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Días de noviembre. Uno que no termina de volver.

Mi experiencia en Salzburgo necesita un fin, por eso desatiendo el blog.

Y la escritura. No quiere decir que desee abandonarlo, pero sí enriquecerme de nuevas experiencias que me estimulen.  Es el mal del nómada. Quien sale un día sin intención clara de volver, emprende un viaje abierto.  El ansia de aprender y aprehender -no es momento de explicar la diferencia- se convierten en adicción. Cuando esto falla, comienza el merodeo del toxicómano.  En busca desesperada de países, ciudades, empleos, grupos de personas que propongan un nuevo relato.

Menudo lujo.  Se mueven de aquí para allá, lejos de casa, hombres y mujeres orquesta -ilustrados queda feo- que lo mismo te pintan tu casa, que hablan tres idiomas, que tocan la guitarra o destripan el Teorema de Incompletitud de Gödel. Por supuesto, hay algo trágico. Les echa ese país gobernado por ineptos que reflejan la misma estupidez de la sociedad que los aupa.

Mi primer trabajo tras terminar la licenciatura fue coger aguacates; fui becario para la administración pública supliendo a un funcionario; trabajé por tres euros la hora en una biblioteca pública (TEA); soporté descalificaciones de jefes de empresas de servicios que explotan con descaro y apoyo gubernamental a sus trabajadores -lo hacen todas, sin excepción; intenté emprender un proyecto empresarial que la burrocracia despedazó exigiendo permisos y reformas ilógicas; dialogué con cargos políticos, gestores y asesores ignorantes puestos a dedo por nuestra historia caciquil; y vi como la connivencia con esos poderes, y saber sonreír a las fuerzas oportunas -no he hablado de felaciones-  son los mejores métodos de posicionamiento laboral.  Pero a pesar de esos pesares, ni soy una víctima, ni les guardo rencor. Todo lo contrario.

En primer lugar, porque debí denunciar, patalear, apedrear y maltratar de la peor manera imaginable a tanto cabrón y cabrona que se han servido de las políticas públicas o de sus puestos en empresas privadas para, en ambos sectores, acabar con las ilusiones, las ganas y la energía de jóvenes de diferente formación y contexto social. Ese es mi error, haber aceptado la correa del amo cuando la necesidad no apretaba, cuando podía pagarme el alquiler con poco sin perder la oportunidad de aplastar con sadismo esa degeneración. Como yo, muchos no lo hicieron. Corrijo. Empezó un día y fueron pocos. 15M. (Será grande, espero)

En segundo lugar,  porque me siento afortunado. Gracias a esa indignidad de la que hablo he aprendido inglés, algo de alemán, tengo amigos repartidos por medio planeta, y sé que aquí, fuera, también se cuecen habas -y de qué manera. Y sobre todo, he aprendido que en este planeta hay infinitos y hermosos rincones en los que sentarse a leer.

Pues eso, que vuelvo a escribir en breve. Cuando tenga un plan. Denme tiempo para organizarlo. Unos meses o así.  Me asomaré a veces, discreto.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Opinión, Personal, Social ¿Qué opinas?

Dulce navidad

Uno intenta desvincularse de la majadería navideña. Pero no es fácil. El gordo, el turrón, el anuncio del Almendro y los tres de Oriente nos lobotomizan durante semanas. Se nos cae la baba bailando en los centros comerciales al son de “viva el mal, viva el capital” mientras esto –España- se hunde con nosotros dentro. Qué quieren que les diga, no me gusta salir a comprar, podría dinamitar buena parte de las zonas comerciales con tal de no sentirme obligado a acompañarles. Sin embargo, disfruto del fin de año y la nochebuena comiendo sin discreción y derritiendo mi hígado con amigos y familiares. Lo que tampoco aguanto es esa dosis de melodrama del “vuelve, a casa vuelve”. Es intolerable en cualquier época del año por lo meditada que está: moquear a destajo, y luego, hasta más ver. El muchacho regresa a su hogar por Navidad para visitar a la familia, termina el anuncio y nadie sabe por qué se fue. Como las noticias del último año plagadas de testimonios de jóvenes españoles acongojados en sus exilios económicos. Que sí, que es una putada, pero dramatizando no solucionamos nada.  Hace unos años un buen amigo me dijo: -si quieres vete a tu habitación y llora todo lo que necesites, pero mañana sal de ahí y haz lo que debes. Así fue. Podemos sollozar porque mamá y papá están al otro lado de la esfera planetaria, pero acto seguido toca luchar por nuestro futuro y enseñarle los dientes a tanto hijo de mala madre que descansa sobre nuestro lomo. Ya que la verdadera noticia está en las razones de fondo que nos impulsan a marcharnos y que nadie explica. ¿Tan difícil sería dedicar diez minutos de máxima audiencia a contar de qué va la especulación financiera?

A veces me pregunto por qué recaigo constantemente en cuestiones políticas y emocionales, y acto seguido me respondo: porque no me queda otra. “Soltar  todo y largarse” implica un posicionamiento, lo llamo “sálvese quien pueda”. Y aunque no es fácil irse, mucho menos es quedarse en el país con actitud combativa, soportando discursos vacíos y mala sangre en la calle. Por si fuera poco, en estas semanas de fiestas atacan a las emociones con el dedo del marketing clavado entre las costillas. Por ello les propongo cambiar la frase del brindis navideño, del “Feliz Navidad y próspero año nuevo” al famoso grito de Camilo Cienfuegos: “¡Aquí no se rinde nadie carajo!”.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Social 3 comentarios

LA SORPRESA: Dedicado a todos los que están lejos.

