El arte de la comunicación, clave del éxito

Mundo

Idioma

Hoy en día las empresas son capaces de llegar a todos los lugares del mundo y este se acerca a tu propia casa. Una reciente y joven situación que se incrementa a pasos agigantados en las redes sociales y que aún no nos hemos percatado de su transcendencia.

A mí me ocurre igual en el lugar donde pinto, se acercan de todos los rincones del mundo. Muchos de ellos sólo miran para saciar su curiosidad o para adquirir alguna obra  pero la mayoría quiere interactuar  en su idioma bien sea inglés, alemán u otro.  Y es ahí donde el arte que cada uno tenga con las lenguas  adquiere un papel importante y más para el negocio.

lenguas

El inglés ha sido la lengua que más se ha estandarizado como un nexo de unión y gracias a ello, cuánto nos hemos “enriquecido”. Doy gracias a mis padres por inculcarme desde muy pequeña aprenderlo  y a mi voluntad por seguir practicando y aprendiendo otros idiomas porque la mayoría de mis ventas son gracias a esta comunicación única.

He de decir que no todo es un campo de rosas,  en numerosas ocasiones han intentado hablarme en su idioma ante la imposibilidad de manejar otro y yo no poder entender el suyo, entonces han surgido verdaderos  problemas a la hora de poder satisfacer sus expectativas en cuanto a un dibujo.  Y de momento el ruso se me resiste.

comunicación

Comunicación  eficaz

Créanme que a veces he llegado a sudar cuando ha fallado la comunicación y en la tarea de lograr el resultado que el cliente espera,  es ahí cuando surge el otro lenguaje que llevamos de manera innata,  el lenguaje corporal y gestual, y aunque  ayuda, para una negociación es bastante insuficiente e incluso peligroso porque clientes exigentes hay muchísimos. Una mala imagen corre como la brecha.

Comunicación

En definitiva, por mi  experiencia  vendiendo  mis obras  y  también como cliente, puedo decir con certeza que el futuro cada vez nos aboca a un manejo del idioma más fluido. Pero no nos podemos detenernos simplemente en saber enlazar las palabras de manera correcta. Existe un arma muy poderosa, es el arte  de la comunicación y ese aspecto intangible en ocasiones, llamado  empatía que nos hará ser más comunicativos y tener éxito.

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Si no lo creen, compruébenlo mañana mismo en su compra diaria en el supermercado, son verdaderos artistas de la comunicación.

¿Ven como ustedes al igual que yo,  se encuentran a menudo en la necesidad de emplear el arte de sobrevivir para contarlo?

 

 

Menudo San Valentín

San Valentín

No Tenía más de cuatro años y se presentó justo en frente de mí para observar  con auténtico asombro aquello que  estaba pintando. Lo miré y me devolvió una mirada bañada en el más profundo y brillante océano. En ese momento de mí salió una espontánea sonrisa al ver aquella cosita tan pequeña con su rostro claro como la luz, tan inocente como un inicio  y con una cara de pillo que parecía un diablillo.

Al cabo de un rato  le invité a pintar un cuadro y no tardó ni dos segundos en ocupar mi sitio, limpiarse sus manos con los trapos, manejar óleos y darle un mundo  de color a un lienzo. Esa noche  se fue eufórico de la mano de su madre.

mi público

Para mi asombro a la noche siguiente  intuí una pequeña figura frente a mí, radiante. Alcé la mirada y allí estaba nuevamente el renacuajo con  un cabello tan rubio como el sol y con sus  ojos de mar  inquieto. Lo saludé y percibí con auténtica ternura cómo se ruborizaba. Se sentó en el banco que está al lado de mí junto con sus padres y se dispuso a observar. Yo me extrañé ante tan buen comportamiento e incluso llegué a preguntarme qué estaría tramando.

banco

Al cabo de media hora se acercó temeroso cogido de la mano de su madre, con las mejillas sonrojadas y me regaló una chocolatina de su país. No pude más que echarme a reír al igual que lo hizo la gente que en ese momento estaba observando.

chocolatina

En agradecimiento a su regalo  y metida en ese sentimiento compartido, le pedí que me diera un beso en la mejilla antes de que se fuera y en menos de un segundo noté unos carnosos y jugosos labios en mi mejilla. El crío con tal emoción se alejó rápidamente de mí para sentirse seguro en la mano de su madre y marchar.

