thriller político

Pulso al poder

Tom Hanks y Meryl Streep protagonizan 'Los papeles del Pentágono', de Steven Spielberg. / FOX

Los consagrados actores Tom Hanks y Meryl Streep protagonizan  ‘Los archivos del Pentágono’, el nuevo filme de Steven Spielberg. / FOX

El cine siempre ha fijado su mirada en el caleidoscópico mundo del periodismo, una veta siempre fructífera en cualquiera de sus vertientes, ya sea enfocada desde el thriller político, el suspense, el drama o la comedia (en este último género destaca sobremanera Primera plana (1974) la genial película de Billy Wilder, a su vez la tercera versión cinematográfica de la obra teatral The front page). En los últimos años han brillado con luz propia dos filmes sobre el extenso universo de la canallesca, ambos sobresalientes, La sombra del poder (2009), de Kevin Macdonald, que despliega un sabor nostálgico de la prensa escrita, y Spotlight (2015), de Thomas McCarthy, elegida mejor película en los Óscar de 2016, toda una radiografía del (buen) ejercicio periodístico. Los archivos del Pentágono, la última propuesta del incombustible Steven Spielberg, una sólida y equilibrada cinta, muestra el pulso que cada cierto tiempo, cuando las circunstancias, la predisposición y la valentía lo permiten, emprende el llamado cuarto poder contra el primero. Si Spotlight nos adentraba en las entrañas del concienzudo trabajo periodístico, en una implacable investigación llevada a cabo por el Boston Globe a principios de la presente centuria de casos de abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes católicos, Los archivos del Pentágono nos eleva a otro terreno cenagoso, las relaciones entre política y periodismo. Basada, en hechos reales, la nueva película del rey de Midas de Hollywood utiliza dos eficaces balas de oro, Meryl Streep y Tom Hanks, paladines morales de la Meca del Cine, para contar el esfuerzo de los dos principales periódicos de Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post por publicar documentos secretos y comprometedores del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam, allá por 1971, en plena Administración Nixon, en la antesala del postrero caso Watergate. Un producto consistente, que rezuma periodismo clásico, con redacciones trufadas de humo y papeles, y donde el tronar de la rotativa hace temblar las mesas de los periodistas, y que recuerda a Todos los hombres del presidente, no solo por el propio escenario, el Post, sino por la propia filosofía. Narración y ritmo impecables, con una genial interpretación -no descubrimos nada- de Streep, en la piel de la editora del Post, Katharine Graham, y de Hanks, como el célebre Ben Bradlee, el director del mentado diario, paradigma del compromiso periodístico. Spielberg, cuando juega, lo hace sobre seguro…

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas ¿Qué opinas?

A tiro limpio

Dylan O’Brien es el protagonista de 'American Assassins' . / LIONSGATE

Dylan O’Brien, conocido por la saga ‘El corredor del laberinto’, es el protagonista del thriller de acción ‘American Assassin’ . / LIONSGATE

Películas de agentes secretos letales las hay de todos los colores, aunque buenas, posiblemente pocas. Dejando a un lado las de James Bond, que eso es harina de otro costal, en los últimos tiempos han aparecido meritorios productos, como la saga Bourne, que sobresale del resto, y, en menor medida, la de Jack Reacher, por citar a las más conocidas. American Assassin podría encuadrarse en esta tipología, aunque sin la consistencia ni las hechuras de las mentadas. La cinta, basada en las novelas del estadounidense Vince Flynn, protagonizadas por el agente Mitch Rapp, funciona muy bien como filme de acción a raudales, pero no en su intención de thriller de corte político, donde falla estrepitosamente. Una bipolaridad que deviene en necesaria en este tipo de subgéneros para darle equilibrio estructural a la trama. En lo primero resulta una cinta trepidante, con un ritmo frenético y escenas a mayor gloria del espectáculo visual. Sin embargo, es en lo segundo, en el argumento, donde cojea y en la que esputa todo su patrioterismo yankee más rancio -vamos, lo que manda ahora en la era Trump-, centrado en la figura de Rapp, que interpreta Dylan O’Brien -los espectadores menos talluditos lo recordarán por ser el líder posadolescente de la serie cinematográfica de El corredor del laberinto-, una especie de lobo solitario a la inversa que es captado por la CIA tras intentar tomarse la venganza por su cuenta y riesgo -terroristas yihadistas asesinaron a su novia durante unas vacaciones en Ibiza, o al menos una supuesta Ibiza…-, y que tiene que desempeñar un papel primordial en una intriga que luego se desmadra, con un antiguo espía estadounidense rebelde, conspiradores del Gobierno iraní y una bomba nuclear de por medio. American Assassin, dirigida y producida por Michael Cuesta -que ha realizado algunos capítulos de Homeland-, y que tiene en nómina a un actor tan solvente como Michael Keaton, no da tregua a los grises, es decididamente maniquea y aboga por que todo se resuelve a trompazo y tiro limpio, lo que desde el punto de vista palomitero y evasivo entretiene lo suyo.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

