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Ruta de ecoturismo por Gambia y Senegal

Mientras navego entre manglares por el Delta del Sine-Saloum, sentado en la zona de proa, permanezco en silencio. Un silencio que también parecía haberse apoderado de todos los pasajeros y la tripulación con los que compartía barca. Solo el monótono ronroneo del motor fuera borda y el constante chapoteo del agua contra el caso de la vieja embarcación, mientras se abría paso a través de las oscuras aguas, sobresalía sobre el fragor natural de la selva. La magia del momento me confirmaba que cuando se viaja, no solo lo hacemos a través de junglas y desiertos sino que al final el viaje que más nos gratifica, es el que hacemos al interior de uno mismo.

Navegando por el Delta de los ríos Sine y Saloum

Con la vista puesta en el horizonte disfruto una vez más de la experiencia de surcar los ríos de África. Aquellos que cuando niño veía dibujados en los coloridos mapas geográficos que tanto me atraían y que me hacían soñar con que algún día emularía las hazañas de exploradores como Speke, Burton, Livingstone o Stanley.

Mapas, libros de notas y cámaras, herramientas imprescindibles en mis viajes

Y aunque el África de hoy ya no se corresponde con ese escenario de cacerías, tesoros escondidos y vida salvaje a los que hacían alusión en su obras los románticos escritores de la época colonial. El continente, sigue ofreciendo extraordinarios enclaves en los que los viajeros pueden disfrutar del contacto con sus gentes y paisajes, a pesar de que la Coca-Cola, el wifi, y los teléfonos inteligentes ya están presentes hasta en los más recónditos rincones de su geografía.

Turistas a bordo de un cayuco navegan en la zona de Joal-Fadiouth de Senegal

Una nueva forma de viajar, conocida como ecoturismo o turismo de naturaleza, comienza a surgir a finales del pasado siglo XX, como alternativa al turismo tradicional. Orientando sus objetivos hacia actividades que estén más en consonancia con la sostenibilidad y la preservación del medio natural. Esta modalidad permite al viajero tener un contacto más directo con la realidad del país visitado, y además de contribuir con el desarrollo de las comunidades nativas, se fomentan la preservación de los ecosistemas y de la fauna.

Fotografiando baobabs en Senegal

Y aunque habitualmente suelo realizar mis viajes fotográficos en solitario, por la necesidad de establecer y planificar mis propias rutas de trabajo, esta nueva tendencia me pareció idónea para combinarla con la organización de futuros viajes fotográficos que pretendo promover para grupos reducidos.

Un hombre asciende por el tronco de una palmera con un rudimentario arnés

Los vecinos países de Senegal y Gambia, a los que ya he viajado en diferentes ocasiones y por diferentes objetivos, son idóneos para realizar este tipo de rutas. Ambos, comparten lenguas, etnias y estrechos vínculos familiares. Por estos últimos motivos a esta región del África occidental también se la conoce con el nombre unificador de Senegambia, surgido tras el acuerdo de Confederación que ambos países suscribieron en 1981 y disuelto oficialmente en 1989. En realidad, Gambia es un pequeño país que extendiéndose sobre los márgenes del río del que toma su nombre, divide a Senegal, de mayor superficie, en dos. Una de esas caprichosas herencias del colonialismo.

Campos de cultivo entre árboles de anacardos y palmeras

Estos dos países a los que solo los diferencian el idioma oficial y las costumbres recibidas de franceses e ingleses cuentan además con una interesante diversidad paisajística: extensas playas de fina arena, exuberantes zonas selváticas, serpenteantes ríos rodeados de amplias zonas de manglares, que permiten la navegación, en barcos o canoas, y amplias zonas utilizadas como  reservas de animales que junto a la sencillez y talante hospitalario de sus pueblos propician la práctica de interesantes rutas de ecoturismo en esta zona de la costa occidental africana.

