El valor de lo que nos rodea

El valor de las personas

En uno de mis pasados relatos, contaba mi experiencia con un hombre de edad avanzada que cada noche se sentaba en un banco próximo y me veía pintar.
Casi siempre dialogaba conmigo y con aquellos espectadores que observaban mientras trabajaba. Su presencia ya casi se había hecho incluso necesaria y el día que no hacía acto de presencia me preguntaba qué habría pasado.


Se trataba de un señor de un singular caminar y que de alguna manera desprendía un halo entrañable. Esas personas que cuando hablan, se hace un silencio a su alrededor porque sus palabras nos sacudirán un soplo de sabiduría.
Un hombre que era “de toda la vida del pueblo”, al que conocían con un mote y por su singular manera de caminar, al que saludaban con buen agrado y de quien aparentemente nadie sabía más de su vida, salvo que caminaba a diario por estas calles.

solo
Cada noche paseaba solo y yo en más de una ocasión me habría preguntado si alguna vez tuvo una compañera de vida. Sin embargo, parecía que se había adaptado muy bien a su soledad y cada noche se sentaba en una terraza para escuchar unas canciones que le traían recuerdos de cuando era joven y no se perdía ninguna de las verbenas que se celebraban en los distintos pueblos.

curiosos

Al acabar las actuaciones de locales y hoteles se aproximaba hasta mi rincón para desearme las buenas noches y darme un curioso pronóstico acerca de cómo estaría el turismo en los días venideros. Y he de confesar que no solía errar.
La cosa no va bien– , me decía con tono preocupado.

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Como apreciarán, es el tiempo en pasado el que predomina en este nuevo relato.
El invierno ha sido duro y no solo para mí. En varias ocasiones advertí como este señor, quien nunca quiso desvelarme su nombre, se aquejaba de varias dolencias y nuevos achaques a su salud agudizada por su avanza edad.
Una noche de invierno, no vino. Tampoco al día siguiente ni al otro.
Empecé a preocuparme, pregunté a la gente de los alrededores por su ausencia repentina pero nadie sabía nada, ni siquiera se habían percatado de su ausencia.

el show gratis
-¡Ah sí, el señor! Es verdad que ya no viene-. Era la respuesta más usual.
Dejé de preguntar, quizás escudándome en la ignorancia de no saber lo ocurrido y evitar dolor, pero ya tenía dentro el vacío que había dejado.

Los días fueron pasando y hasta el día de hoy no he vuelto a tenerlo frente a mí arrancándome una carcajada cuando me dedicaba siempre la misma canción de su artista favorito, Antonio Machín.

vacío

La reflexión que me ha surgido a raíz de este hecho es que todos tenemos en mente ciertas personas que vemos con asiduidad por las calles y que de alguna manera forman parte de nuestros días.

De igual forma si hiciéremos un ejercicio mental de recordar a personas que antes solíamos ver y ya no están, nos saldrían unos cuantos.

Cómo puede ser posible que todos nos conozcamos en cierta manera, pero que al mismo tiempo no extrañemos la ausencia de ese alguien que pasaba cada día por mi tienda, por esta o aquella calle?

nadie
Quizás desde aquí, a pie de calle, ciertos matices se aprecian mejor y desde ahí arriba las prisas, los cafés impacientados, nuestras únicas preocupaciones, la lectura diagonal de los periódicos, en definitiva, el ajetreo diario nos priva de estar menos atentos a lo que nos rodea y no valorar ciertas buenas personas que hoy están y de repente nunca más los vuelves a ver.

Pintando
Yo seguiré bajando mi cabeza para centrar la mirada en mi lienzo anhelando alguna noche escuchar una voz entre el bullicio de “mi calle” que me diga: -buenas noches señorita, hoy la cosa va bien-. Una frase que antes me creaba cierta molestia y ahora la anhelo y valoro.

 

Como el Guadiana

 

Músico

Aparece y desaparece. Como el Guadiana.

Cada noche puede irrumpir a cualquier hora.

Les hablo de un músico que se coloca en la esquina de abajo. Bueno aunque a veces lo hace en la de arriba.

La verdad es que  a veces ni se pone. Ya les digo que es como el Guadiana.

Canta y toca la guitarra. En realidad,  no se le oye mucho cuando recita sus letras y cuando toca la guitarra pues, no sé, me recuerda cuando cogía la guitarra de mi padre, acariciaba sus cuerdas y por un momento parecía que salían bonitos acordes.

Las personas pasan a su lado, lo miran extrañados y luego me regalan una mirada cómplice junto a una sonrisa que parece preguntarme, ¿qué es lo que canta? como si yo lo supiera.

