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Isla de Malta: histórica y mediterránea

El trasiego de jóvenes que acuden cada temporada para estudiar inglés en Malta, junto a la continua afluencia de cruceros cargados de turistas, están convirtiendo el archipiélago maltés, en uno de los enclaves más visitados del Mediterráneo. El clima suave, la huella de la historia presente en cada uno de sus rincones y la herencia cultural visible en las costumbres y tradiciones de sus pobladores, hacen de la isla un enclave muy atractivo para aquellos que la visitan. Ya seas un estudiante que aprovecha la ocasión para aprender idiomas y descubrir nuevos destinos, un crucerista o un empedernido viajero en busca de nuevas experiencias, te aseguro que la isla de Malta, no te va a dejar indiferente.

Barcos en uno de los muelles de La Valeta, capital de Malta.

Aún recuerdo la magnífica impresión que desde la proa del barco en el que viajaba, me causó la vista de los múltiples puertos y embarcaderos que asomaban en cada rincón de la intrincada y laberíntica bahía de La Valeta, capital de la república de Malta. Mientras, el color amarillento de la piedra caliza con la que se construyeron los altos muros de defensa y los edificios de la ciudad, impregnaba el singular paisaje que ahora se ofrecía ante mi asombrada mirada.

Barco de pesca y vista de la ciudad de La Valeta

La estratégica situación geográfica de la isla en medio del Mediterráneo motivó que fuese poblada y conquistada una y otra vez por las diferentes civilizaciones que poblaron las regiones continentales más cercanas. Fenicios, cartagineses y romanos dejaron su huella y cultura en las pequeñas islas. Más tarde, bizantinos, vándalos, árabes y normandos sicilianos se disputaron el territorio. La isla junto a la de Sicilia, también estuvo bajo el dominio de la Corona de Aragón, hasta que en 1530 el rey Carlos I la cedió a los Caballeros Hospitalarios, más conocidos como los caballeros de la Orden de Malta, que junto a la Santa Liga formada por España, Venecia y Génova lograron detener el avance turco.

Barcos y amarillentos edificios de caliza, se asoman al frente costero de la ciudad.

Fue en este convulso periodo cuando se construyó la ciudad fortificada de La Valeta, que tanto me impresiono y que más tarde acabaría ocupando Napoleón Bonaparte en su viaje a Egipto. Con el tiempo, los malteses se rebelaron contra los franceses y fueron los británicos los que tomaron el control, convirtiendo el archipiélago en su protectorado, hasta septiembre de 1964, en que Malta proclamó su independencia.

La enumeración de estos datos y acontecimientos históricos, se hace casi necesaria para poder entender el carismático ambiente que el visitante se va a encontrar durante su visita a la isla de Malta. Pasear por las estrechas calles de La Valeta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es caminar por escenarios anclados en la memoria de la Historia. Desvencijados edificios de los que sobresalen curiosos balcones de madera, normalmente pintados de verde, junto a las altas murallas defensivas, restos del tumultuoso y conflictivo pasado de la ciudad, completan el decorado de tan peculiar emplazamiento.

Herméticos y descuidados balcones de madera, asoman en las fachadas de piedra caliza.

Además de La Valeta, se hace interesante visitar la ciudad amurallada de Mdina y algunos otros puntos del interior de la isla. Para esta pequeña incursión nada mejor que usar el medio de transporte público más singular de la isla: los legendarios autobuses de color amarillo y naranja, decorados a la manera oriental que presupongo herencia de las culturas musulmanas y con el volante a la derecha, legado británico indiscutible.

Peculiares autobuses de transporte público en la isla de Malta.

Viajar en uno de estos llamativos autobuses, es toda una experiencia que recomiendo a cualquier viajero que visite la isla. Solo observar a los diferentes tipos de pasajeros que hacen uso de estos transportes mientras te trasladas rumbo a tu nuevo destino, bien merece el paseo.

Moderna y luminosa ciudad de Tel-Aviv

A finales del pasado año 2017 la Oficina de Turismo de Israel me contactaba para solicitar mi participación en una exposición fotográfica sobre el país. La muestra, inaugurada en el pasado 27 de noviembre, se expondría en las instalaciones que la compañía B The Travel Brand tiene en Madrid, con 23 imágenes aportadas por otros tantos seleccionados fotoperiodistas españoles.

Mientras visualizaba las fotografías obtenidas en mi visita a Israel, para realizar una primera selección, recordaba las agradables sensaciones y experiencias que me aportaron los lugares visitados durante mi recorrido por el país. En especial la ciudad de Tel-Aviv, una urbe joven, dinámica y luminosa, que me cautivó desde el primer momento en que pisé sus calles. Y, curiosamente, fue una imagen tomada en la avenida marítima de esta ciudad la que los organizadores seleccionaron para la exposición.

Junto a la foto seleccionada en las instalaciones de B The Travel Brand

A mi entender, en esa captura que habían elegido se sintetizaba el espíritu evolutivo de la ciudad. En la imagen un joven en bañador sujetaba una tabla de surf, mientras esperaba a que un semáforo de la avenida marítima le permitiera el paso a la otra acera, en la que destacaba un moderno edificio de extraña concepción arquitectónica junto a las vallas de una nueva obra y una espigada grúa de color rojo. Modernidad, cultura, progreso y juventud, esto es lo que puede observarse en la instantánea, y en cada rincón de Tel-Aviv.

Ambiente joven y multicultural, en la costa de la ciudad

La ciudad, fue creada al norte de la antigua ciudad y puerto mediterráneo de Yafo, en el año 1909, como un primer barrio residencial con el nombre de Akhuzat Bayit. La zona pronto comenzó a expandirse y se fueron creando nuevos barrios hasta llegar a conformar un importante núcleo urbano, que en 1910 fue renombrado como Tel-Aviv, que viene a significar “Colina de la Primavera”.

Precisamente, en uno de esos populosos y acogedores barrios establecí mi temporal alojamiento. Había alquilado un piso vacacional, a través de Internet, para de esta manera poder relacionarme de una manera más directa, con la vida diaria de sus propios ciudadanos. El resultado fue bastante satisfactorio, el ambiente del barrio, era de lo más tranquilo y el entorno muy agradable. Los bloques de apartamentos, eran edificios de no más de tres plantas, rodeados de árboles y zonas ajardinadas.