Guiados por jóvenes nativos que además del idioma español demuestran un amplio conocimiento de la Historia, costumbres y leyendas de sus países, las Rutas de ecoturismo a través de Gambia y Senegal, ofrecen al viajero experiencias y sensaciones inolvidables.

Gaviotas sobre un descolorido cayuco de pesca, en la playa de Tanji en Gambia

En los primeros días, una obligada visita a la singular ciudad de Banjul, capital histórica de Gambia, y su abigarrado mercado. La playa de Tanji, donde al atardecer llegan los cayucos para descargar su preciada carga de pesca diaria, es otro de los enclaves a visitar. Cada día, cientos de personas esperan en la orilla la llegada de los barcos, especialmente grupos de mujeres que se afanan con la venta del pescado, en la misma playa.

Cientos de personas esperan la llegada de los barcos de pesca, en las playas de Tanji

La zona protegida de Makasutu, con sus frondosos  senderos  que serpentean entre termiteros y palmerales, es otro de los escenarios a visitar. Un poblado de artesanos, manadas de inquietos monos babuinos  y un paseo en canoa por el río Mandina Bolong, completan las rutas por el pequeño país de Gambia.

Fotografía aérea del río Mandina Bolong a su paso por Makasutu

El viejo y destartalado Ferry que une la ciudad de Banjul con el puerto de Barra es testigo de nuestro nuevo trasiego de mochilas. Ya desembarcados  una furgoneta nos espera para emprender camino hacia la frontera con Senegal y más tarde hasta la Reserva Natural de Fathala, situada a tan solo 10 kilómetro de la frontera.

Vehículos 4×4 para recorrer la Reserva Natural de Fathala, en Senegal

Recorrer kilómetros de pistas en un 4×4, a través de polvorientos caminos, y avistar algunos de los animales que viven en la reserva compensa el esfuerzo realizado. Mientras fotografiamos a jirafas, antílopes y gacelas, podemos observar cómo mientras unos andan ocupados con su alimentación, sin que al parecer le importe nuestra intromisión, otros nos contemplan curioso. Al parecer se sienten tan atraídas por nuestra presencia como nosotros por la de ellas.

Girafas y antílopes en la reserva Natural de Fathala, Senegal

El Delta del Sine-Saloum es nuestro próximo destino. Es una de las regiones más bellas de Senegal, en la que abunda una gran variedad de paisajes. Pequeñas islas, bosques, lagunas y manglares, que sirven de hábitat protegido para infinidad de especies animales. 

Cayuco en las aguas del Sine-Saloum

Nos alojaremos en un sencillo campamento ubicado en la isla de Sipo, al que se llega tras unos treinta minutos de navegación desde la orilla continental y otros tantos andando desde el pequeño pueblo de pescadores en el que desembarcamos. El campamento, gestionado por los propios pueblos que habitan en la Reserva, se vislumbra como un autentico remanso de paz, en el que disfrutar de la naturaleza en su más extenso sentido.

Vista de mi cabaña en el campamento de Keur – Bamboung de la isla de Sipo

Senderismo entre los bosques cercanos, paseos por los manglares durante la marea baja y navegación en kayak por el río, esperan a los viajeros para mostrar el lado más autentico de la zona.

Un enorme baobab sobresale sobre las cabañas en un poblado de Sipo

Camino de Dakar pernoctaremos en Palmarin, junto a la costa. Tras acomodarnos en un exótico lodge frente a la playa podremos visitar la zona, subidos en carretas tiradas por caballos al más puro estilo local.

Subidos en rudimentarias carretas, los viajeros recorren las marismas de Palmarin

Palmarin, ubicada en una gran lengua de arena que se extiende entre el océano y la desembocadura de los ríos Sine y Saloum, ofrece un onírico paisaje plagado de palmeras, baobabs y salinas. Los pozos de sal, cuyos derechos de explotación se traspasan de madres a hijas, constituyen uno de los singulares atractivos de la zona.

