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Fotos de viaje, información y sentido del lugar

Antes de iniciar un viaje es conveniente recabar toda la información posible sobre el lugar que se va a visitar. Esta información, que previamente hemos recopilado antes de salir de viaje, se debe seguir incrementando una vez que estemos en el destino con la información publicada que vayamos encontrando en el aeropuerto, e incluso en el hotel. Un buen recurso es observar las postales que se exhiben en las tiendas de recuerdos.

Postales en una tienda de souvenirs de Londres

De esta manera nos podremos hacer una idea de cómo se han interpretado los lugares más emblemáticos del destino y los ángulos de las tomas, para así poder considerar la posibilidad de buscar tomas alternativas según nuestros propios criterios fotográficos. Además, conviene personarse en las oficinas de información y turismo para obtener mapas, folletos e información detallada sobre los temas que más te interesen de la zona o ciudad visitada. También conviene recordar que una de las mejores fuentes de información es la proporcionada por las propias personas que nos rodean, el empleado del hotel o pensión, el camarero, el taxista y, en general, por todas aquellas personas que tengan que ver y conozcan el nuevo entorno en el que nos movemos. Una buena política para comprobar que las informaciones obtenidas por estos medios de trato personal sean las correctas, es la de realizar la misma pregunta a diferentes personas.

Taxista en Dakar, una buena fuente de información

Una vez hemos realizados las averiguaciones pertinentes conviene realizar un guión o plan de trabajo, procurando tener claro cuales son los objetivos que se quieren fotografiar, y seguidamente comenzaremos con las visitas de reconocimiento a los lugares elegidos, donde ya podremos iniciar una primera sesión de fotos a la vez que tomamos nota de los posibles efectos que puede tener la luz sobre el motivo en los diferentes momentos del día. Para esto habrá que averiguar la hora y el punto por donde sale y se pone el sol. 

Zocos de Marrakech

La palabra Zoco o Souk proviene del árabe süq, y se refiere a los mercados propios de los países del norte de África. Estos zocos eran originalmente mercados al aire libre donde los comerciantes del lugar mercadeaban con las caravanas que realizaban las largas rutas comerciales. Con el paso del tiempo, y debido al crecimiento que experimentaban las ciudades, estos mercados se fueron integrando en el interior de los centros urbanos, y con la colonización europea, la utilización del término zoco también se exportó a occidente. Los zocos de Marrakech quizás sean los más populares del vecino Marruecos.

El ambiente de los zocos, siempre me ha causado una gran fascinación. Desde muy pequeño ya acompañaba a mi madre o a mis tías a la compra tanto en el zoco de Tánger como en el de Tetuán (ciudad donde nací). En mi memoria aún permanece viva la sensación que me causaban los vivos colores de las mercancías y productos de la tierra. Los penetrantes aromas de las especias y de las frutas, mezclados de manera ineludible con los olores de los excrementos de las ovejas, cabras y burros que circulaban por entre sus callejuelas. El vociferío de los vendedores promocionando sus mercaderías y el trasiego constante de gente que iba de un lado para otro por los angostos callejones. Más tarde, en posteriores etapas de mi vida, he podido visitar y fotografiar muchos de estos tradicionales y animados zocos en los diferentes países, pueblos y ciudades por los que he viajado.  Pasear por entre sus laberínticas calles aún sigue fascinando y alimentando mis sentidos.

Aromáticas y coloridas especias se muestran en cada rincón del Zoco.

Los zocos de la ciudad de Marrakech constituyen un escenario ideal para que el visitante pueda experimentar esas sensaciones a las que me refiero.  Surgida al amparo del auge militar y comercial, la ciudad floreció en una época en la que las grandes caravanas que realizaban las rutas comerciales, atravesaban el desierto del Sáhara, uniendo así el África negra con las grandes ciudades árabes del norte del continente. Marrakech y sus zocos adquirieron una notable importancia comercial, al convertirse en uno de los enclaves de abastecimiento más importante de la zona. En la actualidad, alrededor de estos mercados o zocos, que ocupan casi toda la mitad norte de la Medina, se sigue apreciando un intenso movimiento productivo y comercial, siendo además uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. En realidad, si vas a Marrakech y no te pierdes paseando por entre sus zocos no has disfrutado de la esencia de esta ciudad.

Teteras platedas de latón, expuestas en un comercio en el Zoco de Marrakech.

En estos abigarrados zocos, en los que podrás encontrar todo tipo de objetos y productos, conviene recordar que el regateo es parte del juego comercial. Una ley no escrita que propicia el trato comercial y personal entre vendedor y cliente. También conviene recordar que hay que actuar con cautela y respeto para con las costumbres culturales de los autóctonos, sobre todo a la hora de realizar fotografías a las personas. Para ejercer esta actividad (cada vez más extendida) es conveniente que antes de disparar pidas permiso a los improvisados modelos, así todo fluirá de una manera más satisfactoria y correcta para todos.

Comerciante en el interior de una tienda en el Zoco de Marrakech.

Y es que hoy día, con el masivo uso de cámaras digitales, teléfonos móviles o tablets que incorporan cámara de foto y vídeo por una gran parte de los turistas que recorren la ciudad con la actitud y el deseo irrefrenable de captar sus propios recuerdos para luego luego publicarlos en las redes sociales, es fácil entender que las gentes del país se sientan acosadas y hastiadas, y que, cada vez más, se nieguen, en ocasiones hasta de manera algo violenta, a ser tratadas como si fuesen personajes de un parque temático o animales de zoológico. 

Laberínticos paseos cubiertos con comercios atestados de mercancías variopintas.

Deambular pausadamente por entre las laberínticas callejuelas que conforman la medina es toda una experiencia, y a través del paseo curioso podremos acceder hasta los comercios y talleres de los diferentes gremios de artesanos que, agrupados por zonas o barrios, han dado origen a los diferentes zocos de Marrakech.

