voluntariado

¿Por qué me meteré en estos berenjenales?

Hace seis años escuché por primera vez, explicadas con simplicidad y exactitud, las tesis fundamentales del realismo científico gracias al profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, José Miguel Sagüillo. A saber:

  1. Existe una realidad externa independiente de nosotros;
  2. esa realidad posee una estructura determinada independiente de nosotros;
  3. existe una representación o teoría completa, objetiva y literalmente verdadera de la realidad independiente;
  4. esa representación o teoría es científicamente cognoscible.

Aunque se refiere a las ciencias naturales, los mismos axiomas podrían aplicarse a las ciencias sociales -siempre que confiemos en dichas disciplinas como ciencias. De este modo, desde la perspectiva, por ejemplo, de la ciencia política, podríamos aceptar que existe una teoría que explique de un modo objetivo, completo y literalmente verdadero los fenómenos acaecidos en cualquier período histórico y localización geográfica. Es ésta una premisa teórica que el investigador asume cuando entiende que su labor tiene una relevancia material, y además, una posible utilidad pública, en tanto que obtendrá información universalizable. No obstante, es en las ciencias sociales donde la interpretación de los hechos y la intromisión de los valores juegan un papel complejo para alcanzar los mínimos de rigor y objetividad que la ciencia clásica -del método científico- exigiría.

Ahora dirán ustedes ¿por qué este rollo? Simplemente intento entender qué sucede en nuestro país. Mis medios de investigación son mi vago conocimiento empírico y teórico de la historia española, la prensa internacional, las redes sociales y los comentarios de familiares y amigos. Como entenderán mi objeto de estudio es fundamentalmente  Podemos. Cuestión que, para los expatriados que llevamos más de un año y medio fuera de España, representa una incógnita esperanzadora o siniestra, dependiendo del lugar en el que se sitúe uno dentro de la polaridad ideológica del Estado.  Me interesan especialmente los calurosos debates y agresivas acusaciones en diversos medios que ha generado esta nueva formación. Entiendo, de acuerdo al citado realismo científico, que existen hechos objetivos que muestran el porqué de semejante despiporre (abandono la pose intelectual, porque a fin de cuentas, no contaré nada que no sepan).

Tenemos una corta y débil tradición democrática. Las generaciones que alcanzaron la edad adulta antes de 1978  provienen en su mayoría de una España agrícola y preindustrializada, con dificultades para el acceso a la educación superior; están socializadas en las estructuras de dominación ideológica propias de todo gobierno dictatorial, que sentó dicho control, además de la violencia directa, en la dirección de los hábitos y costumbres de la población, gracias a la connivencia, entre otras estructuras de poder, de la Iglesia católica. Dentro de esas otras estructuras de poder, encontramos también aquellos  grupos sociales que enriquecidos durante la dictadura mantienen hasta nuestros días una relevante capacidad de decisión en el país: medios de comunicación, puestos en la administración pública, empresas privadas… Ya que los acuerdos de amnistía -mal llamada, ejemplar- durante la transición, les salvó de rendir cuentas acerca de su simpatía con el fascismo. Lo que explicaría porque la clase empresarial española se encuentra posicionada generalmente a la derecha.

Así llegamos a las generaciones nacidas y criadas en democracia, quienes somos herederos de los comentados favores preconstitucionales, o bien hijos de una clase obrera despolitizada por el deslumbrante fenómeno del consumo -el resto son minoría. Tras el aturdimiento de los cuarenta años de orgía capitalista, a los segundos nos devuelven a la posición inicial con la privatización de los bienes públicos, el deterioro del sistema social, y un largo etcétera, en un intento de regresión al marco relacional previo. Sin embargo, el proceso democrático nos había regalado también el acceso a la educación, lo que irremediablemente se traduce en respuesta. De modo que los movimientos contestatarios no se hicieron esperar, primero fue el 15M, ahora Podemos.

Tampoco es de extrañar la masiva oposición de los medios de comunicación (cara visible de los agentes de poder) y de una población aterrorizada habituada al caudillaje y al caciquismo, a tantas propuestas democráticas que discutan o se pregunten acerca del status quo dominante. A los que habría que decirle en la misma clave axiológica del principio de este artículo, y con las palabras de Antonio Machado en boca de Juan de Mairena, lo siguiente:

Primero. Que si la historia es, como el tiempo, irreversible, no hay manera de restaurar el pasado.

