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Eu amo Lisboa

La primera vez que viaje a Lisboa lo hice como fotógrafo para una compañía discográfica venezolana que deseaba promocionar uno de sus cantantes de salsa, con una gira por Europa. Y aunque en esa ocasión por razones del propio trabajo no pude dedicar mucho tiempo para conocer la ciudad, lo poco que pude ver, me pareció muy interesante.

Vista de la ciudad desde el castillo de San Jorge

Desde esa primera incursión iniciática, he seguido visitando la ciudad en otras nuevas ocasiones. Estas otras incursiones han sido propiciadas por diferentes y variados motivos. Pero lo que ha permanecido inalterable, es mi atracción por este histórico emplazamiento luso, a pesar de que en los últimos tiempos he venido comprobando que también esta sufriendo las consecuencias del fenómeno conocido como gentrificación.

Modernos edificios y estructuras en el Parque de las Naciones

Lisboa es una ciudad con vocación modernista, y pruebas de ello las tenemos en las nuevas obras de ingeniería y arquitectura que se suman al paisaje urbano de la ciudad, como es el caso del moderno distrito surgido alrededor del Parque de Las Naciones. Pero a pesar de esta apuesta por la modernidad, Lisboa sigue teniendo ese encantador aire decadente que nos traslada a la época de las colonias. En muchas ocasiones, mientras camino por entre sus calles y plazas, tengo la sensación de estar recorriendo algunas de las ciudades de nuestra América del Sur. La arquitectura, la distribución de sus calles y una exuberante vegetación en la que abundan las palmeras, me hacen recordar ciudades de Cuba, Brasil o Ecuador.

Iglesia de San Vicente de Fora y cúpula del Panteón Nacional

La ciudad de Lisboa, asentada en el estuario del río Tajo, con una superficie de casi 3.000 kilómetros cuadrados y una población que supera el medio millón de habitantes, cuenta con numerosos vestigios arquitectónicos y monumentales, reminiscencias de su esplendoroso pasado colonial y de la proyección mundial que tuvieron los portugueses a través de sus marinos y conquistadores.

Monumento a los Conquistadores, en el barrio de Belém

La ciudad está distribuida en distritos o barrios, siendo los de Belém, Alfama, Chiado, Baixa y Barrio Alto, los más conocidos y populares. La mejor forma de conocerlos, sin duda, es a pie, pero dado lo elevado de las colinas circundantes en las que se encuentran algunos de los asentamientos y las largas distancias entre algunos de los diferentes distritos, se recomienda hacer uso de los transportes públicos, ya sean los típicos y peculiares tranvías, el metro, los autobuses o los taxis, cuyas tarifas son relativamente bajas.

Tranvía estacionado en la Plaza del Comercio, centro neurálgico de la ciudad

También, se puede hacer uso de los autobuses de recorrido turístico basados en el sistema “hop-on hop-off”, que te permiten desplazarte hasta los enclaves de mayor interés, realizar la visita a tu aire y retomar el servicio de la línea cuando te apetece. En Lisboa existen actualmente tres líneas, CitySightseeing y Cityrama con autobuses de color rojo que salen desde la plaza del Marqués de Pombal y la tercera línea con autobuses de color amarillo de nombre Yellowbus que, además de ser un servicio oficial, ofrece a mi entender mucho más agilidad en sus líneas y combina en el mismo ticket, sus servicios con los tranvías que circulan por las estrechas y empinadas calles del casco histórico, en los que podrás desplazarte hasta los barrios más carismáticos de la ciudad.

Histórica y emblemática Torre de Belém, a orillas del río Tajo

Torre Vasco de Gama, monumento a los Conquistadores, Monasterio de Los Jerónimos, Torre de Belém, Castillo de San Jorge, Catedral de Sé… Así podríamos seguir enumerando una larga lista de iglesias, edificios, plazas y monumentos repartidos por la toda la geografía urbanística de la ciudad, por los que Lisboa merece ser recorrida de un extremo a otro sin olvidarnos, claro está, de sus dorados atardeceres.

Puente 25 de Abril, sobre las aguas del río Tajo

Los paseos en barco por el río, las extensas playas cercanas, las exquisitas recetas gastronómicas, sus famosos pasteles de Belém, los Fados, el talante tranquilo y hospitalario de sus gentes,… Todos estos ingredientes, y más, contribuirán a que el visitante se sienta atraído por este enclave lusitano asomado a las orillas del Atlántico, de tal manera que pueda llegar a sentir en propia piel la expresión que da nombre a este artículo: “Eu amo Lisboa” (Yo amo a Lisboa).

Vista del barrio de Alfama al atardecer

Definitivamente diré, que con cada nueva visita más me adentro en su sentir callejero del día a día, y más me enamoro de esta ciudad que ya hace tiempo que forma parte de la lista de ciudades que no me canso de visitar.

Cazando los tranvías de Lisboa

En Lisboa, los tranvías además de ser un medio práctico de transporte urbano también han llegado a convertirse en uno de los más reconocidos atractivos de la ciudad, ya que la mayoría de las líneas del centro histórico siguen conservando unos vehículos de diseño tradicional y nostálgico que atrae la mirada y las cámaras de los visitantes. La visión de estos coloridos tranvías circulando por las estrechas calles o ascendiendo y descendiendo por las empinadas vías que enlazan los diferentes barrios de la ciudad, mientras alertan de su paso a los sorprendidos y despistados peatones con el repicar de su campana, nos trasladan a otra época.

