, escrita por el sueco Stieg Larsson y que se convirtió en epítome de la novela negra procedente de Escandinavia, tan en boga por esas fechas. Nadie dudó ni un ápice que semejante éxito mundial, que Larsson no llegaría a ver y disfrutar -murió antes de ver publicadas sus novelas-, iba a ser carne de celuloide, como así ocurrió. Obviamente, los suecos fueron los primeros en llevarla a la gran pantalla. Las andanzas de la joven e inadaptada hacker Lisbeth Salander y del maduro periodista Mikael Blomkvist tomaron forma en las carnes de Noomi Rapace -de ascendencia española- y de Mikael Nyqvist, fallecido hace poco más de un año, en una adaptación cinematográfica digna, especialmente en lo que concierne a la primera de la trilogía. Hollywood no hizo esperar mucho a Millenium, y de la mano de un seguro como David Fincher, con Rooney Mara y Daniel Craig, pergeñó una nueva versión del libro primigenio, con más medios y artificios, que le reportó un Óscar (a mejor montaje) y varias nominaciones. El universo Millenium ha vuelto al cine con Lo que no te mata te hace más fuerte, la primera de las dos novelas de la nueva serie, de la que se hizo cargo el también periodista y escritor nórdico David Lagercrantz, autor del bestseller Soy Zlatan Ibrahimovic. Una Lisbeth Salander más talludida e incluso bondiana, por su vocación de letalidad, en esta ocasión bajo la piel de la siempre resuelta Claire Foy -a la que acabamos de ver en First man-, acapara absolutamente la entrega, con un capitidisminuido protagonismo para Blomkvist, el actor Sverrir Gudnason, quien resulta en esta versión cinematográfica un mero convidado de piedra, en una trama que deambula entre secretos oficiales y un plan para dominar el orbe, con cuitas familiares entre medio. Firmada por el uruguayo Fede Álvarez, la cinta deriva en un correcto thriller con menos suspense y más acción hollywoodiense al entero servicio del entretenimiento. Sin duda, una actualización obligada y necesaria para mantener viva la franquicia.

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En la frontera

Fotograma de una de las escenas de 'Sicario'. / LIONSGATE

Fotograma de una de las escenas de ‘Sicario’. / LIONSGATE

En los últimos tiempos, el cine ha tratado el siniestro mundo del tráfico de drogas, especialmente en el ámbito de los temibles y violentos cárteles, preñando películas de diferentes facturas, como Traffic (Steven Soderbergh, 2001), Salvajes (Oliver Stone, 2012) Escobar: Paraíso perdido (Andrea Di Stefano, 2014) por citar solo unas cuantas, las más conocidas. Ahora, llega a las pantallas Sicario, un notable filme dirigido por el canadiense Denis Villeneuve que cuenta entre sus protagonistas con Emily Blunt, Josh Brolin y el incombustible en estas lides Benicio del Toro (el actor puertorriqueño es ya un clásico en la temática, no en vano ha participado en todas las cintas antes mentadas). Tras el visionado de Sicario resulta inevitable  su comparación con la excelente Traffic. En el caso de la cinta de Steven Soderbergh, el abonado terreno de las drogas se aborda desde múltiples perspectivas, de una manera casi integral, poniendo el foco en la burocrática política gubernamental, las operaciones policiales a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México, la corrupción lineal y transversal, los recovecos del consumo, y los devastadores efectos de la adicción y su incidencia. Soderbergh compone, con un soberbio tono narrativo, un caleidoscópico fresco del problema y sus derivaciones, si bien lo pincela con un claro tono esperanzador que no diluye para nada el resultado final. Villeneuve se centra en Sicario en el combate contra las drogas desde el lado más opulento de esa misma frontera, y lo ejemplifica en las figuras de una idealista agente del FBI (Blunt) y de un pragmático miembro del servicio secreto (Brolin), a quien acompaña un misterioso compañero de fatigas (Del Toro) -del que sobra decir que está inmenso en su interpretación, como siempre-, embarcados en una operación encubierta contra el cártel de Sinaloa. Sicario reflexiona acerca del uso de la guerra sucia en la lucha antidroga, con la utilización de las mismas prácticas que sus antagonistas y del recurso del todo vale para alcanzar la meta, en una visión actualizada y ad hoc del maquiavélico “el fin justifica los medios”. Sicario va de fronteras físicas pero también morales, donde la legalidad se cuestiona o sacrifica por mor de un objetivo, aunque sea efímero. Todo ello envuelve el aire de este thriller de acción altamente recomendable.