Barrio residencial al norte de la ciudad

Me gustaba salir por las mañanas, dirigirme a la amplia avenida que cruzaba la zona para comprar el pan y tomarme un expreso en la terraza del bar de la esquina, junto a una pequeña tienda de comestibles. Los jóvenes camareros y camareras me atendían de manera cordial y respondían amigablemente ante mis demandas de información sobre el lugar. Tras estos preámbulos comenzaba cada mañana con mis incursiones por la ciudad, la mayoría de las veces a pie (que dicho sea de paso, siempre es la mejor manera de descubrirla) dada la estratégica situación del apartamento.

Zona de playas en la costa de la ciudad

Catorce kilómetros de blancas playas, puertos deportivos, avenidas, hoteles y zonas ajardinadas, se extienden frente al Mediterráneo para uso y disfrute de propios y foráneos. El ambiente en la zona costera de la ciudad era de lo más variopinta y animada, pero esta diversidad no es solo reflejo de la multinacionalidad de sus visitantes. También es consecuencia directa, de la continua afluencia de inmigrantes judíos, que venidos hasta el Estado de Israel, desde las antiguas comunidades soviéticas, europeas y americanas, han propiciado de manera evidente el carácter internacional y cosmopolita que se respira en toda la ciudad.

Una joven observa el skyline de la ciudad, desde la terraza de un restaurante en Jaffa

Tras el largo y gratificante paseo por la costa, el panorama urbano plagado de altas estructuras y edificios va quedando atrás, dando paso a la antigua y reconstruida ciudad portuaria de Jaffa. En esta zona urbana, se ubican algunas de las más importantes iglesias, monasterios y mezquitas de la zona, tales como la iglesia de san Pedro y el Monasterio Franciscano. Pasear por los jardines construidos sobre lo más alto de la colina, que dominada el puerto, visitar galerías de arte, adquirir interesantes artículos de artesanía y joyería o degustar un buen pescado de la zona, en cualquiera de los restaurantes repartidos por sus calles y puerto completará la visita a tan histórico lugar en el que en otros tiempos desembarcaban las expediciones militares de los Cruzados para dirigirse a Tierra Santa.

Vista del histórico puerto de Jaffa

Siguiendo con mi periplo por Tel-Aviv, me adentro por las callejuelas del barrio de Neve-Tzedek, primer asentamiento judío construido en las afueras de Yaffa, actualmente convertido en un encantador barrio repleto de cafeterías, bares y tiendas en las que destacan un especial toque de bohemia y modernismo. Un barrio tranquilo con buenos ambientes, en el que merece la pena alojarse en alguno de los pequeños hoteles o habitaciones de la zona, tal como yo mismo hice a mi vuelta del Mar Rojo. Su estratégica ubicación permite desplazarse fácilmente hasta la zona de playas, el viejo puerto de Jaffa, la popular zona de Florentín, donde abundan los restaurantes y cafeterías de moda, o el cercano mercado del Carmel.

Puesto de venta de verduras en el mercado del Carmel

El Carmel es un enorme mercado al aire libre ubicado en el barrio de los yemenitas y muy cercano al barrio de Neve Tzedek, que está considerado como uno de los mercados de mayores dimensiones en todo el Oriente Medio. Entre sus calles, compartiendo espacio con los puestos de frutas, verduras y mercancías de todo tipo, se encuentran numerosas galerías de arte que exhiben y ofrecen obras de seleccionados artistas nacionales e internacionales. Pasear por entre las diferentes calles del Mercado Carmel y del barrio que lo circunda es toda una experiencia de olores y colores para los sentidos que no debes perderte.

Vista de la plaza Dizengoff, en el centro urbano de la ciudad

Si te gusta el arte arquitectónico, en las calles y avenidas de los diversos barrios de Tel Aviv podrás ir localizando diferentes edificios de innovadores y atrevidos diseños que en ocasiones incluso parecen desafiar a las leyes más elementales de la gravedad.

La zona de Tel Aviv conocida como Ciudad Blanca hace referencia al lugar de la ciudad donde más edificios de estilo Bauhaus, fueron construidos en los años treinta por arquitectos judíos alemanes que escaparon del régimen nazi. La construcción de numerosos edificios de arquitectura modernista repartidos por toda la ciudad hizo que la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad en el año 2003.
La tendencia general de incorporar nuevos edificios de corte arquitectónico modernista a la ciudad sigue siendo un valor cultural y artístico añadido en Tel Aviv.

4 ciudades monocromáticas del Rayastán

En la India, es evidente el gusto que muestran sus habitantes por el uso de los colores en cada manifestación de su vida diaria. Ropajes, casas, enseres, vehículos y hasta los animales, son decorados en cada momento y ocasión con alegres y vivarachos colores. Por esta razón, escribir sobre cuatro ciudades monocromáticas ubicadas en el estado de Rayastán (Rajasthan) podría hasta parecer paradójico. Pero curiosamente, y sin obedecer a ninguna razón establecida, las ciudades de Jaipur, Jodhpur, Jaisalmer y Púshkar, destacan por la uniformidad de tonos que muestran la mayoría de sus edificios. Esta peculiaridad ha propiciado que también se las conozca con los sobrenombres de ciudad rosa, azul, dorada y blanca.

1. Jaipur, la ciudad rosa. A esta fascinante ciudad de bulliciosos bazares y opulentos palacios, fundada como capital del estado en 1727, también se la reconoce con el apodo de La Ciudad Rosa. Este sobrenombre le viene dado por el color que ostentan los edificios más emblemáticos, así como de los muros y puertas que se extienden alrededor del centro histórico de la ciudad.

Palacio de los Vientos, Hawa-Mahal, en el centro de Jaipur

2. Jodhpur, la ciudad azul. Esta imagen de ciudad azul que conocemos tiene su origen en el barrio de Brahmapuri, un antiguo poblado perteneciente a la casta brahmana, que pintaban de azul índigo sus viviendas para distinguirlas de los demás, costumbre que con el tiempo se extendió y popularizó entre el resto de vecinos que comenzaron a pintar sus casas con este singular color añil. El curioso aspecto azul, se aprecia mucho mejor, cuando se contempla la ciudad desde las altas murallas del fuerte Mehrangarh.