Aunque no es tarea fácil para el visitante distinguir los límites de estos zocos, repartidos por la medina de Marrakech, finalmente he podido destacar los que a continuación expongo:

1.- Zoco el Bab Salaam. Uno de los zocos más frecuentados por los turistas, al que acuden los nativos para proveerse de todo tipo de mercancías, que van desde productos varios de alimentación, especias, cosmética hasta comida para aves.

Pequeños puestos del Zoco, en los que se puede conseguir “casi de todo”.

2.- Zoco Zrabia o de las alfombras. Este zoco, en el que ahora se pueden apreciar coloridas alfombras y tapices de alegres dibujos geométricos, fue en otros tiempos un lugar en el que se celebraban las subastas de los esclavos que traían los negreros.

Bicicleta aparcada junto a unas alfombras colgadas en un muro del Zoco

3.- Zoco de los Tintoreros. Para los amantes de la fotografía, este zoco ofrece un colorido espectáculo con sus madejas de lana recién teñidas colgando para su secado en cuerdas o rústicos soportes de palo y caña, a lo largo de las calles en las que se ubican los talleres y comercios de este tradicional gremio de artesanos.

4.- Zoco Smata o de las babuchas. Las pequeñas tiendas y talleres de este zoco abren sus puertas cada día para ofrecer a los clientes sus originales y coloridas babuchas, realizadas en cuero con diferentes acabados y diseños, entre las que destacan los modelos más tradicionales acabados en punta.

Tienda repleta de coloridas babuchas en el interior del Zoco

5.- Zoco de los curtidores. Este mercado o barrio de curtidores está bastante alejado de la zona central, más frecuentada por los turistas, y la razón es bastante obvia, el nauseabundo olor que despiden las pieles de los animales que son empapadas en las grandes cubas de cemento. El olor es tan desagradable que los guías reparten hojas de hierbabuena a sus turistas para que colocándolas bajo las fosas nasales, puedan soportar el pestilente ambiente.

Zoco de curtidores un lugar poco frecuentado por los turistas convencionales.

Además de los expuestos en estas breves  referencias, la cantidad de zocos ubicados en la medina de Marrakech puede pasar de la veintena, y a esta lista habría que añadir unos cuantos más. Tales como el Zoco el Kebir, ubicado en una de las principales arterias de la medina y donde se exhiben atractivos artículos de cuero y marroquinería, el Zoco de Siyyaghin o mercado de las joyas, Zoco el Maazi, donde se comercia con pieles de cabra, Zoco Chourai, en el que trabajan los artesanos de la cestería y la madera, Zoco de Addadine, especializado en trabajos de latón y cobre… Así uno tras otro, el paseo te va introduciendo en este exótico mundo de los zocos, que te retrotraen en la historia o te trasladan hasta los escenarios imaginados en las mil y una noches.

Finalmente, entre tanto paseo por las intrincadas callejuelas y plazas de la medina en busca de los exóticos zocos llega el momento de realizar un alto en el camino y, si andas atento, entre tantos bazares y puestos siempre encontrarás algún rincón donde acomodarte para degustar cualquiera de los exquisitos platos de la cocina marroquí y tomarte un tiempo para  el merecido descanso.

En el Zoco de Marrakech podrás disfrutar de la excelente cocina marroquí y de su tradicional té de menta.

Distribuidos por la medina podrás encontrar gran variedad de establecimientos que ofrecen sus servicios de restauración, con diferentes estilos y tendencias, entre los que podrás elegir según tus gustos y posibilidades.

Restaurante adaptado para turistas, en la azotea de una casa en el centro de La Medina de Marrakech

Reserva de Bandia en Senegal

Como bien afirmaba el escritor inglés Graham Greene… “África será siempre la de la época de los mapas de la era victoriana, el inexplorado continente vacío con forma de corazón humano”.

Ciertamente, creo que el nombre de África seguirá evocando inevitablemente en muchos de nosotros aquellas casi ingenuamente idealizadas historias de intrépidos exploradores,  que se adentraban en el desconocido continente para descubrir los misterios y riquezas de tan salvajes parajes. La fauna africana, única, diversa y abundante también ha sido desde el principio, un símbolo identificativo del continente. La más característica y endémica, formada por leones, elefantes, jirafas, cebras, rinocerontes y otras miles de especies más, entre mamíferos, reptiles, anfibios y aves. Se ubican en la región tropical, más conocida como África Subsahariana. En muchas regiones de esta zona, la fauna había ido desapareciendo de manera gradual, debido a la presión demográfica y a la caza incontrolada y furtiva. La creación de Parques Naturales, para proteger la vida y el hábitat de estos animales, se hizo imprescindible.

En el vecino Senegal, podemos disfrutar de uno de estos santuarios, destinados a preservar la naturaleza. Nos referimos a la Reserva de Bandia, un entorno de 3.500 hectáreas de extensión. Plagado de enormes baobabs, acacias, matorrales espinosos y exuberante vegetación, donde conviven diferentes especies animales, en su mayoría mamíferos herbívoros.

La lista de los animales que conviven en esta reserva, es bastante surtida e interesante, cebras, jirafas, búfalos, antílopes, gacelas, jabalís monos, chacales, cocodrilos, tortugas, avestruces, algunos pocos ejemplares de rinocerontes blancos y más de 120 especies de aves, que habitan en el parque durante las épocas migratorias.

Situada a 65 kilómetros de Dakar y a tan solo 15 de la ciudad costera y turística de Saly, en la carretera de va de Mbour a la Casamance, la Reserva de Bandia es una visita que no deberías perderte. Puedes realizarla en taxi o coche privado, aunque eso sí, siempre se tiene que ir acompañado de un guía oficial de la reserva. También puedes hacerla en los vehículos todo-terreno que el parque tiene a la disposición de los visitantes, especialmente en la época de lluvias en la que el barro dificulta la conducción por entre las diferentes pistas de tierra que recorren este espacio.