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Caza fallida

'Caza al asesino', con Sean Penn y  Javier Bardem. / EUROPA PRESS

Fotograma del filme ‘Caza al asesino’. / EUROPA PRESS

Es una pena desaprovechar un notable elenco de actores para un producto tan poco consistente, por no mentar otro calificativo. Valga esta andanada para entrar en materia. Caza al asesino, la última aportación del thriller de acción que habita estos días en la cartelera, se diluye al poco tiempo, como una promesa en boca de un político; vamos, que el interés decae a los 15 minutos para dar paso a un bucle de lugares comunes y clichés mil vistos que en el mejor de los casos resulta viajero -Congo, Londres, Barcelona, Gibraltar-, pero que a la postre te lleva a los dominios en los que peligrosamente el tedio campa a sus anchas, a pesar de alguna que otra riña más o menos entretenida. El filme, basado en la novela negra La position du tireur couché, del fallecido escritor galo Jean-Patrick Manchette, cuenta la historia de Jim Terrier -a la sazón un recauchutado Sean Penn-, un mercenario enamorado de una médico cooperante que tiene que huir del Congo tras asesinar al ministro de Minas de ese país, y al que años después quieren eliminar. Penn no llega a convencer en la piel del letal Terrier y tanto Javier Bardem como Ray Winstone y, especialmente, Idris Elba, cuyo papel resulta un simple cameo, hacen acto de presencia, por decir algo, en esta cinta dirigida por el también francés Pierre Morel -ducho ya en la causa, en filmes como la taquillera Venganza (2008)-, con un sorprendente epílogo taurino que viene a resumir algunos de los desaguisados de esta cinta (sale la bandera de Madrid en la Monumental de Barcelona, ¡viva el puente aéreo! y vuelven los toros a la Ciudad Condal). En definitiva, y como se apuntaba, una película que no solo no saca lustre a un gran reparto, sino que pasa de puntillas por aspectos inherentes a la trama, como los intereses espurios de algunas multinacionales en países africanos. Desde luego, no piensen vamos a ver aquí ni por asomo nada que se le parezca a Diamante de sangre (Edward Zwick, 2006) o a El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005).

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Reiniciando a Jack Ryan

Lo tenía francamente difícil el chico con tanto antecesor ilustre en el personaje: sustituir a Alec Baldwin, Harrison Ford y Ben Affleck -sobre todo al segundo- en la piel de Jack Ryan no era moco de pavo. No es que el párvulo en estas lides Chris Pine (va por el camino de “resucitar” a la gente: ya hizo lo propio con el capitán Kirk en la renovada saga de Star Trek) sea un dechado de virtudes en la vuelta a la gran pantalla de ese aparentemente discreto agente de la CIA con doctorado y todo, en realidad se limita a cumplir de manera sobria con el papel, que ya es bastante, en un filme que tiene como principal misión reiniciar a este analista-espía, actualizarlo a los nuevos tiempos que corren y sentar las bases para futuras películas. Esta aventura iniciática cuenta la conversión -algo tuneada respecto a la saga literaria de Tom Clancy- de Ryan de marine a miembro del espionaje norteamericano, su trabajo tapadera en Wall Street y su primera operación, en Rusia, para desenmascarar a un poderoso financiero conchabado con las altas esferas del gobierno de ese país eslavo y que trata de hundir la economía norteamericana y de paso perpetrar un atentando en las mismas entrañas de la Gran Manzana. La cinta, que lleva por título Jack Ryan: Operación Sombra, posee todos los ingredientes del género del thriller de acción, pero no convence, al menos al que suscribe estas líneas, tal vez porque, a pesar de su intención, no aporta la frescura necesaria (más allá del impulso al personaje con el cambio de actor), con un libreto que presupuesta prácticamente todos los clichés de este tipo de filmes sin dar pábulo a la más mínima sorpresa (vamos, nada que no hayamos visto antes). Kenneth Branagh, que dirige el cotarro de manera eficaz, si bien poco brillante, interpreta también al villano -aunque lo prefiero más en su rol shakesperiano-, con un cada vez más crepuscular Kevin Costner y una cada vez más actriz Keira Knightley, que prefiere que su novio sea de la CIA a que tenga una amante -no sé yo con la que está cayendo-, completando así el elenco protagonista -lo mejor del filme- En cualquier caso, me sigo quedando con los Jack Ryan de La caza del Octubre Rojo y de Peligro Inminente. Nada que ver con esta.

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Narciso Cruise

Reacher es un antiguo policía militar estadounidenseSin ambages: Jack Reacher es un puro vehículo para mayor lucimiento, gloria y autobombo de uno de los tipos más omnipresentes en la cinematografía del mundo mundial de los últimos 30 años, a la sazón Tom Cruise -como si tuviera poco ya-. El actor mejor pagado de Hollywood interpreta al tal Reacher que da título a este filme de acción -basado, por cierto, en la saga literaria que protagoniza el personaje nacido de la imaginación del escritor de la Pérfida Albión Lee Child-. En el filme -en concreto, la adaptación de la novela One Shot– se narran las peripecias de un escurridizo policía militar curtido en mil batallas que es requerido por un exfrancotirador del ejército estadounidense, acusado de cargarse a cinco persona sin ningún tipo de motivo. Lo que comienza como una trama con cierto interés, poco a poco se va diluyendo como nuestra esperanza de salir de la crisis, para pasar luego a una película llena de clichés y a la postre totalmente previsible, en la que no faltan algunos chascarrillos y guiños cómicos que intentan ayudar a maquillar la cosa.

Pike y Cruise, en una de las escenas del filme

Cruise, en esta ocasión una especie de Jason Bourne, aunque más de andar por casa, se gusta y quiere en la pantalla -para eso pone el parné en la cinta-, acompañado de una discreta pero siempre interesante Rosemund Pike, y en la que la presencia del todoterreno alemán Werner Herzog -el recordado director de Aguirre, la cólera de Dios (1972) y de Fitzcarraldo (1982)- y del incombustible Robert Duvall viene a dar algo de lustre a un irregular producto, cuya misión de entretenimiento se queda a medias. La película, dirigida por el también guionista Christopher McQuarrie, entretiene y poco más, y expele una buena cantidad de tufillo a que vamos a ver a Jack Reacher más veces en la pantalla grande (esperemos que no tantas como novelas de Child). En definitiva, una cinta ideal para fanáticos sin solución del cada vez más narcisista Cruise.

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