Casas azules del barrio de Brahmapuri, en la ciudad de Jodhpur

3. Jaisalmer, la ciudad dorada. Jaisalmer es una remota ciudad del Rayastán situada a las puertas del desierto del Thar. Durante el siglo XVI, en la época de las grandes caravanas, llegó a ser un floreciente centro de comercio. Fue en ese periodo cuando los enriquecidos gobernantes y comerciantes construyeron formidables palacios y ornamentadas havelis, con la amarillenta arenisca de las canteras cercanas. Este material cuyo color se asemeja al de las doradas dunas que rodean la ciudad, ha propiciado a Jaisalmer el sobrenombre de Ciudad Dorada, un efecto que se puede apreciar de manera evidente, al observar las construcciones de la ciudad, especialmente, cuando las cálidas luces del atardecer inciden sobre los edificios.

Vista de las construcciones de arenisca, en la ciudad de Jaisalmer

4. Púshkar, la ciudad blanca. Es una pequeña población convertida en centro de peregrinación religiosa. La vida en este pequeño enclave gira en torno a los ghats sagrados del lago y entre los más de 400 templos que se esparcen a un lado y otro de la ciudad, todo ello combinado con la bulliciosa y colorida actividad de mercadillos y bazares. Todo un ejemplo de convivencia entre el mundo espiritual y el mundano.

Viviendas y templos, alrededor del lago sagrado de la ciudad de Pushkar

Cinco recomendaciones para fotografiar personas en tus viajes

Cuando estamos de viaje con la cámara siempre pretendemos captar todo lo que atrae nuestra atención del novedoso ambiente que nos rodea: pueblos, calles, plazas y todo aquello que suscite nuestro interés fotográfico. La presencia de personas en estas fotografías añade calor e interés a las imágenes obtenidas. Pero acercarse a personas desconocidas con el fin de entablar una esporádica relación que posibilite la realización de una sugerente y atractiva fotografía, no es tarea al alcance de todos. Por este motivo, aquí expongo algunas conductas y sugerencias a tener en cuenta a la hora de establecer contacto con otras personas a las que deseamos incluir en nuestras fotografías de viajes.

Joven con camello en el poblado de Tinerhir, sur de Marruecos

Intencionadamente, en el título de este artículo me refiero a personas y no hago mención al termino gentes, definición de conjunto o grupo humano. Cada persona tiene su propia identidad y ante este circunstancia, a la hora de intentar realizar nuestras fotografías con inclusión de personas, debemos tratar de interactuar con ellas con psicología, diplomacia y sobre todo, respeto.

En algunos de mis viajes, sobre todo en los realizados a las zonas más frecuentadas por el turismo de masas, he podido observar la molesta y poco respetuosa conducta de algunos (demasiados) turistas fotógrafos compulsivos, que con la cámara pegada al ojo van fotografiando a diestro y siniestro, sin consulta ni permiso, como si estuvieran fotografiando animales en un Zoológico. Estoy seguro que a nadie le gustaría que un desconocido, nos apunte con su cámara y se ponga a tomarnos fotos, sin más.

Turistas hacen fotos al camarero de La Bodeguita del Medio, en La Habana

En los enclaves de gran afluencia turística, suelen encontrarse algunos personajes, normalmente ataviados con vestimenta relacionada con el entorno, que se dejan fotografiar a cambio de algunas monedas, pero esto no significa que todos los habitantes de ese lugar, deban dejarse fotografiar por las hordas de turistas que invaden la ciudad cada día.

Personaje disfrazado de “la Máscara” en la plaza Dam de Amsterdam

Si tu intención es la de obtener algunos buenos retratos de los lugareños te recomendaría (siempre según mi experiencia), los siguientes preceptos:

Actitud. Mantén una actitud natural y sincera, ante las personas con las que te vas encontrando y evita las manifestaciones de miedo o repulsa. Mira a los ojos de tus intercomunicadores con franqueza y energía, pero sin actitudes desafiantes ni despectivas, saluda con respeto, cordialidad y sobre todo sonríe. Sonríe de manera natural y sincera, la sonrisa es una expresión muy humana, que siempre abre puertas -de hecho la conocida expresión de “sonría por favor” siempre ha estado muy vinculada al mundo de la fotografía-.

Comunícate. Para realizar fotografías a personas desconocidas debes establecer, previamente, una mínima relación personal. En ocasiones el desconocimiento del idioma o dialecto, puede parecer un problema insolventable, pero te sorprenderás con lo efectivo que puede resultar  establecer comunicación con otras personas, a través del lenguaje gestual y dejándote llevar por estos mágicos códigos de comunicación, que son creados a través de gestos y miradas.

Grupo familiar en las playas de Tajin, Gambia

Infórmate. La ignorancia es una mala compañera de viaje que puede darte desagradables sorpresas. Antes de aventurarte a realizar fotos en un lugar desconocido infórmate de las costumbres religiosas, sociales y culturales del país o de la región que estás visitando. Es conveniente saber ciertas cosas antes de que comiences a disparar fotos de un lado para otro como, por ejemplo, que en las comunidades de religión musulmana no está bien visto que se hagan fotos a las mujeres.

Campesina en un poblado agrícola de Rajasthan, India

Apréndete algunas palabras y frases de utilidad en el idioma o dialecto local, te servirán para comunicar tus deseos más elementales y además, atraerás la simpatía de los lugareños, que valoraran favorablemente tu actitud e interés por la cultura local. Además de las típicas frases de saludo y solicitud de servicios o información, yo siempre procuro aprender otras tres frases fundamentales, para el desarrollo de mis intenciones, la primera es “soy fotógrafo”, la segunda “puedo hacer una foto” y la tercera “gracias”.

Taxista de Tuk-tuk, en New Delhi, India

Aléjate de las rutas convencionales. Procura buscar rutas y lugares alternativos diferentes a los que son más frecuentados por los turistas habituales. Si estas en una ciudad, muévete por los emplazamientos en los que se desenvuelven día a día los residentes del lugar, tales como mercados, plazas o estaciones. Introdúcete en locales y ambientes donde no llegan los turistas. Lleva la cámara de manera visible, pero no pretendas hacer fotos desde el primer momento. Relájate e implícate en el ambiente, tomate un café, té o lo que creas más oportuno. Verás como al tiempo lograras despertar el interés de los que te rodean, queriendo saber algo sobre ti, de que país vienes, a que te dedicas y cosas por el estilo. Al final, lo más increíble será que estos nuevos conocidos te pedirán que les hagas unas fotos, cosa que te hubieran negado con la típica frase de “No camera, No fotos” si en el primer momento en que llegaste, te hubieras puesto a fotografiar indiscriminadamente y sin ningún contacto humano previo.

