¡Ayuda Facebook!

 

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Cuando llevas un tiempo desarrollando un trabajo y crees que puedes controlarlo parece necesario mirar a tu alrededor, así que cada noche dedico más tiempo a mis clientes, intento comprenderlos, saber sus colores preferidos, sus aficiones,  que me ayuden a plasmar sus ideas, en definitiva ser una gran anfitriona en mi lugar de trabajo y atender sus necesidades.

Una  noche después de pintar,  la vida, la sociedad, las personas, me dieron una lección.

Llegue al coche y me conecté a la otra realidad, la de las redes sociales. En ellas siempre hay personas a las que no conoces pero que se han ido incorporando por coincidencias en aficiones, blogs, fotos, afinidades. Del mismo modo y prácticamente sin quererlo, vas asistiendo al proceso de cambio que experimentan sus vidas, hasta el punto en el que si coincides con algunos de ellos podrías hablar de cualquier tema.

facebook

Entre mis notificaciones, pude ver como una de estas amigas de las redes, aunque desconocida, había perdido a su perro:

“¡por favor difundan, es muy importante para mi…!”

perdido

Sin pensarlo me desvié cuarenta kilómetros de mi rumbo y en medio de la oscuridad rastreé durante horas la zona en la que se había extraviado.

autopista-noche

Desafortunadamente sin éxito.

Al llegar a casa rendida y abatida, comencé a cuestionarme qué es lo que me había hecho ir a buscar en un pueblo lejano, al perro de alguien que no conocía.

La solución estaba otra vez en las redes sociales. Decenas de mensajes, de pistas, de fotos y carteles compartidas en busca del perro. De amigos, familiares, conocidos y desconocidos deseosos de saber si había aparecido.

Todos unidos

La empatía me había puesto en la piel de mi amiga de red social, había entendido su dolor, su angustia por la desaparición. No era un perro más, era un miembro de su unidad familiar.

Por fortuna, dos días después, el perro apareció. Alguien lo había visto y las movilizaciones surgieron su efecto, para alegría de su dueña y de todos los que habíamos sentido esa afinidad o sentido identificado con ella.

Facebook

 

La vida me dio otra lección y me enseñó que hay más compasión o cercanía  de la que yo creía. La empatía, ese sentimiento que no se educa, ni se aprende, se tiene y se desarrolla.

Por esto me permito la licencia de recomendarles que empaticen,  porque la empatía es un boomerang que se vuelve y cualquier día podrían estar del otro lado.

Corazon Hecho con Likes y Corazones Rosas

Aunque no lo creas y estés deseperado habrá alguien que tira de tu mano

 

La escultura Banco de sangre de Zaragoza creada por Leticia Zubiri Gallego

 Escultura del Banco de sangre de Zaragoza creada por Leticia Zubiri Gallego

Anoche la señora que vende décimos de la Cruz Roja  se paró como de costumbre para saludarme con su acento andaluz muy saleroso y para dejarme la huella de un pedazo de beso  en rojo carmín. De  esos de barra fija que no se van ni arrancándote la piel, mira que le temo.

-Niña, mañana te voy a traer un par de cosas de comer. voy  a darte paquetes de lentejas, arroz y pastas porque yo tengo mucho en mi casa y no lo voy a gastar, ¿vas a venir?

-sí, claro. Muchas gracias, pero no te preocupes, que vas a venir cargada- ¿Cómo negar su amabilidad?

-Tranquila mujer que lo meto todo en un carro. Traigo una bolsa de cosas para ti y otra para una amiga que trabajó conmigo hace tiempo.

Efectivamente, al  siguiente día apareció con dos bolsas  llenas de pastas,  arroz, sopas, legumbres, etc…

-Toma, y ahora voy a darle otra bolsa a la amiga que te dije, a la pobre la han dejado parada y a mí ya ves tú, es que me sobra y se me va a echar a perder.

-¡No tenías por qué, gracias!

Nada mujer. Bueno, me voy a llevarle a la otra la bolsa.

– Mucha prisa tienes hoy le dije

¡Niña, voy para casa que no llego al capítulo de la novela, que está, no vea cómo está…!

¡Se va a liar, hoy ya se sabe todo con Manuel Alejandro y la otra, ya verás!

Se despidió con la emoción crecida por la intriga del episodio de su novela, tomó su carrito y se alejó.

Yo seguí  riéndome por la situación y me quedé  pintando con una bolsa repleta de comida al lado.

*Son tiempos difíciles y el ser humano de manera innata se asocia y solidariza con actos que sin duda, hace que todavía podamos creer en la supervivencia de valores.

Seguramente el hecho de verme trabajar en la calle puede despertar reacciones como las que narro y más allá de los paquetes de comida quedará grabado en mí el acto de bondad tan valioso.

Vemos diversos programas de recogida de alimentos, solidarios que hacen albergar la esperanza tras una nube gris de individualismo que nubla la sociedad, sigue existiendo un aire fresco de humanidad.