Cada noche interpreta una y otra vez la misma canción, quizás la que  aprendió en la mañana y ha preparado para conquistar la noche.

Guadiana

Por momentos se hace un silencio largo, parece que se ha ido, el Guadiana ha desaparecido, y de repente, un extraño acorde anuncia a la calle que vuelve a la carga. Otra vez la canción de esa noche.

Les voy a contar  que ayer llegaba tarde a trabajar, la lluvia y el viento no invitan a estar en la calle.

Cuando me dirigía al lugar en el que pinto cada noche observaba al artista caminando hacia la zona. Iba inquieto, llevaba la canción preparada, se aclaraba la voz, se peinaba y adecentaba la ropa. Un protocolo previo digno de una actuación a lo grande.

Entonces comprendí que aunque el resultado no fuera todo lo bueno que se pudiera esperar, el empeño y el esfuerzo que hacía para cada función era digno de premio.

Al acabar la noche mientras recogía para dejar el trozo de “mi calle” como si nada hubiera pasado, observaba de nuevo al “Guadiana”.

Entonces sucedía algo mágico. Un niño se paraba ante él y  observaba cómo…..digamos….actuaba.

Tanto insistía a su madre que se veía obligada a darle una moneda. El jpequeño feliz se apresuraba  a depositarlo frente al artista.

Había conseguido cautivar a alguien.

Tesón

El empeño y la dedicación tienen su recompensa. Un alto porcentaje del éxito depende del trabajo. Y algo de ese intangible que llamamos suerte, también se presenta como el Guadiana.

Dos breves historias

1.- Los hombres de ciencia

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Hace unos días me encontré en la localidad en la que trabajo un grupo de matemáticos llegados de otro país para debatir sobre  estadísticas y ecuaciones. Sus amados números.

Mientras pintaba los vi aproximarse calle abajo, venían  hacia mí pero pasaban  de largo absortos en su discurso.

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Sobre la música que me acompaña mientras pinto oía sus palabras acerca de posibilidades numéricas y dilemas matemáticos que no lograba descifrar. Entonces, me percaté de algo, uno  de ellos  lentamente se iba  descolgando del grupo cual número 1 en un Método de Rufini para acercarse a mí, observar y marcharse.

Tras unos minutos oía su voz -buenas noches señorita, me gustaría ese que acaba de pintar-.

Ahora pienso en esas personas de ciencia, metidas de lleno en su mundo y de apariencia fría. Recuerdo  al  profesor que se esforzó por enseñarme a amar, o al menos entender las matemáticas, y ahora más que nunca  creo que entre todos ellos late la pasión. La pasión por las matemáticas, la locura por innovar, por descubrir nuevos límites.

Si no fuera así, sería imposible que Einstein, por ejemplo, pensara en la gravedad. Si no fuera así  sería imposible que ese hombre aparentemente desinteresado por otras cosas que no fuera su ámbito rompiera mi visión  y me diera una lección al comprarme  un cuadro.

Por una noche,  sentí el encanto de las Matemáticas como nunca antes lo había sentido.

2.- Premiar el esfuerzo

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Todo iba bien. Yo pintaba, tenía un público muy atento y la lluvia había dado una tregua hasta que sentí la brisa. Sí, esa que anuncia agua.

Y así fue.

¡corran debajo de los balcones! – alerté a la gente mientras  recogía de manera apresurada y ellos me devolvían su atónita mirada.

Ha enloquecido esa mujer, debían pensar. Pero las primeras gotas hicieron que valoraran mi advertencia.

Se acabó, otro día perdido– pensé.

-¿ya no vas a pintar más, verdad?, es que nos vamos mañana -.  Me preguntaron un grupo de turistas.

En ese momento con mis atrezos desperdigados por el suelo y mis pinturas mojadas no pude más que pintarles aquello que ellas deseaban.

Y así fue, una autentica odisea bajo la lluvia para poder realizar el dibujo. Una batalla de gotas de lluvia contra óleos en medio de un lienzo.

Sé que el resultado no fue el mejor y casi me odiaba por no poder hacerlo todo lo bien que me hubiera gustado.

Estuve angustiada pero intenté sonreír y mostrarme segura de mi pieza. Sin embargo, cuando les mostré de frente la obra terminada esperando una respuesta  recibí  un sí rotundo que iba acompañado de un “te lo has ganado” reflejado en sus ojos.

Creo que más que el cuadro, valoraron mi predisposición y esfuerzo por complacerlas. Y eso tiene su premio.

