Zach Galifianakis

Viaje al centro del ego

Michael Keaton es el protagonista de 'Birdman'. / FOX

Michael Keaton es el protagonista de ‘Birdman’. / FOX

 

Alejandro González Iñárritu es de esos directores que se gusta y le gusta sin ningún tipo de complejos que su película tenga un enérgico sello personal, una particular marca del Zorro. Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), la primera incursión del director mexicano en la comedia -en este caso negra, como no podría ser de otra manera con los antecedentes melodramáticos del realizador- no escapa tampoco a esa querencia de llevar una impronta bien definida. Si en la aclamada Babel (2006) Iñárritu nos contaba un puzle de historias aparentemente diferentes y desarrolladas en distintos lugares del mundo, pero interconectadas entre sí, esta vez sus alforjas de viaje no dan muchas vueltas: tienen como destino el minúsculo a la par que enriquecedor y estresante universo del teatro, sus mismas entrañas, para ver pulular las andanzas de un actor encasillado -conocido por ponerse en la piel de un superhéroe, a la sazón Birdman– que se quiere reivindicar ante sí mismo y ante el público dirigiendo y protagonizando una obra. Con el uso inmisericorde del plano secuencia en las largas escenas de la cinta (a modo de actos, que para eso la cosa va de teatro), Iñárritu -con la inestimable ayuda del oscarizado Emmanuel Lubezki como director de fotografía- se pone a prueba a sí mismo y al plantel de artistas del filme, experimentando con la complejidad técnica e interpretativa que ofrece ese recurso. Todo un riesgo del que sale airoso y muy bien parado, especialmente el elenco de actores, con Michael Keaton a la cabeza, flanqueado por unos sublimes Edward Norton y Naomi Watts, sin desmerecer ni un ápice a Emma Stone y Zach Galifianakis. Keaton es -o fue- Birdman en el filme, como fue Batman durante dos entregas (las de la etapa de Tim Burton), por lo que el papel le va como anillo al dedo; de hecho, el Keaton de la película quiere demostrar que puede dejar atrás al superhéroe que ha marcado su carrera, y el Keaton real ha resucitado en cierta manera como actor -y lo ha conseguido- con este impagable papel, que bucea en los egos y en las inseguridades de la profesión. No sé si la ignorancia es una virtud inesperada, como reza el subtítulo del filme, desde luego Birdman es una de las sensaciones de este 2015 cinematográfico, pese a que se podría haber rematado de manera mucho más brillante.

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Se acabó el resacón

Fotograma de Resacón 3

Fotograma del filme Resacón 3. / WARNER BROS.

El problema de estirar el chicle es que tarde o temprano se termina rompiendo. Resacón en Las Vegas tuvo la virtud de captar la atención de un amplio número de espectadores por la propuesta empleada en un tipo de películas focalizadas a un público joven y con unos patrones cómicos bastante comunes y habituales, con grandes dosis de humor salvaje y escatológico. El guionista y director Todd Philips articuló la película en base a la reconstrucción de los hechos acaecidos tras una noche de despedida de soltero de absoluto desenfreno y despiporre, en la que unos amigos aparentemente tranquilos se despiertan sin saber lo que ha ocurrido. La resuelta y exitosa fórmula, sustentada también en unos carismáticos personajes y en estrambóticas situaciones, se repitió en la segunda parte de la serie, trasladada esta vez a la exótica Tailandia, y a pesar de la reiteración -y del peligro que ello conlleva para un producto cinematográfico- la película no desentonó. Sin embargo, la tercera entrega R3sacón no sigue la estela ganadora de las anteriores y se desinfla como un globo picado. Y eso que hay que agradecerle a Philips el intentar -al menos- dar un giro a esta peculiar saga, si bien su resultado defrauda y lo que resulta definitivo: no convence, finiquitando de paso la franquicia -no creo que la resuciten después del fiasco argumental-. Ni siquiera Zach Galifianakis ni el mayor protagonismo concedido a Ken Jeong, el imprevisible y desinquieto Chow -mejor en un papel de secundario- logran salvar el filme. La manada, por tanto, se disuelve.

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Doble resacón

Las secuelas tienen eso: corren siempre el peligro de repetirse como una salsa de ajo. Sin embargo, a veces -muy pocas, la verdad- la reiteración puede ser el camino de refrendar la gloria anterior, al menos desde el punto de vista de la respuesta del público. Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! es un claro ejemplo de ello. El guionista y director Todd Phillips no se ha cortado ni un pelo en repetir el mismo -y exitoso, por qué no decirlo- esquema de la primera película, cambiado en esta ocasión a Las Vegas por la exótica Bangkok, además de darle un poco más de escatología y de perversión al asunto. La fórmula postulada por Phillips (y que le da un punto de diferencia a películas similares, casi siempre dirigidas a un publico juvenil) es ésa en la que tras una noche de desenfreno, los resacados y amnésicos protagonistas van reconstruyendo la trama hasta saber qué pasó exactamente, y que se ve reforzada por un elenco de actores que tienen un rol muy definido (el chulesco y relativista Bradley Cooper, el desconfiado y temeroso Ed Helms, y el pueril y rocambolesco Zach Galifianakis). Grandes dosis de humor gamberro y desafiante sazonan esta segunda entrega que mantiene viva -por ahora- a una franquicia a la que quieren estirar cual chicle Bazooka -hasta que les explote en la cara, claro-. La cosa tiene visos de seguir. De momento, y para mitigar las testosterona imperante en estos dos primeros filmes, en julio se estrenará un “resacón femenino” subidito de estrógenos…

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