Beduinos en el interior de una Jaima, desierto de Wadi Rum, Jordania

Agradecimiento. Sé generoso y agradecido con los improvisados modelos que utilices en tus fotografías de viajes. En ocasiones un pequeño regalo o compensación económica contribuyen a que las personas fotografiadas se sientan más felices y predispuestas. Enséñales las fotos que realices en la pantalla digital de la cámara, en la mayoría de los casos se producen alegres reacciones que sirven para reforzar la confianza entre fotógrafo y fotografiado, entre risas y sentimientos de aprobación.

Guerreros de la secta Sij, en el pueblo sagrado de Pushkar, India

Si tuvieses la posibilidad de llevar contigo una pequeña cámara instantánea haz una toma para dejársela como recuerdo, en caso contrario y si te pide que le envíes una copia de la fotografía que has tomado, toma nota de la dirección de la persona y cuando llegues a casa preocúpate de enviarle la foto solicitada, tal vez no te encuentres nunca más con esa persona, pero habrás cumplido con tu compromiso y contigo mismo.

Descubre Gambia, el país de la sonrisa

The smiling coast of Africa (la costa sonriente de África), así reza el slogan de la oficina de Turismo del país. Deduzco que esta frase promocional, tiene asociada, dos acepciones posibles. La primera destacar, el carácter amable y hospitalario de sus gentes y la segunda, algo más gráfica, se corresponde con la forma que tiene el país, cuando lo visualizamos en un mapa.
Gambia, a pesar de ser el país más pequeño del África continental, es también uno de los más diversos, en cuanto a geografía y paisaje. Con una extensión de 10.300 kilómetros cuadrados y con algo menos de 2 millones de habitantes, el país que ocupa la mitad del curso inferior y las dos riberas del río, que toma su nombre, se presenta como un lugar idóneo, donde los viajeros puedan iniciarse en la aventura africana. Desde el primer momento que pises el país, oirás con frecuencia, la frase de “Gambia, no pasa nada”, una clara versión del “Gambia, no problem”, que algunos gambianos repiten como si de un mantra se tratase, cuando desean acercarse a los visitantes de habla hispana, especialmente en las zonas turísticas.

Playa de Sunset Beach, en la zona turística

En Gambia se ofrecen buenas instalaciones hoteleras rodeadas de largas playas y frondosos palmerales donde, efectivamente, el visitante puede descansar y tomar el sol sin que nadie le moleste, y sin que realmente “pase nada”. Pero para descubrir la verdadera esencia de África, conviene salir de la zona de confort, entremezclarse con la gente en calles y mercados, dejando que una explosión de ruidos y colores, se apodere de tus sentidos.

Tras ese primer baño de africanidad, ya sabrás que aquí, a los turistas se les llama Touba ó Tuba (como suena en español), una palabra que los lugareños utilizan para referirse al hombre blanco y que tiene su origen en las monedas (un par de chelines) que los primeros viajeros ingleses solían darle a los niños de los poblados visitados. Estos chelines o shilling (en inglés) eran popularmente conocidos en la época colonial con el nombre de Bob. Así que cuando algún blanco se acercaba a algún barrio o poblado, los chiquillos corrían a su lado con las manos extendidas, para pedir sus deseados two bob (dos chelines), que en su mal pronunciado inglés, sonaba Toubab.

Si finalmente decides ser un Tuba explorador, deseoso de conocer algo más que las playas y las zonas destinadas al turismo del país, lo recomendable es que contrates el servicio de guías profesionales, de esta manera te evitaras los indeseables contratiempos que pudieran surgirte en el camino. La compañía Gambia Tours, es una de las más preparadas y experimentadas. En su página web encontrarás variadas opciones para recorrer el país.

Rutas en camiones 4×4 por el interior del país

Una vez elegidos itinerarios, guía y vehículo, solo resta iniciar la aventura para descubrir este interesante territorio africano, aunque antes tal vez deberías tener en consideración algunos importantes conceptos relacionados con el idioma, la cultura y las relaciones sociales.

Gambia, fue colonia del Imperio Británico hasta 1965 y el inglés sigue siendo la lengua oficial del país, junto al árabe y las lenguas tribales, tales como mandinka, wolof, fula y serer, entre otras. Sabiendo esto, tal vez además del inglés, puedas aprender algunas palabras en los dos principales idiomas nativos, aunque solo sean sencillos saludos. Con esta actitud conseguirás que te acepten con una amplia sonrisa de hospitalidad y hasta desearan contribuir con tu aprendizaje de las lenguas maternas, enseñándote nuevas palabras. Una vez que hayas aprendido a ganarte la simpatía de tus anfitriones, toca aprender a mostrar respeto por sus costumbres, cultura y religión.

Cuando quieras tomar fotografías (algo tan extendido entre los viajeros de hoy día) debes pedir permiso antes y te conviene saber que en el islam, es una falta de respeto a la familia tomar fotos a las mujeres sin permiso. La falta de respeto continuado que muchos turistas muestran a la hora de tomar fotografías está ocasionando que la gente del lugar te increpe cuando te ven apuntando con tu cámara sobre los escenarios en que desarrollan su vida cotidiana. Recuerda que las actividades de su vida personal no forman parte de ningún show turístico.

Teniendo en buena consideración estas básicas premisas, ya podremos disfrutar con el descubrimiento de los sugerentes pueblos y paisajes que este pequeño país ofrece.

Vista de la ciudad de Banjul, desde el mirador del Arco 22

Banjul, la actual capital del país, fue fundada en 1816 por los británicos sobre la isla de St. Mary, ubicada en la desembocadura del río Gambia. En la ciudad abundan los viejos edificios coloniales que comparten el espacio urbano entre improvisadas chabolas y alguna que otra moderna construcción, como el famoso Arco 22 que, junto a la plaza 22 julio, fueron construidos para conmemorar el golpe de estado llevado a cabo por el anterior presidente, Yahya Jammeh, en 1994. También merece la pena visitar el Museo Nacional y como no, el colorido y tumultuoso Albert Market.

