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La misteriosa ciudad de Petra, excavada en la roca

Visitar la misteriosa ciudad de Petra era desde siempre uno de los principales objetivos viajeros que deseaba cumplir. Por eso, organicé este viaje a la Jordania legendaria y arqueológica para, de esta manera, sentir, disfrutar y fotografiar de forma directa, las extraordinarias edificaciones excavadas y ocultas entre las rojizas piedras del Valle del Aravá.

La ciudad creada por los Nabateos, un pueblo de origen nómada que habitualmente vivía en sencillas tiendas construidas con piel de cabra, sigue sorprendiendo a todo aquel que la visita. Así mismo debió sucederle a Jean Louis Burckhardt, el aventurero de origen suizo que viajando disfrazado de mercader árabe explorando el interior de África, acabó descubriendo en 1812 la antigua y misteriosa ciudad, oculta en el interior de las montañas, y de la que le hablaban los beduinos que iba encontrando en su camino.

Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra
Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra

LA MISTERIOSA CIUDAD DE PETRA

A la ciudad de Petra, oculta durante más de 2000 años entre los desfiladeros y elevaciones de las montañas que se extienden sobre el Valle del Aravá, una frontera natural entre las fértiles tierras de Palestina y las desérticas tierras de Arabia, se accede a través de un angosto y estrecho desfiladero de 1.200 metros de longitud, con paredes que superan los 80 metros de altura y que en ocasiones apenas dejan pasar la luz del Sol. Pero cuando llegas al final del desfiladero, antes de acceder a la zona más amplia e iluminada, se vislumbran los perfiles de la primera construcción, de nombre Al-Khazneh, más conocida como El Tesoro.

Es en ese preciso momento cuando puedes llegar a comprender y experimentar la emoción que debió sentir su descubridor, cuando tras atravesar ese estrecho, con los peligros de emboscada que suponía, se encontró con esta increíble construcción de estilo helenístico, labrada en la piedra, y que, al parecer, sirvió como tumba de un importante rey Nabateo.

Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro
Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro

Nada te prepara para tu primera impresión de la misteriosa ciudad de Petra

Tengo que reconocer que, a pesar de toda la información que como es habitual había consultado previamente, y de las numerosas fotos y mapas que estuve visionando antes de viajar a la misteriosa ciudad de Petra, una vez logré atravesar el desfiladero y recrearme con la increíble construcción que se erige en esta entrada principal, no pude dejar de asombrarme a cada nuevo paso que daba. Entre las montañas, se erigían verdaderos conjuntos arquitectónicos esculpidos entre las altas y rojizas rocas, alternando su presencia con otras construcciones de clásicas proporciones, irguiéndose sobre el cauce más llano del barranco.

Los distintos conjuntos dentro del emplazamiento

El Teatro, que podía albergar hasta unas 8.000 personas, y una amplia avenida flanqueada por las columnas próximas a los Templos. También, un extraordinario complejo habitacional, en el que no faltaba el agua. El preciado elemento, imprescindible para la vida, y tan difícil de conseguir en estos desérticos parajes, se obtenía gracias a la construcción de ingeniosos canales y albercas o depósitos subterráneos, creados para almacenar y distribuir el agua de las lluvias por toda la ciudad.

Avenida rodeada de columnas en Petra
Avenida rodeada de columnas en Petra

Mientras deambulaba por entre las ruinas arqueológicas de la antigua ciudad, la principal incógnita que seguía rondando por mi cabeza era la de intentar comprender cómo en un ambiente tan inhóspito, los Nabateos, un pueblo de origen nómada, llegó a construir esta gigantesca metrópoli, en la que se pueden observar los diversos estilos arquitectónicos de la época: romano, griego e incluso egipcio; todo un símbolo de poder y riqueza en medio de tan desolados parajes.

Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra
Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra

Un espectacular secreto escondido en el desierto y que, tan solo 200 años atrás, era la tierra donde moraban los Djinn, unos genios invisibles, a los que las antiguas leyendas del desierto, contadas de generación en generación por los beduinos del sur de Jordania, atribuían la creación de estas fabulosas y misteriosas edificaciones.

Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle
Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle

Ascensión hasta Ad-Deir / El Monasterio de la misteriosa ciudad de Petra

Pero a pesar de los genios de las leyendas y del calor sofocante que caía sobre nuestras cabezas, estaba claro que subiría los más de 800 escalones que ascendían esculpidos en las rocas, por escarpados barrancos, hasta la zona en la que se ubica uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Petra, el Ad-Deir o Monasterio para conseguir ver y fotografiar esta maravilla.  

Beduinos en camello atravesando el valle
Beduinos en camello atravesando el valle

El Monasterio, es uno de los edificios más importantes del complejo arquitectónico de Petra. Su fachada exterior, esculpida en la roca, mide 48 metros de alto por 47 de ancho. El frontal de la edificación, exhibe un pórtico flanqueado por columnas y en su interior se encuentran dos amplias salas, que durante el periodo bizantino fueron utilizados como capilla cristiana, de ahí el nombre de Monasterio (Deir en árabe). La mayoría de los turistas que acuden a Petra con una excursión programada de un solo día se quedan sin la oportunidad de visitarlo, debido a la lejanía de esta construcción con respecto al resto del conjunto y, también, al escabroso camino de acceso a través de barrancos y nuevos desfiladeros en los que se hace necesario emplear casi una hora en subirlos, según las condiciones físicas de cada cual.

El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle
El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle

Un final memorable de la visita a Petra

Pero llegar hasta allí arriba tenía su recompensa. Un montón de fotografías desde todos los ángulos posibles y un merecido refresco sentado a la sombra, en el improvisado kiosco que los actuales descendientes de los antiguos Nabateos (o así lo afirman los beduinos que allí viven), habían montado estratégicamente frente a la pétrea y colosal edificación. Desde allí, reflexionaba sobre el posible origen de toda esta increíble obra formada por cientos de construcciones, la mayoría de ellas directamente talladas en las paredes rocosas de los escarpados cañones.

Circunstancias, todas las aquí narradas, por las que la misteriosa ciudad de Petra no deja de sorprender a todo aquel que tiene la oportunidad de visitarla y contemplarla.

Antropología, turismo y fotografía

El turismo y su relación con los habitantes y los entornos de destino acaban afectando a la cultura y las costumbres de los pueblos receptores. Esta nueva realidad social se ve incrementada por un factor de carácter invasivo, el uso de cámaras y móviles con aplicaciones de fotografía digital. Se está convirtiendo cada vez más (especialmente entre los pobladores del llamado primer mundo), en un sistema de comunicación globalizado, propiciado por la posibilidad de realizar, transmitir y exponer imágenes de manera inmediata.