Esbeltas palmeras y majestuosos baobabs, una constante en el paisaje de Palmarin

Recorrer al atardecer las extensas marismas bordeadas por espectaculares bosques de baobabs, con el propósito de avistar a las hienas que acuden a beber en las aguas del río, completa la jornada.

Hienas en las salinas de Palmarin

Por la mañana tras el recuento de las picaduras de mosquitos, y el reparador desayuno, seguimos con la ruta. La isla de Fadiouth era nuestro siguiente objetivo. Una isla construida sobre un lecho de conchas marinas que permanece unido a la zona continental por un largo puente.

Vista del puente que une la población de Joal con la isla de Fadiouth

La población de esta pequeña isla, al contrario que en el resto del país, es mayoritariamente cristiana y en su peculiar cementerio comparten el sueño eterno, cristianos y musulmanes, en tumbas custodiadas por los siempre presentes y venerados baobabs.

Un gigantesco baobab custodia las tumbas en el cementerio de Fadiouth

Dejando atrás esta bonita región del Sine Saloum, nos encaminamos hacia el final de la aventura, y la isla de Goree en Dakar es nuestro siguiente objetivo. Una isla tristemente conocida por su histórica utilización como centro de internamiento y tráfico de los esclavos, que luego serían enviados a Europa y América. Cada día, hasta el pequeño puerto de la isla, llegan desde la ciudad de Dakar ferries cargados de bulliciosos grupos de escolares, comerciantes y, como no, turistas, que invaden las calles y plazas de tierra de esta pequeña isla.

Vista del patio interior de una antigua mansión de esclavos en la isla de Goree

Terminada la visita a Goree, se impone un obligado recorrido por la populosa ciudad de Dakar, antes de ponernos en camino hacia el Lago Rosa donde emulando al antiguo Rally de París-Dakar, estableceremos nuestra meta final.

Ruta por las playas cercanas al Lago Rosa a bordo de un viejo camión 4×4

Un recorrido en 4×4 por las extensas zonas de playas y arenales de los alrededores y una incursión en barca por las aguas del lago, en las que se afanan bajo un sol abrasador algunos hombres que, con rudimentarios utensilios, extraen palada a palada cientos de kilos de sal desde los fondos del lago.

Los hombres del lugar se afanan cada día, en extraer la sal desde el fondo del Lago Rosa

La sal extraída se va depositando en el interior de sus barcas, y una vez llenas del preciado elemento las acercan con enorme esfuerzo hasta la orilla, donde los grupos de mujeres, muchas de ellas con sus bebes a la espalda, cargan la sal en cubos que transportan sobre sus cabezas hasta las salinas cercanas.

Hombres y mujeres extrayendo sal en el Lago Rosa

El viaje toca a su fin, y con la mochila cargada de fotos, algunos buenos recuerdos y muchas nuevas experiencias, retomamos el camino a casa. Ahora toca editar y clasificar las fotos, ordenar las notas obtenidas y  comenzar a preparar una nueva aventura.

Zocos de Marrakech

La palabra Zoco o Souk proviene del árabe süq, y se refiere a los mercados propios de los países del norte de África. Estos zocos eran originalmente mercados al aire libre donde los comerciantes del lugar mercadeaban con las caravanas que realizaban las largas rutas comerciales. Con el paso del tiempo, y debido al crecimiento que experimentaban las ciudades, estos mercados se fueron integrando en el interior de los centros urbanos, y con la colonización europea, la utilización del término zoco también se exportó a occidente. Los zocos de Marrakech quizás sean los más populares del vecino Marruecos.

El ambiente de los zocos, siempre me ha causado una gran fascinación. Desde muy pequeño ya acompañaba a mi madre o a mis tías a la compra tanto en el zoco de Tánger como en el de Tetuán (ciudad donde nací). En mi memoria aún permanece viva la sensación que me causaban los vivos colores de las mercancías y productos de la tierra. Los penetrantes aromas de las especias y de las frutas, mezclados de manera ineludible con los olores de los excrementos de las ovejas, cabras y burros que circulaban por entre sus callejuelas. El vociferío de los vendedores promocionando sus mercaderías y el trasiego constante de gente que iba de un lado para otro por los angostos callejones. Más tarde, en posteriores etapas de mi vida, he podido visitar y fotografiar muchos de estos tradicionales y animados zocos en los diferentes países, pueblos y ciudades por los que he viajado.  Pasear por entre sus laberínticas calles aún sigue fascinando y alimentando mis sentidos.

