movilidad exterior

Realidad onírica

Porque me fui deprisa, salí sin revisar.

Sé lo que sucede cuando no lo hago: Los grifos se abren, la cocinilla exhala butano y las puertas invitan a los pocos extraños que pasan por la calle. ¿No lo sabían? Por eso iba el último a la cama y hacía cinco rondas previas, del patio a la entrada y de la cocina al baño.

Nos excedimos por la gravedad del comunicado: “Abandonamos los eufemismos” –dijo entre líneas el presidente desde la Casa de Gobierno. Cómo no alarmarse. Con semejante retórica no hace falta ver los tanques en la calle o que cierren indefinidamente los bancos. Empacamos a la desesperada nuestros bienes y nos marchamos. Bien mirado, una huida es una huida, de nada sirve arrepentirse.

De hecho, la familia y los amigos sobreviven. Ha pasado un año. La casa dejada a su voluntad. Los grifos gotean, la cocinilla expiró en su propio gas y las puertas no dan abasto al trasiego de desconocidos.

Ya no necesito revisar. Quizás, volver.

Publicado el por Jonay Sánchez en Personal 1 comentario

28 mm

Se acerca la hora de marcharse. Después de doce días en Tenerife, “pam”; cae la claqueta. El director repite furioso: “¡Acción!” Titubeo, como si no fuera conmigo. Tengo que decir algo, moverme, provocar una situación. No puedo. ¿Qué se espera que haga? –me pregunto.  No sé dónde poner las manos, hacia dónde dirigirme o qué perfil enseñar. Sólo querría eternizar este instante de amor, el de la despedida, sin darme la vuelta en el aeropuerto ni llorar a moco tendido.

Pero me esperan. Amigos y familiares me observan detrás de las cámaras. Están nerviosos, quieren que la función continúe. Me dicen “ánimo, tú puedes”, “confiamos en ti”, “aquí estamos siempre para lo que necesites”, “recuerda, cuando vuelvas todo seguirá igual”. Lo sé, me lo repito también, sin embargo, me emociono y amplifico dramáticamente las circunstancias: “¿Cómo volver a mi vívida ficción de canario paleto que intenta sobrevivir en Austria? Si yo no hablo alemán, si casi no me entienden en inglés…” Y sumen más preguntas y excusas, los cantos de sirena del inmovilismo. De nuevo el director: “¡He dicho, acción! ¡Joder Jonay, siempre buscando disculpas! ¡Lánzate!”

Por eso subo, subiré, al avión. Pasaré el control policial del aeropuerto, me daré la vuelta y diré adiós con la mente puesta en las próximas horas de viaje. Si me preguntan cómo evité el terrorismo interno, seré sincero: no lo he conseguido, sólo acepto mi fragilidad. Siento miedo, los nervios me destrozan el estómago, lloro en las despedidas, pruebo poco, yerro más que acierto, necesito amar y ser amado, detesto la soledad, las compañías huecas, un día aprenderé a vivir conmigo…

“¡Corten! Pasemos a la escena de la llegada a Salzburgo.”

Publicado el por Jonay Sánchez en Personal ¿Qué opinas?

¿De qué va esto?

Tienes muchas opciones –te dicen. Emprender; hacer una búsqueda activa de empleo; formarte (¿más?): aprender idiomas (te propongo alemán o chino); hacer un voluntariado; buscar una beca; diversificarte; especializarte; promocionarte; venderte; y la que viene al caso, mi preferida: la movilidad exterior. Esta última es un eufemismo de reciente creación (se dice el pecado) que en español se traduce como emigrar. La diferencia entre ambas es que la segunda está reservada a esos países de tercera categoría que no han sabido gestionar sus recursos, que han padecido unos gobiernos democráticos de baja estofa y, en general, una ciudadanía demasiado adormilada como  para exigir responsabilidades y responsabilizarse de sí misma (¿les suena de algo?).

Movilidad exterior vale tanto para nombrar un fenómeno social, como intergaláctico, como coreográfico. Pero emigrar es más concreto, es abandonar el país de origen en busca de una vida mejor. Es, en resumidas cuentas, lo que estamos haciendo una buena parte de los jóvenes españoles.

Somos esa generación que, trabajando o estudiando, disfrutó de los años de opulencia en la orgiástica fiesta del cemento. Esa generación joven que califican de perdida, ni-ni, sin curro, sin casa, sin futuro… desnortada y sin expectativas. Huérfanos de un Estado paternalista, resacados de bienestar y náufragos del progreso nos enfrentamos a este abismo sin tantos callos -ni en las manos, ni en el corazón- como nuestros compatriotas en décadas precedentes.

Emigrar, como he dicho, es una opción más dentro de un amplio espectro. Lo importante es hacerlo, como todo en este viaje, con ilusión, motivación y paciencia. Será divertido, será difícil, pero ante todo será enriquecedor. ¿Qué menos puede pedirse si se decide “soltar todo y largarse”?.

Mi nombre es Jonay. Vivo en Salzburgo desde Mayo de 2013.

En este blog podrás seguir mi experiencia cotidiana.

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