Turistas agolpados frente al palacio de Amalienborg, en Copenhague, para hacer fotos del cambio de guardia.

Esta nueva moda de plasmar cada detalle de las vivencias de un viaje, para luego mostrarlas como souvenir o recuerdo entre los amigos, en las cada vez más populares redes sociales, tales como Facebook o Instagram, está afectando de manera artificiosa, las relaciones entre visitante y anfitrión. Crean situaciones  que, finalmente, acaban por alterar la manera en que se desarrollan las propias costumbres sociales de los pueblos que habitan en los destinos turísticos.

Niños bucean para recoger las monedas que les tiran los turistas, en la playa de la isla Goreé, en la costa de Senegal

Sobre todo, en aquellos en los que las costumbres y tradiciones ancestrales aún prevalecen como cotidiana manifestación social. Los efectos originados por el modo de vivir de los turistas influyen directamente en los miembros de los pueblos visitados, introduciendo nuevos hábitos y costumbres o llegando, incluso, a convertirlos en comunidades que parecen permanecer en un  estado de ‘musealización’ permanente, para así satisfacer a la expectativa folklórica demandada por los visitantes foráneos.

Jóvenes practicando lucha senegalesa, en las playas de Dakar, para llamar la atención de los turistas

Estas razones han llevado a diferentes sociólogos y antropólogos a establecer sus teorías sobre cómo influye la figura del turista y todo el entramado comercial que le rodea en los pueblos visitados. Algunas de estas teorías establecen que el hombre desea viajar para comprender y apreciar la diversidad del mundo que le rodea, mientras que otras solo ven en el turista la representación del hombre moderno en su búsqueda de ocio y descanso. Estas diferentes concepciones sobre el deseo humano de viajar, podrían servir como base para establecer tres principales actores en la escena: viajeros, turistas y locales. Todos interactuando entre sí con un mayor o menor grado de influencia, sobre los usos y costumbres de cada uno de ellos.

Pastor en las montañas del Atlas marroquí

Como norma general, cuando en tu ruta viajera encuentres una reacción de aversión, recelo, timidez o, incluso, miedo en el personaje al que pretendes retratar, es que estás realizando tu camino fuera de los circuitos turísticos. Si por el contrario, el sujeto se muestra y posa complaciente para la fotografía que pretendes realizar, a la vez que te reclama una merecida compensación económica, sin lugar a dudas, estás en un territorio turístico ya trillado.

Jóvenes marroquíes disfrazados de beduinos, esperan en un mirador natural sobre el pueblo de Tinerhir, a la llegada de turistas

Y aunque es obvio que en esta segunda opción la imagen ya no contará ni con la autenticidad ni con la naturalidad de las tomadas en las rutas no convencionales, no por ello dejará de ser un testimonio de la realidad globalizada que se vive en estos destinos, y las imágenes obtenidas seguirán teniendo un valor documental, que reflejará los nuevos conceptos sociales y antropológicos que se han instaurado en estos emplazamientos geográficos que el turismo ha ido transformando.

Manual de fotografía de viajes: conceptos y consejos

En el práctico y manejable Manual de fotografia de viajes que acabo de publicar, encontrarás una recopilación de conceptos y consejos básicos sobre equipos y técnicas de fotografía para obtener mejores resultados en tus capturas de imágenes viajeras.

La fotografía de viajes es una experiencia creativa que nos permite relacionarnos con otros ambientes en los que se manifiestan paisajes, sociedades y costumbres diferentes a las de nuestro entorno habitual. Las fotografías obtenidas durante estas experiencias son a menudo insustituibles. Por esto, es importante estar bien preparado y tener conocimientos prácticos, respecto a los equipos y las técnicas de fotografía, que vamos a usar.

 

Tras las huellas de Hemingway en La Habana

La primera vez que viaje a Cuba, llevaba entre mi lista de prioridades seguir las huellas de Hemingway en La Habana, y en particular, visitar los dos establecimientos más frecuentados por este escritor y periodista estadounidense durante el tiempo que vivió en la isla. La obra y vida de este singular personaje, comenzó a interesarme en mi época de estudiante, con ocasión de un trabajo que tuve que realizar para la asignatura de inglés sobre una de sus obras más insignes, The old man and the sea, en español El viejo y el mar.

Las huellas de Hemingway en La Habana

Ernest Miller Hemingway, nacido en Illinois (un suburbio de Chicago) viajó y vivió por medio mundo, como escritor y reportero de prensa. Durante la década de 1940 a 1950, fijó su residencia en Cuba. Su conocida  afición por las bebidas alcohólicas le llevaba a frecuentar todo tipo de bares, restaurantes y tabernas. En La Habana, era cliente habitual de dos establecimientos, La Bodeguita del Medio y el Floridita. Estos conocidos locales deben su fama internacional a su relación con tan insigne personaje. En una de las paredes de la Bodeguita del Medio escribió en inglés la frase “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquiri en el Floridita”.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio

La Bodeguita del Medio

En este establecimiento de restauración, que tanta fama internacional ha adquirido, se sigue sirviendo comida típicamente criolla, a base de arroz, frijoles, yuca, puerco (cerdo) y pollo. Todo ello regado con bebidas de producción cubana, en especial ron y el famoso mojito, un combinado de ron, azúcar, limón, agua y hierba buena o menta. El singular nombre de La Bodeguita del Medio, al parecer, le viene dado por la propia clientela, debido  a su diferenciada situación en la mitad de una calle, ya que lo normal era que todas las bodegas o fondas de la ciudad se instalasen en las esquinas, por ser esta una ubicación mucho más estratégica y visible.

En mi primer viaje a Cuba, pude disfrutar en diferentes ocasiones de la rica gastronomía que se servía en este establecimiento, mientras disfrutaba de la buena música en vivo que ofrecía el grupo de turno, así como de los famosos mojitos, que en mi visita privilegiada como periodista gráfico a la trastienda, pude observar con todo detalle en su proceso de elaboración.