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Esta semana pintar en la calle me ha dado la oportunidad de  ver con otros ojos las ciencias y sus devotos y a reafirmarme en que el esfuerzo tiene sus frutos y hay que llegar hasta el final sin ser vencido porque ahí fuera hay personas dispuestas a valorarlo.

Deseando que se vaya el invierno…

Apología de la confianza

Como dije en mi último Post venían tiempos difíciles para los que sobrevivimos a pie de calle y es que el invierno ya venía asomándose  por la ventana de las estaciones.

Aún así,  le advertía al mal tiempo que no iba a poder conmigo, que lucharía y reinventaría mis estrategias para esquivar sus inclemencias.

Y créanme que lo he hecho y es más, lo he conseguido. Ha tenido que invadirnos un temporal calificado de “alerta máxima” para apartarme de la calle. De acuerdo, esta semana va venciendo la batalla pero la guerra es larga.

Sí es cierto que pese a mis nuevas estrategias el número de turista es menor, el frío  aparta a los posibles clientes de la calle y todo esto hace que ya no venda lienzos como hace unos meses, pero las facturas no entienden de malos tiempos.

Es entonces cuando me asaltan las dudas, ¿quizás ya no atrae lo que hago? Y comienzo a realizar nuevas técnicas, ideas, paisajes. Miro mis obras y escucho la  otra voz interna que todos tenemos, la refunfuñona: “realmente no soy buena, normal que no se vendan”

No me había dado cuenta hasta ayer, que estas malas sensaciones se me estaban acoplando  como pelusas en un suéter. La voz refunfuñona  me estaba acompañando cada noche y cada vez era más destructiva aunque yo no le hiciera demasiado caso, al principio.

Les pongo en situación: “mi calle”, un grupo de personas me rodean y contemplan como se va desarrollando mi último óleo. Los cuadros expuestos esperan a ser comprados pero nadie se decide. Termino, y lo deposito junto  a los demás. Miro al atento público y les hago señales de resignación, no tengo más lienzos, se acabó por hoy, pero parecen no entenderme.

Miro los cuadros del suelo buscando una solución pensando que no son realmente buenos y que a nadie interesa. La aflicción y la  rabia se apoderan de mí,  cojo una de las pinturas ya terminadas y de un simple gesto la  borro de un plumazo hasta reducirla a la nada.

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“¡Oh, no!”  Escucho mientras desaparecen los trazos.  Miro al público y sus caras muestran verdadero asombro. En ese momento, ¡me siento como si fuera una delincuente, no soy capaz de reaccionar!

A los pocos segundos me digo: ” vaya pues, parece ser que sí  les han gustado mis obras y creo que no entienden  cómo he despreciado de manera tan visceral el trabajo realizado”.

Entonces lo entendí.

No son malos trabajos, simplemente no se han dado las circunstancias que den salida al cuadro.

Cuando nos  lanzamos a la emprendeduría son muchos los factores que influyen en el éxito o el fracaso de la aventura. En muchas ocasiones son detalles mínimos o ajenos a nuestra voluntad. Así que pase lo que pase tenemos que dar más de una oportunidad  a aquello que creemos hacer bien y por lo que hemos apostado.

No puede hacer mella en nosotros una mala  racha,  tampoco las opiniones  contrarias o que las cosas no salgan como hemos imaginado.

¡Confianza, ese es el secreto!.

Esta semana de reflexión obligada y cobijada del tremendo temporal   he decidido hacer apología de la confianza, la que tengo en mí y en lo que hago.

Les invito a que confíen en ustedes, porque créanme, merece y mucho  la pena.

 

El turismo visto a pie de calle

TuristasUn día pensé vivir de las palabras, de las noticias, de contar la realidad e informar mientras dedicaba mi tiempo libre a la pintura, y a día de hoy es a la inversa. Vivo de los óleos que compran mayormente turistas y en mi tiempo libre escribo, aunque ambas cosas las hago con la misma pasión.

A diario surge información, estadísticas y comentarios en todos los medios acerca de la situación turística pero permítanme  dar una visión subjetiva a través de mi experiencia pintando en la calle.

Verán, en general  ha sido un buen año. Mi calle tiene marcadas miles de nuevas pisadas foráneas.

Hay días en la semana  en los que la afluencia  disminuye pero no hay que alarmarse, simplemente, como se dice en el argot de los comerciantes cercanos a mí, “estamos en el cambio de turistas, pronto llegará nueva remesa”. Y así sucede.

Turistas

El turista alemán sigue estando presente en la zona en la que trabajo y observo que se ha incorporado con mayor  insistencia  el italiano y el francés.