Tranvía estacionado en la parada de la centrica plaza del Comercio

La red de tranvías de Lisboa está dividida en cinco rutas y cuenta con una flota de 58 vehículos o “carros eléctricos”, como los conocen los lisboetas, de los cuales 40 son tranvías de madera que aún mantienen el carrozado tradicional. Las líneas de “eléctricos” más conocidas y usadas por los turistas son la 28 y la 15. Ambas recorren el centro de la ciudad con frecuentes paradas en los más importantes tramos del recorrido. La línea 28 efectúa un largo recorrido a través de los barrios más importantes del centro histórico, Graca, Alfama, Baixa, Chiado, Barrio Alto y la línea 15 con vehículos más modernos y menos pintorescos, hace el recorrido hasta el importante Barrio de Belém, donde se ubican gran parte de los monumentos más importantes de la ciudad, como el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém y el monumento a los Conquistadores.

Tranvías circulando por los más emblematicos rincones de la ciudad de Lisboa

Los tranvías de Lisboa han llegado a convertirse en uno de los símbolos más representativos  de la ciudad, su peculiar imagen, aparece en libros, postales, productos de souvenirs, anuncios, en los cuadros de los artistas callejeros y, si te descuidas, detrás de ti… Conviene estar siempre muy atento.

Tranvía circulando frente a la Asamblea de la República, en el barrio de Sao Bento

Debo confesarles que la imagen de estos pequeños y románticos tranvías circulando por las calles de Lisboa, repletos de turistas, me atrapa y fascina, hasta el punto de que no había día que caminara por las calles de Lisboa sin acabar  persiguiendo a alguno de estos “carros” por las estrechas callejuelas.  En ocasiones, cuando encontraba un escenario que me atraía, esperaba pacientemente cámara en mano hasta que pasara alguno de estos singulares tranvías por el lugar que ya tenía encuadrado de antemano para “cazarlos”.

Tranvía circulando por las calles del Barrio Alto

La verdad es que con mi proceder, debía ofrecer una extraña imagen a quienes casualmente se tropezaran conmigo, porque si bien es verdad que cada vez son más los turistas que utilizan la fotografía como medio testimonial de los lugares que visitan para luego exhibirlas en los foros y redes sociales, estos actúan como si la cámara o el móvil fuesen una prolongación de sus ojos y, por regla general, disparan a todo lo que se mueve, sin tener demasiado en cuenta otros factores de luz, composición o tiempos.

Turista haciendo fotos a un tranvía en Barrio Alto

Y aunque existen otros grupos minoritarios de turistas aficionados a la fotografía de viajes, que equipados con caros y sofisticados equipos, muestran algo más de interés por esta disciplina, y que cuando estoy haciendo fotos, merodean por la zona con disimulo y “zas” disparan sobre la escena hacia la que estoy apuntando con mi cámara. Al parecer, en estas ocasiones,  ninguno de ellos llegaba a mostrar el interés suficiente,  para superar la incómoda y larga espera necesaria para “cazar” fotos de tranvías en las calles de Lisboa.

Tranvías en la céntrica plaza de Figuiera

Si lo pienso bien, esto de ir de un lado para otro con la cámara a cuesta es cada día más difícil, pero me gusta, así que siempre que viaje a Lisboa seguiré recorriendo sus asombrosos barrios del casco antiguo atento a la caza de nuevas imágenes de estos, convertidos ya en símbolo universal de la ciudad.

Wadi Rum, el desierto rojo de Jordania

Wadi Rum, el desierto rojo que se extiende al sur de Jordania, en las proximidades del también Mar Rojo, es un extraordinario paraje natural y protegido, salpicado por escarpadas montañas de arenisca y granito, ante cuya visión no pude más que sentir admiración y asombro. Wadi Rum o Uadi Rum, como se traduciría literalmente del árabe, llegó a ser muy conocido en Occidente por haber sido escenario de la Rebelión árabe ocurrida entre los años 1916 y 1918, en la que participó de manera muy activa un oficial británico de nombre Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.

Como dato curioso, cabe mencionar que en recuerdo y honor a las hazañas y la vinculación de este insigne personaje con la región de Wadi Rum, entre las formaciones montañosas de este desierto, destaca una a la que se bautizó con el nombre de Los Siete Pilares de la Sabiduría, en referencia al libro escrito por T.E. Lawrence, donde relata sus experiencias bélicas y humanas. Esta montaña es fácil de localizar, ya que se alza frente al Centro de Visitantes desde donde parten a diario excursiones en vehículos todo-terrenos. Con estos  vehículos, gestionados por la cooperativa de beduinos, se ofrece a los turistas visitas guiadas a los lugares más destacados de la zona.

Vehículos todo-terrenos y formación rocosa de los Siete Pilares

Planeando entrar en Wadi Rum, el desierto rojo

Aunque si alguna vez llegas hasta ahí y decides apuntarte a una de estas excursiones, procura, al menos, aprovisionarte con un buen sombrero o pañuelo que te protejan de la arena. Unas gafas de sol, abundante agua y crema de protección solar, porque aunque los recorridos no se dilatan mucho en horas de travesía, mejor que el calor, la arena y los botes del vehículo, no te cojan desprevenido. 

Vehículo pick-up abierto utilizado por los beduinos para llevar turistas.

En mi caso, y dada mi necesidad de disponer de más tiempo para  realizar fotografías de este espectacular paraje, necesitaba algo más que una mera incursión de un par de horas. Durante mis pesquisas informativas previas sobre el lugar, contacté con una compañía que parecía ajustarse a mis necesidades. 

Vista general de la ciudad de Petra

Durante mi viaje por tierras jordanas, estando ya en la ciudad de Petra, me personé en la oficina de la compañía, y entre sorbos de té a la menta, un poco de inglés de supervivencia y algo de gesticulación internacional, conseguí que tanto el manager como los guías presentes en la improvisada reunión hicieran ademán de que entendían y consentirían las demandas que solicitaba. Sé que viajar con un fotógrafo puede ser en ocasiones muy estresante para guías, conductores y acompañantes en general. Siempre parando donde menos lo imaginan y haciendo cosas que los “turistas normales” ni siquiera se plantean.