Vehículos 4×4 en la entrada principal a la Reserva de Bandia en Senegal

Si te gusta la fotografía — como en mi caso – podrás en determinadas ocasiones, bajarte del vehículo siguiendo atentamente los consejos del guía. Dado que en el parque no habitan grandes carnívoros, los animales de la reserva se mueven con bastante tranquilidad. Esta circunstancia propicia el poder aproximarse a los animales, para realizar fotografías. Solo debes poner especial cuidado de no molestar demasiado a los rinocerontes y sobre todo ni te acerques a los avestruces, especialmente a los machos con plumaje blanco y negro, son de lo más agresivos. Especialmente en la época de apareamiento.  

El Parque cuenta con un nutrido equipo de guías expertos que te acompañaran en tu recorrido fotográfico por este inmenso bosque de baobabs, y gracias a su amplio conocimiento de la zona y del comportamiento de los animales te dirigirán hasta los lugares más propicios para el deseado avistamiento de las diferentes especies que habitan la reserva.

Gracias a los conocimientos del guía que me acompañaba, y tras algunos kilómetros recorriendo las polvorientas, pistas de tierra rojiza, tan características del paisaje africano, pudimos localizar a uno de los rinocerontes que habitan en el parque. Abandoné el vehículo, y me fui acercando sigilosamente hasta una distancia bastante prudencial. El animal estaba detrás de unos zarzales y parecía bastante tranquilo, aunque su inmensa mole acorazada y el imponente cuerno impresionaban bastante. Pero a pesar de todo, finalmente pude realizar algunas fotos de este extraordinario ejemplar. 

Algunos kilómetros más adelante, nos encontramos con algunos avestruces, pero en esta ocasión, preferí hacer las fotos desde el interior del vehículo, a través de la ventanilla, por si las moscas. No debe ser muy agradable verse atacado por un ‘pájaro’ de entre 2 y 3 metros de altura y más de 180 kilos de peso, que no puede volar, pero corre más que tú.

Después de tantas emociones y precauciones acabo la jornada en el centro de visitantes, de rústica construcción. Desde la terraza del bar restaurante se puede observar una pequeña charca formada por las aguas del río Somone, a su paso por el parque. Allí, se revuelcan los búfalos y acechan los cocodrilos, disfrazados de troncos flotantes, mientras los monos chillan desde los árboles. Aprovecho para tomarme una cerveza bien fría y los guías (de religión musulmana), un refresco. 

Eu amo Lisboa

La primera vez que viaje a Lisboa lo hice como fotógrafo para una compañía discográfica venezolana que deseaba promocionar uno de sus cantantes de salsa, con una gira por Europa. Y aunque en esa ocasión por razones del propio trabajo no pude dedicar mucho tiempo para conocer la ciudad, lo poco que pude ver, me pareció muy interesante.

Vista de la ciudad desde el castillo de San Jorge

Desde esa primera incursión iniciática, he seguido visitando la ciudad en otras nuevas ocasiones. Estas otras incursiones han sido propiciadas por diferentes y variados motivos. Pero lo que ha permanecido inalterable, es mi atracción por este histórico emplazamiento luso, a pesar de que en los últimos tiempos he venido comprobando que también esta sufriendo las consecuencias del fenómeno conocido como gentrificación.

Modernos edificios y estructuras en el Parque de las Naciones

Lisboa es una ciudad con vocación modernista, y pruebas de ello las tenemos en las nuevas obras de ingeniería y arquitectura que se suman al paisaje urbano de la ciudad, como es el caso del moderno distrito surgido alrededor del Parque de Las Naciones. Pero a pesar de esta apuesta por la modernidad, Lisboa sigue teniendo ese encantador aire decadente que nos traslada a la época de las colonias. En muchas ocasiones, mientras camino por entre sus calles y plazas, tengo la sensación de estar recorriendo algunas de las ciudades de nuestra América del Sur. La arquitectura, la distribución de sus calles y una exuberante vegetación en la que abundan las palmeras, me hacen recordar ciudades de Cuba, Brasil o Ecuador.

Iglesia de San Vicente de Fora y cúpula del Panteón Nacional

La ciudad de Lisboa, asentada en el estuario del río Tajo, con una superficie de casi 3.000 kilómetros cuadrados y una población que supera el medio millón de habitantes, cuenta con numerosos vestigios arquitectónicos y monumentales, reminiscencias de su esplendoroso pasado colonial y de la proyección mundial que tuvieron los portugueses a través de sus marinos y conquistadores.

Monumento a los Conquistadores, en el barrio de Belém

La ciudad está distribuida en distritos o barrios, siendo los de Belém, Alfama, Chiado, Baixa y Barrio Alto, los más conocidos y populares. La mejor forma de conocerlos, sin duda, es a pie, pero dado lo elevado de las colinas circundantes en las que se encuentran algunos de los asentamientos y las largas distancias entre algunos de los diferentes distritos, se recomienda hacer uso de los transportes públicos, ya sean los típicos y peculiares tranvías, el metro, los autobuses o los taxis, cuyas tarifas son relativamente bajas.

Tranvía estacionado en la Plaza del Comercio, centro neurálgico de la ciudad

También, se puede hacer uso de los autobuses de recorrido turístico basados en el sistema “hop-on hop-off”, que te permiten desplazarte hasta los enclaves de mayor interés, realizar la visita a tu aire y retomar el servicio de la línea cuando te apetece. En Lisboa existen actualmente tres líneas, CitySightseeing y Cityrama con autobuses de color rojo que salen desde la plaza del Marqués de Pombal y la tercera línea con autobuses de color amarillo de nombre Yellowbus que, además de ser un servicio oficial, ofrece a mi entender mucho más agilidad en sus líneas y combina en el mismo ticket, sus servicios con los tranvías que circulan por las estrechas y empinadas calles del casco histórico, en los que podrás desplazarte hasta los barrios más carismáticos de la ciudad.