Fachada exterior del Albert Market, en Banjul

La isla, – que toma su nombre de la palabra Bang julo, usada por el pueblo mandinka, para referirse a las cuerdas de fibra que fabricaban con las hojas y cañas de los abundante cañaverales existentes en la isla antes de la llegada de los británicos – está conectada con las regiones del norte del continente por medio de viejos transbordadores y por un par de puentes con las del sur.

Transbordador a Barra, llegando al puerto de Banjul

Serekunda, es la zona más próxima a Banjul y también la que más crece, al contrario de lo que sucede en la capital, que permanece acotada por las propias dimensiones físicas de la isla en la se construyó. La industria hotelera ha elegido las zonas de costa de Serekunda, para ubicar sus instalaciones, en el marco de los paisajes de playas y palmeras de la zona, que sirven de reclamo turístico.

El crecimiento económico de la nueva ciudad también atrae a miles de nacionales que, llegados desde las regiones más remotas del país, buscan en Serekunda la oportunidad de conseguir una mejor y más cómoda vida. Sin embargo, la gran mayoría acaba malviviendo en el interior de hacinados barrios, bajo los techos de chapa metálica de improvisadas casas construidas entre calles de tierra y polvo que siguen extendiéndose como telas de araña sobre los áridos descampados que rodean la ciudad.

Vista aérea de una zona de mercado, en Serekunda

Aún así, a pesar del evidente caos, Serekunda merece ser explorada con calma para impregnarse con el colorido y apabullante ambiente de sus calles y mercados. Cuando el ajetreo de esta movida zona empiece a embotar nuestros sentidos, tal vez sea el momento de cambiar de aires y realizar una visita a la cercana zona de Bakau, donde se encuentra el curioso estanque de Katchikally, plagado de impresionantes cocodrilos del Nilo, que la gente del lugar vinculaba con ciertos ritos de fertilidad y que ahora se ha convertido prácticamente en una atracción turística más.

Cocodrilos en la charca de Katchikally

En las Playas de Tanji y Sanyang, a este lado de la costa atlántica, los esforzados pueblos de pescadores ocupan cada día las playas con sus coloridas canoas, y a diferencia de la tranquilidad que reina en las playas turísticas, en estas otras el movimiento  de gente y barcas es constante durante la mayor parte del día. Desde muy temprano los pescadores salen a la mar con sus pesadas barcas en busca de la captura diaria, y cuando regresan al atardecer la playa se convierte en toda una exhibición de movimiento y color. Con un ritmo frenético y entre el graznido de las cientos de gaviotas que sobrevuelan la escena, los hombres con pesados cubos sobre sus espaldas descargan el pescado hasta los secaderos.

Movimiento de barcas y gente, en las playas de Tanji

Otros se agrupan en torno a las pesadas embarcaciones para, con gran esfuerzo, sacarlas del agua rodando sobre troncos hasta la arena de la playa, mientras las mujeres, con sus trajes de llamativos colores, se dedican a limpiarlos y cubrirlos con sal para su posterior secado o ahumado. Sin duda, un espectáculo que no debes perderte.

Mujeres salando pescados, en la zona de los secaderos, en las playas de Sanyang

Albreda, Juffureh e isla James, tres lugares que te transportaran en el tiempo hasta una de las épocas más oscuras de la humanidad, la de la esclavitud. Y aunque esta se practicaba entre las tribus nativas que tomaban como esclavos a los enemigos derrotados, no fue hasta el siglo XVI, con la colonización de América, en que esta cruel costumbre se vio incrementada por árabes y europeos. Para llegar hasta estos enclaves es mejor hacerlo en barco, navegando río adentro, hasta llegar al viejo embarcadero de Albreda. Una vez en tierra el visitante podrá observar, junto a un frondoso árbol y un viejo cañón, una enorme escultura con forma humana que muestra sus brazos en alto y en sus muñecas unos grilletes rotos. La cabeza es la propia bola del mundo y en su base puede leerse “Never Again” (nunca más). La casa de los descendientes de Kunta Kinteh y el museo de Juffureh completan la visita.

Monumento que rememora el final de la esclavitud, en el poblado de Albreda

Frente al embarcadero de Albreda se puede divisar la isla James donde se almacenaban los esclavos que iban a ser enviados al nuevo mundo. Navegamos hacia esta pequeña isla, que nos parece envuelta en el misterio. La neblina y las extrañas siluetas de los baobabs contribuyen con esta visión. Unas canoas se acercan al barco para trasladarnos hasta la isla en la que ahora solo quedan algunos cañones oxidados y los derruidos muros de lo que un día fue un flamante fuerte británico.

Una de las canoas que hacen el transporte hasta James island

Parques y reservas naturales repartidos por toda la geografía del país harán las delicias para los amantes de la naturaleza, que podrán disfrutar de una amplia variedad de especies de aves así como de cocodrilos, hienas y monos. La Reserva Nacional de Abuko, muy cerca de Serekunda, cuenta con varios puestos para la observación de aves. Entre la zona de manglares del Mandina Bolon, afluente del río Gambia, se extiende la reserva natural de Makasutu, una zona de frondosa vegetación repleta de aves en la aún habitan grupos de monos babuinos.

Circulando en un vehículo 4×4, por las pistas de acceso a Makasutu

Espero con estas líneas haber contribuido a despertar el deseo de explorar este pequeño país africano, imbricado en el río que le da nombre y que ha sido testigo de tantas historias a lo largo del tiempo. Por mi parte, ya estoy deseando poder establecer nuevas rutas que me lleven hasta las zonas más profundas del país.

Sicilia, isla histórica y legendaria

Es muy frecuente que al pronunciar el nombre de Sicilia nuestro interlocutor lo asocie de inmediato con imágenes e historias de la “mafia”. La mayor parte de ellas, introducidas en la memoria colectiva por la industria del cine y la televisión.

Aunque, para sorpresa de todos los que la visitan, Sicilia, la isla más grande del Mar Mediterráneo, ofrece mucho más que estas historias sobre la mafia. La isla se muestra como una tierra en la que abundan los vestigios arquitectónicos y culturales heredados de los múltiples pueblos que en diferentes épocas de la Historia la conquistaron y poblaron.