Probablemente ya han visto este video LA SORPRESA: Dedicado a todos los que están lejos. En tan sólo unos días  ha recibido más de un millón de visitas. Y aunque hoy no tengo demasiado tiempo para escribir, quiero aprovechar las emociones que me ha generado. Por favor, antes de seguir leyendo, véanlo y así no les arruino esto, LA SORPRESA.

Todavía no he experimentado lo que supone la vuelta a casa. Hace cinco meses que estoy fuera y tampoco me ha invadido la nostalgia. Sin embargo, sé lo que supone, por boca de otros, estar mucho tiempo sin ver a tu familia. Tengo varios amigos que llegaron a Tenerife cuando éramos el -falso- milagro económico de Europa, pero además  comparto mi vida con alguien que emigró por razones similares siendo aún muy joven. Ella, como otros tantos compatriotas suyos,  fue la víctima de otra crisis económica; en este caso, la argentina. Crisis que, también allí, afectó a las clases populares y a los más jóvenes. Su SORPRESA llega cada navidad cuando vuelve a casa con su familia tras un año esforzándose por reunir el dinero suficiente. En dos ocasiones tuve la suerte de acompañarla. Y les puedo asegurar que el video que les propongo es un claro ejemplo de esta realidad. Concretamente la amarga despedida.

Deseo apuntar que estos casos particulares están inmersos en la historia, y como tal, debemos tenerla presente. No puedo, ni quiero, borrar de mi memoria lo ingrato que fue nuestro país, parte de sus ciudadanos, con los inmigrantes. Recuerdo con especial desagrado la manifestación en Santa Cruz de Tenerife bajo el lema: “No cabemos más”. Y también a algunos funcionarios de inmigración tratando irrespetuosamente a los que hacían colas durante horas en la Calle de la Marina para regularizarse. Por eso agradezco que en Austria la administración sea tan ágil -al menos con los ciudadanos comunitarios- y su población tan acogedora. Porque sé lo que se sufre. Ser ilegal en un país donde se habla tu misma lengua, donde tienes antepasados cercanos, y que además le debe tanto a América Latina por quinientos años de expolio sistemático, es un martirio y una desvergüenza.

Y ahora nos toca a nosotros, los del citado milagro económico, marchar de casa. Detrás, los padres, amigos y una vida plagada de recuerdos. Ellos, los que se quedan, también sufren las consecuencias, acaba resquebrajada la red de relaciones construida durante años. LA SORPRESA me ha emocionado especialmente al dedicar ese sufrimiento a los responsables y malos gestores de la estafa. Es un ejercicio de rendición de cuentas. Lo tengo muy claro y no me tiembla al pulso al escribirlo: Algo habrá que hacer para que no duerman tranquilos.

 

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Opinión, Personal, Social 1 comentario

Yo confieso

Algunos pertenecemos a la generación del “puedo y no quiero”. Decíamos: “Puedo estudiar, pero no quiero. Prefiero trabajar y ganar dinero”; “Puedo luchar un poco más por mis derechos, pero no quiero. Estoy más tranquilo sentado en el sillón”; y así otros tantos “puedos” propios de quien tiene opciones y le falta motivación y amplitud de miras.

Con el tiempo hemos derivado en la generación del “quiero y no puedo”: “Quiero trabajar, pero no puedo. No encuentro nada (o bien no tengo formación, o bien me pasé de largo estudiando -según los empleadores de este país ingrato)”; “Quiero emanciparme, pero no puedo. No tengo casa”; “Quiero tener una casa, pero no puedo. Los precios son desorbitados”; “Quiero formar una familia, pero no puedo: no tengo trabajo, ni casa, ni dinero.”; y, desde hace un tiempo, escuchamos un mal mayor (gracias Wert): “Quiero estudiar, pero no puedo. Cuesta mucho dinero”.

La primera generación en España que pudo “llegar a ser algo en la vida”, se queda a medio camino. Y lejos de lamentarnos, nos confesamos. Sí, lo sabemos. Disfrutamos de la buena vida, pero no de una vida buena. Estuvimos anestesiados por el consumo. Pensábamos que éramos ricos. Que podríamos codearnos eternamente con los grandes propietarios vistiendo sus ropas, conduciendo sus coches, comiendo en sus restaurantes y viviendo en sus mismas calles. Ahora despertamos de sopetón con la oportunidad de “querer y poder”; pero esta vez en otra dirección. Seremos “algo en la vida” cuando, alejados del comprar-tirar-comprar como dogma, nos convirtamos en ciudadanos responsables con el medio ambiente y trabajemos por el bien común de esta sociedad global.

Antes de marcharme del país, pude disfrutar parte de este proceso. Confío en que sabremos hacerlo. En Austria, a pesar de la opulencia, buena parte de la población lo tiene claro. Necesitaron dos guerras mundiales, invasiones, crisis y un clima horrendo para enterarse. Con Canarias deseo ser más optimista. Qué quieren que les diga, como dice un amigo, para mí  “lo bueno de esto (la crisis), es lo malo que se está poniendo (el anterior modelo de vida)”.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Opinión ¿Qué opinas?