Histórica y emblemática Torre de Belém, a orillas del río Tajo

Torre Vasco de Gama, monumento a los Conquistadores, Monasterio de Los Jerónimos, Torre de Belém, Castillo de San Jorge, Catedral de Sé… Así podríamos seguir enumerando una larga lista de iglesias, edificios, plazas y monumentos repartidos por la toda la geografía urbanística de la ciudad, por los que Lisboa merece ser recorrida de un extremo a otro sin olvidarnos, claro está, de sus dorados atardeceres.

Puente 25 de Abril, sobre las aguas del río Tajo

Los paseos en barco por el río, las extensas playas cercanas, las exquisitas recetas gastronómicas, sus famosos pasteles de Belém, los Fados, el talante tranquilo y hospitalario de sus gentes,… Todos estos ingredientes, y más, contribuirán a que el visitante se sienta atraído por este enclave lusitano asomado a las orillas del Atlántico, de tal manera que pueda llegar a sentir en propia piel la expresión que da nombre a este artículo: “Eu amo Lisboa” (Yo amo a Lisboa).

Vista del barrio de Alfama al atardecer

Definitivamente diré, que con cada nueva visita más me adentro en su sentir callejero del día a día, y más me enamoro de esta ciudad que ya hace tiempo que forma parte de la lista de ciudades que no me canso de visitar.

Cazando los tranvías de Lisboa

En Lisboa, los tranvías además de ser un medio práctico de transporte urbano también han llegado a convertirse en uno de los más reconocidos atractivos de la ciudad, ya que la mayoría de las líneas del centro histórico siguen conservando unos vehículos de diseño tradicional y nostálgico que atrae la mirada y las cámaras de los visitantes. La visión de estos coloridos tranvías circulando por las estrechas calles o ascendiendo y descendiendo por las empinadas vías que enlazan los diferentes barrios de la ciudad, mientras alertan de su paso a los sorprendidos y despistados peatones con el repicar de su campana, nos trasladan a otra época.

Tranvía estacionado en la parada de la centrica plaza del Comercio

La red de tranvías de Lisboa está dividida en cinco rutas y cuenta con una flota de 58 vehículos o “carros eléctricos”, como los conocen los lisboetas, de los cuales 40 son tranvías de madera que aún mantienen el carrozado tradicional. Las líneas de “eléctricos” más conocidas y usadas por los turistas son la 28 y la 15. Ambas recorren el centro de la ciudad con frecuentes paradas en los más importantes tramos del recorrido. La línea 28 efectúa un largo recorrido a través de los barrios más importantes del centro histórico, Graca, Alfama, Baixa, Chiado, Barrio Alto y la línea 15 con vehículos más modernos y menos pintorescos, hace el recorrido hasta el importante Barrio de Belém, donde se ubican gran parte de los monumentos más importantes de la ciudad, como el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém y el monumento a los Conquistadores.

Tranvías circulando por los más emblematicos rincones de la ciudad de Lisboa

Los tranvías de Lisboa han llegado a convertirse en uno de los símbolos más representativos  de la ciudad, su peculiar imagen, aparece en libros, postales, productos de souvenirs, anuncios, en los cuadros de los artistas callejeros y, si te descuidas, detrás de ti… Conviene estar siempre muy atento.

Tranvía circulando frente a la Asamblea de la República, en el barrio de Sao Bento

Debo confesarles que la imagen de estos pequeños y románticos tranvías circulando por las calles de Lisboa, repletos de turistas, me atrapa y fascina, hasta el punto de que no había día que caminara por las calles de Lisboa sin acabar  persiguiendo a alguno de estos “carros” por las estrechas callejuelas.  En ocasiones, cuando encontraba un escenario que me atraía, esperaba pacientemente cámara en mano hasta que pasara alguno de estos singulares tranvías por el lugar que ya tenía encuadrado de antemano para “cazarlos”.

Tranvía circulando por las calles del Barrio Alto

La verdad es que con mi proceder, debía ofrecer una extraña imagen a quienes casualmente se tropezaran conmigo, porque si bien es verdad que cada vez son más los turistas que utilizan la fotografía como medio testimonial de los lugares que visitan para luego exhibirlas en los foros y redes sociales, estos actúan como si la cámara o el móvil fuesen una prolongación de sus ojos y, por regla general, disparan a todo lo que se mueve, sin tener demasiado en cuenta otros factores de luz, composición o tiempos.

Turista haciendo fotos a un tranvía en Barrio Alto

Y aunque existen otros grupos minoritarios de turistas aficionados a la fotografía de viajes, que equipados con caros y sofisticados equipos, muestran algo más de interés por esta disciplina, y que cuando estoy haciendo fotos, merodean por la zona con disimulo y “zas” disparan sobre la escena hacia la que estoy apuntando con mi cámara. Al parecer, en estas ocasiones,  ninguno de ellos llegaba a mostrar el interés suficiente,  para superar la incómoda y larga espera necesaria para “cazar” fotos de tranvías en las calles de Lisboa.

Tranvías en la céntrica plaza de Figuiera

Si lo pienso bien, esto de ir de un lado para otro con la cámara a cuesta es cada día más difícil, pero me gusta, así que siempre que viaje a Lisboa seguiré recorriendo sus asombrosos barrios del casco antiguo atento a la caza de nuevas imágenes de estos, convertidos ya en símbolo universal de la ciudad.

Wadi Rum, el desierto rojo de Jordania

Wadi Rum, el desierto rojo que se extiende al sur de Jordania, en las proximidades del también Mar Rojo, es un extraordinario paraje natural y protegido, salpicado por escarpadas montañas de arenisca y granito, ante cuya visión no pude más que sentir admiración y asombro. Wadi Rum o Uadi Rum, como se traduciría literalmente del árabe, llegó a ser muy conocido en Occidente por haber sido escenario de la Rebelión árabe ocurrida entre los años 1916 y 1918, en la que participó de manera muy activa un oficial británico de nombre Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.