Templos griegos, villas romanas, mezquitas y catedrales normandas, aparecen repartidos por la geografía de esta isla mediterránea, permaneciendo hasta nuestros días como testigos fieles de la impronta cultural dejada por fenicios, griegos, cartagineses, romanos, germánicos, bizantinos o normandos. Una historia repleta de invasiones, conquistas y reconquistas, que junto a la insularidad y a lo intrincado de su geografía, han modelado a través de los tiempos el peculiar carácter de sus gentes que orgullosamente anteponen su identidad y cultura siciliana a la de la propia nación italiana a la que pertenecen.

Adentrarse en los ambientes humanos de esta isla de cinco millones de habitantes compartiendo, aunque solo sea por un momento, el modo de vida sus habitantes es una experiencia absolutamente recomendable. Son numerosos los pueblos y paisajes que con su carga de historia, tradiciones y leyendas, convierten el viaje a Sicilia en una instructiva aventura.

Palermo, la capital de la isla, es una de las visitas imprescindibles. La antigua ciudad está repleta de impresionantes edificios y monumentos entre los que destaca la catedral y el Palazzo dei Normanni, de curioso estilo árabe-normando. Callejear por ella es como pasear por las diferentes etapas de su historia.

Vista de la catedral de Palermo

Cerca de Palermo, a tan solo 13 km de distancia, se halla la zona costera de Mondello, a los pies del monte Pellegrino. Grandes villas, hoteles y un antiguo balneario, siguen en pie, recordando las doradas épocas de un turismo de élite que prosperó en la zona entre los años 1890 y 1910.

Antiguo balneario en la playa de Mondello

También muy próximo a la capital se encuentra Monreale, una población de montaña, cuyo origen se remonta a la Baja Edad Media. Su grandiosa catedral normanda y el claustro interior de 228 columnas, lo han convertido en lugar de visita obligada.

Claustro interior de la catedral normanda de Monreale

Cefalú es un atractivo pueblo de la costa norte. Sus luminosos rincones marineros y una colosal catedral normanda construida a la sombra de una gran peña, han propiciado que este pueblo de pescadores sea uno de los lugares más visitados de la isla.

Puerto y costa de Cefalú

Para adentrarnos en la historia de las grandes civilizaciones que se establecieron en esta isla, es obligado pasear sin prisa por el Valle de los Templos, un importante yacimiento arqueológico en las cercanías de la ciudad de Agrigento. Contemplar los magníficos restos de los templos de Juno, Hércules, Júpiter Olímpico, Dioscuros o el de la Concordia es todo un espectáculo, y de manera muy especial, cuando al caer la tarde los últimos rayos solares se reflejan sobre las antiguas construcciones de piedra, tiñéndolas con un refulgente y cálido tono naranja.

Restos arqueológicos y templo de la Concordia, en Agrigento

Otro de los espectáculos que nos ofrece la isla es la visita al volcán Etna, el más grande y activo de Europa. La última vez que mostró actividad fue pocos días antes de iniciar nuestro recorrido el pasado mes de marzo. Desde las poblaciones cercanas todavía se podía vislumbrar la columna de humo sobre su cima.

Vista del volcán Etna, en actividad

Catania, en la costa oriental, es una de las grandes poblaciones próximas al volcán, que ya en 1669 sufrió los efectos de una devastadora erupción. Esta populosa ciudad en la que destaca la Piazza del Duomo y su original fuente del Elefante fue declarada en el 2002 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Vista de la ciudad, con el volcán Etna en el horizonte

La encantadora Taormina, ubicada sobre las altas y rocosas costas entre las que se suceden pequeñas calas y bahías, bañadas por las tranquilas aguas del mar Jónico, también se encuentra próxima al volcán. De hecho, desde las antiguas ruinas del Teatro Griego, se puede contemplar su silueta destacando sobre la costa y el mar, a manera de fondo natural de tan histórico escenario.

Ruinas arqueológicas del Teatro Griego

Siracusa, es una de las grandes ciudades históricas de Sicilia, que bajo ningún concepto, debes dejar de visitar. Por sus calles y plazas pasearon algunos de los más grandes filósofos y matemáticos de la época helénica, tales como Platón, Esquilo o Arquímedes. El antiguo barrio de la isla de Ortigia, con sus muros de defensa y la zona central en la que se ubica la Piazza del Duomo, se ha convertido en una zona de referencia para los visitantes de la ciudad. También merece la pena visitar el Parque Arqueológico de Neapolis, donde se ubican los principales monumentos griegos y romanos, aunque durante nuestra incursión pudimos observar, con cierta tristeza, que la mayor parte de las instalaciones se encuentran en un lamentable estado de abandono.

Piazza del Duomo

Para recorrer Sicilia y poder descubrir sus encantadores rincones te recomendaría alquilar un coche. Esta opción te aportará más autonomía y libertad de decisiones, pero a la vez necesitaras grandes dosis de paciencia y bastante agilidad a la hora de circular entre el caótico tráfico de las ciudades y la temeraria falta de respeto a las normas de tráfico, con la que la mayoría de los conductores conducen por las carreteras de la isla. Pero, si pasas la prueba con éxito, podrás llegar a lugares de gran interés como los descritos y otros tantos más, como pueden ser las dos Ragusas.

Ragusa Ibla, pequeña ciudad señorial construida sobre una elevación montañosa en el fondo de un valle y la nueva Ragusa Superiore, más amplia y moderna y construida tras el terremoto de 1693.

10 recomendaciones para tus fotos de viajes

Antes de adentrarnos en sofisticados temas técnicos, sobre la fotografía de viajes y sus herramientas. Te propongo un sencillo y básico decálogo de actuaciones, que deberías tener en cuenta antes de empezar a “disparar” fotos, a diestra y siniestra.

1. El equipo, antes de emprender un viaje, asegúrate de que todo el equipo funciona perfectamente, compruebe que lleva suficientes baterías, cargadores y tarjetas.

2. Durante el viaje lleva siempre la cámara contigo, bien protegida en su bolsa ó estuche, para evitar así largas exposiciones al sol ó golpes y especialmente si vas a lugares arenosos ó en los que haya agua.

3. Utiliza la luz ambiente siempre que te sea posible, las luces de las primeras horas del día y las del atardecer resultan mucho más atractivas y en condiciones difíciles de luz utiliza sin miedo las sensibilidades más altas que te permita tu cámara.

4. No desestimes los días nublados ó de mal tiempo, a veces estas condiciones meteorológicas, le añaden un encanto especial a las fotografías.