También el inglés parece que no pierde la costumbre de visitarnos y cómo no,  la evidente irrupción del turismo ruso muy en boca de todos.

La presencia del turismo peninsular es menor y a diferencia del año pasado veo más parejas jóvenes.

¿Qué les gusta de nuestra isla?

El turista alemán  adora el senderismo y la vegetación. Incalculable  es el número de lienzos que he pintado para ellos reflejando el Teide y las flores autóctonas y se desviven por las que encuentran en nuestras calles. Es de costumbres clásicas que se sorprende y analiza todo lo que ve a su paso.

Al  italiano le apasiona el mar, las puestas de sol y al igual que al francés les embriaga un halo bohemio que percibo cuando me dan  la libertad para  pintarles lo que en ese momento se me ocurre.

Aún desconozco las debilidades y placeres del  ruso , creo que  poco a poco debemos ir conociendo.

bn

A grandes rasgos puedo decir que se trata de un turismo educado y cuidadoso con el entorno y con un nivel adquisitivo medio- alto.

Me gusta la época en la que ¨mi calle¨ se llena de gente de tantos lugares diferentes y se paran para verme pintar porque sé que se llevarán un bonito recuerdo de un momento único y diferente.

Una anécdota.

La pasada noche una pareja volvía por segundo año consecutivo  y me regalaba una postal de su país con una entrañable dedicatoria y hoy un cliente noruego me dedicaba un poema escrito.

Poema

Hay turistas que aparte de ver un paisaje hermoso, disfrutar de sus playas y gastronomía lo que les hace volver es el alma que un día respiraron en ese lugar.

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Vídeoblog: Mi primera adversidad

Esta semana os dejo este vídeo  porque a veces una imagen vale más que mil palabras.

Haz click en el enlace.

Cuando surge la primera adversidad nos llena una amarga sensación y debemos calmarla con fuerza y decisión. Al ser  primerizos no estamos acostumbrados, pero la vida nos ha enseñado que al final se  formará un callo el cual nos  hará inmunes al dolor.

Saltad valientes emprendedores.

El otro lado de la calle

parte I

La calle se divide en dos partes, una de ellas es más ancha que la otra y se encuentran divididas por un río de prejuicios.

Hace meses yo estaba en el  lado que usted pisa y que comparte conmigo cuando no trabajo. Al llegar mi hora, cruzo y me coloco en el otro lado de la calle.

¿Quieren saber cómo es este lado?

Yo se lo puedo contar de primera mano. Es un lado donde reside la pasión que sienten algunas personas como yo por algo que creen hacer bien, se arman de valor y de manera desesperada buscan su lugar en la vida intentando sobrevivir.

 

Otros llevan dentro la esencia de libertad y se desenvuelven en este lado como pez en el agua.

Hay una parte más cruda en la que el único fin es ganar unas monedas hoy haciendo esto y mañana lo otro,  es una cuestión de supervivencia.

Todos al llegar a casa tenemos un mismo ritual. Esperar a fin de mes y ver las ganancias o volcar las monedas sobre la mesa cada día con la esperanza de saber si ha merecido la pena el esfuerzo.

Si algo he aprendido de mi experiencia, es que en este lado también existe un valor humano por encima del valor material.

Afortunadamente puedo decir que mantengo una relación de respeto y admiración mutua con las personas que se acercan cuando pinto, pero sinceramente, también hay noches que noto esa mirada fría, esa mente altiva que prejuzga o escucho comentarios como: “Que bien pintas, tú no deberías de estar en la calle”.

Y por qué no debería estar en la calle pintando?.

Que esté trabajando en exterior no lleva implícito ninguna etiqueta que me pueda calificar. Simplemente soy una persona que trabaja como estos tiempos le permiten y como quiere.

Cuando noto esa mirada me dan ganas de alzarme y decirles:

“Deberías saber que aunque esté trabajando en la calle yo he estud…”, pero al instante me invade un calor humano, son aquellas personas que me rodean en ese momento y me rescatan de la ira. Lo hacen  con sus miradas  atentas y de aprecio y lo hacen con sus sonrisas de admiración y valoración pura.

Entonces  pienso: ¡qué más da, si yo sé quién soy y vivo muy feliz!. 

Tu desprecio me hace aún más fuerte y a ti más pobreEntoncesvuelvo a enfangar mis dedos en óleos con aún más fuerza.

 

 

Nadie es juez de los caminos que elijas en la vida. Solo es necesario ser  responsable de la misma y disfrutar.

Continuara…