Painting night

Ahí no se acabó la historia, porque de repente, el angelito rebelde, se soltó de la mano y fue corriendo hacía mí para plantarme un rápido beso en los morros y salir pitando en busca de un refugio recóndito y seguro entre sus progenitores. Yo no salía de mi asombro y ahora el público no paraba de reír.

beso

Un valiente Romeo que volvía  a la noche siguiente y yo me preguntaba si  aquel canijo era el  San Valentín, pero  me sorprendió su actitud, sí, porque esta vez  se estaba comportando  como un auténtico caballero. Observaba respetuosamente mientras pintaba desde el banco, acabó por comprar un  un lienzo,  y por  regalarme otra chocolatina . Se despidió con  un cálido y elegante saludo .

día

Ya no lo volví a ver.

Dicen los expertos que los niños no se enamoran hasta bien entrada la pubertad y que no son lo suficientemente maduros emocionalmente para poder sentir amor por un semejante como un adulto, pero este pequeño sin duda,  dio una lección de conquista a muchos de ellos.  

 niños

Hay tantas cosas que los niños nos pueden enseñar… de sentimientos, muchos.

Basta con observar sin reírse de ellos.


 

Dos breves historias

1.- Los hombres de ciencia

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Hace unos días me encontré en la localidad en la que trabajo un grupo de matemáticos llegados de otro país para debatir sobre  estadísticas y ecuaciones. Sus amados números.

Mientras pintaba los vi aproximarse calle abajo, venían  hacia mí pero pasaban  de largo absortos en su discurso.

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Sobre la música que me acompaña mientras pinto oía sus palabras acerca de posibilidades numéricas y dilemas matemáticos que no lograba descifrar. Entonces, me percaté de algo, uno  de ellos  lentamente se iba  descolgando del grupo cual número 1 en un Método de Rufini para acercarse a mí, observar y marcharse.

Tras unos minutos oía su voz -buenas noches señorita, me gustaría ese que acaba de pintar-.

Ahora pienso en esas personas de ciencia, metidas de lleno en su mundo y de apariencia fría. Recuerdo  al  profesor que se esforzó por enseñarme a amar, o al menos entender las matemáticas, y ahora más que nunca  creo que entre todos ellos late la pasión. La pasión por las matemáticas, la locura por innovar, por descubrir nuevos límites.

Si no fuera así, sería imposible que Einstein, por ejemplo, pensara en la gravedad. Si no fuera así  sería imposible que ese hombre aparentemente desinteresado por otras cosas que no fuera su ámbito rompiera mi visión  y me diera una lección al comprarme  un cuadro.

Por una noche,  sentí el encanto de las Matemáticas como nunca antes lo había sentido.

2.- Premiar el esfuerzo

gente

Todo iba bien. Yo pintaba, tenía un público muy atento y la lluvia había dado una tregua hasta que sentí la brisa. Sí, esa que anuncia agua.

Y así fue.

¡corran debajo de los balcones! – alerté a la gente mientras  recogía de manera apresurada y ellos me devolvían su atónita mirada.

Ha enloquecido esa mujer, debían pensar. Pero las primeras gotas hicieron que valoraran mi advertencia.

Se acabó, otro día perdido– pensé.

-¿ya no vas a pintar más, verdad?, es que nos vamos mañana -.  Me preguntaron un grupo de turistas.

En ese momento con mis atrezos desperdigados por el suelo y mis pinturas mojadas no pude más que pintarles aquello que ellas deseaban.

Y así fue, una autentica odisea bajo la lluvia para poder realizar el dibujo. Una batalla de gotas de lluvia contra óleos en medio de un lienzo.

Sé que el resultado no fue el mejor y casi me odiaba por no poder hacerlo todo lo bien que me hubiera gustado.

Estuve angustiada pero intenté sonreír y mostrarme segura de mi pieza. Sin embargo, cuando les mostré de frente la obra terminada esperando una respuesta  recibí  un sí rotundo que iba acompañado de un “te lo has ganado” reflejado en sus ojos.

Creo que más que el cuadro, valoraron mi predisposición y esfuerzo por complacerlas. Y eso tiene su premio.

lluvia

Esta semana pintar en la calle me ha dado la oportunidad de  ver con otros ojos las ciencias y sus devotos y a reafirmarme en que el esfuerzo tiene sus frutos y hay que llegar hasta el final sin ser vencido porque ahí fuera hay personas dispuestas a valorarlo.

Deseando que se vaya el invierno…

La cultura de lo gratis

el show gratis

Todos somos usuarios de una conocida aplicación para nuestros avanzados móviles basada en la mensajería instantánea. Aplicación que usamos de manera frecuente y, en algunos casos compulsiva.

