suicidio

Suicidio no es matar a un suizo. Les Luthiers

El pueblo donde vivo tiene la tasa de suicidio más alta de la región; sobre todo en invierno. O al menos eso me han dicho. Hubiese preferido la tasa más alta de niños superdotados, gatos hipoalergénicos o esperanza de vida. Pero no, sin buscarla -esta vez-, la espada de Damocles se balancea. Aunque no tengo pensado unirme al conteo de la estadística, me pregunto qué será de mí en esos meses y qué tendrá el invierno para ser tan mortífero. Porque lejos de asustarme, este dato me sorprende.

Hasta ahora la impresión que me he llevado de los austriacos es totalmente contraria al tópico. Son personas amistosas y alegres, preocupadas por disfrutar plenamente la vida. Y para ello, dicen, es importante cuidar los detalles. Cada casa, con su jardín, es un universo donde orbitan los elementos que definen a sus miembros: las bicicletas (tantas como habitantes, me recuerdan al cuento infantil de las camas y los osos), el jardín geométrica y cromáticamente ordenado, la cama elástica de los niños, la fuente, el césped recién cortado, y cuantos elementos se necesiten para la reedición centroeuropea de los Brady (The Brady Bunch).  Para los austriacos es tan normal que todo vecino practique un deporte y pertenezca a una asociación (cabe casi cualquier cosa, desde “Amigos de la infancia de la calle X” a “Fumadores de la mesa 5 del Bar Y”, créanme) como que cada sábado prueben la alarma del pueblo que alertaría en caso de una catástrofe. Me pregunto si le encontrarán la gracia al “Show de Truman”.

Dedican mucho tiempo –necesario- a las emociones. En mi trabajo, por ejemplo, cada reunión comienza con una breve explicación de los trabajadores acerca de las suyas en ese día, acerca de cómo se enfrentan a esa jornada y qué esperan de ella. Además, bimestralmente, un profesional de la gestión de equipos realiza actividades grupales para mantener y mejorar el clima entre nosotros.

Y a pesar de esto se suicidan.

En España, en cambio, sin tanta corrección nos suicidamos menos. Perdón, nos suicidábamos menos. Hasta que llegó la crisis. En contra del tópico del patio andaluz con tablado y farra diaria que nos caracteriza de puertas afuera, tenemos los desahucios y el desempleo, entre otras razones, que desesperan hasta este funesto límite a nuestros conciudadanos.

Y a pesar de esto seguimos luchando.

P. D.: Durante diez días trabajaré en otra ciudad. Intentaré mantenerme conectado.

Publicado el por Jonay Sánchez en General ¿Qué opinas?