5. Cuenta historias con tus imágenes, cada lugar que visites tiene su propio encanto, no te olvides del factor humano, las gentes del lugar, sus costumbres y su forma de vivir…estate atento y procura captar las historias y anécdotas de interés que se producen a tu alrededor.

Cuando fotografíes monumentos, procurar incluir a tus compañeros de viaje en la toma, esto añade interés y calor humano a la fotografía.

Añade personajes en las tomas fotográficas

6. Fíjate en las postales turísticas que se exponen en las tiendas de souvenirs, no hace falta que las copies, pero te servirán como referencia para tus propias interpretaciones del lugar.

7. Si vas a visitar museos, no dejes tu cámara en el Hotel creyendo que no está permitido hacer fotos en este tipo de instalaciones, generalmente en la mayoría de ellos sí se permite y lo que suele prohibirse es la utilización del flash y del trípode.

8. Haz fotografías de los carteles de indicación de los lugares visitados, (rótulos, señales, indicadores, etc.) te servirán posteriormente a la hora de clasificar las fotografías obtenidas durante el viaje y para ubicarlas en el lugar correcto.

9. Acostúmbrate a llevar un pequeño trípode de viaje, los hay de muchos tipos y tamaños, su uso te permitirá obtener mejores fotos de paisajes ó de detalles y sobre todo de esas bonitas fotos nocturnas que tanto nos gustan a todos.

Utiliza un trípode para las fotos nocturnas

10. Se respetuoso,  por último y muy importante, respeta las normas, tanto de seguridad como de civismo… es importante saber que no esta permitido tomar fotografías de instalaciones militares, aeropuertos, estaciones de autobuses o ferrocarril y que a la hora de fotografiar personas, debes respetar el derecho a la imagen y a la intimidad.

Fotografía de viajes, consejos básicos

Aunque hoy día, la fotografía esta presente en casi todos los actos de nuestra vida diaria, debido al auge de las redes sociales, es en las vacaciones y en los viajes, cuando los usuarios y aficionados de esta técnica, deciden realizar un mayor número de fotografías que más tarde, les ayuden a evocar aquellos felices e interesantes momentos y lugares de los que disfrutaron en sus vacaciones.
“Estar, siempre preparado, llevar la cámara a todas partes y aprovechar cualquier tema de interés que pueda surgir”… este podría ser el consejo más importante para todo aquel que quiera tomar fotos de los mejores momentos de su viaje.
La fotografía de viajes, es una experiencia creativa, que nos permite movernos en entornos y paisajes diferentes, a la vez que nos posibilita la relación con otras sociedades y costumbres distintas a las de nuestro habitat cotidiano. En mi opinión, para lanzarse a la aventura de un viaje fotográfico y documental, debes seguir tres importantes y básicos consejos:

Preparar el viaje: Una vez elegido el destino, que te gustaría fotografiar, planea cuidadosamente todos los pormenores del viaje, esto puedes hacerlo a través de una agencia ó usando las magníficas herramientas que hoy día nos ofrece Internet para buscar medios de transporte y alojamientos.

Documentación: Infórmate previamente sobre la zona geográfica y las costumbres sociales de los lugares que vas a visitar y si es posible lleva esa información en tu bolsa de fotografía.

El equipo fotográfico: El conocimiento de las técnicas fotográficas básicas y del funcionamiento de tu propio equipo de fotografía, te serán imprescindibles a la hora de hacer tus fotos de viaje. Prepara tu equipo fotográfico, sin dejar nada al azar, objetivos, baterías, cargadores, trípode, flash y todo lo que creas necesario, pero sin excesos que posteriormente, dificulten tu capacidad de movimiento.


Las fotografías obtenidas en estas experiencias, son a menudo insustituibles, por esto es importante estar bien preparado y tener algunos conocimientos prácticos respecto a los equipos y las técnicas de fotografía.

Pero ocurre que a veces, los resultados no son todo lo bueno que se hubiera deseado y no corresponden con las expectativas ni con el entusiasmo con que fueron tomadas. Un mal planteamiento de la toma, un error técnico o el desconocimiento de las herramientas, son la causa habitual de obtener unas defectuosas imágenes que en definitiva, no nos servirán para poder revivir con satisfacción, las impresiones experimentadas durante el viaje.

Por estas razones, en próximos artículos en este blog, iré comentando algunos consejos básicos. Con más detalles y temas específicos que se deben tener en cuenta a la hora de realizar fotografías en nuestros viajes, basados en mis propias experiencias.

Histórica y moderna Jerusalén

Desde el primer momento en que vislumbre la ciudad de Jerusalén, desde lo alto del monte Sión. No pude dejar de pensar en los ancestrales motivos que a lo largo de los tiempos, han convertido a este singular emplazamiento de Oriente Próximo, en lugar sagrado y de conflictiva confluencia, para las tres mayores religiones monoteístas del mundo. La ciudad de Jerusalén, esta directamente vinculada al origen de las religiones Abrahámicas, y ha sido paradójicamente, escenario directo de destacados episodios en la historia de la humanidad, casi siempre motivados por el deseo de obtener el control de este místico enclave. Desde los tiempos del rey David y de su hijo Salomón, hasta nuestros días, el codiciado enclave, ha estado ligado a continuas historias de construcciones y destrucciones.

No pretendo enumerarte en este artículo sobre Jerusalén, la larga historia de batallas por el poder, que en nombre de la religión, se han venido produciendo. Tampoco es mi intención relacionar todas las posibles rutas peregrinas, ni describir con detalle testimonial, una larga lista de los lugares de cultos, que se pueden visitar en este crisol de religiones. Por el contrario, preferiría intentar transmitirte y mostrarte, algunas de las sensaciones vividas durante mi visita a esta emblemática ciudad. Así que, siguiendo con mi tendencia de implicarme todo lo posible en la vida cotidiana de los propios habitantes de las ciudades que visito. Lo primero que hice fue buscar para mi estancia en Jerusalén, una vivienda privada a través de Hundredrooms, un buscador que aglutina a los mejores proveedores de este tipo de alojamientos.

Zona residencial de German Colony
Zona residencial de German Colony

Finalmente elegimos un pequeño apartamento ubicado en la Colonia Alemana, un agradable y tranquilo barrio residencial, relativamente cercano al centro histórico de Jerusalén. Un barrio, jalonado de modernas cafeterías y restaurantes. Con supermercados, tiendas y varias paradas de autobús, en el que pronto pude llegar a sentirme como en casa, tanto de día como de noche.