Durante esta primera estancia en La Habana, llegué a hacerme casi tan habitual de la Bodeguita como el propio Hemingway. Tanto que uno de los cocineros, con el que entablé cierta mistad, acabó invitándome a su fiesta de cumpleaños.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita

UNA SEGUNDA VISITA A LA BODEGUITA

En mi segunda visita a la isla, después de algo más de una década, me encuentro con que casi no puedo ni entrar al establecimiento, debido a la cantidad tan ingente de turistas que se agolpaban dentro y fuera del local. Pero ya que estaba allí, no quería quedarme sin mojito, así que me abrí paso como pude entre la gente y situándome en un extremo de la barra solicité mi primer trago.

Hice algunas fotos y quedé en volver cuando la cosa estuviese más despejada. En una segunda vuelta conseguí pillar el local con menos embotellamiento turístico, pero mientras disfrutaba tranquilamente de mis mojitos y compartía conversación con el personal de la Bodega, intermitentes oleadas de turistas de todas las nacionalidades, se agolpaban ante la puerta, cámara o móvil en mano y sin mediar palabra se ponían a “disparar” fotos como posesos.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita

Por suerte, esta vez se conformaban con las instantáneas (supongo que para dejar constancia de su “visita” a la Bodega en las redes sociales), sin entrar a consumir. Esto me permitió seguir disfrutando de mi mojito, sin tener que luchar codo a codo, por mantener mi plaza en la barra de tan reducido local. Mientras abandonaba la Bodeguita, para dirigirme al Floridita, reflexionaba sobre en cómo cambian las cosas, y en cómo reaccionaría ante esta casi cómica situación el aventurero Hemingway, si levantara la cabeza.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana

Restaurante bar Floridita

Este establecimiento, fundado en 1817, al igual que la Bodeguita, debe su fama mundial al recuerdo de la presencia de Hemingway, que acudía casi a diario para disfrutar de los exquisitos daiquiris que preparaban en el que él llamaba “el mejor bar del mundo”. Con el tiempo, el Floridita se convirtió en un lugar dedicado a la memoria de este escritor. Las paredes están decoradas con fotos enmarcadas en las que se muestran algunas escenas de la vida de este azaroso personaje. Y una estatua de bronce, que lo representa apoyado sobre la barra a tamaño real, ocupa ahora su rincón favorito dentro del bar.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita

En mi primer viaje, ya perdido en el tiempo, solía compartir algunas de mis tardes en la ciudad de La Habana con este Hemingway, cuya imagen perpetuada en bronce seguía controlando todo lo que sucedía en el bar. Entre los dos llegó a surgir una especie de complicidad que tenía como puntos comunes el gusto por los daiquiris y por los espacios tranquilos, que los refrescantes y amplios salones del local nos ofrecían. Muchas eran las ocasiones en las que acudía hasta el Floridita para escapar del húmedo calor y del agobiante trasiego de la ciudad. Allí, en aquel rincón, podía disfrutar de un excelente y refrescante trago acompañado con la lectura de un libro, sin más presencia en aquel santuario de paz y sombra, que la del insigne aventurero convertido en perpetuo y silencioso testigo de bronce, el personal del local y la mía propia.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri

SEGUNDA VEZ EN LA FLORIDITA

En la actualidad, Hemingway, convertido en perpetuo testigo de bronce, asiste impasible como cliente fijo e inamovible al continuo peregrinaje de visitantes curiosos que lo rodean para hacerse fotos junto a su imagen, sin ni siquiera pedirle permiso. Llegando incluso, en los momentos de mayor afluencia a invadir, sin ningún tipo de reparo, su tan valorado rincón del Floridita, ignorando sin respeto ni pudor su presencia. En esta última visita, se me hizo muy difícil acercarme hasta su rincón para saludarle. Cuando por fin pude abrirme paso para  llegar hasta él, pude comprobar desde su punto de vista como nos habían cambiado el ambiente de aquel selecto, tranquilo y sereno Floridita de los 90.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas

El local mostraba ahora un ambiente cargado de observadores asimétricos a los que solo parece motivarles la  búsqueda constante de instantáneas testimoniales para captar con sus móviles. Observadores que, finalmente, acaban observándose los unos a los otros. Este es la nueva tendencia y actitud viajera que el turismo de masas acaba por imponer en la mayoría de los lugares que entran a formar parte de los circuitos turísticos. Todo parece reducirse a un “yo estuve aquí” inmortalizado con una foto digital en las redes sociales.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores

Así que, en esta ocasión y desde una esquina menos tranquila en la barra del Floridita con un refrescante daiquiri en la mano, solo me restaba elevar mi copa y brindar, entre el ruido y la algarabía que ascendía en el aire del local, por la memoria del tiempo pasado que compartí con la tranquila y silenciosa presencia del estimado Hemingway. 

Los mejores momentos de luz para fotografía de viajes

La luz es la base de la fotografía. De hecho la denominación de fotografía, viene de la raíz etimológica griega phos, que significa luz y grafe que se refiere a escribir o grabar. De esta manera, fotografía viene a ser la acción de escribir o grabar con luz. Dicho de otra manera, la fotografía es una actividad que se desarrolla en base a la captura de la incidencia de la luz, ya sea de origen natural o artificial, en seres y objetos, durante un tiempo determinado. En este sencillo artículo vamos a recordarte cuales son los diferentes y mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Jardines de Taj Mahal en la ciudad de Agra, India

Cuando estás de viaje, debes tener en cuenta que la luz varía de manera considerable según en qué parte del mundo te encuentres y también en la época del año en que viajes pero, en líneas generales, para fotografiar en los distintos momentos del día, deberías tener en cuenta las siguientes anotaciones:

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: Hasta el mediodía

Amanecer. Si deseas obtener buenas tomas del lugar merecerá la pena que te levantes muy temprano. Mejor si es cuando la mayoría de las personas aún duerman. Las primeras luces del día son limpias y claras, aunque algo frías. Esto influye en la captura de buenas instantáneas, dotándolas con un enérgico efecto modelador. Es debido a que las incipientes luces de la mañana producen escasa sombra y poca diferencia entre las zonas iluminadas y las que permanecen en la umbría.

A la salida del sol. Cuando el sol comienza a repartir sus primeros rayos, la luz se deriva hacia tonos más cálidos, en los que predomina el rojo sobre el azul del amanecer. Los objetos directamente iluminados adquieren una alta definición y hasta un halo más romántico, si así me permites definirlo.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Trabajadores entrando a la ciudad de Bikaner a primeras horas del día, Rajasthan, India

La luz de la mañana. Comprende la franja horaria que va desde la salida del sol hasta un par de horas antes del mediodía. Los cielos permanecen más azules, con una luz clara, buena visibilidad y sombras definidas, aunque no demasiado oscuras. Es el periodo de luz más usado por la mayoría de los fotógrafos profesionales, de viajes como otras disciplinas.