Entrando en Wadi Rum, el desierto rojo

A la mañana siguiente, con las primeras luces del día, iniciamos nuestro periplo por los rojizos paisajes de Wadi Rum. Desde el momento en que abandonas el asfalto, y vas adentrándote en el paisaje a través de las rodaderas que otros vehículos han dejado sobre la fina arena, los ardorosos paisajes del desierto comienzan a mostrarte su auténtica inmensidad. Al rato, no puedes sino que acabar reconociendo tu propia pequeñez y vulnerabilidad. Una extraña sensación que te sobrecoge el alma pero que, a la vez, expande tu naturaleza espiritual. Algunos escritores y viajeros han llegado a comparar el desierto con el mar, pero mi propia experiencia me aleja de esta poco fundamentada comparación. Los dos son inmensos, sí, pero son tan diferentes entre ellos, como la propia esencia de sus elementos, uno el agua y el otro el fuego.

A lo largo de mi trayectoria de viajero, he pisado varios desiertos, Sáhara, Thar o Sechura, entre otros, y cada uno de ellos, con una diferente formación geológica y paisajista, que les define. El de Wadi Rum ofrece un rojizo paisaje de arenisca, flanqueado por elevadas formaciones montañosas de granito, que lo convierten en un escenario único y espectacular. Atravesar este espacio es toda una increíble experiencia, un paisaje pleno de colores y sensaciones que además te harán reflexionar sobre la vida y la muerte, la soledad del ser y la grandeza de la naturaleza. Durante el recorrido que hicimos por este desierto pude admirar y fotografiar parajes de extraordinaria y singular belleza, tales como los Siete Pilares de la Sabiduría o los puentes de piedra de Burdah y Um Frouth, unos espectaculares arcos formados por la erosión del viento en las amarillentas rocas del desierto, todo ello, gracias al indiscutible y apreciable conocimiento de la zona que los guías que nos acompañaron demostraron tener.

Arco de Um Frouth, una de las caprichosas formaciones rocosas en el desierto de Wadi Rum

En algunas ocasiones, cuando llegábamos a determinados emplazamientos en los que se podía apreciar la inmensidad del desierto, yo prefería desvincularme del grupo y deambular por la zona, en busca de rincones que fotografiar y, también, porque no decirlo, de esa soledad a veces necesaria para sentir más aún la inmensidad de este tipo de paisajes. Porque, sinceramente, siempre he sentido que para entender y apreciar la quietud de estos desérticos parajes, hay que pararse para mirar y buscar una correspondencia de ánimo, en el interior de uno mismo. Al parecer no era el único que buscaba estos momentos de reflexión. Enfrente tenía encaramado a un peñasco próximo al que yo había subido al amigo Mohammad, uno de los guías, que también parecía disfrutar al contemplar de manera solitaria el magnífico ‘decorado’ que se extendía ante nuestros ojos, momento que aproveché para tomar la fotografía bajo estas líneas.

El hombre se empequeñece, ante la inmensidad del desierto

Recorrer tantos kilómetros bajo el implacable sol supone un considerable gasto de energía, así que al caer la tarde nos dirigimos a uno de los improvisados campamentos que los beduinos tienen distribuidos por la zona. Descansar bajo las lonas de una jaima y tomar un delicioso té es todo un rito ancestral entre las costumbres hospitalarias que aún perviven entre los pueblos árabes, y que bien vale la pena compartir en compañía de estos auténticos habitantes del desierto.

La hora del té en el interior de una jaima

La extraordinaria oportunidad de recorrer algunas de las más sugerentes zonas de Wadi Rum, el desierto rojo, escuchando tan solo el viento mientras busco imágenes entre las luces y las sombras de estos singulares y extraordinarios parajes, ha contribuido enormemente a modelar mi propia esencia profesional y humana, en la misma manera que el naturalista y explorador francés Théodore Monod apuntaba: “El desierto, no es complaciente, esculpe el alma”.

La misteriosa ciudad de Petra, excavada en la roca

Visitar la misteriosa ciudad de Petra era desde siempre uno de los principales objetivos viajeros que deseaba cumplir. Por eso, organicé este viaje a la Jordania legendaria y arqueológica para, de esta manera, sentir, disfrutar y fotografiar de forma directa, las extraordinarias edificaciones excavadas y ocultas entre las rojizas piedras del Valle del Aravá.

La ciudad creada por los Nabateos, un pueblo de origen nómada que habitualmente vivía en sencillas tiendas construidas con piel de cabra, sigue sorprendiendo a todo aquel que la visita. Así mismo debió sucederle a Jean Louis Burckhardt, el aventurero de origen suizo que viajando disfrazado de mercader árabe explorando el interior de África, acabó descubriendo en 1812 la antigua y misteriosa ciudad, oculta en el interior de las montañas, y de la que le hablaban los beduinos que iba encontrando en su camino.

Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra
Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra

LA MISTERIOSA CIUDAD DE PETRA

A la ciudad de Petra, oculta durante más de 2000 años entre los desfiladeros y elevaciones de las montañas que se extienden sobre el Valle del Aravá, una frontera natural entre las fértiles tierras de Palestina y las desérticas tierras de Arabia, se accede a través de un angosto y estrecho desfiladero de 1.200 metros de longitud, con paredes que superan los 80 metros de altura y que en ocasiones apenas dejan pasar la luz del Sol. Pero cuando llegas al final del desfiladero, antes de acceder a la zona más amplia e iluminada, se vislumbran los perfiles de la primera construcción, de nombre Al-Khazneh, más conocida como El Tesoro.

Es en ese preciso momento cuando puedes llegar a comprender y experimentar la emoción que debió sentir su descubridor, cuando tras atravesar ese estrecho, con los peligros de emboscada que suponía, se encontró con esta increíble construcción de estilo helenístico, labrada en la piedra, y que, al parecer, sirvió como tumba de un importante rey Nabateo.

Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro
Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro

Nada te prepara para tu primera impresión de la misteriosa ciudad de Petra

Tengo que reconocer que, a pesar de toda la información que como es habitual había consultado previamente, y de las numerosas fotos y mapas que estuve visionando antes de viajar a la misteriosa ciudad de Petra, una vez logré atravesar el desfiladero y recrearme con la increíble construcción que se erige en esta entrada principal, no pude dejar de asombrarme a cada nuevo paso que daba. Entre las montañas, se erigían verdaderos conjuntos arquitectónicos esculpidos entre las altas y rojizas rocas, alternando su presencia con otras construcciones de clásicas proporciones, irguiéndose sobre el cauce más llano del barranco.

Los distintos conjuntos dentro del emplazamiento

El Teatro, que podía albergar hasta unas 8.000 personas, y una amplia avenida flanqueada por las columnas próximas a los Templos. También, un extraordinario complejo habitacional, en el que no faltaba el agua. El preciado elemento, imprescindible para la vida, y tan difícil de conseguir en estos desérticos parajes, se obtenía gracias a la construcción de ingeniosos canales y albercas o depósitos subterráneos, creados para almacenar y distribuir el agua de las lluvias por toda la ciudad.

Avenida rodeada de columnas en Petra
Avenida rodeada de columnas en Petra

Mientras deambulaba por entre las ruinas arqueológicas de la antigua ciudad, la principal incógnita que seguía rondando por mi cabeza era la de intentar comprender cómo en un ambiente tan inhóspito, los Nabateos, un pueblo de origen nómada, llegó a construir esta gigantesca metrópoli, en la que se pueden observar los diversos estilos arquitectónicos de la época: romano, griego e incluso egipcio; todo un símbolo de poder y riqueza en medio de tan desolados parajes.

Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra
Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra

Un espectacular secreto escondido en el desierto y que, tan solo 200 años atrás, era la tierra donde moraban los Djinn, unos genios invisibles, a los que las antiguas leyendas del desierto, contadas de generación en generación por los beduinos del sur de Jordania, atribuían la creación de estas fabulosas y misteriosas edificaciones.

Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle
Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle

Ascensión hasta Ad-Deir / El Monasterio de la misteriosa ciudad de Petra

Pero a pesar de los genios de las leyendas y del calor sofocante que caía sobre nuestras cabezas, estaba claro que subiría los más de 800 escalones que ascendían esculpidos en las rocas, por escarpados barrancos, hasta la zona en la que se ubica uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Petra, el Ad-Deir o Monasterio para conseguir ver y fotografiar esta maravilla.  

Beduinos en camello atravesando el valle
Beduinos en camello atravesando el valle

El Monasterio, es uno de los edificios más importantes del complejo arquitectónico de Petra. Su fachada exterior, esculpida en la roca, mide 48 metros de alto por 47 de ancho. El frontal de la edificación, exhibe un pórtico flanqueado por columnas y en su interior se encuentran dos amplias salas, que durante el periodo bizantino fueron utilizados como capilla cristiana, de ahí el nombre de Monasterio (Deir en árabe). La mayoría de los turistas que acuden a Petra con una excursión programada de un solo día se quedan sin la oportunidad de visitarlo, debido a la lejanía de esta construcción con respecto al resto del conjunto y, también, al escabroso camino de acceso a través de barrancos y nuevos desfiladeros en los que se hace necesario emplear casi una hora en subirlos, según las condiciones físicas de cada cual.

El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle
El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle

Un final memorable de la visita a Petra

Pero llegar hasta allí arriba tenía su recompensa. Un montón de fotografías desde todos los ángulos posibles y un merecido refresco sentado a la sombra, en el improvisado kiosco que los actuales descendientes de los antiguos Nabateos (o así lo afirman los beduinos que allí viven), habían montado estratégicamente frente a la pétrea y colosal edificación. Desde allí, reflexionaba sobre el posible origen de toda esta increíble obra formada por cientos de construcciones, la mayoría de ellas directamente talladas en las paredes rocosas de los escarpados cañones.

Circunstancias, todas las aquí narradas, por las que la misteriosa ciudad de Petra no deja de sorprender a todo aquel que tiene la oportunidad de visitarla y contemplarla.

Antropología, turismo y fotografía

El turismo y su relación con los habitantes y los entornos de destino acaban afectando a la cultura y las costumbres de los pueblos receptores. Esta nueva realidad social se ve incrementada por un factor de carácter invasivo, el uso de cámaras y móviles con aplicaciones de fotografía digital. Se está convirtiendo cada vez más (especialmente entre los pobladores del llamado primer mundo), en un sistema de comunicación globalizado, propiciado por la posibilidad de realizar, transmitir y exponer imágenes de manera inmediata.

Turistas agolpados frente al palacio de Amalienborg, en Copenhague, para hacer fotos del cambio de guardia.

Esta nueva moda de plasmar cada detalle de las vivencias de un viaje, para luego mostrarlas como souvenir o recuerdo entre los amigos, en las cada vez más populares redes sociales, tales como Facebook o Instagram, está afectando de manera artificiosa, las relaciones entre visitante y anfitrión. Crean situaciones  que, finalmente, acaban por alterar la manera en que se desarrollan las propias costumbres sociales de los pueblos que habitan en los destinos turísticos.

Niños bucean para recoger las monedas que les tiran los turistas, en la playa de la isla Goreé, en la costa de Senegal

Sobre todo, en aquellos en los que las costumbres y tradiciones ancestrales aún prevalecen como cotidiana manifestación social. Los efectos originados por el modo de vivir de los turistas influyen directamente en los miembros de los pueblos visitados, introduciendo nuevos hábitos y costumbres o llegando, incluso, a convertirlos en comunidades que parecen permanecer en un  estado de ‘musealización’ permanente, para así satisfacer a la expectativa folklórica demandada por los visitantes foráneos.