Ambiente nocturno en la Colonia Alemana
Ambiente nocturno en la Colonia Alemana

Si viajas a Jerusalén, podrás comprobar que alrededor de los muros que albergan a la ciudad vieja, en la que aún hoy, se pueden observar vestigios arqueológicos de arcos romanos, fosos bizantinos, muros levantados por los cruzados, bastiones otomanos y templos religiosos de los más variados credos. Se extiende una nueva y moderna ciudad de grandes avenidas, con amplios centros comerciales, museos, jardines, restaurantes y todo tipo de servicios propios de una gran urbe contemporánea. Una imagen muy alejada de la estampa que ofrece la laberíntica ciudad histórica.

Moderna zona comercial de Mamilla
Moderna zona comercial de Mamilla

El contraste que se establece entre la moderna ciudad que se erige fuera de las murallas, y el ambiente medieval del interior. Me descubría una imagen muy diferente a la que previamente, me había imaginado. Este nuevo y moderno aspecto de la ciudad, que podía observar a mi alrededor, con sus terrazas, cafeterías, restaurantes y tiendas de última generación. Que a pesar de sus vanguardistas diseños, seguía conservando, el original estilo arquitectónico de Jerusalén, realizado a base de piedra caliza dolomítica, me sorprendía agradablemente.

Vista de la ciudad desde el Monte de los Olivos
Vista de la ciudad desde el Monte de los Olivos

En una primera toma de contacto con la ciudad, se hacia imprescindible subir hasta el Monte de los Olivos, un histórico lugar repleto de cementerios y templos, desde el que se puede observar una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad, con la dorada cúpula del Templo de la Roca, centralizando la escena. Tras esta iniciática visita al huerto de Getsemaní y otros lugares sagrados, ubicados en las laderas de este monte de los olivos. Comenzamos nuestro recorrido por entre los diferentes barrios y templos de la vieja ciudad de Jerusalén.

El barrio judío y la visita al conocido Muro de las Lamentaciones, era una de las visitas obligatorias. A partir de ese punto ya podemos adentrarnos por las estrechas callejuelas, que discurren por entre los barrios musulmán y cristiano.

Vista de la ciudad vieja y Muro de las Lamentaciones
Vista de la ciudad vieja y Muro de las Lamentaciones

Es evidente que en el interior de esta vieja y sagrada ciudad de Jerusalén, hay muchas cosas que ver y que no somos los únicos visitantes. Números grupos de turistas y peregrinos venidos de los lugares más dispares del planeta, inundan cada día las estrechas calles. Mezclándose con los propios habitantes de los barrios, que realizan sus actividades diarias, entre los numerosos bazares, restaurantes y cafetines, que flanquean las calles de este antiguo emplazamiento.

Debo reconocer, que al caminar por el interior del casco medieval de Jerusalén, se tiene la sensación de sumergirse en la historia.

Modernas calles y avenidas fuera de los muros de la ciudad vieja
Modernas calles y avenidas fuera de los muros de la ciudad vieja

Durante los días sucesivos seguimos con nuestro descubrimiento de Jerusalén, visitamos algunos de los emplazamientos más destacados de la ciudad, tales como el Knesset, el edificio que alberga al Parlamento israelí, los jardines de Wohl Rose Garden, Botanical Garden y como no los museos, entre los que resalto y recomiendo el Museo Israelí, en el que podrás disfrutar con sus exposiciones sobre historia, arqueología y arte de todos los tiempos. En los jardines exteriores de este museo se encuentra una formidable maqueta de la vieja ciudad de Jerusalén y el Shrine of the Book, donde se exhiben los famosos rollos del Mar Muerto.

Jardínes de Wohl Rose Garden
Jardínes de Wohl Rose Garden

Al final de cada incursión diaria, volvíamos a nuestro barrio, nos acercábamos a los supermercados para comprar provisiones, paseábamos por entre los comercios y rincones, intercambiamos algún que otro comentario con los lugareños, que ya íbamos conociendo. Llegando a sentirnos de esta manera, un poco más vecinos y un poco menos turistas.

Para más información sobre Jerusalén, visita la página de Turismo de Israel

Mercadillos de Navidad

Con el mes de diciembre, llegan los tradicionales Mercadillos de Navidad, presentes en casi todos los pueblos y ciudades de Europa. Estos singulares mercados, se instalan cada año en los más destacados espacios de pueblos y ciudades. En los kioscos, stands y puestos ambulantes, que forman estos tradicionales mercados, se pueden encontrar, desde los típicos adornos navideños, hasta exquisitos productos culinarios, propios de estas fiestas.

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En Alemania, considerada la cuna de los mercados de Navidad, esta tradición de instalar los tradicionales mercadillos navideños, conocidos como Christkindlsmarkt ó mercados del niño Jesús, en las plazas de sus principales pueblos y ciudades, posee gran arraigo social y cultural.

Uno de estos mercados alemanes, más emblemáticos es el de Núremberg, que desde hace cuatro siglos, se viene instalando en la plaza Hauptmark (plaza del mercado), situada junto al Ayuntamiento y en pleno centro histórico-medieval.

Entre sus puestos repletos de vistosos objetos artesanos y decoraciones típicas de estas fiestas, se pueden degustar algunas exquisiteces tradicionales originales. Tales como el Lebkuchen, unas galletas decoradas y condimentadas con especias ó el famoso Glühwein, vino caliente con canela y azúcar al que también se le añaden especias, y se sirve muy caliente, ideal para entrar en calor, durante las frías noches de centro Europa.

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La bulliciosa actividad, que se registra en el mercado de Navidad de Núremberg, se intensifica con la llegada de la noche. Los grupos de gente que se mueven entre los puestos, invaden la plaza y calles adyacentes, formando una masa compacta, entre la que de manera intermitente, se abre paso a golpe de corneta, unas carrozas tiradas por caballos. Unos magníficos vehículos decorados con los antiguos emblemas de los transportes del correo imperial, que ofrecen a los visitantes, cortos paseos por las zonas cercanas.

Como dato curioso, podrás observar como estos históricos carruajes, se detienen a su paso por los kioscos, donde los taberneros obsequian a los conductores, con una tradicional jarra de vino caliente, para que así puedan soportar el aire frío de la noche.

Puedes obtener más información en Oficina de Turismo de Núremberg.