Mediodía. Por regla general, esta es la peor franja del día para realizar fotografías. La luz del sol cae demasiado perpendicular, creando sombras duras y molestas visualmente. Aprovecha el momento para buscar algún rincón con encanto donde probar alguna de las especialidades gastronómicas del lugar. De paso, podrás realizar algunas fotografías del interior con los platos y el ambiente.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Imagen del Big Ben y palacio de Westminster al tardecer en la ciudad de Londres

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: de la tarde a la noche

La luz de la tarde. Cuando el sol comienza a declinar sobre el horizonte, la luz vuelve a ser suave y modeladora con los paisajes. Es una luz muy adecuada para realizar contraluces. También es ideal para retratos porque le confiere un agradable y cálido tono de piel a los sujetos retratados.

Puestas de sol. Si vas a realizar fotografías al atardecer no tengas prisa. Sitúate con tu cámara en el trípode en el lugar que te parezca adecuado. Disfruta del espectáculo y espera mientras todo sucede de manera natural. Ve realizando diferentes tomas (horquillado) a medida que la luz va cambiando. Abandona el lugar con el último rayo de luz. Así disfrutarás al máximo de la experiencia y tú alma viajera se beneficiará de su magia. Es, sin duda, uno de los mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Torres de un palacio en Jodhpur al atardecer

Isla de Malta: histórica y mediterránea

El trasiego de jóvenes que acuden cada temporada para estudiar inglés en Malta, junto a la continua afluencia de cruceros cargados de turistas, están convirtiendo el archipiélago maltés, en uno de los enclaves más visitados del Mediterráneo. El clima suave, la huella de la historia presente en cada uno de sus rincones y la herencia cultural visible en las costumbres y tradiciones de sus pobladores, hacen de la isla un enclave muy atractivo para aquellos que la visitan. Ya seas un estudiante que aprovecha la ocasión para aprender idiomas y descubrir nuevos destinos, un crucerista o un empedernido viajero en busca de nuevas experiencias, te aseguro que la isla de Malta, no te va a dejar indiferente.

Barcos en uno de los muelles de La Valeta, capital de Malta.

Aún recuerdo la magnífica impresión que desde la proa del barco en el que viajaba, me causó la vista de los múltiples puertos y embarcaderos que asomaban en cada rincón de la intrincada y laberíntica bahía de La Valeta, capital de la república de Malta. Mientras, el color amarillento de la piedra caliza con la que se construyeron los altos muros de defensa y los edificios de la ciudad, impregnaba el singular paisaje que ahora se ofrecía ante mi asombrada mirada.

Barco de pesca y vista de la ciudad de La Valeta

La estratégica situación geográfica de la isla en medio del Mediterráneo motivó que fuese poblada y conquistada una y otra vez por las diferentes civilizaciones que poblaron las regiones continentales más cercanas. Fenicios, cartagineses y romanos dejaron su huella y cultura en las pequeñas islas. Más tarde, bizantinos, vándalos, árabes y normandos sicilianos se disputaron el territorio. La isla junto a la de Sicilia, también estuvo bajo el dominio de la Corona de Aragón, hasta que en 1530 el rey Carlos I la cedió a los Caballeros Hospitalarios, más conocidos como los caballeros de la Orden de Malta, que junto a la Santa Liga formada por España, Venecia y Génova lograron detener el avance turco.

Barcos y amarillentos edificios de caliza, se asoman al frente costero de la ciudad.

Fue en este convulso periodo cuando se construyó la ciudad fortificada de La Valeta, que tanto me impresiono y que más tarde acabaría ocupando Napoleón Bonaparte en su viaje a Egipto. Con el tiempo, los malteses se rebelaron contra los franceses y fueron los británicos los que tomaron el control, convirtiendo el archipiélago en su protectorado, hasta septiembre de 1964, en que Malta proclamó su independencia.

La enumeración de estos datos y acontecimientos históricos, se hace casi necesaria para poder entender el carismático ambiente que el visitante se va a encontrar durante su visita a la isla de Malta. Pasear por las estrechas calles de La Valeta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es caminar por escenarios anclados en la memoria de la Historia. Desvencijados edificios de los que sobresalen curiosos balcones de madera, normalmente pintados de verde, junto a las altas murallas defensivas, restos del tumultuoso y conflictivo pasado de la ciudad, completan el decorado de tan peculiar emplazamiento.

Herméticos y descuidados balcones de madera, asoman en las fachadas de piedra caliza.

Además de La Valeta, se hace interesante visitar la ciudad amurallada de Mdina y algunos otros puntos del interior de la isla. Para esta pequeña incursión nada mejor que usar el medio de transporte público más singular de la isla: los legendarios autobuses de color amarillo y naranja, decorados a la manera oriental que presupongo herencia de las culturas musulmanas y con el volante a la derecha, legado británico indiscutible.

Peculiares autobuses de transporte público en la isla de Malta.

Viajar en uno de estos llamativos autobuses, es toda una experiencia que recomiendo a cualquier viajero que visite la isla. Solo observar a los diferentes tipos de pasajeros que hacen uso de estos transportes mientras te trasladas rumbo a tu nuevo destino, bien merece el paseo.

Moderna y luminosa ciudad de Tel-Aviv

A finales del pasado año 2017 la Oficina de Turismo de Israel me contactaba para solicitar mi participación en una exposición fotográfica sobre el país. La muestra, inaugurada en el pasado 27 de noviembre, se expondría en las instalaciones que la compañía B The Travel Brand tiene en Madrid, con 23 imágenes aportadas por otros tantos seleccionados fotoperiodistas españoles.

Mientras visualizaba las fotografías obtenidas en mi visita a Israel, para realizar una primera selección, recordaba las agradables sensaciones y experiencias que me aportaron los lugares visitados durante mi recorrido por el país. En especial la ciudad de Tel-Aviv, una urbe joven, dinámica y luminosa, que me cautivó desde el primer momento en que pisé sus calles. Y, curiosamente, fue una imagen tomada en la avenida marítima de esta ciudad la que los organizadores seleccionaron para la exposición.

