Cuestión de fe

 

Campanadas

Lo confieso.

Llevo varias horas buscando un comienzo para esta entrada.

Lo confieso.

He intentado afrontar este relato de infinitas maneras para evitar ser centro de discrepancias y no herir sensibilidades, pero para poder seguir siendo honesta con mis vivencias a pie de calle no puedo dejar de escribirlo.

Pinto al lado de una iglesia.

iglesia

Durante este año de supervivencia, junto a los turistas, el murmullo del trasiego de la calle y la música, me ha acompañado el repicar de las campanas.

El invierno ha sido duro, y aunque lo comencé con ánimos, en algunos días e incluso semanas reconozco que me ha vencido.

La lluvia, el frío, la humedad en mis huesos, turistas sin detenerse y deseando refugiarse en un lugar cálido. Confieso que ha sido duro.

lluvia

Al volver a mi puesto de trabajo he reaccionado pensando que muchas personas se encuentran en situación incluso peor a la mía, pero no quería que ese pensamiento se transformara en un mal de muchos consuelo de pocos.Fe

Quería que esa visión se transformara en una fuente de energía que nos hiciera reaccionar a todos, que eliminase una estúpida barrera que hasta hace no mucho nos hacía mirar por encima del hombro a los demás.

gente

Quizás la reflexión que intento hacer en esta entrada de hoy sea un poco etérea, pero es que de eso va este relato. , de aquello que nos hace continuar, que no se compra sino que se regenera.

Regenerar  la energía y seguir adelante.