Además todos somos conscientes que su coste tras un largo periodo de prueba es de 0,89 cts al año y son muchísimas las personas que hacen artimañas para poder saltarse dicho pago. Que si lo apago tres veces y pongo mi contraseña  pero al revés, y haciendo el pino-puente. En definitiva que todo nos salga gratis.

Es cierto que hay productos que parecen tener un precio excesivo o que no están acorde a lo que se ofrece. Pero no podemos, creo yo, poner todo en el mismo saco.

Pensemos en los céntimos que a diario dejamos escapar bien en propinas, cambios o incluso el céntimo que se nos cae al suelo y pensamos que no merece agacharnos.

Aplicaciones gratutitas

Esta reflexión inicial es un símil que expongo para una circunstancia que me ocurre cada noche.

Mientras trabajo,  hay un momento que se forma un grupo de gente alrededor observando mientras pinto. Vaya por delante, mi más sincero agradecimiento a todo el que se detiene  pero tengo que exponer que son varias las personas las que se pueden pasar  una hora mirando cómo acabo un cuadro y empiezo otro. Sinceramente no entiendo como sus músculos no se resienten. Y una vez he acabado deciden darse la media vuelta  y marcharse sin echar ni un céntimo en mi pequeño cuenco.

show

Puedo llegar a entender que no les guste, pero pienso que pasada una hora ya sabrán que realmente soy mala, no les gusta y deberían seguir su camino.

Puedo pensar que les ataca la curiosidad, pero tras la primera hora creo que la curiosidad, como decía mi abuela, mató al gato.

Anoche mientras recogía mis bártulos pensaba en el porqué de esta actitud, al tiempo que recibía un mensaje en esa aplicación ya comentada: la cultura de lo gratis.

No creo que en España seamos tacaños, tenemos fama de picarescos eso  sí y  quizás haya algo de verdad en ello. Nos gusta fardar de cómo hemos conseguido esta cosa gratis o aquella porque un amigo tiene un conocido que…la cultura de lo gratis.

Quizás es que el arte  no sirva para vestir, no se pueda comer, aunque créanme si les digo que alimenta los sentidos y el conocimiento.

ropa

Sinceramente hay actitudes que no entiendo, pero por lo que a mí respecta, pueden seguir mirando y yo seguiré creyendo que no valoramos bien las cosas por las que pagamos y por las que no.

Apología de la confianza

Como dije en mi último Post venían tiempos difíciles para los que sobrevivimos a pie de calle y es que el invierno ya venía asomándose  por la ventana de las estaciones.

Aún así,  le advertía al mal tiempo que no iba a poder conmigo, que lucharía y reinventaría mis estrategias para esquivar sus inclemencias.

Y créanme que lo he hecho y es más, lo he conseguido. Ha tenido que invadirnos un temporal calificado de “alerta máxima” para apartarme de la calle. De acuerdo, esta semana va venciendo la batalla pero la guerra es larga.

Sí es cierto que pese a mis nuevas estrategias el número de turista es menor, el frío  aparta a los posibles clientes de la calle y todo esto hace que ya no venda lienzos como hace unos meses, pero las facturas no entienden de malos tiempos.

Es entonces cuando me asaltan las dudas, ¿quizás ya no atrae lo que hago? Y comienzo a realizar nuevas técnicas, ideas, paisajes. Miro mis obras y escucho la  otra voz interna que todos tenemos, la refunfuñona: “realmente no soy buena, normal que no se vendan”

No me había dado cuenta hasta ayer, que estas malas sensaciones se me estaban acoplando  como pelusas en un suéter. La voz refunfuñona  me estaba acompañando cada noche y cada vez era más destructiva aunque yo no le hiciera demasiado caso, al principio.

Les pongo en situación: “mi calle”, un grupo de personas me rodean y contemplan como se va desarrollando mi último óleo. Los cuadros expuestos esperan a ser comprados pero nadie se decide. Termino, y lo deposito junto  a los demás. Miro al atento público y les hago señales de resignación, no tengo más lienzos, se acabó por hoy, pero parecen no entenderme.

Miro los cuadros del suelo buscando una solución pensando que no son realmente buenos y que a nadie interesa. La aflicción y la  rabia se apoderan de mí,  cojo una de las pinturas ya terminadas y de un simple gesto la  borro de un plumazo hasta reducirla a la nada.

