entrevista de trabajo

Terrorismo interno

Yo soy mi peor enemigo y mi mejor amigo.

No lo he sacado de un libro de autoayuda, es la conclusión a varios años de terrorismo interno que, bien en mi carne, bien en  la de otros, veo reflejada cotidianamente. Generalmente el reactivo es un conflicto enraizado en nuestra interacción con la sociedad. En función de la personalidad de cada cual, y cómo dicho conflicto conecta con vivencias previas, afrontaremos su gestión. Pondré un ejemplo retomado de un artículo anterior: la entrevista de trabajo. Sabemos que debemos exponer lo mejor de nosotros para ser seleccionados para el puesto, y por ello, prepararemos con anterioridad las posibles preguntas y respuestas. Pero supongamos que ya hemos hecho una veintena sin resultados positivos, y que además de esto, tenemos una baja autoestima y una necesidad imperiosa de empleo. En ese caso cabe la posibilidad de que a nuestra mente vengan esas ocasiones fallidas con una ristra de pensamientos nocivos que nos condicionarán negativamente (insomnio, nerviosismo…), hasta el punto que demos por perdida la batalla antes de comenzarla. No es fácil parar el pensamiento, callar al diablillo maligno de nuestro cerebro. ¿Quién no se ha despertado en medio de la noche, o ha tomado conciencia en un escenario cualquiera, repitiéndose a sí mismo maldiciones sobre su persona? No puedes, será imposible, verás que fallas –te dices.

¿Y qué hay del mejor amigo que nos ayuda a disfrutar de la vida? Ese yo que nos acompaña en las carcajadas, el amor, la paz interior y el placer. Con él debemos compenetrarnos en todo momento consciente, cuidarlo, traerlo al frente hasta que desplace a su destructivo alter ego. Es uno de los objetivos de mi estancia en Austria y en la vida, hermanarme conmigo mismo. No conozco las claves, pero sí algunos trucos. Entre ellos, interesarme por mí como lo haría por la persona amada. Regalarme  alegrías y cumplidos, celebrar los pequeños logros, ser paciente cuando no me aguanto, a sabiendas de que unos días más tarde retomaremos la comunicación. En definitiva, aceptarme, quererme y disfrutar de todo lo que implica estar vivo. Aunque cueste.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Personal, Social 2 comentarios

Otredad

Que la gestión de las emociones es una asignatura pendiente en nuestro sistema educativo, no es una novedad. Pero no sólo en el nuestro, sino en el currículo de buena parte de occidente. Ocurre que vivimos como si éstas no existieran, como si fueran indecorosas e inoportunas. Le pondré un ejemplo de la vida diaria al que recurro últimamente para hablar de ello. La entrevista de trabajo.

Próximamente comenzaré con la búsqueda activa de empleo –sí, el voluntariado termina- y me adelanto, como de costumbre (con todo lo que eso implica), al citado momento: nervios, malestar, desagrado. Sólo la idea de enfrentarme al empleador que escudriña detenidamente movimientos y palabras, me indigesta. Y creo que hablo por más de una persona al decir esto. Porque en España (veremos en Austria) una entrevista de trabajo es, generalmente, una súplica de clemencia. Le habla alguien que ha pisado algunos cursos de integración laboral para jóvenes desempleados, en los que los profesionales del sector nos decían que, de cara a la entrevista, debíamos hacer “marketing personal”, “saber vendernos”… -siento la náusea del recuerdo-. De ahí las preguntas que me acechan. En primer lugar, al técnico de recursos humanos, generalmente licenciado o licenciada en psicología, y por ende, profesional de una disciplina interesada en mejorar las condiciones de vida de la sociedad, ¿cómo puede aceptar el desequilibrio de poder que implica esa situación y la tensión que genera al entrevistado? Máxime en el contexto de crisis económica, cuando es tan difícil acceder a un puesto de trabajo. ¿Acaso ha olvidado el temario de la universidad, el desastroso efecto que una situación de estrés provoca en el organismo? Es imprescindible investigar otros procesos de selección que atiendan a la salud emocional del candidato. Porque, y esto me lleva a la segunda pregunta, ¿no ha sido el propio seleccionador o el empresario víctima de una situación similar anteriormente? ¿Por qué perpetuar prácticas nocivas?

Sé que así son las reglas del juego, pero, como tales, siempre hay tiempo para  cambiarlas. Al igual que el mundo laboral, el terreno educativo, basado en los atemorizantes exámenes, o el sexo, banalizado en su sombra de tabú, son los lugares comunes de nuestros terrores cotidianos, y aun padeciéndolos, los complicamos.

Me encantaría dar una solución en este texto, si la tuviera; por eso me quedaré en un comienzo:

Mire a los ojos de su interlocutor reconociéndose en él, y seguro de ser un mismo yo, procure el bienestar que también usted necesita.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Personal, Social ¿Qué opinas?