Año nuevo / ¿vida nueva?

pensando

Llegó el primer día del año y todos intentamos cumplir las nuevas propuestas;  ir al gimnasio, cuidarnos la dieta,  hacer ese curso de idiomas que estábamos arrastrando.

Sin título

Pero llegados a este punto, me pregunto si ponemos en valor aquellas cosas que nos permiten destacar y que no debemos  cambiar, sino seguir potenciando.

Les cuento esto porque justo tras el día de año nuevo, fui a pintar por la noche.

pintando

Al terminar asistí a una cita con amigos, en una cafetería  cercana, en las que hablamos de arte, cultura, películas y por supuesto nuevas tendencias, dietas, gimnasio, etc.

amigos

En esa esfera de diálogo y aires renovados, un amigo había descubierto un artista que hacía unas piezas pintadas increíbles, tanto es así, que  si tuviera la certeza de  que existiera la perfección diría que le faltaba tan solo el soplo final del creador.

Las conversaciones de  todos mis amigos quedaron como a lo lejos y me quedé pensando.

–          “Vaya M*****  de trabajo que hago. Después de ver esto, lo mío ni  se aproxima”.

Un día alguien muy cercano me dijo antes de dedicarme  a pintar en  cuerpo y alma, que era un campo difícil porque abundan los artistas de gran calidad, que me dedicara a otra cosa.

escritor graffiti

Ahora casi que estaba de su parte.

En esa ola de frustración que me invadía mientras a lo lejos oía como la conversación seguía,  apareció otra voz interna:

voz interna

“A ver, ¿no estás vendiendo? ¿No tienes cada noche clientes? Si vendes es porque no eres tan mala. Si se paran a mirar mientras trabajas es porque tienes una manera de pintar, un método, que otros artistas no tienen y te ponen en valor.

Pintando

Fue entonces cuando entendí que tengo una forma y estilo propio, y aquel artista al que acababa de admirar, tenía  otro totalmente diferente, pero a cada uno de los dos nos dotaba de un valor, y para que éste fuese mayor solo habría que potenciarlo, nunca cambiarlo.

Lo que funciona no se toca, solo se mejora.

Y así fue como junto a la lista de propósitos para el nuevo año que se encuentra imantada a mi nevera, coloqué otra lista con todas aquellas virtudes que me dan valor y hacen que siga sobreviviendo para poder contarlo. Y créanme que si hacen lo mismo, tendrán una lista muy reconfortante.

Feliz año nuevo y potencien las virtudes que le dan valor.

El valor de lo que nos rodea

El valor de las personas

En uno de mis pasados relatos, contaba mi experiencia con un hombre de edad avanzada que cada noche se sentaba en un banco próximo y me veía pintar.
Casi siempre dialogaba conmigo y con aquellos espectadores que observaban mientras trabajaba. Su presencia ya casi se había hecho incluso necesaria y el día que no hacía acto de presencia me preguntaba qué habría pasado.


Se trataba de un señor de un singular caminar y que de alguna manera desprendía un halo entrañable. Esas personas que cuando hablan, se hace un silencio a su alrededor porque sus palabras nos sacudirán un soplo de sabiduría.
Un hombre que era “de toda la vida del pueblo”, al que conocían con un mote y por su singular manera de caminar, al que saludaban con buen agrado y de quien aparentemente nadie sabía más de su vida, salvo que caminaba a diario por estas calles.

solo
Cada noche paseaba solo y yo en más de una ocasión me habría preguntado si alguna vez tuvo una compañera de vida. Sin embargo, parecía que se había adaptado muy bien a su soledad y cada noche se sentaba en una terraza para escuchar unas canciones que le traían recuerdos de cuando era joven y no se perdía ninguna de las verbenas que se celebraban en los distintos pueblos.

curiosos

Al acabar las actuaciones de locales y hoteles se aproximaba hasta mi rincón para desearme las buenas noches y darme un curioso pronóstico acerca de cómo estaría el turismo en los días venideros. Y he de confesar que no solía errar.
La cosa no va bien– , me decía con tono preocupado.

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Como apreciarán, es el tiempo en pasado el que predomina en este nuevo relato.
El invierno ha sido duro y no solo para mí. En varias ocasiones advertí como este señor, quien nunca quiso desvelarme su nombre, se aquejaba de varias dolencias y nuevos achaques a su salud agudizada por su avanza edad.
Una noche de invierno, no vino. Tampoco al día siguiente ni al otro.
Empecé a preocuparme, pregunté a la gente de los alrededores por su ausencia repentina pero nadie sabía nada, ni siquiera se habían percatado de su ausencia.

el show gratis
-¡Ah sí, el señor! Es verdad que ya no viene-. Era la respuesta más usual.
Dejé de preguntar, quizás escudándome en la ignorancia de no saber lo ocurrido y evitar dolor, pero ya tenía dentro el vacío que había dejado.

Los días fueron pasando y hasta el día de hoy no he vuelto a tenerlo frente a mí arrancándome una carcajada cuando me dedicaba siempre la misma canción de su artista favorito, Antonio Machín.

vacío

La reflexión que me ha surgido a raíz de este hecho es que todos tenemos en mente ciertas personas que vemos con asiduidad por las calles y que de alguna manera forman parte de nuestros días.

De igual forma si hiciéremos un ejercicio mental de recordar a personas que antes solíamos ver y ya no están, nos saldrían unos cuantos.

Cómo puede ser posible que todos nos conozcamos en cierta manera, pero que al mismo tiempo no extrañemos la ausencia de ese alguien que pasaba cada día por mi tienda, por esta o aquella calle?

nadie
Quizás desde aquí, a pie de calle, ciertos matices se aprecian mejor y desde ahí arriba las prisas, los cafés impacientados, nuestras únicas preocupaciones, la lectura diagonal de los periódicos, en definitiva, el ajetreo diario nos priva de estar menos atentos a lo que nos rodea y no valorar ciertas buenas personas que hoy están y de repente nunca más los vuelves a ver.

Pintando
Yo seguiré bajando mi cabeza para centrar la mirada en mi lienzo anhelando alguna noche escuchar una voz entre el bullicio de “mi calle” que me diga: -buenas noches señorita, hoy la cosa va bien-. Una frase que antes me creaba cierta molestia y ahora la anhelo y valoro.