Como dato curioso, cabe mencionar que en recuerdo y honor a las hazañas y la vinculación de este insigne personaje con la región de Wadi Rum, entre las formaciones montañosas de este desierto, destaca una a la que se bautizó con el nombre de Los Siete Pilares de la Sabiduría, en referencia al libro escrito por T.E. Lawrence, donde relata sus experiencias bélicas y humanas. Esta montaña es fácil de localizar, ya que se alza frente al Centro de Visitantes desde donde parten a diario excursiones en vehículos todo-terrenos. Con estos  vehículos, gestionados por la cooperativa de beduinos, se ofrece a los turistas visitas guiadas a los lugares más destacados de la zona.

Vehículos todo-terrenos y formación rocosa de los Siete Pilares

Planeando entrar en Wadi Rum, el desierto rojo

Aunque si alguna vez llegas hasta ahí y decides apuntarte a una de estas excursiones, procura, al menos, aprovisionarte con un buen sombrero o pañuelo que te protejan de la arena. Unas gafas de sol, abundante agua y crema de protección solar, porque aunque los recorridos no se dilatan mucho en horas de travesía, mejor que el calor, la arena y los botes del vehículo, no te cojan desprevenido. 

Vehículo pick-up abierto utilizado por los beduinos para llevar turistas.

En mi caso, y dada mi necesidad de disponer de más tiempo para  realizar fotografías de este espectacular paraje, necesitaba algo más que una mera incursión de un par de horas. Durante mis pesquisas informativas previas sobre el lugar, contacté con una compañía que parecía ajustarse a mis necesidades. 

Vista general de la ciudad de Petra

Durante mi viaje por tierras jordanas, estando ya en la ciudad de Petra, me personé en la oficina de la compañía, y entre sorbos de té a la menta, un poco de inglés de supervivencia y algo de gesticulación internacional, conseguí que tanto el manager como los guías presentes en la improvisada reunión hicieran ademán de que entendían y consentirían las demandas que solicitaba. Sé que viajar con un fotógrafo puede ser en ocasiones muy estresante para guías, conductores y acompañantes en general. Siempre parando donde menos lo imaginan y haciendo cosas que los “turistas normales” ni siquiera se plantean.

Entrando en Wadi Rum, el desierto rojo

A la mañana siguiente, con las primeras luces del día, iniciamos nuestro periplo por los rojizos paisajes de Wadi Rum. Desde el momento en que abandonas el asfalto, y vas adentrándote en el paisaje a través de las rodaderas que otros vehículos han dejado sobre la fina arena, los ardorosos paisajes del desierto comienzan a mostrarte su auténtica inmensidad. Al rato, no puedes sino que acabar reconociendo tu propia pequeñez y vulnerabilidad. Una extraña sensación que te sobrecoge el alma pero que, a la vez, expande tu naturaleza espiritual. Algunos escritores y viajeros han llegado a comparar el desierto con el mar, pero mi propia experiencia me aleja de esta poco fundamentada comparación. Los dos son inmensos, sí, pero son tan diferentes entre ellos, como la propia esencia de sus elementos, uno el agua y el otro el fuego.

A lo largo de mi trayectoria de viajero, he pisado varios desiertos, Sáhara, Thar o Sechura, entre otros, y cada uno de ellos, con una diferente formación geológica y paisajista, que les define. El de Wadi Rum ofrece un rojizo paisaje de arenisca, flanqueado por elevadas formaciones montañosas de granito, que lo convierten en un escenario único y espectacular. Atravesar este espacio es toda una increíble experiencia, un paisaje pleno de colores y sensaciones que además te harán reflexionar sobre la vida y la muerte, la soledad del ser y la grandeza de la naturaleza. Durante el recorrido que hicimos por este desierto pude admirar y fotografiar parajes de extraordinaria y singular belleza, tales como los Siete Pilares de la Sabiduría o los puentes de piedra de Burdah y Um Frouth, unos espectaculares arcos formados por la erosión del viento en las amarillentas rocas del desierto, todo ello, gracias al indiscutible y apreciable conocimiento de la zona que los guías que nos acompañaron demostraron tener.

Arco de Um Frouth, una de las caprichosas formaciones rocosas en el desierto de Wadi Rum

En algunas ocasiones, cuando llegábamos a determinados emplazamientos en los que se podía apreciar la inmensidad del desierto, yo prefería desvincularme del grupo y deambular por la zona, en busca de rincones que fotografiar y, también, porque no decirlo, de esa soledad a veces necesaria para sentir más aún la inmensidad de este tipo de paisajes. Porque, sinceramente, siempre he sentido que para entender y apreciar la quietud de estos desérticos parajes, hay que pararse para mirar y buscar una correspondencia de ánimo, en el interior de uno mismo. Al parecer no era el único que buscaba estos momentos de reflexión. Enfrente tenía encaramado a un peñasco próximo al que yo había subido al amigo Mohammad, uno de los guías, que también parecía disfrutar al contemplar de manera solitaria el magnífico ‘decorado’ que se extendía ante nuestros ojos, momento que aproveché para tomar la fotografía bajo estas líneas.

El hombre se empequeñece, ante la inmensidad del desierto

Recorrer tantos kilómetros bajo el implacable sol supone un considerable gasto de energía, así que al caer la tarde nos dirigimos a uno de los improvisados campamentos que los beduinos tienen distribuidos por la zona. Descansar bajo las lonas de una jaima y tomar un delicioso té es todo un rito ancestral entre las costumbres hospitalarias que aún perviven entre los pueblos árabes, y que bien vale la pena compartir en compañía de estos auténticos habitantes del desierto.

La hora del té en el interior de una jaima

La extraordinaria oportunidad de recorrer algunas de las más sugerentes zonas de Wadi Rum, el desierto rojo, escuchando tan solo el viento mientras busco imágenes entre las luces y las sombras de estos singulares y extraordinarios parajes, ha contribuido enormemente a modelar mi propia esencia profesional y humana, en la misma manera que el naturalista y explorador francés Théodore Monod apuntaba: “El desierto, no es complaciente, esculpe el alma”.