Jóvenes practicando lucha senegalesa, en las playas de Dakar, para llamar la atención de los turistas

Estas razones han llevado a diferentes sociólogos y antropólogos a establecer sus teorías sobre cómo influye la figura del turista y todo el entramado comercial que le rodea en los pueblos visitados. Algunas de estas teorías establecen que el hombre desea viajar para comprender y apreciar la diversidad del mundo que le rodea, mientras que otras solo ven en el turista la representación del hombre moderno en su búsqueda de ocio y descanso. Estas diferentes concepciones sobre el deseo humano de viajar, podrían servir como base para establecer tres principales actores en la escena: viajeros, turistas y locales. Todos interactuando entre sí con un mayor o menor grado de influencia, sobre los usos y costumbres de cada uno de ellos.

Pastor en las montañas del Atlas marroquí

Como norma general, cuando en tu ruta viajera encuentres una reacción de aversión, recelo, timidez o, incluso, miedo en el personaje al que pretendes retratar, es que estás realizando tu camino fuera de los circuitos turísticos. Si por el contrario, el sujeto se muestra y posa complaciente para la fotografía que pretendes realizar, a la vez que te reclama una merecida compensación económica, sin lugar a dudas, estás en un territorio turístico ya trillado.

Jóvenes marroquíes disfrazados de beduinos, esperan en un mirador natural sobre el pueblo de Tinerhir, a la llegada de turistas

Y aunque es obvio que en esta segunda opción la imagen ya no contará ni con la autenticidad ni con la naturalidad de las tomadas en las rutas no convencionales, no por ello dejará de ser un testimonio de la realidad globalizada que se vive en estos destinos, y las imágenes obtenidas seguirán teniendo un valor documental, que reflejará los nuevos conceptos sociales y antropológicos que se han instaurado en estos emplazamientos geográficos que el turismo ha ido transformando.

Manual de fotografía de viajes: conceptos y consejos

En el práctico y manejable Manual de fotografia de viajes que acabo de publicar, encontrarás una recopilación de conceptos y consejos básicos sobre equipos y técnicas de fotografía para obtener mejores resultados en tus capturas de imágenes viajeras.

La fotografía de viajes es una experiencia creativa que nos permite relacionarnos con otros ambientes en los que se manifiestan paisajes, sociedades y costumbres diferentes a las de nuestro entorno habitual. Las fotografías obtenidas durante estas experiencias son a menudo insustituibles. Por esto, es importante estar bien preparado y tener conocimientos prácticos, respecto a los equipos y las técnicas de fotografía, que vamos a usar.

 

Tras las huellas de Hemingway en La Habana

La primera vez que viaje a Cuba, llevaba entre mi lista de prioridades seguir las huellas de Hemingway en La Habana, y en particular, visitar los dos establecimientos más frecuentados por este escritor y periodista estadounidense durante el tiempo que vivió en la isla. La obra y vida de este singular personaje, comenzó a interesarme en mi época de estudiante, con ocasión de un trabajo que tuve que realizar para la asignatura de inglés sobre una de sus obras más insignes, The old man and the sea, en español El viejo y el mar.

Las huellas de Hemingway en La Habana

Ernest Miller Hemingway, nacido en Illinois (un suburbio de Chicago) viajó y vivió por medio mundo, como escritor y reportero de prensa. Durante la década de 1940 a 1950, fijó su residencia en Cuba. Su conocida  afición por las bebidas alcohólicas le llevaba a frecuentar todo tipo de bares, restaurantes y tabernas. En La Habana, era cliente habitual de dos establecimientos, La Bodeguita del Medio y el Floridita. Estos conocidos locales deben su fama internacional a su relación con tan insigne personaje. En una de las paredes de la Bodeguita del Medio escribió en inglés la frase “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquiri en el Floridita”.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio

La Bodeguita del Medio

En este establecimiento de restauración, que tanta fama internacional ha adquirido, se sigue sirviendo comida típicamente criolla, a base de arroz, frijoles, yuca, puerco (cerdo) y pollo. Todo ello regado con bebidas de producción cubana, en especial ron y el famoso mojito, un combinado de ron, azúcar, limón, agua y hierba buena o menta. El singular nombre de La Bodeguita del Medio, al parecer, le viene dado por la propia clientela, debido  a su diferenciada situación en la mitad de una calle, ya que lo normal era que todas las bodegas o fondas de la ciudad se instalasen en las esquinas, por ser esta una ubicación mucho más estratégica y visible.

En mi primer viaje a Cuba, pude disfrutar en diferentes ocasiones de la rica gastronomía que se servía en este establecimiento, mientras disfrutaba de la buena música en vivo que ofrecía el grupo de turno, así como de los famosos mojitos, que en mi visita privilegiada como periodista gráfico a la trastienda, pude observar con todo detalle en su proceso de elaboración.

Durante esta primera estancia en La Habana, llegué a hacerme casi tan habitual de la Bodeguita como el propio Hemingway. Tanto que uno de los cocineros, con el que entablé cierta mistad, acabó invitándome a su fiesta de cumpleaños.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita

UNA SEGUNDA VISITA A LA BODEGUITA

En mi segunda visita a la isla, después de algo más de una década, me encuentro con que casi no puedo ni entrar al establecimiento, debido a la cantidad tan ingente de turistas que se agolpaban dentro y fuera del local. Pero ya que estaba allí, no quería quedarme sin mojito, así que me abrí paso como pude entre la gente y situándome en un extremo de la barra solicité mi primer trago.