Aromáticas y coloridas especias se muestran en cada rincón del Zoco.

Los zocos de la ciudad de Marrakech constituyen un escenario ideal para que el visitante pueda experimentar esas sensaciones a las que me refiero.  Surgida al amparo del auge militar y comercial, la ciudad floreció en una época en la que las grandes caravanas que realizaban las rutas comerciales, atravesaban el desierto del Sáhara, uniendo así el África negra con las grandes ciudades árabes del norte del continente. Marrakech y sus zocos adquirieron una notable importancia comercial, al convertirse en uno de los enclaves de abastecimiento más importante de la zona. En la actualidad, alrededor de estos mercados o zocos, que ocupan casi toda la mitad norte de la Medina, se sigue apreciando un intenso movimiento productivo y comercial, siendo además uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. En realidad, si vas a Marrakech y no te pierdes paseando por entre sus zocos no has disfrutado de la esencia de esta ciudad.

Teteras platedas de latón, expuestas en un comercio en el Zoco de Marrakech.

En estos abigarrados zocos, en los que podrás encontrar todo tipo de objetos y productos, conviene recordar que el regateo es parte del juego comercial. Una ley no escrita que propicia el trato comercial y personal entre vendedor y cliente. También conviene recordar que hay que actuar con cautela y respeto para con las costumbres culturales de los autóctonos, sobre todo a la hora de realizar fotografías a las personas. Para ejercer esta actividad (cada vez más extendida) es conveniente que antes de disparar pidas permiso a los improvisados modelos, así todo fluirá de una manera más satisfactoria y correcta para todos.

Comerciante en el interior de una tienda en el Zoco de Marrakech.

Y es que hoy día, con el masivo uso de cámaras digitales, teléfonos móviles o tablets que incorporan cámara de foto y vídeo por una gran parte de los turistas que recorren la ciudad con la actitud y el deseo irrefrenable de captar sus propios recuerdos para luego luego publicarlos en las redes sociales, es fácil entender que las gentes del país se sientan acosadas y hastiadas, y que, cada vez más, se nieguen, en ocasiones hasta de manera algo violenta, a ser tratadas como si fuesen personajes de un parque temático o animales de zoológico. 

Laberínticos paseos cubiertos con comercios atestados de mercancías variopintas.

Deambular pausadamente por entre las laberínticas callejuelas que conforman la medina es toda una experiencia, y a través del paseo curioso podremos acceder hasta los comercios y talleres de los diferentes gremios de artesanos que, agrupados por zonas o barrios, han dado origen a los diferentes zocos de Marrakech.

Aunque no es tarea fácil para el visitante distinguir los límites de estos zocos, repartidos por la medina de Marrakech, finalmente he podido destacar los que a continuación expongo:

1.- Zoco el Bab Salaam. Uno de los zocos más frecuentados por los turistas, al que acuden los nativos para proveerse de todo tipo de mercancías, que van desde productos varios de alimentación, especias, cosmética hasta comida para aves.

Pequeños puestos del Zoco, en los que se puede conseguir “casi de todo”.

2.- Zoco Zrabia o de las alfombras. Este zoco, en el que ahora se pueden apreciar coloridas alfombras y tapices de alegres dibujos geométricos, fue en otros tiempos un lugar en el que se celebraban las subastas de los esclavos que traían los negreros.