Junto a la foto seleccionada en las instalaciones de B The Travel Brand

A mi entender, en esa captura que habían elegido se sintetizaba el espíritu evolutivo de la ciudad. En la imagen un joven en bañador sujetaba una tabla de surf, mientras esperaba a que un semáforo de la avenida marítima le permitiera el paso a la otra acera, en la que destacaba un moderno edificio de extraña concepción arquitectónica junto a las vallas de una nueva obra y una espigada grúa de color rojo. Modernidad, cultura, progreso y juventud, esto es lo que puede observarse en la instantánea, y en cada rincón de Tel-Aviv.

Ambiente joven y multicultural, en la costa de la ciudad

La ciudad, fue creada al norte de la antigua ciudad y puerto mediterráneo de Yafo, en el año 1909, como un primer barrio residencial con el nombre de Akhuzat Bayit. La zona pronto comenzó a expandirse y se fueron creando nuevos barrios hasta llegar a conformar un importante núcleo urbano, que en 1910 fue renombrado como Tel-Aviv, que viene a significar “Colina de la Primavera”.

Precisamente, en uno de esos populosos y acogedores barrios establecí mi temporal alojamiento. Había alquilado un piso vacacional, a través de Internet, para de esta manera poder relacionarme de una manera más directa, con la vida diaria de sus propios ciudadanos. El resultado fue bastante satisfactorio, el ambiente del barrio, era de lo más tranquilo y el entorno muy agradable. Los bloques de apartamentos, eran edificios de no más de tres plantas, rodeados de árboles y zonas ajardinadas.

Barrio residencial al norte de la ciudad

Me gustaba salir por las mañanas, dirigirme a la amplia avenida que cruzaba la zona para comprar el pan y tomarme un expreso en la terraza del bar de la esquina, junto a una pequeña tienda de comestibles. Los jóvenes camareros y camareras me atendían de manera cordial y respondían amigablemente ante mis demandas de información sobre el lugar. Tras estos preámbulos comenzaba cada mañana con mis incursiones por la ciudad, la mayoría de las veces a pie (que dicho sea de paso, siempre es la mejor manera de descubrirla) dada la estratégica situación del apartamento.

Zona de playas en la costa de la ciudad

Catorce kilómetros de blancas playas, puertos deportivos, avenidas, hoteles y zonas ajardinadas, se extienden frente al Mediterráneo para uso y disfrute de propios y foráneos. El ambiente en la zona costera de la ciudad era de lo más variopinta y animada, pero esta diversidad no es solo reflejo de la multinacionalidad de sus visitantes. También es consecuencia directa, de la continua afluencia de inmigrantes judíos, que venidos hasta el Estado de Israel, desde las antiguas comunidades soviéticas, europeas y americanas, han propiciado de manera evidente el carácter internacional y cosmopolita que se respira en toda la ciudad.

Una joven observa el skyline de la ciudad, desde la terraza de un restaurante en Jaffa

Tras el largo y gratificante paseo por la costa, el panorama urbano plagado de altas estructuras y edificios va quedando atrás, dando paso a la antigua y reconstruida ciudad portuaria de Jaffa. En esta zona urbana, se ubican algunas de las más importantes iglesias, monasterios y mezquitas de la zona, tales como la iglesia de san Pedro y el Monasterio Franciscano. Pasear por los jardines construidos sobre lo más alto de la colina, que dominada el puerto, visitar galerías de arte, adquirir interesantes artículos de artesanía y joyería o degustar un buen pescado de la zona, en cualquiera de los restaurantes repartidos por sus calles y puerto completará la visita a tan histórico lugar en el que en otros tiempos desembarcaban las expediciones militares de los Cruzados para dirigirse a Tierra Santa.

Vista del histórico puerto de Jaffa

Siguiendo con mi periplo por Tel-Aviv, me adentro por las callejuelas del barrio de Neve-Tzedek, primer asentamiento judío construido en las afueras de Yaffa, actualmente convertido en un encantador barrio repleto de cafeterías, bares y tiendas en las que destacan un especial toque de bohemia y modernismo. Un barrio tranquilo con buenos ambientes, en el que merece la pena alojarse en alguno de los pequeños hoteles o habitaciones de la zona, tal como yo mismo hice a mi vuelta del Mar Rojo. Su estratégica ubicación permite desplazarse fácilmente hasta la zona de playas, el viejo puerto de Jaffa, la popular zona de Florentín, donde abundan los restaurantes y cafeterías de moda, o el cercano mercado del Carmel.

Puesto de venta de verduras en el mercado del Carmel

El Carmel es un enorme mercado al aire libre ubicado en el barrio de los yemenitas y muy cercano al barrio de Neve Tzedek, que está considerado como uno de los mercados de mayores dimensiones en todo el Oriente Medio. Entre sus calles, compartiendo espacio con los puestos de frutas, verduras y mercancías de todo tipo, se encuentran numerosas galerías de arte que exhiben y ofrecen obras de seleccionados artistas nacionales e internacionales. Pasear por entre las diferentes calles del Mercado Carmel y del barrio que lo circunda es toda una experiencia de olores y colores para los sentidos que no debes perderte.

Vista de la plaza Dizengoff, en el centro urbano de la ciudad

Si te gusta el arte arquitectónico, en las calles y avenidas de los diversos barrios de Tel Aviv podrás ir localizando diferentes edificios de innovadores y atrevidos diseños que en ocasiones incluso parecen desafiar a las leyes más elementales de la gravedad.

La zona de Tel Aviv conocida como Ciudad Blanca hace referencia al lugar de la ciudad donde más edificios de estilo Bauhaus, fueron construidos en los años treinta por arquitectos judíos alemanes que escaparon del régimen nazi. La construcción de numerosos edificios de arquitectura modernista repartidos por toda la ciudad hizo que la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad en el año 2003.
La tendencia general de incorporar nuevos edificios de corte arquitectónico modernista a la ciudad sigue siendo un valor cultural y artístico añadido en Tel Aviv.

4 ciudades monocromáticas del Rayastán

En la India, es evidente el gusto que muestran sus habitantes por el uso de los colores en cada manifestación de su vida diaria. Ropajes, casas, enseres, vehículos y hasta los animales, son decorados en cada momento y ocasión con alegres y vivarachos colores. Por esta razón, escribir sobre cuatro ciudades monocromáticas ubicadas en el estado de Rayastán (Rajasthan) podría hasta parecer paradójico. Pero curiosamente, y sin obedecer a ninguna razón establecida, las ciudades de Jaipur, Jodhpur, Jaisalmer y Púshkar, destacan por la uniformidad de tonos que muestran la mayoría de sus edificios. Esta peculiaridad ha propiciado que también se las conozca con los sobrenombres de ciudad rosa, azul, dorada y blanca.