Hice algunas fotos y quedé en volver cuando la cosa estuviese más despejada. En una segunda vuelta conseguí pillar el local con menos embotellamiento turístico, pero mientras disfrutaba tranquilamente de mis mojitos y compartía conversación con el personal de la Bodega, intermitentes oleadas de turistas de todas las nacionalidades, se agolpaban ante la puerta, cámara o móvil en mano y sin mediar palabra se ponían a “disparar” fotos como posesos.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita

Por suerte, esta vez se conformaban con las instantáneas (supongo que para dejar constancia de su “visita” a la Bodega en las redes sociales), sin entrar a consumir. Esto me permitió seguir disfrutando de mi mojito, sin tener que luchar codo a codo, por mantener mi plaza en la barra de tan reducido local. Mientras abandonaba la Bodeguita, para dirigirme al Floridita, reflexionaba sobre en cómo cambian las cosas, y en cómo reaccionaría ante esta casi cómica situación el aventurero Hemingway, si levantara la cabeza.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana

Restaurante bar Floridita

Este establecimiento, fundado en 1817, al igual que la Bodeguita, debe su fama mundial al recuerdo de la presencia de Hemingway, que acudía casi a diario para disfrutar de los exquisitos daiquiris que preparaban en el que él llamaba “el mejor bar del mundo”. Con el tiempo, el Floridita se convirtió en un lugar dedicado a la memoria de este escritor. Las paredes están decoradas con fotos enmarcadas en las que se muestran algunas escenas de la vida de este azaroso personaje. Y una estatua de bronce, que lo representa apoyado sobre la barra a tamaño real, ocupa ahora su rincón favorito dentro del bar.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita

En mi primer viaje, ya perdido en el tiempo, solía compartir algunas de mis tardes en la ciudad de La Habana con este Hemingway, cuya imagen perpetuada en bronce seguía controlando todo lo que sucedía en el bar. Entre los dos llegó a surgir una especie de complicidad que tenía como puntos comunes el gusto por los daiquiris y por los espacios tranquilos, que los refrescantes y amplios salones del local nos ofrecían. Muchas eran las ocasiones en las que acudía hasta el Floridita para escapar del húmedo calor y del agobiante trasiego de la ciudad. Allí, en aquel rincón, podía disfrutar de un excelente y refrescante trago acompañado con la lectura de un libro, sin más presencia en aquel santuario de paz y sombra, que la del insigne aventurero convertido en perpetuo y silencioso testigo de bronce, el personal del local y la mía propia.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri

SEGUNDA VEZ EN LA FLORIDITA

En la actualidad, Hemingway, convertido en perpetuo testigo de bronce, asiste impasible como cliente fijo e inamovible al continuo peregrinaje de visitantes curiosos que lo rodean para hacerse fotos junto a su imagen, sin ni siquiera pedirle permiso. Llegando incluso, en los momentos de mayor afluencia a invadir, sin ningún tipo de reparo, su tan valorado rincón del Floridita, ignorando sin respeto ni pudor su presencia. En esta última visita, se me hizo muy difícil acercarme hasta su rincón para saludarle. Cuando por fin pude abrirme paso para  llegar hasta él, pude comprobar desde su punto de vista como nos habían cambiado el ambiente de aquel selecto, tranquilo y sereno Floridita de los 90.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas

El local mostraba ahora un ambiente cargado de observadores asimétricos a los que solo parece motivarles la  búsqueda constante de instantáneas testimoniales para captar con sus móviles. Observadores que, finalmente, acaban observándose los unos a los otros. Este es la nueva tendencia y actitud viajera que el turismo de masas acaba por imponer en la mayoría de los lugares que entran a formar parte de los circuitos turísticos. Todo parece reducirse a un “yo estuve aquí” inmortalizado con una foto digital en las redes sociales.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores

Así que, en esta ocasión y desde una esquina menos tranquila en la barra del Floridita con un refrescante daiquiri en la mano, solo me restaba elevar mi copa y brindar, entre el ruido y la algarabía que ascendía en el aire del local, por la memoria del tiempo pasado que compartí con la tranquila y silenciosa presencia del estimado Hemingway. 

Los mejores momentos de luz para fotografía de viajes

La luz es la base de la fotografía. De hecho la denominación de fotografía, viene de la raíz etimológica griega phos, que significa luz y grafe que se refiere a escribir o grabar. De esta manera, fotografía viene a ser la acción de escribir o grabar con luz. Dicho de otra manera, la fotografía es una actividad que se desarrolla en base a la captura de la incidencia de la luz, ya sea de origen natural o artificial, en seres y objetos, durante un tiempo determinado. En este sencillo artículo vamos a recordarte cuales son los diferentes y mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Jardines de Taj Mahal en la ciudad de Agra, India

Cuando estás de viaje, debes tener en cuenta que la luz varía de manera considerable según en qué parte del mundo te encuentres y también en la época del año en que viajes pero, en líneas generales, para fotografiar en los distintos momentos del día, deberías tener en cuenta las siguientes anotaciones:

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: Hasta el mediodía

Amanecer. Si deseas obtener buenas tomas del lugar merecerá la pena que te levantes muy temprano. Mejor si es cuando la mayoría de las personas aún duerman. Las primeras luces del día son limpias y claras, aunque algo frías. Esto influye en la captura de buenas instantáneas, dotándolas con un enérgico efecto modelador. Es debido a que las incipientes luces de la mañana producen escasa sombra y poca diferencia entre las zonas iluminadas y las que permanecen en la umbría.

A la salida del sol. Cuando el sol comienza a repartir sus primeros rayos, la luz se deriva hacia tonos más cálidos, en los que predomina el rojo sobre el azul del amanecer. Los objetos directamente iluminados adquieren una alta definición y hasta un halo más romántico, si así me permites definirlo.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Trabajadores entrando a la ciudad de Bikaner a primeras horas del día, Rajasthan, India

La luz de la mañana. Comprende la franja horaria que va desde la salida del sol hasta un par de horas antes del mediodía. Los cielos permanecen más azules, con una luz clara, buena visibilidad y sombras definidas, aunque no demasiado oscuras. Es el periodo de luz más usado por la mayoría de los fotógrafos profesionales, de viajes como otras disciplinas.