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“¡Oh, no!”  Escucho mientras desaparecen los trazos.  Miro al público y sus caras muestran verdadero asombro. En ese momento, ¡me siento como si fuera una delincuente, no soy capaz de reaccionar!

A los pocos segundos me digo: ” vaya pues, parece ser que sí  les han gustado mis obras y creo que no entienden  cómo he despreciado de manera tan visceral el trabajo realizado”.

Entonces lo entendí.

No son malos trabajos, simplemente no se han dado las circunstancias que den salida al cuadro.

Cuando nos  lanzamos a la emprendeduría son muchos los factores que influyen en el éxito o el fracaso de la aventura. En muchas ocasiones son detalles mínimos o ajenos a nuestra voluntad. Así que pase lo que pase tenemos que dar más de una oportunidad  a aquello que creemos hacer bien y por lo que hemos apostado.

No puede hacer mella en nosotros una mala  racha,  tampoco las opiniones  contrarias o que las cosas no salgan como hemos imaginado.

¡Confianza, ese es el secreto!.

Esta semana de reflexión obligada y cobijada del tremendo temporal   he decidido hacer apología de la confianza, la que tengo en mí y en lo que hago.

Les invito a que confíen en ustedes, porque créanme, merece y mucho  la pena.

 

El turismo visto a pie de calle

TuristasUn día pensé vivir de las palabras, de las noticias, de contar la realidad e informar mientras dedicaba mi tiempo libre a la pintura, y a día de hoy es a la inversa. Vivo de los óleos que compran mayormente turistas y en mi tiempo libre escribo, aunque ambas cosas las hago con la misma pasión.

A diario surge información, estadísticas y comentarios en todos los medios acerca de la situación turística pero permítanme  dar una visión subjetiva a través de mi experiencia pintando en la calle.

Verán, en general  ha sido un buen año. Mi calle tiene marcadas miles de nuevas pisadas foráneas.

Hay días en la semana  en los que la afluencia  disminuye pero no hay que alarmarse, simplemente, como se dice en el argot de los comerciantes cercanos a mí, “estamos en el cambio de turistas, pronto llegará nueva remesa”. Y así sucede.

Turistas

El turista alemán sigue estando presente en la zona en la que trabajo y observo que se ha incorporado con mayor  insistencia  el italiano y el francés.

También el inglés parece que no pierde la costumbre de visitarnos y cómo no,  la evidente irrupción del turismo ruso muy en boca de todos.

La presencia del turismo peninsular es menor y a diferencia del año pasado veo más parejas jóvenes.

¿Qué les gusta de nuestra isla?

El turista alemán  adora el senderismo y la vegetación. Incalculable  es el número de lienzos que he pintado para ellos reflejando el Teide y las flores autóctonas y se desviven por las que encuentran en nuestras calles. Es de costumbres clásicas que se sorprende y analiza todo lo que ve a su paso.

Al  italiano le apasiona el mar, las puestas de sol y al igual que al francés les embriaga un halo bohemio que percibo cuando me dan  la libertad para  pintarles lo que en ese momento se me ocurre.

Aún desconozco las debilidades y placeres del  ruso , creo que  poco a poco debemos ir conociendo.

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A grandes rasgos puedo decir que se trata de un turismo educado y cuidadoso con el entorno y con un nivel adquisitivo medio- alto.

Me gusta la época en la que ¨mi calle¨ se llena de gente de tantos lugares diferentes y se paran para verme pintar porque sé que se llevarán un bonito recuerdo de un momento único y diferente.

Una anécdota.

La pasada noche una pareja volvía por segundo año consecutivo  y me regalaba una postal de su país con una entrañable dedicatoria y hoy un cliente noruego me dedicaba un poema escrito.

Poema

Hay turistas que aparte de ver un paisaje hermoso, disfrutar de sus playas y gastronomía lo que les hace volver es el alma que un día respiraron en ese lugar.

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Todos quieren al patito feo. Lo que escondes lo más preciado.

SillaEstán siendo días de continuo reto con la lluvia. Hasta ahora voy sorteándola  como puedo utilizando curiosas artimañas para impedir que mis pinturas se estropeen, para no mojarme  y sobre todo para que la gente no se vaya.

La triste noticia es que  no he conseguido salvarles la vida a muchas de mis obras porque han quedado totalmente desfiguradas.

Debajo de la silla en la  que me siento cada noche he encontrado el rinconcito dónde ponerlas. Las coloco boca abajo para que nadie las vea y tengan su descanso.

De repente, me percato que la gente se aparta de las que están expuestas y me piden que les enseñe aquellas que tengo ocultas.

