yugoslavia

Hécuba.

A su alrededor la resaca del infierno. Centenares de hombres sin vida confirman la profecía: Troya ha caído. Y con ella, sus hijos. Ardiente de dolor aplasta con la mirada las burlas del ejército extranjero. La reina de los troyanos es ahora la reina de las esclavas combatiendo en la peor de las derrotas. Sabe lo que le espera. Nuevas fronteras en una nueva tierra, aprender la lengua, recordar cada día a los que se llevaron. Volver a luchar, volver a perder quizás.

Hécuba vive, como tantos refugiados, lejos de casa. Limpia la vivienda en la que trabajo. Su Troya fue Goražde, como para tantas otras Hécubas de la antigua Yugoslavia. Habla Alemán, tiene familia. Invisible y en silencio hace el trabajo que subyace al nuestro. Sostiene el mundo en sus manos sin ser conciente de ello. Si nos encontramos en un pasillo, le saco conversación y comparte conmigo su origen: ese candor de los pueblos periféricos que dan sentido al centro de Europa.

Publicado el por Jonay Sánchez en Personal, Social ¿Qué opinas?