Mediodía. Por regla general, esta es la peor franja del día para realizar fotografías. La luz del sol cae demasiado perpendicular, creando sombras duras y molestas visualmente. Aprovecha el momento para buscar algún rincón con encanto donde probar alguna de las especialidades gastronómicas del lugar. De paso, podrás realizar algunas fotografías del interior con los platos y el ambiente.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Imagen del Big Ben y palacio de Westminster al tardecer en la ciudad de Londres

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: de la tarde a la noche

La luz de la tarde. Cuando el sol comienza a declinar sobre el horizonte, la luz vuelve a ser suave y modeladora con los paisajes. Es una luz muy adecuada para realizar contraluces. También es ideal para retratos porque le confiere un agradable y cálido tono de piel a los sujetos retratados.

Puestas de sol. Si vas a realizar fotografías al atardecer no tengas prisa. Sitúate con tu cámara en el trípode en el lugar que te parezca adecuado. Disfruta del espectáculo y espera mientras todo sucede de manera natural. Ve realizando diferentes tomas (horquillado) a medida que la luz va cambiando. Abandona el lugar con el último rayo de luz. Así disfrutarás al máximo de la experiencia y tú alma viajera se beneficiará de su magia. Es, sin duda, uno de los mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Torres de un palacio en Jodhpur al atardecer

Isla de Malta: histórica y mediterránea

El trasiego de jóvenes que acuden cada temporada para estudiar inglés en Malta, junto a la continua afluencia de cruceros cargados de turistas, están convirtiendo el archipiélago maltés, en uno de los enclaves más visitados del Mediterráneo. El clima suave, la huella de la historia presente en cada uno de sus rincones y la herencia cultural visible en las costumbres y tradiciones de sus pobladores, hacen de la isla un enclave muy atractivo para aquellos que la visitan. Ya seas un estudiante que aprovecha la ocasión para aprender idiomas y descubrir nuevos destinos, un crucerista o un empedernido viajero en busca de nuevas experiencias, te aseguro que la isla de Malta, no te va a dejar indiferente.

Barcos en uno de los muelles de La Valeta, capital de Malta.

Aún recuerdo la magnífica impresión que desde la proa del barco en el que viajaba, me causó la vista de los múltiples puertos y embarcaderos que asomaban en cada rincón de la intrincada y laberíntica bahía de La Valeta, capital de la república de Malta. Mientras, el color amarillento de la piedra caliza con la que se construyeron los altos muros de defensa y los edificios de la ciudad, impregnaba el singular paisaje que ahora se ofrecía ante mi asombrada mirada.

Barco de pesca y vista de la ciudad de La Valeta

La estratégica situación geográfica de la isla en medio del Mediterráneo motivó que fuese poblada y conquistada una y otra vez por las diferentes civilizaciones que poblaron las regiones continentales más cercanas. Fenicios, cartagineses y romanos dejaron su huella y cultura en las pequeñas islas. Más tarde, bizantinos, vándalos, árabes y normandos sicilianos se disputaron el territorio. La isla junto a la de Sicilia, también estuvo bajo el dominio de la Corona de Aragón, hasta que en 1530 el rey Carlos I la cedió a los Caballeros Hospitalarios, más conocidos como los caballeros de la Orden de Malta, que junto a la Santa Liga formada por España, Venecia y Génova lograron detener el avance turco.

Barcos y amarillentos edificios de caliza, se asoman al frente costero de la ciudad.

Fue en este convulso periodo cuando se construyó la ciudad fortificada de La Valeta, que tanto me impresiono y que más tarde acabaría ocupando Napoleón Bonaparte en su viaje a Egipto. Con el tiempo, los malteses se rebelaron contra los franceses y fueron los británicos los que tomaron el control, convirtiendo el archipiélago en su protectorado, hasta septiembre de 1964, en que Malta proclamó su independencia.

La enumeración de estos datos y acontecimientos históricos, se hace casi necesaria para poder entender el carismático ambiente que el visitante se va a encontrar durante su visita a la isla de Malta. Pasear por las estrechas calles de La Valeta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es caminar por escenarios anclados en la memoria de la Historia. Desvencijados edificios de los que sobresalen curiosos balcones de madera, normalmente pintados de verde, junto a las altas murallas defensivas, restos del tumultuoso y conflictivo pasado de la ciudad, completan el decorado de tan peculiar emplazamiento.

Herméticos y descuidados balcones de madera, asoman en las fachadas de piedra caliza.

Además de La Valeta, se hace interesante visitar la ciudad amurallada de Mdina y algunos otros puntos del interior de la isla. Para esta pequeña incursión nada mejor que usar el medio de transporte público más singular de la isla: los legendarios autobuses de color amarillo y naranja, decorados a la manera oriental que presupongo herencia de las culturas musulmanas y con el volante a la derecha, legado británico indiscutible.

Peculiares autobuses de transporte público en la isla de Malta.

Viajar en uno de estos llamativos autobuses, es toda una experiencia que recomiendo a cualquier viajero que visite la isla. Solo observar a los diferentes tipos de pasajeros que hacen uso de estos transportes mientras te trasladas rumbo a tu nuevo destino, bien merece el paseo.

Moderna y luminosa ciudad de Tel-Aviv

A finales del pasado año 2017 la Oficina de Turismo de Israel me contactaba para solicitar mi participación en una exposición fotográfica sobre el país. La muestra, inaugurada en el pasado 27 de noviembre, se expondría en las instalaciones que la compañía B The Travel Brand tiene en Madrid, con 23 imágenes aportadas por otros tantos seleccionados fotoperiodistas españoles.

Mientras visualizaba las fotografías obtenidas en mi visita a Israel, para realizar una primera selección, recordaba las agradables sensaciones y experiencias que me aportaron los lugares visitados durante mi recorrido por el país. En especial la ciudad de Tel-Aviv, una urbe joven, dinámica y luminosa, que me cautivó desde el primer momento en que pisé sus calles. Y, curiosamente, fue una imagen tomada en la avenida marítima de esta ciudad la que los organizadores seleccionaron para la exposición.