Me da un poco de vergüenza mostrarlas por su mal estado, además, tengo claro que no están para ser vendidas pero un  señor extranjero me indica que le gusta el cuadro  que más deteriorado está y quiere comprarlo.

Diez minutos después

-Señorita, ¿puede mostrarme esos? – . Me pregunta una  joven pareja en un inglés perfecto.

-Sí, claro pero están estropeados, no los tengo a la venta- . Les aclaro.

No parece importarles  mucho mi respuesta y cogen con gran delicadeza la pieza como si de un recién nacido se tratara. Yo no puedo salir de mi asombro.

Si les ha gustado, puedo hacer uno igual-. Les comento.

Creo que hablo en el idioma del planeta Marte o no me escuchan.

Pasan  largos minutos en los que se dedican a observar con minuciosidad la pintura.

Cinco minutos más tarde

-Señorita, ¡ lo queremos!-  aclama con emoción el chico y me entrega el cuadro elegido. Mientras la chica tiene prisa en darme el dinero.

No entiendo nada, la gente se ha vuelto loca o está ocurriendo algo que yo no entiendo.

Lo más curioso es ver a la multitud merodeando por mi silla, me pone un poco nerviosa y pone la atención en aquellos que están tapados debajo de ella. Es como si las obras irradiaran una especie de luz que los atrae, por darle alguna explicación misteriosa al fenómeno.

Ante esto, sólo me cabe pensar, o bien  las obras que estaba pintando no eran del agrado del público o porque todos deseamos aquella pieza que está oculta y le otorgamos un valor especial, un valor concedido quizás por el hecho de no estar expuesta a todos, una pieza sólo para nosotros y que nos hará únicos y especiales  por el hecho de poseerla.

Sin duda, una buena estrategia de Marketing.

Sobrevivir en invierno. Cambio de estrategia.

Lluvia Ernest Descals

Exacto, llega el invierno. Cada mañana abro las ventanas  y miro al cielo con miedo pensando en las primeras lluvias. En mi trabajo es el mayor de mis rivales, mi impedimento, el obstáculo que me separa de subsistir.

Cuando bajo con los materiales  hacia “mi calle” intercambio miradas con mis compañeros de   profesión.

– ¡ llega el agua, ya no hay gente en cuanto oscurece y nosotros no podremos trabajar igual!- .  Me advierten.

LluviaErnest Decals

 He vivido noches en las que la lluvia diluían los óleos cual acrílico echando a perder horas de trabajo. Pero no hay que venirse abajo, quizás sea  cuestión de  replantearse  la estrategia y el método.

Voy mentalizándome para la llegada del duro invierno  en los que trabajar será una cuestión de supervivencia. Habrá que aprovechar cada noche plácida.

Estoy segura que todos en la vida diaria cambiamos las rutinas y nos adaptamos  a las nuevas adversidades de manera inconsciente, entonces, ¿ por qué no extrapolarlo al terreno laboral?

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La dueña de la cafetería en la que  cada mañana tomo mi café me comenta que es necesario que los residentes  tomen sus desayunos para compensar la  bajada del turismo, las dependientas de las tiendas cercanas  piden y ruegan que vengan turistas nuevos y yo deseo que no llueva.

Tomando café Edward Hopper

Con el cambio de hora llega una nueva  etapa, es el  momento de  crear nuevas estrategias para cada una de las fases por las que pasa nuestros negocios y yo ya he preparado la mía, así que voy a  decir sin miedo:

-Lluvia, te reto, ven cuando quieras. Voy a poder contigo y seguiré sobreviviendo para contarlo-.

 

Cuando todos quieren dar consejos

todos

Suele  ocurrir que en nuestro trabajo e incluso en alguna actividad que estamos desarrollando aparece siempre un personaje, bien de manera frecuente o esporádica para predecir o dar consejos.

En mi caso es una persona mayor la que cada noche me visita cuando los boleros de la terraza próxima finaliza. Su presencia se ha convertido casi en un ritual porque no falta ni una noche en ocupar su asiento en el banco cercano a mí , a veces me saluda incluso antes de llegar.

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-¡Hola guapa!-

Es un hola que llega a todos los que en ese momento están observándome, un señor saludo. Pero ahí no se queda la cosa porque si lo miro y respondo a su cortesía pasa lo siguiente:

– ¡Esta noche la cosa no va bien!-  los espectadores  ahora lo miran a él.

A veces no sé qué contestar y lo único que se me ocurre es lanzar una sonrisa y meterme de nuevo en mi obra mientras él continúa.