Hagiografía de Lincoln

Fotograma del filme

Si existen héroes de carne y hueso para los estadounidenses, uno de ellos es, sin duda, Abraham Lincoln, su decimosexto presidente, el hombre que abolió la esclavitud y que salió vencedor de la Guerra de Secesión que había fracturado al país en dos mitades. Tal magna figura, objeto de veneración y referente político de primer orden, que recobró nuevos bríos, por razones bastante obvias, con motivo de la primera elección de Barack Obama, aparece por enésima vez en la filmografía yanqui, en esta ocasión de la mano de Steven Spielberg, que por fin ha logrado llevar a la gran pantalla su visión -que no biopic- del célebre estadista republicano, centrando la particular hagiografía en los últimos meses del episodio de confrontación civil entre el Norte y el Sur y en la aprobación de la histórica decimotercera enmienda.

Lincoln conversa con las tropas

Spielberg no oculta en ningún momento su firme admiración por Lincoln y, desde esa perspectiva, la cinta resulta un verdadero y franco panegírico fílmico, que el rey Midas de Hollywood envuelve con mimbres cercanos al thriller político, haciendo gala una vez más de su habilidad narrativa, y en la que no faltan momentos humorísticos (las escenas en las que se compran con prebendas el voto favorable de los congresistas demócratas). Basado en el libro de Doris Kearns, con guión de Tony Kushner, Spilberg hace uso de sus dotes para llevarnos a su terreno y empatizar con una figura ya de por sí afecta por su altura política y nobles ideales (paralelismos en un contexto dominado por una figura como Obama que también pasará a la historia), incluso cuando hace uso del maquiavélico fin que justifica los medios para tamaña empresa como acabar con la esclavitud y alentar la  igualdad de razas. Una película en la que los diálogos, obviamente, predominan sobre la acción, que se hace larga como una avenida para los profanos en historia y politología de Estados Unidos, y en la que destaca la fenomenal fotografía de Janusz Kaminski y la excelsa interpretación de Daniel Day-Lewis como Lincoln, que huele a premio Oscar.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

Affleck, el rescatador

En esta época de continuo revival de géneros a la que asistimos, el thriller político y las películas de espías en el contexto de la caldeada Guerra Fría ocupan también su espacio en la cartelera, como ha ocurrido recientemente con La deuda y El topo, y algo más en el tiempo con las excelentes Munich y Syriana. Ahora llega Argo, el tercer filme dirigido por el también actor Ben Affleck, tras Adiós pequeña, adiós (2007) y The Town (2010). La cinta cuenta una historia basada en hechos reales: el sorprendente rescate en 1979 de seis ciudadanos estadounidenses que escaparon del asalto popular de la embajada de su país en Teherán. Un hecho que se conoció bastantes años después, en la década de los 90, tras desclasificarse documentos de la CIA, y que ya de por sí resulta carne de cañón cinematográfica, no en vano, además de su indudable atractivo fílmico, se utilizó -como curioso Macguffin– la producción de una película ficticia para sacar a los diplomáticos norteamericanos del Irán de Jomeini. Affleck no ha dilapidado el potencial de semejante material y ha articulado un notable y entretenido largometraje, simplemente hilando bien, sin estridencias narrativas, dos premisas básicas en este tipo de películas: suspense y tensión, combinado aquí con algunas dosis de humor (viene a la mente, a bote pronto y salvando las lógicas distancias, la hitchcoriana Cortina rasgada). Aparte de él mismo, interpretando al barbudo agente de la CIA, el hispano Tony Méndez,  Affleck se ha rodeado de artistas de probada solvencia como Bryan Cranston, John Goodman y un genial Alan Arkin (en la piel de un pasado de vuelta y veterano productor hollywoodiense), que al igual que hiciera en Pequeña Miss Sunshine brilla por sí solo aunque esté en pantalla dos minutos; sin duda, de lo mejorcito del filme, junto al vibrante y cardiaco final. En el debe de Ben Affleck quizás se encuentre el de tocar casi de refilón la personalidad de los propios rescatados y de pasar a hurtadillas por el contexto político. Aun así, y a sabiendas de que el actor-director californiano no es Alan J. Pakula, Argo merece la pena.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?