Bicicleta aparcada junto a unas alfombras colgadas en un muro del Zoco

3.- Zoco de los Tintoreros. Para los amantes de la fotografía, este zoco ofrece un colorido espectáculo con sus madejas de lana recién teñidas colgando para su secado en cuerdas o rústicos soportes de palo y caña, a lo largo de las calles en las que se ubican los talleres y comercios de este tradicional gremio de artesanos.

4.- Zoco Smata o de las babuchas. Las pequeñas tiendas y talleres de este zoco abren sus puertas cada día para ofrecer a los clientes sus originales y coloridas babuchas, realizadas en cuero con diferentes acabados y diseños, entre las que destacan los modelos más tradicionales acabados en punta.

Tienda repleta de coloridas babuchas en el interior del Zoco

5.- Zoco de los curtidores. Este mercado o barrio de curtidores está bastante alejado de la zona central, más frecuentada por los turistas, y la razón es bastante obvia, el nauseabundo olor que despiden las pieles de los animales que son empapadas en las grandes cubas de cemento. El olor es tan desagradable que los guías reparten hojas de hierbabuena a sus turistas para que colocándolas bajo las fosas nasales, puedan soportar el pestilente ambiente.

Zoco de curtidores un lugar poco frecuentado por los turistas convencionales.

Además de los expuestos en estas breves  referencias, la cantidad de zocos ubicados en la medina de Marrakech puede pasar de la veintena, y a esta lista habría que añadir unos cuantos más. Tales como el Zoco el Kebir, ubicado en una de las principales arterias de la medina y donde se exhiben atractivos artículos de cuero y marroquinería, el Zoco de Siyyaghin o mercado de las joyas, Zoco el Maazi, donde se comercia con pieles de cabra, Zoco Chourai, en el que trabajan los artesanos de la cestería y la madera, Zoco de Addadine, especializado en trabajos de latón y cobre… Así uno tras otro, el paseo te va introduciendo en este exótico mundo de los zocos, que te retrotraen en la historia o te trasladan hasta los escenarios imaginados en las mil y una noches.

Finalmente, entre tanto paseo por las intrincadas callejuelas y plazas de la medina en busca de los exóticos zocos llega el momento de realizar un alto en el camino y, si andas atento, entre tantos bazares y puestos siempre encontrarás algún rincón donde acomodarte para degustar cualquiera de los exquisitos platos de la cocina marroquí y tomarte un tiempo para  el merecido descanso.

En el Zoco de Marrakech podrás disfrutar de la excelente cocina marroquí y de su tradicional té de menta.

Distribuidos por la medina podrás encontrar gran variedad de establecimientos que ofrecen sus servicios de restauración, con diferentes estilos y tendencias, entre los que podrás elegir según tus gustos y posibilidades.

Restaurante adaptado para turistas, en la azotea de una casa en el centro de La Medina de Marrakech

Reserva de Bandia en Senegal

Como bien afirmaba el escritor inglés Graham Greene… “África será siempre la de la época de los mapas de la era victoriana, el inexplorado continente vacío con forma de corazón humano”.

Ciertamente, creo que el nombre de África seguirá evocando inevitablemente en muchos de nosotros aquellas casi ingenuamente idealizadas historias de intrépidos exploradores,  que se adentraban en el desconocido continente para descubrir los misterios y riquezas de tan salvajes parajes. La fauna africana, única, diversa y abundante también ha sido desde el principio, un símbolo identificativo del continente. La más característica y endémica, formada por leones, elefantes, jirafas, cebras, rinocerontes y otras miles de especies más, entre mamíferos, reptiles, anfibios y aves. Se ubican en la región tropical, más conocida como África Subsahariana. En muchas regiones de esta zona, la fauna había ido desapareciendo de manera gradual, debido a la presión demográfica y a la caza incontrolada y furtiva. La creación de Parques Naturales, para proteger la vida y el hábitat de estos animales, se hizo imprescindible.

En el vecino Senegal, podemos disfrutar de uno de estos santuarios, destinados a preservar la naturaleza. Nos referimos a la Reserva de Bandia, un entorno de 3.500 hectáreas de extensión. Plagado de enormes baobabs, acacias, matorrales espinosos y exuberante vegetación, donde conviven diferentes especies animales, en su mayoría mamíferos herbívoros.