Segundo. Que si hay algo en la historia fuera del tiempo, valores eternos, eso, que no ha pasado, tampoco puede restaurarse.

Tercero. Que si aquellos polvos trajeron estos lodos, no se puede condenar el presente y absolver el pasado.

Cuarto. Que si tornásemos a aquellos polvos volveríamos a estos lodos.

Me voy a correr.

Publicado el por Jonay Sánchez en Opinión, Social 1 comentario

Otredad

Que la gestión de las emociones es una asignatura pendiente en nuestro sistema educativo, no es una novedad. Pero no sólo en el nuestro, sino en el currículo de buena parte de occidente. Ocurre que vivimos como si éstas no existieran, como si fueran indecorosas e inoportunas. Le pondré un ejemplo de la vida diaria al que recurro últimamente para hablar de ello. La entrevista de trabajo.

Próximamente comenzaré con la búsqueda activa de empleo –sí, el voluntariado termina- y me adelanto, como de costumbre (con todo lo que eso implica), al citado momento: nervios, malestar, desagrado. Sólo la idea de enfrentarme al empleador que escudriña detenidamente movimientos y palabras, me indigesta. Y creo que hablo por más de una persona al decir esto. Porque en España (veremos en Austria) una entrevista de trabajo es, generalmente, una súplica de clemencia. Le habla alguien que ha pisado algunos cursos de integración laboral para jóvenes desempleados, en los que los profesionales del sector nos decían que, de cara a la entrevista, debíamos hacer “marketing personal”, “saber vendernos”… -siento la náusea del recuerdo-. De ahí las preguntas que me acechan. En primer lugar, al técnico de recursos humanos, generalmente licenciado o licenciada en psicología, y por ende, profesional de una disciplina interesada en mejorar las condiciones de vida de la sociedad, ¿cómo puede aceptar el desequilibrio de poder que implica esa situación y la tensión que genera al entrevistado? Máxime en el contexto de crisis económica, cuando es tan difícil acceder a un puesto de trabajo. ¿Acaso ha olvidado el temario de la universidad, el desastroso efecto que una situación de estrés provoca en el organismo? Es imprescindible investigar otros procesos de selección que atiendan a la salud emocional del candidato. Porque, y esto me lleva a la segunda pregunta, ¿no ha sido el propio seleccionador o el empresario víctima de una situación similar anteriormente? ¿Por qué perpetuar prácticas nocivas?

Sé que así son las reglas del juego, pero, como tales, siempre hay tiempo para  cambiarlas. Al igual que el mundo laboral, el terreno educativo, basado en los atemorizantes exámenes, o el sexo, banalizado en su sombra de tabú, son los lugares comunes de nuestros terrores cotidianos, y aun padeciéndolos, los complicamos.

Me encantaría dar una solución en este texto, si la tuviera; por eso me quedaré en un comienzo:

Mire a los ojos de su interlocutor reconociéndose en él, y seguro de ser un mismo yo, procure el bienestar que también usted necesita.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Personal, Social ¿Qué opinas?

Desde el espejo, la rutina feliz. (Ejercicio telegráfico)

Cada noche lo mismo; de la cama al baño, del baño a la cocina y de la cocina a la cama. Luchas contra la deshidratación del húmedo clima centroeuropeo. Quién te lo iba a decir, vecino del Sahara.

Te adelantas al despertador para liberarlo de sus funciones. Con movimientos  espasmódicos recobras la vitalidad de tus extremidades y planeas las próximas acciones. No sabes si tienes pan, si hay queso en la nevera o suficiente yogur para la taza. Mear antes de vestirse o vestirse antes de mear. Sabes la medida de cada cosa, anímate coño –te dices- sólo tienes que encontrar el orden. Después tendrás tiempo para la improvisación. Navegar en Internet arribando en puertos inusitados, coquetear con nuevos conocimientos y concebir un nuevo post o una nueva conversación con ese muchacho del centro de España.