La misteriosa ciudad de Petra, excavada en la roca

Visitar la misteriosa ciudad de Petra era desde siempre uno de los principales objetivos viajeros que deseaba cumplir. Por eso, organicé este viaje a la Jordania legendaria y arqueológica para, de esta manera, sentir, disfrutar y fotografiar de forma directa, las extraordinarias edificaciones excavadas y ocultas entre las rojizas piedras del Valle del Aravá.

La ciudad creada por los Nabateos, un pueblo de origen nómada que habitualmente vivía en sencillas tiendas construidas con piel de cabra, sigue sorprendiendo a todo aquel que la visita. Así mismo debió sucederle a Jean Louis Burckhardt, el aventurero de origen suizo que viajando disfrazado de mercader árabe explorando el interior de África, acabó descubriendo en 1812 la antigua y misteriosa ciudad, oculta en el interior de las montañas, y de la que le hablaban los beduinos que iba encontrando en su camino.

Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra
Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra

LA MISTERIOSA CIUDAD DE PETRA

A la ciudad de Petra, oculta durante más de 2000 años entre los desfiladeros y elevaciones de las montañas que se extienden sobre el Valle del Aravá, una frontera natural entre las fértiles tierras de Palestina y las desérticas tierras de Arabia, se accede a través de un angosto y estrecho desfiladero de 1.200 metros de longitud, con paredes que superan los 80 metros de altura y que en ocasiones apenas dejan pasar la luz del Sol. Pero cuando llegas al final del desfiladero, antes de acceder a la zona más amplia e iluminada, se vislumbran los perfiles de la primera construcción, de nombre Al-Khazneh, más conocida como El Tesoro.

Es en ese preciso momento cuando puedes llegar a comprender y experimentar la emoción que debió sentir su descubridor, cuando tras atravesar ese estrecho, con los peligros de emboscada que suponía, se encontró con esta increíble construcción de estilo helenístico, labrada en la piedra, y que, al parecer, sirvió como tumba de un importante rey Nabateo.

Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro
Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro

Nada te prepara para tu primera impresión de la misteriosa ciudad de Petra

Tengo que reconocer que, a pesar de toda la información que como es habitual había consultado previamente, y de las numerosas fotos y mapas que estuve visionando antes de viajar a la misteriosa ciudad de Petra, una vez logré atravesar el desfiladero y recrearme con la increíble construcción que se erige en esta entrada principal, no pude dejar de asombrarme a cada nuevo paso que daba. Entre las montañas, se erigían verdaderos conjuntos arquitectónicos esculpidos entre las altas y rojizas rocas, alternando su presencia con otras construcciones de clásicas proporciones, irguiéndose sobre el cauce más llano del barranco.

Los distintos conjuntos dentro del emplazamiento

El Teatro, que podía albergar hasta unas 8.000 personas, y una amplia avenida flanqueada por las columnas próximas a los Templos. También, un extraordinario complejo habitacional, en el que no faltaba el agua. El preciado elemento, imprescindible para la vida, y tan difícil de conseguir en estos desérticos parajes, se obtenía gracias a la construcción de ingeniosos canales y albercas o depósitos subterráneos, creados para almacenar y distribuir el agua de las lluvias por toda la ciudad.

Avenida rodeada de columnas en Petra
Avenida rodeada de columnas en Petra

Mientras deambulaba por entre las ruinas arqueológicas de la antigua ciudad, la principal incógnita que seguía rondando por mi cabeza era la de intentar comprender cómo en un ambiente tan inhóspito, los Nabateos, un pueblo de origen nómada, llegó a construir esta gigantesca metrópoli, en la que se pueden observar los diversos estilos arquitectónicos de la época: romano, griego e incluso egipcio; todo un símbolo de poder y riqueza en medio de tan desolados parajes.

Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra
Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra

Un espectacular secreto escondido en el desierto y que, tan solo 200 años atrás, era la tierra donde moraban los Djinn, unos genios invisibles, a los que las antiguas leyendas del desierto, contadas de generación en generación por los beduinos del sur de Jordania, atribuían la creación de estas fabulosas y misteriosas edificaciones.

Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle
Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle

Ascensión hasta Ad-Deir / El Monasterio de la misteriosa ciudad de Petra

Pero a pesar de los genios de las leyendas y del calor sofocante que caía sobre nuestras cabezas, estaba claro que subiría los más de 800 escalones que ascendían esculpidos en las rocas, por escarpados barrancos, hasta la zona en la que se ubica uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Petra, el Ad-Deir o Monasterio para conseguir ver y fotografiar esta maravilla.  

Beduinos en camello atravesando el valle
Beduinos en camello atravesando el valle

El Monasterio, es uno de los edificios más importantes del complejo arquitectónico de Petra. Su fachada exterior, esculpida en la roca, mide 48 metros de alto por 47 de ancho. El frontal de la edificación, exhibe un pórtico flanqueado por columnas y en su interior se encuentran dos amplias salas, que durante el periodo bizantino fueron utilizados como capilla cristiana, de ahí el nombre de Monasterio (Deir en árabe). La mayoría de los turistas que acuden a Petra con una excursión programada de un solo día se quedan sin la oportunidad de visitarlo, debido a la lejanía de esta construcción con respecto al resto del conjunto y, también, al escabroso camino de acceso a través de barrancos y nuevos desfiladeros en los que se hace necesario emplear casi una hora en subirlos, según las condiciones físicas de cada cual.