La lista de los animales que conviven en esta reserva, es bastante surtida e interesante, cebras, jirafas, búfalos, antílopes, gacelas, jabalís monos, chacales, cocodrilos, tortugas, avestruces, algunos pocos ejemplares de rinocerontes blancos y más de 120 especies de aves, que habitan en el parque durante las épocas migratorias.

Situada a 65 kilómetros de Dakar y a tan solo 15 de la ciudad costera y turística de Saly, en la carretera de va de Mbour a la Casamance, la Reserva de Bandia es una visita que no deberías perderte. Puedes realizarla en taxi o coche privado, aunque eso sí, siempre se tiene que ir acompañado de un guía oficial de la reserva. También puedes hacerla en los vehículos todo-terreno que el parque tiene a la disposición de los visitantes, especialmente en la época de lluvias en la que el barro dificulta la conducción por entre las diferentes pistas de tierra que recorren este espacio.

Vehículos 4×4 en la entrada principal a la Reserva de Bandia en Senegal

Si te gusta la fotografía — como en mi caso – podrás en determinadas ocasiones, bajarte del vehículo siguiendo atentamente los consejos del guía. Dado que en el parque no habitan grandes carnívoros, los animales de la reserva se mueven con bastante tranquilidad. Esta circunstancia propicia el poder aproximarse a los animales, para realizar fotografías. Solo debes poner especial cuidado de no molestar demasiado a los rinocerontes y sobre todo ni te acerques a los avestruces, especialmente a los machos con plumaje blanco y negro, son de lo más agresivos. Especialmente en la época de apareamiento.  

El Parque cuenta con un nutrido equipo de guías expertos que te acompañaran en tu recorrido fotográfico por este inmenso bosque de baobabs, y gracias a su amplio conocimiento de la zona y del comportamiento de los animales te dirigirán hasta los lugares más propicios para el deseado avistamiento de las diferentes especies que habitan la reserva.

Gracias a los conocimientos del guía que me acompañaba, y tras algunos kilómetros recorriendo las polvorientas, pistas de tierra rojiza, tan características del paisaje africano, pudimos localizar a uno de los rinocerontes que habitan en el parque. Abandoné el vehículo, y me fui acercando sigilosamente hasta una distancia bastante prudencial. El animal estaba detrás de unos zarzales y parecía bastante tranquilo, aunque su inmensa mole acorazada y el imponente cuerno impresionaban bastante. Pero a pesar de todo, finalmente pude realizar algunas fotos de este extraordinario ejemplar. 

Unos kilómetros más adelante, nos encontramos con algunos avestruces, pero en esta ocasión, preferí hacer las fotos desde el interior del vehículo, a través de la ventanilla, por si las moscas. No debe ser muy agradable verse atacado por un ‘pájaro’ de entre 2 y 3 metros de altura y más de 180 kilos de peso, que no puede volar, pero corre más que tú.

Después de tantas emociones y precauciones acabo la jornada en el centro de visitantes, de rústica construcción. Desde la terraza del bar restaurante se puede observar una pequeña charca formada por las aguas del río Somone, a su paso por el parque. Allí, se revuelcan los búfalos y acechan los cocodrilos, disfrazados de troncos flotantes, mientras los monos chillan desde los árboles. Aprovecho para tomarme una cerveza bien fría y los guías (de religión musulmana), un refresco. 