Si los fantasmas personales te dejaron, dormiste bien y puedes salir a correr. Media hora. Ducha y coger el tren camino al lugar donde trabajas. Golling, el pueblo de montaña donde choca la nube y a veces sale el sol. Quién te lo iba a decir, con tus vientos Alisios y tu lluvia horizontal en Anaga. Llegas pronto, cómo no. Trabajar.  Comes con los niños que llegan del colegio, padres de tu alemán y mártires de tu aprendizaje. Revisas sus tareas, haces las mismas preguntas cada día (recuerdas cuando a ti también te las hacían). Luego enseñas cómo tocar la guitarra, juegas al futbolín, a los dados, a los espadachines; o conduces por carreteras recientemente familiares para comprar comida o recogerlos de sus actividades (recuerdas cuando lo hacían también contigo). Para acabar, la ducha; examinar las uñas, las orejas y los dientes. Manos limpias –nadie las tiene. Tampoco en Austria- y a cenar.  Cuando los delincuentes de colegio se enchufan al televisor, llega la paz y tú dispones el regreso. Tren nocturno, caras de cansancio. La estación de Salzburgo está mojada y en la residencia de estudiantes te espera de nuevo el Telémaco informático o la compañía de los que, como tú, tuvieron su rutina feliz.

A dormir, buenas noches, yo también te quiero.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Personal 1 comentario

En otra piel

La habitación de mi infancia trasnochó muchas veces a nuestro lado. Guardiana de mis toses y mis fiebres, soportó con paciencia la atmósfera enrarecida de la enfermedad. Se pintó de la tenue luz de una lámpara de mesa y transformó sus  tabiques para entretenerme. Del simple gotelé a las ballenas volantes, a los hombres prehistóricos de lanzas en mano… Todo en las mismas paredes. Esas cuatro paredes delirantes que mi madre recubrió con su cuidado. Doctora, enfermera, maestra, filósofa, ama de casa, toda en una, entregada de por vida, y entregando su vida, por cuidarme.

Semanas atrás visité una habitación similar. Fue en mi lugar de trabajo y la ocupaba una niña de diez años. Bárbara, acurrucada bajo el edredón y amedrentada por el decaimiento, esperaba la visita de alguno de sus cuidadores. En este caso, yo. Me acerqué a su lado, tomé su mano y deseé transmitirle, al menos por un instante, todo lo que mi madre no puede darle.

Publicado el por Jonay Sánchez en Personal 2 comentarios

Hallucination

Hablo un inglés de lexemas hispanos. Si desconozco la traducción de un término que intuyo cercano al español, sustituyo la última sílaba de esa palabra por “–tion” o “–lity”. De este modo, posición es position, posibilidad es possibility, y en este caso, alucinación es hallucination. Este juego pasaría inadvertido si no me equivocara más de lo que deseo o no hubiese hispanohablantes alrededor. Pero no es el caso. Cuando, en medio de una conversación acerca del LSD con otros voluntarios europeos, espeté “alucination”, un compañero catalán estuvo a punto de infartarse en una carcajada. Sin embargo, para sorpresa de ambos, yo no estaba errado. Alucinación y hallucination tienen el mismo origen grecolatino, de ahí su parecido y mi carambola.

Tengo la inmensa suerte de enfrentarme a estas situaciones a diario. En el Servicio de Voluntariado (EVS) participamos jóvenes de toda la Unión Europea (en ocasiones también extracomunitarios), la lengua de comunicación es -para el disfrute de mis contertulios- el inglés. Y gracias a ésta ponemos en común lo que queda de diferente entre nosotros… si es que queda algo.

Compartimos ademanes y bromas, conocimientos teóricos y prácticos acerca de disciplinas científicas, historia y tecnología, referencias de la cultura de masas, películas, libros y música. Ésto da para muchas horas de entretenimiento, pero no me satisface por completo. Como con el inglés, juego con la cultura indagando en el origen. Al margen de las afinidades, me empeño en explorar la idiosincrasia de cada voluntario y de los austriacos contraponiéndolas con la mía. Sin saber qué significa ser canario, expongo lo que me identifica. O mejor dicho, aquello con lo que quiero identificarme: el mundo aborigen, el paisaje, la liviandad moral, el saber estar, la estrecha relación migratoria con América Latina, y por supuesto, las historias de mis abuelas.

Así llegamos al LSD, elucubrando qué tipo de hallucinations gestaron las asombrosas vivencias de mi difunta abuela Consuelo, ese universo fantástico que me atemorizó y me atrajo a partes iguales.

Por todas esas noches recostado en un húmedo delantal de cocina escuchando tus noventa y cuatro años de soledad, te dedico este artículo.

Publicado el por Jonay Sánchez en General, Personal ¿Qué opinas?