Vomitar con estilo

Habrá quien escribe por dinero, habrá quien lo hace por reconocimiento, y quien -claro está- por ambos, pues son, en estos tiempos, muy a mi pesar, el mismo objeto. Pero hay un grupo que lo hace además por pasión, por una pulsión irrefrenable que les invade con la misma violencia que la náusea induce al vómito.

A ellos, todos mis respetos.

Dicen que cuando vomitas te sientes mejor. Si fuera tan fácil… Padecemos las indigestiones y las resacas taponadas en la incapacidad. A veces no encontramos las palabras, o a veces, simplemente, desconocemos el origen del malestar. Pasarán días hasta la llegada de ese terapéutico momento cuando, de madrugada, las ideas, casi siempre incómodas, nos revolverán en la cama hasta despertarnos bolígrafo en mano.

Esas historias, las que ustedes conocen, las que nos cuentan, cimientan el porvenir. Son la medicina pautada que psicólogos y siglos de literatura nos prescriben. Me sobran los ejemplos: Quevedo, Unamuno… Sin embargo, están mal vistos. El poeta, el cantor o el filósofo que dedica su vida a mitigar la angustia de la cotidianidad, a dar sentido a la vida, es, a ojos del común, en nuestros días, un vago encerrado en sus sueños adolescentes. Mientras las coristas de las multinacionales, los asesores, y toda la calaña financiera, invierten su conocimiento en complicarnos la existencia, finiquitando lo que de naturaleza le queda a este planeta y de dignidad a sus habitantes. Eso sí, con la apariencia de hacer un gran trabajo, de ser sujetos importantes y decentes.

A ellos, el resultado de mis arcadas, las reales, las que me provocan.

Les dejo una corta reflexión acerca del menospreciado oficio de la evocación, fue una advertencia: –Jonay, lo más ingrato de escribir es que, a pesar del esfuerzo, no se suda.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Opinión, Personal ¿Qué opinas?

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