-¡ Lo sé porque cuando  tienes muchos cuadros sin vender, es que la cosa no va bien!

Mira jovenaprovecha que no todos los días van a haber lapas. Lo que tienes que hacer es…”

Los espectadores  siguen atentos, sorprendidos  y yo digo “tierra trágame”.

Ya me he acostumbrado a la  situación porque cada noche se repite y la frase es literal.

-“La cosa va bien”

-“La cosa va mal”

Otras veces se queda sentado un rato, me lanza algunos consejos  y dichos populares, se levanta y se va.

-¡Bueno guapa, que la cosa te vaya bien!

Y dale… con la cosa. Pero si la cosa me funciona perfectamente-. Dialogo conmigo en silencio.

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Sinceramente nunca he tomado a mal su visita ni sus palabras, aunque a veces me hayan dado ganas de decirle, ¡calla hombre, después hablamos solitos!

Se sabe cuándo una persona va a ti con buenas intenciones y formas o cuando se trata de alguien que se siente un  “sabelotodo”.

Es increíble , pero mientras pinto  siempre aparecen personas  que me miran y  están deseando darme un sinfín de consejos  sobre pinturas, tonos, motivos, sobre el tipo de servilleta con la que me limpio  e incluso sobre temas personales y a mí me hace mucha gracia.

Dicen que en cada situación de nuestra vida, con cada paso que damos nace una señal que advierte de nuestras. A veces  es una señal en forma de consecuencias, resultados y otras veces  toma la forma de una  persona  curtida en mil batallas por los años vividos.

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Sabemos que los emprendedores no nacemos aprendidos, crecemos con los errores y  sabemos que un buen consejo es siempre bienvenido, pero si hacemos caso a todos corremos el riesgo de apartarnos de nuestra idea inicial y  traicionar lo que nos empujó a emprender.

Las personas. Entre la humildad y la insatisfacción.

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Humildad e insatisfacción. Aunque parezcan conceptos distantes he descubierto un punto de encuentro entre ellos en mi día a día.

Todo comenzó mientras leía a Ernest Hemingway . De repente quedé sorprendida   con una de sus elocuentes y contundentes reflexiones:

El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad.”

Y ahí quedó en mi mente, retumbando cual eco en un barranco.

y pensé para mí:

-Ciertamente, creo que para seguir progresando es crucial seguir con la misma humildad, no creer estar en la cima de nada sino en la base de una gran montaña aún por escalar.

Les cuento que un día plomizo se apoderó de mí  el hastío  de esperar la hora para  subirme a la montaña rusa que es cada noche mi trabajo. Un salto al vacío en la que la red es la incertidumbre de mi futuro.

La desgana puso su bandera  y no me apetecía oír las historias de las personas, sentir la presión de sus miradas esperando un óleo superior al anterior realizado, de conseguir justo lo que querían que les dibujara.

Me adujo  una extraña apatía   y un desdén por el cliente. ¿En qué me estaba convirtiendo?

Pues en todo aquello que tanto había renegado. Me había instaurado en una posición en la que de manera mecánica afrontaba mi jornada laboral, sin pasión, sin esmero. Pintar por pintar.

Ernest Hemingway

De repente visualicé a Hemingway en mi mente con ese gesto contundente de hombre rudo, barba, mirada amenazante y voz dura como el acero  que me repetía su cita de manera insistente.

y volví a pensar:

-Tienes razón Ernest,  quizás estoy al borde del precipicio donde se desvanece el respeto por mis compradores y por mi labor.

Después de una charla conmigo misma, me levanté y dije:

“Me encanta lo que hago, hoy saldrá algo diferente y emocionante. Quiero seguir aprendiendo para ser la mejor y quiero ofrecer a mis clientes lo mejor de mí, o eso o caer en picado”.

La acción se había convertido en la manera de vencer la apatía.

Esa noche, al llegar a ” mi  calle”  habían personas sentadas en un banco esperándome desde hacía un buen rato.

De todo esto puedo pensar que el ser humano es inconformista por naturaleza, nunca está  pleno . los que hoy en día tenemos un puesto nos quejamos por tanto trabajar y los que no lo tenemos lo hacemos por no tenerlo, pero sabemos que cuando lo consigamos nos volveremos a quejar.

Una palabra para expresar todo un mundo y toda una vida.

AHORA

Ernest Hemingway

Es tu AHORA, no esperes a un MAÑANA porque ya habrás perdido tu momento.

 Yolanda