generación ni-ni

¿De qué va esto?

Tienes muchas opciones –te dicen. Emprender; hacer una búsqueda activa de empleo; formarte (¿más?): aprender idiomas (te propongo alemán o chino); hacer un voluntariado; buscar una beca; diversificarte; especializarte; promocionarte; venderte; y la que viene al caso, mi preferida: la movilidad exterior. Esta última es un eufemismo de reciente creación (se dice el pecado) que en español se traduce como emigrar. La diferencia entre ambas es que la segunda está reservada a esos países de tercera categoría que no han sabido gestionar sus recursos, que han padecido unos gobiernos democráticos de baja estofa y, en general, una ciudadanía demasiado adormilada como  para exigir responsabilidades y responsabilizarse de sí misma (¿les suena de algo?).

Movilidad exterior vale tanto para nombrar un fenómeno social, como intergaláctico, como coreográfico. Pero emigrar es más concreto, es abandonar el país de origen en busca de una vida mejor. Es, en resumidas cuentas, lo que estamos haciendo una buena parte de los jóvenes españoles.

Somos esa generación que, trabajando o estudiando, disfrutó de los años de opulencia en la orgiástica fiesta del cemento. Esa generación joven que califican de perdida, ni-ni, sin curro, sin casa, sin futuro… desnortada y sin expectativas. Huérfanos de un Estado paternalista, resacados de bienestar y náufragos del progreso nos enfrentamos a este abismo sin tantos callos -ni en las manos, ni en el corazón- como nuestros compatriotas en décadas precedentes.

Emigrar, como he dicho, es una opción más dentro de un amplio espectro. Lo importante es hacerlo, como todo en este viaje, con ilusión, motivación y paciencia. Será divertido, será difícil, pero ante todo será enriquecedor. ¿Qué menos puede pedirse si se decide “soltar todo y largarse”?.

Mi nombre es Jonay. Vivo en Salzburgo desde Mayo de 2013.

En este blog podrás seguir mi experiencia cotidiana.

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