Junto a la foto seleccionada en las instalaciones de B The Travel Brand

A mi entender, en esa captura que habían elegido se sintetizaba el espíritu evolutivo de la ciudad. En la imagen un joven en bañador sujetaba una tabla de surf, mientras esperaba a que un semáforo de la avenida marítima le permitiera el paso a la otra acera, en la que destacaba un moderno edificio de extraña concepción arquitectónica junto a las vallas de una nueva obra y una espigada grúa de color rojo. Modernidad, cultura, progreso y juventud, esto es lo que puede observarse en la instantánea, y en cada rincón de Tel-Aviv.

Ambiente joven y multicultural, en la costa de la ciudad

La ciudad, fue creada al norte de la antigua ciudad y puerto mediterráneo de Yafo, en el año 1909, como un primer barrio residencial con el nombre de Akhuzat Bayit. La zona pronto comenzó a expandirse y se fueron creando nuevos barrios hasta llegar a conformar un importante núcleo urbano, que en 1910 fue renombrado como Tel-Aviv, que viene a significar “Colina de la Primavera”.

Precisamente, en uno de esos populosos y acogedores barrios establecí mi temporal alojamiento. Había alquilado un piso vacacional, a través de Internet, para de esta manera poder relacionarme de una manera más directa, con la vida diaria de sus propios ciudadanos. El resultado fue bastante satisfactorio, el ambiente del barrio, era de lo más tranquilo y el entorno muy agradable. Los bloques de apartamentos, eran edificios de no más de tres plantas, rodeados de árboles y zonas ajardinadas.

Barrio residencial al norte de la ciudad

Me gustaba salir por las mañanas, dirigirme a la amplia avenida que cruzaba la zona para comprar el pan y tomarme un expreso en la terraza del bar de la esquina, junto a una pequeña tienda de comestibles. Los jóvenes camareros y camareras me atendían de manera cordial y respondían amigablemente ante mis demandas de información sobre el lugar. Tras estos preámbulos comenzaba cada mañana con mis incursiones por la ciudad, la mayoría de las veces a pie (que dicho sea de paso, siempre es la mejor manera de descubrirla) dada la estratégica situación del apartamento.

Zona de playas en la costa de la ciudad

Catorce kilómetros de blancas playas, puertos deportivos, avenidas, hoteles y zonas ajardinadas, se extienden frente al Mediterráneo para uso y disfrute de propios y foráneos. El ambiente en la zona costera de la ciudad era de lo más variopinta y animada, pero esta diversidad no es solo reflejo de la multinacionalidad de sus visitantes. También es consecuencia directa, de la continua afluencia de inmigrantes judíos, que venidos hasta el Estado de Israel, desde las antiguas comunidades soviéticas, europeas y americanas, han propiciado de manera evidente el carácter internacional y cosmopolita que se respira en toda la ciudad.

Una joven observa el skyline de la ciudad, desde la terraza de un restaurante en Jaffa

Tras el largo y gratificante paseo por la costa, el panorama urbano plagado de altas estructuras y edificios va quedando atrás, dando paso a la antigua y reconstruida ciudad portuaria de Jaffa. En esta zona urbana, se ubican algunas de las más importantes iglesias, monasterios y mezquitas de la zona, tales como la iglesia de san Pedro y el Monasterio Franciscano. Pasear por los jardines construidos sobre lo más alto de la colina, que dominada el puerto, visitar galerías de arte, adquirir interesantes artículos de artesanía y joyería o degustar un buen pescado de la zona, en cualquiera de los restaurantes repartidos por sus calles y puerto completará la visita a tan histórico lugar en el que en otros tiempos desembarcaban las expediciones militares de los Cruzados para dirigirse a Tierra Santa.

Vista del histórico puerto de Jaffa

Siguiendo con mi periplo por Tel-Aviv, me adentro por las callejuelas del barrio de Neve-Tzedek, primer asentamiento judío construido en las afueras de Yaffa, actualmente convertido en un encantador barrio repleto de cafeterías, bares y tiendas en las que destacan un especial toque de bohemia y modernismo. Un barrio tranquilo con buenos ambientes, en el que merece la pena alojarse en alguno de los pequeños hoteles o habitaciones de la zona, tal como yo mismo hice a mi vuelta del Mar Rojo. Su estratégica ubicación permite desplazarse fácilmente hasta la zona de playas, el viejo puerto de Jaffa, la popular zona de Florentín, donde abundan los restaurantes y cafeterías de moda, o el cercano mercado del Carmel.

Puesto de venta de verduras en el mercado del Carmel

El Carmel es un enorme mercado al aire libre ubicado en el barrio de los yemenitas y muy cercano al barrio de Neve Tzedek, que está considerado como uno de los mercados de mayores dimensiones en todo el Oriente Medio. Entre sus calles, compartiendo espacio con los puestos de frutas, verduras y mercancías de todo tipo, se encuentran numerosas galerías de arte que exhiben y ofrecen obras de seleccionados artistas nacionales e internacionales. Pasear por entre las diferentes calles del Mercado Carmel y del barrio que lo circunda es toda una experiencia de olores y colores para los sentidos que no debes perderte.

Vista de la plaza Dizengoff, en el centro urbano de la ciudad

Si te gusta el arte arquitectónico, en las calles y avenidas de los diversos barrios de Tel Aviv podrás ir localizando diferentes edificios de innovadores y atrevidos diseños que en ocasiones incluso parecen desafiar a las leyes más elementales de la gravedad.

La zona de Tel Aviv conocida como Ciudad Blanca hace referencia al lugar de la ciudad donde más edificios de estilo Bauhaus, fueron construidos en los años treinta por arquitectos judíos alemanes que escaparon del régimen nazi. La construcción de numerosos edificios de arquitectura modernista repartidos por toda la ciudad hizo que la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad en el año 2003.
La tendencia general de incorporar nuevos edificios de corte arquitectónico modernista a la ciudad sigue siendo un valor cultural y artístico añadido en Tel Aviv.