infancia

Realidad onírica

Porque me fui deprisa, salí sin revisar.

Sé lo que sucede cuando no lo hago: Los grifos se abren, la cocinilla exhala butano y las puertas invitan a los pocos extraños que pasan por la calle. ¿No lo sabían? Por eso iba el último a la cama y hacía cinco rondas previas, del patio a la entrada y de la cocina al baño.

Nos excedimos por la gravedad del comunicado: “Abandonamos los eufemismos” –dijo entre líneas el presidente desde la Casa de Gobierno. Cómo no alarmarse. Con semejante retórica no hace falta ver los tanques en la calle o que cierren indefinidamente los bancos. Empacamos a la desesperada nuestros bienes y nos marchamos. Bien mirado, una huida es una huida, de nada sirve arrepentirse.

De hecho, la familia y los amigos sobreviven. Ha pasado un año. La casa dejada a su voluntad. Los grifos gotean, la cocinilla expiró en su propio gas y las puertas no dan abasto al trasiego de desconocidos.

Ya no necesito revisar. Quizás, volver.

Publicado el por Jonay Sánchez en Personal 1 comentario

Un no parar

En este momento mi cerebro procesa la realidad con retardo. A mi alrededor se suceden cordialmente los estímulos respetando el turno de palabra: primero, la luz; segundo, el color; tercero, la forma… sin embargo, respondo atropelladamente y a destiempo. Reviso tres veces los grifos de la casa, paso de largo mi salida en la autopista, pierdo la mirada y bostezo exageradamente sin reparo. A estas alturas, aunque me cueste comprenderlo (este alrededor parece ajeno), he hallado la razón.  No sé si lo han experimentado. Lo llaman cansancio. Después de diez días trabajando ininterrumpidamente es ineludible.

He estado de vacaciones con los niños de la vivienda en la que trabajo. ¿Todavía no he explicado de qué va esto? Aquí lo llaman WG  (Wohnung Group), vivienda grupal en español. En Austria la atención a la infancia, discapacidad -o capacidades diversas- y mayores es un derecho indiscutible en la planificación económica del país. La inversión tanto pública como privada (sí, aquí las empresas invierten en el futuro de la nación; igualito que en casa) dota de grandes recursos a las organizaciones sociales. En mi caso, se dedica a menores con familias gravemente desestructuradas. Construye viviendas para grupos de ocho niños y niñas hasta los catorce años de edad (luego deben a ir a otro tipo de vivienda grupal) y gestiona, gracias a la labor de psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales y personal de limpieza, su educación.

Estos diez días han sido las vacaciones del grupo y hemos estado en el Tirol disfrutando de los lagos y las montañas de la zona. Ha sido tan maravilloso como intenso: caminar mucho, nadar más, jugar exponencialmente y, en los momentos de descanso, cuando los pequeños duermen y sólo queda recoger la cocina –de niño me encantaba seguir a mis padres y a mis abuelas en estas rutinas, establecer contacto con mis compañeros.

Estos menores, como sus familias, carecen de habilidades básicas de ciudadanía. Necesitan aprender normas de comportamiento tanto como socializarse expresando sus emociones con empatía y respeto. Por ello, cada día es una repetición del anterior, exceptuando un mínimo paso hacia delante en su progreso personal. Lentamente esos pequeños pasos construyen su futuro y son nuestra satisfacción.

En resumen, estoy más orgulloso que cansado.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Social ¿Qué opinas?