1. Jaipur, la ciudad rosa. A esta fascinante ciudad de bulliciosos bazares y opulentos palacios, fundada como capital del estado en 1727, también se la reconoce con el apodo de La Ciudad Rosa. Este sobrenombre le viene dado por el color que ostentan los edificios más emblemáticos, así como de los muros y puertas que se extienden alrededor del centro histórico de la ciudad.

Palacio de los Vientos, Hawa-Mahal, en el centro de Jaipur

2. Jodhpur, la ciudad azul. Esta imagen de ciudad azul que conocemos tiene su origen en el barrio de Brahmapuri, un antiguo poblado perteneciente a la casta brahmana, que pintaban de azul índigo sus viviendas para distinguirlas de los demás, costumbre que con el tiempo se extendió y popularizó entre el resto de vecinos que comenzaron a pintar sus casas con este singular color añil. El curioso aspecto azul, se aprecia mucho mejor, cuando se contempla la ciudad desde las altas murallas del fuerte Mehrangarh.

Casas azules del barrio de Brahmapuri, en la ciudad de Jodhpur

3. Jaisalmer, la ciudad dorada. Jaisalmer es una remota ciudad del Rayastán situada a las puertas del desierto del Thar. Durante el siglo XVI, en la época de las grandes caravanas, llegó a ser un floreciente centro de comercio. Fue en ese periodo cuando los enriquecidos gobernantes y comerciantes construyeron formidables palacios y ornamentadas havelis, con la amarillenta arenisca de las canteras cercanas. Este material cuyo color se asemeja al de las doradas dunas que rodean la ciudad, ha propiciado a Jaisalmer el sobrenombre de Ciudad Dorada, un efecto que se puede apreciar de manera evidente, al observar las construcciones de la ciudad, especialmente, cuando las cálidas luces del atardecer inciden sobre los edificios.

Vista de las construcciones de arenisca, en la ciudad de Jaisalmer

4. Púshkar, la ciudad blanca. Es una pequeña población convertida en centro de peregrinación religiosa. La vida en este pequeño enclave gira en torno a los ghats sagrados del lago y entre los más de 400 templos que se esparcen a un lado y otro de la ciudad, todo ello combinado con la bulliciosa y colorida actividad de mercadillos y bazares. Todo un ejemplo de convivencia entre el mundo espiritual y el mundano.

Viviendas y templos, alrededor del lago sagrado de la ciudad de Pushkar

Cinco recomendaciones para fotografiar personas en tus viajes

Cuando estamos de viaje con la cámara siempre pretendemos captar todo lo que atrae nuestra atención del novedoso ambiente que nos rodea: pueblos, calles, plazas y todo aquello que suscite nuestro interés fotográfico. La presencia de personas en estas fotografías añade calor e interés a las imágenes obtenidas. Pero acercarse a personas desconocidas con el fin de entablar una esporádica relación que posibilite la realización de una sugerente y atractiva fotografía, no es tarea al alcance de todos. Por este motivo, aquí expongo algunas conductas y sugerencias a tener en cuenta a la hora de establecer contacto con otras personas a las que deseamos incluir en nuestras fotografías de viajes.

Joven con camello en el poblado de Tinerhir, sur de Marruecos

Intencionadamente, en el título de este artículo me refiero a personas y no hago mención al termino gentes, definición de conjunto o grupo humano. Cada persona tiene su propia identidad y ante este circunstancia, a la hora de intentar realizar nuestras fotografías con inclusión de personas, debemos tratar de interactuar con ellas con psicología, diplomacia y sobre todo, respeto.

En algunos de mis viajes, sobre todo en los realizados a las zonas más frecuentadas por el turismo de masas, he podido observar la molesta y poco respetuosa conducta de algunos (demasiados) turistas fotógrafos compulsivos, que con la cámara pegada al ojo van fotografiando a diestro y siniestro, sin consulta ni permiso, como si estuvieran fotografiando animales en un Zoológico. Estoy seguro que a nadie le gustaría que un desconocido, nos apunte con su cámara y se ponga a tomarnos fotos, sin más.

Turistas hacen fotos al camarero de La Bodeguita del Medio, en La Habana

En los enclaves de gran afluencia turística, suelen encontrarse algunos personajes, normalmente ataviados con vestimenta relacionada con el entorno, que se dejan fotografiar a cambio de algunas monedas, pero esto no significa que todos los habitantes de ese lugar, deban dejarse fotografiar por las hordas de turistas que invaden la ciudad cada día.

Personaje disfrazado de “la Máscara” en la plaza Dam de Amsterdam

Si tu intención es la de obtener algunos buenos retratos de los lugareños te recomendaría (siempre según mi experiencia), los siguientes preceptos:

Actitud. Mantén una actitud natural y sincera, ante las personas con las que te vas encontrando y evita las manifestaciones de miedo o repulsa. Mira a los ojos de tus intercomunicadores con franqueza y energía, pero sin actitudes desafiantes ni despectivas, saluda con respeto, cordialidad y sobre todo sonríe. Sonríe de manera natural y sincera, la sonrisa es una expresión muy humana, que siempre abre puertas -de hecho la conocida expresión de “sonría por favor” siempre ha estado muy vinculada al mundo de la fotografía-.

Comunícate. Para realizar fotografías a personas desconocidas debes establecer, previamente, una mínima relación personal. En ocasiones el desconocimiento del idioma o dialecto, puede parecer un problema insolventable, pero te sorprenderás con lo efectivo que puede resultar  establecer comunicación con otras personas, a través del lenguaje gestual y dejándote llevar por estos mágicos códigos de comunicación, que son creados a través de gestos y miradas.

Grupo familiar en las playas de Tajin, Gambia

Infórmate. La ignorancia es una mala compañera de viaje que puede darte desagradables sorpresas. Antes de aventurarte a realizar fotos en un lugar desconocido infórmate de las costumbres religiosas, sociales y culturales del país o de la región que estás visitando. Es conveniente saber ciertas cosas antes de que comiences a disparar fotos de un lado para otro como, por ejemplo, que en las comunidades de religión musulmana no está bien visto que se hagan fotos a las mujeres.