Descubre Gambia, el país de la sonrisa

The smiling coast of Africa (la costa sonriente de África), así reza el slogan de la oficina de Turismo del país. Deduzco que esta frase promocional, tiene asociada, dos acepciones posibles. La primera destacar, el carácter amable y hospitalario de sus gentes y la segunda, algo más gráfica, se corresponde con la forma que tiene el país, cuando lo visualizamos en un mapa.
Gambia, a pesar de ser el país más pequeño del África continental, es también uno de los más diversos, en cuanto a geografía y paisaje. Con una extensión de 10.300 kilómetros cuadrados y con algo menos de 2 millones de habitantes, el país que ocupa la mitad del curso inferior y las dos riberas del río, que toma su nombre, se presenta como un lugar idóneo, donde los viajeros puedan iniciarse en la aventura africana. Desde el primer momento que pises el país, oirás con frecuencia, la frase de “Gambia, no pasa nada”, una clara versión del “Gambia, no problem”, que algunos gambianos repiten como si de un mantra se tratase, cuando desean acercarse a los visitantes de habla hispana, especialmente en las zonas turísticas.

Playa de Sunset Beach, en la zona turística

En Gambia se ofrecen buenas instalaciones hoteleras rodeadas de largas playas y frondosos palmerales donde, efectivamente, el visitante puede descansar y tomar el sol sin que nadie le moleste, y sin que realmente “pase nada”. Pero para descubrir la verdadera esencia de África, conviene salir de la zona de confort, entremezclarse con la gente en calles y mercados, dejando que una explosión de ruidos y colores, se apodere de tus sentidos.

Tras ese primer baño de africanidad, ya sabrás que aquí, a los turistas se les llama Touba ó Tuba (como suena en español), una palabra que los lugareños utilizan para referirse al hombre blanco y que tiene su origen en las monedas (un par de chelines) que los primeros viajeros ingleses solían darle a los niños de los poblados visitados. Estos chelines o shilling (en inglés) eran popularmente conocidos en la época colonial con el nombre de Bob. Así que cuando algún blanco se acercaba a algún barrio o poblado, los chiquillos corrían a su lado con las manos extendidas, para pedir sus deseados two bob (dos chelines), que en su mal pronunciado inglés, sonaba Toubab.

Si finalmente decides ser un Tuba explorador, deseoso de conocer algo más que las playas y las zonas destinadas al turismo del país, lo recomendable es que contrates el servicio de guías profesionales, de esta manera te evitaras los indeseables contratiempos que pudieran surgirte en el camino. La compañía Gambia Tours, es una de las más preparadas y experimentadas. En su página web encontrarás variadas opciones para recorrer el país.

Rutas en camiones 4×4 por el interior del país

Una vez elegidos itinerarios, guía y vehículo, solo resta iniciar la aventura para descubrir este interesante territorio africano, aunque antes tal vez deberías tener en consideración algunos importantes conceptos relacionados con el idioma, la cultura y las relaciones sociales.

Gambia, fue colonia del Imperio Británico hasta 1965 y el inglés sigue siendo la lengua oficial del país, junto al árabe y las lenguas tribales, tales como mandinka, wolof, fula y serer, entre otras. Sabiendo esto, tal vez además del inglés, puedas aprender algunas palabras en los dos principales idiomas nativos, aunque solo sean sencillos saludos. Con esta actitud conseguirás que te acepten con una amplia sonrisa de hospitalidad y hasta desearan contribuir con tu aprendizaje de las lenguas maternas, enseñándote nuevas palabras. Una vez que hayas aprendido a ganarte la simpatía de tus anfitriones, toca aprender a mostrar respeto por sus costumbres, cultura y religión.

Cuando quieras tomar fotografías (algo tan extendido entre los viajeros de hoy día) debes pedir permiso antes y te conviene saber que en el islam, es una falta de respeto a la familia tomar fotos a las mujeres sin permiso. La falta de respeto continuado que muchos turistas muestran a la hora de tomar fotografías está ocasionando que la gente del lugar te increpe cuando te ven apuntando con tu cámara sobre los escenarios en que desarrollan su vida cotidiana. Recuerda que las actividades de su vida personal no forman parte de ningún show turístico.

Teniendo en buena consideración estas básicas premisas, ya podremos disfrutar con el descubrimiento de los sugerentes pueblos y paisajes que este pequeño país ofrece.