El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle
El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle

Un final memorable de la visita a Petra

Pero llegar hasta allí arriba tenía su recompensa. Un montón de fotografías desde todos los ángulos posibles y un merecido refresco sentado a la sombra, en el improvisado kiosco que los actuales descendientes de los antiguos Nabateos (o así lo afirman los beduinos que allí viven), habían montado estratégicamente frente a la pétrea y colosal edificación. Desde allí, reflexionaba sobre el posible origen de toda esta increíble obra formada por cientos de construcciones, la mayoría de ellas directamente talladas en las paredes rocosas de los escarpados cañones.

Circunstancias, todas las aquí narradas, por las que la misteriosa ciudad de Petra no deja de sorprender a todo aquel que tiene la oportunidad de visitarla y contemplarla.

Antropología, turismo y fotografía

El turismo y su relación con los habitantes y los entornos de destino acaban afectando a la cultura y las costumbres de los pueblos receptores. Esta nueva realidad social se ve incrementada por un factor de carácter invasivo, el uso de cámaras y móviles con aplicaciones de fotografía digital. Se está convirtiendo cada vez más (especialmente entre los pobladores del llamado primer mundo), en un sistema de comunicación globalizado, propiciado por la posibilidad de realizar, transmitir y exponer imágenes de manera inmediata.

Turistas agolpados frente al palacio de Amalienborg, en Copenhague, para hacer fotos del cambio de guardia.

Esta nueva moda de plasmar cada detalle de las vivencias de un viaje, para luego mostrarlas como souvenir o recuerdo entre los amigos, en las cada vez más populares redes sociales, tales como Facebook o Instagram, está afectando de manera artificiosa, las relaciones entre visitante y anfitrión. Crean situaciones  que, finalmente, acaban por alterar la manera en que se desarrollan las propias costumbres sociales de los pueblos que habitan en los destinos turísticos.

Niños bucean para recoger las monedas que les tiran los turistas, en la playa de la isla Goreé, en la costa de Senegal

Sobre todo, en aquellos en los que las costumbres y tradiciones ancestrales aún prevalecen como cotidiana manifestación social. Los efectos originados por el modo de vivir de los turistas influyen directamente en los miembros de los pueblos visitados, introduciendo nuevos hábitos y costumbres o llegando, incluso, a convertirlos en comunidades que parecen permanecer en un  estado de ‘musealización’ permanente, para así satisfacer a la expectativa folklórica demandada por los visitantes foráneos.

Jóvenes practicando lucha senegalesa, en las playas de Dakar, para llamar la atención de los turistas

Estas razones han llevado a diferentes sociólogos y antropólogos a establecer sus teorías sobre cómo influye la figura del turista y todo el entramado comercial que le rodea en los pueblos visitados. Algunas de estas teorías establecen que el hombre desea viajar para comprender y apreciar la diversidad del mundo que le rodea, mientras que otras solo ven en el turista la representación del hombre moderno en su búsqueda de ocio y descanso. Estas diferentes concepciones sobre el deseo humano de viajar, podrían servir como base para establecer tres principales actores en la escena: viajeros, turistas y locales. Todos interactuando entre sí con un mayor o menor grado de influencia, sobre los usos y costumbres de cada uno de ellos.

Pastor en las montañas del Atlas marroquí

Como norma general, cuando en tu ruta viajera encuentres una reacción de aversión, recelo, timidez o, incluso, miedo en el personaje al que pretendes retratar, es que estás realizando tu camino fuera de los circuitos turísticos. Si por el contrario, el sujeto se muestra y posa complaciente para la fotografía que pretendes realizar, a la vez que te reclama una merecida compensación económica, sin lugar a dudas, estás en un territorio turístico ya trillado.

Jóvenes marroquíes disfrazados de beduinos, esperan en un mirador natural sobre el pueblo de Tinerhir, a la llegada de turistas

Y aunque es obvio que en esta segunda opción la imagen ya no contará ni con la autenticidad ni con la naturalidad de las tomadas en las rutas no convencionales, no por ello dejará de ser un testimonio de la realidad globalizada que se vive en estos destinos, y las imágenes obtenidas seguirán teniendo un valor documental, que reflejará los nuevos conceptos sociales y antropológicos que se han instaurado en estos emplazamientos geográficos que el turismo ha ido transformando.

Manual de fotografía de viajes: conceptos y consejos

En el práctico y manejable Manual de fotografia de viajes que acabo de publicar, encontrarás una recopilación de conceptos y consejos básicos sobre equipos y técnicas de fotografía para obtener mejores resultados en tus capturas de imágenes viajeras.

La fotografía de viajes es una experiencia creativa que nos permite relacionarnos con otros ambientes en los que se manifiestan paisajes, sociedades y costumbres diferentes a las de nuestro entorno habitual. Las fotografías obtenidas durante estas experiencias son a menudo insustituibles. Por esto, es importante estar bien preparado y tener conocimientos prácticos, respecto a los equipos y las técnicas de fotografía, que vamos a usar.

 

Tras las huellas de Hemingway en La Habana

La primera vez que viaje a Cuba, llevaba entre mi lista de prioridades seguir las huellas de Hemingway en La Habana, y en particular, visitar los dos establecimientos más frecuentados por este escritor y periodista estadounidense durante el tiempo que vivió en la isla. La obra y vida de este singular personaje, comenzó a interesarme en mi época de estudiante, con ocasión de un trabajo que tuve que realizar para la asignatura de inglés sobre una de sus obras más insignes, The old man and the sea, en español El viejo y el mar.