Campesina en un poblado agrícola de Rajasthan, India

Apréndete algunas palabras y frases de utilidad en el idioma o dialecto local, te servirán para comunicar tus deseos más elementales y además, atraerás la simpatía de los lugareños, que valoraran favorablemente tu actitud e interés por la cultura local. Además de las típicas frases de saludo y solicitud de servicios o información, yo siempre procuro aprender otras tres frases fundamentales, para el desarrollo de mis intenciones, la primera es “soy fotógrafo”, la segunda “puedo hacer una foto” y la tercera “gracias”.

Taxista de Tuk-tuk, en New Delhi, India

Aléjate de las rutas convencionales. Procura buscar rutas y lugares alternativos diferentes a los que son más frecuentados por los turistas habituales. Si estas en una ciudad, muévete por los emplazamientos en los que se desenvuelven día a día los residentes del lugar, tales como mercados, plazas o estaciones. Introdúcete en locales y ambientes donde no llegan los turistas. Lleva la cámara de manera visible, pero no pretendas hacer fotos desde el primer momento. Relájate e implícate en el ambiente, tomate un café, té o lo que creas más oportuno. Verás como al tiempo lograras despertar el interés de los que te rodean, queriendo saber algo sobre ti, de que país vienes, a que te dedicas y cosas por el estilo. Al final, lo más increíble será que estos nuevos conocidos te pedirán que les hagas unas fotos, cosa que te hubieran negado con la típica frase de “No camera, No fotos” si en el primer momento en que llegaste, te hubieras puesto a fotografiar indiscriminadamente y sin ningún contacto humano previo.

Beduinos en el interior de una Jaima, desierto de Wadi Rum, Jordania

Agradecimiento. Sé generoso y agradecido con los improvisados modelos que utilices en tus fotografías de viajes. En ocasiones un pequeño regalo o compensación económica contribuyen a que las personas fotografiadas se sientan más felices y predispuestas. Enséñales las fotos que realices en la pantalla digital de la cámara, en la mayoría de los casos se producen alegres reacciones que sirven para reforzar la confianza entre fotógrafo y fotografiado, entre risas y sentimientos de aprobación.

Guerreros de la secta Sij, en el pueblo sagrado de Pushkar, India

Si tuvieses la posibilidad de llevar contigo una pequeña cámara instantánea haz una toma para dejársela como recuerdo, en caso contrario y si te pide que le envíes una copia de la fotografía que has tomado, toma nota de la dirección de la persona y cuando llegues a casa preocúpate de enviarle la foto solicitada, tal vez no te encuentres nunca más con esa persona, pero habrás cumplido con tu compromiso y contigo mismo.

Descubre Gambia, el país de la sonrisa

The smiling coast of Africa (la costa sonriente de África), así reza el slogan de la oficina de Turismo del país. Deduzco que esta frase promocional, tiene asociada, dos acepciones posibles. La primera destacar, el carácter amable y hospitalario de sus gentes y la segunda, algo más gráfica, se corresponde con la forma que tiene el país, cuando lo visualizamos en un mapa.
Gambia, a pesar de ser el país más pequeño del África continental, es también uno de los más diversos, en cuanto a geografía y paisaje. Con una extensión de 10.300 kilómetros cuadrados y con algo menos de 2 millones de habitantes, el país que ocupa la mitad del curso inferior y las dos riberas del río, que toma su nombre, se presenta como un lugar idóneo, donde los viajeros puedan iniciarse en la aventura africana. Desde el primer momento que pises el país, oirás con frecuencia, la frase de “Gambia, no pasa nada”, una clara versión del “Gambia, no problem”, que algunos gambianos repiten como si de un mantra se tratase, cuando desean acercarse a los visitantes de habla hispana, especialmente en las zonas turísticas.

Playa de Sunset Beach, en la zona turística

En Gambia se ofrecen buenas instalaciones hoteleras rodeadas de largas playas y frondosos palmerales donde, efectivamente, el visitante puede descansar y tomar el sol sin que nadie le moleste, y sin que realmente “pase nada”. Pero para descubrir la verdadera esencia de África, conviene salir de la zona de confort, entremezclarse con la gente en calles y mercados, dejando que una explosión de ruidos y colores, se apodere de tus sentidos.

Tras ese primer baño de africanidad, ya sabrás que aquí, a los turistas se les llama Touba ó Tuba (como suena en español), una palabra que los lugareños utilizan para referirse al hombre blanco y que tiene su origen en las monedas (un par de chelines) que los primeros viajeros ingleses solían darle a los niños de los poblados visitados. Estos chelines o shilling (en inglés) eran popularmente conocidos en la época colonial con el nombre de Bob. Así que cuando algún blanco se acercaba a algún barrio o poblado, los chiquillos corrían a su lado con las manos extendidas, para pedir sus deseados two bob (dos chelines), que en su mal pronunciado inglés, sonaba Toubab.

Si finalmente decides ser un Tuba explorador, deseoso de conocer algo más que las playas y las zonas destinadas al turismo del país, lo recomendable es que contrates el servicio de guías profesionales, de esta manera te evitaras los indeseables contratiempos que pudieran surgirte en el camino. La compañía Gambia Tours, es una de las más preparadas y experimentadas. En su página web encontrarás variadas opciones para recorrer el país.

Rutas en camiones 4×4 por el interior del país

Una vez elegidos itinerarios, guía y vehículo, solo resta iniciar la aventura para descubrir este interesante territorio africano, aunque antes tal vez deberías tener en consideración algunos importantes conceptos relacionados con el idioma, la cultura y las relaciones sociales.

Gambia, fue colonia del Imperio Británico hasta 1965 y el inglés sigue siendo la lengua oficial del país, junto al árabe y las lenguas tribales, tales como mandinka, wolof, fula y serer, entre otras. Sabiendo esto, tal vez además del inglés, puedas aprender algunas palabras en los dos principales idiomas nativos, aunque solo sean sencillos saludos. Con esta actitud conseguirás que te acepten con una amplia sonrisa de hospitalidad y hasta desearan contribuir con tu aprendizaje de las lenguas maternas, enseñándote nuevas palabras. Una vez que hayas aprendido a ganarte la simpatía de tus anfitriones, toca aprender a mostrar respeto por sus costumbres, cultura y religión.

Cuando quieras tomar fotografías (algo tan extendido entre los viajeros de hoy día) debes pedir permiso antes y te conviene saber que en el islam, es una falta de respeto a la familia tomar fotos a las mujeres sin permiso. La falta de respeto continuado que muchos turistas muestran a la hora de tomar fotografías está ocasionando que la gente del lugar te increpe cuando te ven apuntando con tu cámara sobre los escenarios en que desarrollan su vida cotidiana. Recuerda que las actividades de su vida personal no forman parte de ningún show turístico.