Las huellas de Hemingway en La Habana

Ernest Miller Hemingway, nacido en Illinois (un suburbio de Chicago) viajó y vivió por medio mundo, como escritor y reportero de prensa. Durante la década de 1940 a 1950, fijó su residencia en Cuba. Su conocida  afición por las bebidas alcohólicas le llevaba a frecuentar todo tipo de bares, restaurantes y tabernas. En La Habana, era cliente habitual de dos establecimientos, La Bodeguita del Medio y el Floridita. Estos conocidos locales deben su fama internacional a su relación con tan insigne personaje. En una de las paredes de la Bodeguita del Medio escribió en inglés la frase “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquiri en el Floridita”.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio

La Bodeguita del Medio

En este establecimiento de restauración, que tanta fama internacional ha adquirido, se sigue sirviendo comida típicamente criolla, a base de arroz, frijoles, yuca, puerco (cerdo) y pollo. Todo ello regado con bebidas de producción cubana, en especial ron y el famoso mojito, un combinado de ron, azúcar, limón, agua y hierba buena o menta. El singular nombre de La Bodeguita del Medio, al parecer, le viene dado por la propia clientela, debido  a su diferenciada situación en la mitad de una calle, ya que lo normal era que todas las bodegas o fondas de la ciudad se instalasen en las esquinas, por ser esta una ubicación mucho más estratégica y visible.

En mi primer viaje a Cuba, pude disfrutar en diferentes ocasiones de la rica gastronomía que se servía en este establecimiento, mientras disfrutaba de la buena música en vivo que ofrecía el grupo de turno, así como de los famosos mojitos, que en mi visita privilegiada como periodista gráfico a la trastienda, pude observar con todo detalle en su proceso de elaboración.

Durante esta primera estancia en La Habana, llegué a hacerme casi tan habitual de la Bodeguita como el propio Hemingway. Tanto que uno de los cocineros, con el que entablé cierta mistad, acabó invitándome a su fiesta de cumpleaños.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita

UNA SEGUNDA VISITA A LA BODEGUITA

En mi segunda visita a la isla, después de algo más de una década, me encuentro con que casi no puedo ni entrar al establecimiento, debido a la cantidad tan ingente de turistas que se agolpaban dentro y fuera del local. Pero ya que estaba allí, no quería quedarme sin mojito, así que me abrí paso como pude entre la gente y situándome en un extremo de la barra solicité mi primer trago.

Hice algunas fotos y quedé en volver cuando la cosa estuviese más despejada. En una segunda vuelta conseguí pillar el local con menos embotellamiento turístico, pero mientras disfrutaba tranquilamente de mis mojitos y compartía conversación con el personal de la Bodega, intermitentes oleadas de turistas de todas las nacionalidades, se agolpaban ante la puerta, cámara o móvil en mano y sin mediar palabra se ponían a “disparar” fotos como posesos.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita

Por suerte, esta vez se conformaban con las instantáneas (supongo que para dejar constancia de su “visita” a la Bodega en las redes sociales), sin entrar a consumir. Esto me permitió seguir disfrutando de mi mojito, sin tener que luchar codo a codo, por mantener mi plaza en la barra de tan reducido local. Mientras abandonaba la Bodeguita, para dirigirme al Floridita, reflexionaba sobre en cómo cambian las cosas, y en cómo reaccionaría ante esta casi cómica situación el aventurero Hemingway, si levantara la cabeza.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana

Restaurante bar Floridita

Este establecimiento, fundado en 1817, al igual que la Bodeguita, debe su fama mundial al recuerdo de la presencia de Hemingway, que acudía casi a diario para disfrutar de los exquisitos daiquiris que preparaban en el que él llamaba “el mejor bar del mundo”. Con el tiempo, el Floridita se convirtió en un lugar dedicado a la memoria de este escritor. Las paredes están decoradas con fotos enmarcadas en las que se muestran algunas escenas de la vida de este azaroso personaje. Y una estatua de bronce, que lo representa apoyado sobre la barra a tamaño real, ocupa ahora su rincón favorito dentro del bar.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita

En mi primer viaje, ya perdido en el tiempo, solía compartir algunas de mis tardes en la ciudad de La Habana con este Hemingway, cuya imagen perpetuada en bronce seguía controlando todo lo que sucedía en el bar. Entre los dos llegó a surgir una especie de complicidad que tenía como puntos comunes el gusto por los daiquiris y por los espacios tranquilos, que los refrescantes y amplios salones del local nos ofrecían. Muchas eran las ocasiones en las que acudía hasta el Floridita para escapar del húmedo calor y del agobiante trasiego de la ciudad. Allí, en aquel rincón, podía disfrutar de un excelente y refrescante trago acompañado con la lectura de un libro, sin más presencia en aquel santuario de paz y sombra, que la del insigne aventurero convertido en perpetuo y silencioso testigo de bronce, el personal del local y la mía propia.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri

SEGUNDA VEZ EN LA FLORIDITA

En la actualidad, Hemingway, convertido en perpetuo testigo de bronce, asiste impasible como cliente fijo e inamovible al continuo peregrinaje de visitantes curiosos que lo rodean para hacerse fotos junto a su imagen, sin ni siquiera pedirle permiso. Llegando incluso, en los momentos de mayor afluencia a invadir, sin ningún tipo de reparo, su tan valorado rincón del Floridita, ignorando sin respeto ni pudor su presencia. En esta última visita, se me hizo muy difícil acercarme hasta su rincón para saludarle. Cuando por fin pude abrirme paso para  llegar hasta él, pude comprobar desde su punto de vista como nos habían cambiado el ambiente de aquel selecto, tranquilo y sereno Floridita de los 90.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas

El local mostraba ahora un ambiente cargado de observadores asimétricos a los que solo parece motivarles la  búsqueda constante de instantáneas testimoniales para captar con sus móviles. Observadores que, finalmente, acaban observándose los unos a los otros. Este es la nueva tendencia y actitud viajera que el turismo de masas acaba por imponer en la mayoría de los lugares que entran a formar parte de los circuitos turísticos. Todo parece reducirse a un “yo estuve aquí” inmortalizado con una foto digital en las redes sociales.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores

Así que, en esta ocasión y desde una esquina menos tranquila en la barra del Floridita con un refrescante daiquiri en la mano, solo me restaba elevar mi copa y brindar, entre el ruido y la algarabía que ascendía en el aire del local, por la memoria del tiempo pasado que compartí con la tranquila y silenciosa presencia del estimado Hemingway.