Teniendo en buena consideración estas básicas premisas, ya podremos disfrutar con el descubrimiento de los sugerentes pueblos y paisajes que este pequeño país ofrece.

Vista de la ciudad de Banjul, desde el mirador del Arco 22

Banjul, la actual capital del país, fue fundada en 1816 por los británicos sobre la isla de St. Mary, ubicada en la desembocadura del río Gambia. En la ciudad abundan los viejos edificios coloniales que comparten el espacio urbano entre improvisadas chabolas y alguna que otra moderna construcción, como el famoso Arco 22 que, junto a la plaza 22 julio, fueron construidos para conmemorar el golpe de estado llevado a cabo por el anterior presidente, Yahya Jammeh, en 1994. También merece la pena visitar el Museo Nacional y como no, el colorido y tumultuoso Albert Market.

Fachada exterior del Albert Market, en Banjul

La isla, – que toma su nombre de la palabra Bang julo, usada por el pueblo mandinka, para referirse a las cuerdas de fibra que fabricaban con las hojas y cañas de los abundante cañaverales existentes en la isla antes de la llegada de los británicos – está conectada con las regiones del norte del continente por medio de viejos transbordadores y por un par de puentes con las del sur.

Transbordador a Barra, llegando al puerto de Banjul

Serekunda, es la zona más próxima a Banjul y también la que más crece, al contrario de lo que sucede en la capital, que permanece acotada por las propias dimensiones físicas de la isla en la se construyó. La industria hotelera ha elegido las zonas de costa de Serekunda, para ubicar sus instalaciones, en el marco de los paisajes de playas y palmeras de la zona, que sirven de reclamo turístico.

El crecimiento económico de la nueva ciudad también atrae a miles de nacionales que, llegados desde las regiones más remotas del país, buscan en Serekunda la oportunidad de conseguir una mejor y más cómoda vida. Sin embargo, la gran mayoría acaba malviviendo en el interior de hacinados barrios, bajo los techos de chapa metálica de improvisadas casas construidas entre calles de tierra y polvo que siguen extendiéndose como telas de araña sobre los áridos descampados que rodean la ciudad.

Vista aérea de una zona de mercado, en Serekunda

Aún así, a pesar del evidente caos, Serekunda merece ser explorada con calma para impregnarse con el colorido y apabullante ambiente de sus calles y mercados. Cuando el ajetreo de esta movida zona empiece a embotar nuestros sentidos, tal vez sea el momento de cambiar de aires y realizar una visita a la cercana zona de Bakau, donde se encuentra el curioso estanque de Katchikally, plagado de impresionantes cocodrilos del Nilo, que la gente del lugar vinculaba con ciertos ritos de fertilidad y que ahora se ha convertido prácticamente en una atracción turística más.

Cocodrilos en la charca de Katchikally

En las Playas de Tanji y Sanyang, a este lado de la costa atlántica, los esforzados pueblos de pescadores ocupan cada día las playas con sus coloridas canoas, y a diferencia de la tranquilidad que reina en las playas turísticas, en estas otras el movimiento  de gente y barcas es constante durante la mayor parte del día. Desde muy temprano los pescadores salen a la mar con sus pesadas barcas en busca de la captura diaria, y cuando regresan al atardecer la playa se convierte en toda una exhibición de movimiento y color. Con un ritmo frenético y entre el graznido de las cientos de gaviotas que sobrevuelan la escena, los hombres con pesados cubos sobre sus espaldas descargan el pescado hasta los secaderos.

Movimiento de barcas y gente, en las playas de Tanji

Otros se agrupan en torno a las pesadas embarcaciones para, con gran esfuerzo, sacarlas del agua rodando sobre troncos hasta la arena de la playa, mientras las mujeres, con sus trajes de llamativos colores, se dedican a limpiarlos y cubrirlos con sal para su posterior secado o ahumado. Sin duda, un espectáculo que no debes perderte.

Mujeres salando pescados, en la zona de los secaderos, en las playas de Sanyang

Albreda, Juffureh e isla James, tres lugares que te transportaran en el tiempo hasta una de las épocas más oscuras de la humanidad, la de la esclavitud. Y aunque esta se practicaba entre las tribus nativas que tomaban como esclavos a los enemigos derrotados, no fue hasta el siglo XVI, con la colonización de América, en que esta cruel costumbre se vio incrementada por árabes y europeos. Para llegar hasta estos enclaves es mejor hacerlo en barco, navegando río adentro, hasta llegar al viejo embarcadero de Albreda. Una vez en tierra el visitante podrá observar, junto a un frondoso árbol y un viejo cañón, una enorme escultura con forma humana que muestra sus brazos en alto y en sus muñecas unos grilletes rotos. La cabeza es la propia bola del mundo y en su base puede leerse “Never Again” (nunca más). La casa de los descendientes de Kunta Kinteh y el museo de Juffureh completan la visita.

Monumento que rememora el final de la esclavitud, en el poblado de Albreda

Frente al embarcadero de Albreda se puede divisar la isla James donde se almacenaban los esclavos que iban a ser enviados al nuevo mundo. Navegamos hacia esta pequeña isla, que nos parece envuelta en el misterio. La neblina y las extrañas siluetas de los baobabs contribuyen con esta visión. Unas canoas se acercan al barco para trasladarnos hasta la isla en la que ahora solo quedan algunos cañones oxidados y los derruidos muros de lo que un día fue un flamante fuerte británico.

Una de las canoas que hacen el transporte hasta James island

Parques y reservas naturales repartidos por toda la geografía del país harán las delicias para los amantes de la naturaleza, que podrán disfrutar de una amplia variedad de especies de aves así como de cocodrilos, hienas y monos. La Reserva Nacional de Abuko, muy cerca de Serekunda, cuenta con varios puestos para la observación de aves. Entre la zona de manglares del Mandina Bolon, afluente del río Gambia, se extiende la reserva natural de Makasutu, una zona de frondosa vegetación repleta de aves en la aún habitan grupos de monos babuinos.

Circulando en un vehículo 4×4, por las pistas de acceso a Makasutu

Espero con estas líneas haber contribuido a despertar el deseo de explorar este pequeño país africano, imbricado en el río que le da nombre y que ha sido testigo de tantas historias a lo largo del tiempo. Por mi parte, ya estoy deseando poder establecer nuevas rutas que me lleven hasta las zonas más profundas del país.