Vista de la ciudad de Banjul, desde el mirador del Arco 22

Banjul, la actual capital del país, fue fundada en 1816 por los británicos sobre la isla de St. Mary, ubicada en la desembocadura del río Gambia. En la ciudad abundan los viejos edificios coloniales que comparten el espacio urbano entre improvisadas chabolas y alguna que otra moderna construcción, como el famoso Arco 22 que, junto a la plaza 22 julio, fueron construidos para conmemorar el golpe de estado llevado a cabo por el anterior presidente, Yahya Jammeh, en 1994. También merece la pena visitar el Museo Nacional y como no, el colorido y tumultuoso Albert Market.

Fachada exterior del Albert Market, en Banjul

La isla, – que toma su nombre de la palabra Bang julo, usada por el pueblo mandinka, para referirse a las cuerdas de fibra que fabricaban con las hojas y cañas de los abundante cañaverales existentes en la isla antes de la llegada de los británicos – está conectada con las regiones del norte del continente por medio de viejos transbordadores y por un par de puentes con las del sur.

Transbordador a Barra, llegando al puerto de Banjul

Serekunda, es la zona más próxima a Banjul y también la que más crece, al contrario de lo que sucede en la capital, que permanece acotada por las propias dimensiones físicas de la isla en la se construyó. La industria hotelera ha elegido las zonas de costa de Serekunda, para ubicar sus instalaciones, en el marco de los paisajes de playas y palmeras de la zona, que sirven de reclamo turístico.

El crecimiento económico de la nueva ciudad también atrae a miles de nacionales que, llegados desde las regiones más remotas del país, buscan en Serekunda la oportunidad de conseguir una mejor y más cómoda vida. Sin embargo, la gran mayoría acaba malviviendo en el interior de hacinados barrios, bajo los techos de chapa metálica de improvisadas casas construidas entre calles de tierra y polvo que siguen extendiéndose como telas de araña sobre los áridos descampados que rodean la ciudad.

Vista aérea de una zona de mercado, en Serekunda

Aún así, a pesar del evidente caos, Serekunda merece ser explorada con calma para impregnarse con el colorido y apabullante ambiente de sus calles y mercados. Cuando el ajetreo de esta movida zona empiece a embotar nuestros sentidos, tal vez sea el momento de cambiar de aires y realizar una visita a la cercana zona de Bakau, donde se encuentra el curioso estanque de Katchikally, plagado de impresionantes cocodrilos del Nilo, que la gente del lugar vinculaba con ciertos ritos de fertilidad y que ahora se ha convertido prácticamente en una atracción turística más.

Cocodrilos en la charca de Katchikally

En las Playas de Tanji y Sanyang, a este lado de la costa atlántica, los esforzados pueblos de pescadores ocupan cada día las playas con sus coloridas canoas, y a diferencia de la tranquilidad que reina en las playas turísticas, en estas otras el movimiento  de gente y barcas es constante durante la mayor parte del día. Desde muy temprano los pescadores salen a la mar con sus pesadas barcas en busca de la captura diaria, y cuando regresan al atardecer la playa se convierte en toda una exhibición de movimiento y color. Con un ritmo frenético y entre el graznido de las cientos de gaviotas que sobrevuelan la escena, los hombres con pesados cubos sobre sus espaldas descargan el pescado hasta los secaderos.

Movimiento de barcas y gente, en las playas de Tanji

Otros se agrupan en torno a las pesadas embarcaciones para, con gran esfuerzo, sacarlas del agua rodando sobre troncos hasta la arena de la playa, mientras las mujeres, con sus trajes de llamativos colores, se dedican a limpiarlos y cubrirlos con sal para su posterior secado o ahumado. Sin duda, un espectáculo que no debes perderte.

Mujeres salando pescados, en la zona de los secaderos, en las playas de Sanyang

Albreda, Juffureh e isla James, tres lugares que te transportaran en el tiempo hasta una de las épocas más oscuras de la humanidad, la de la esclavitud. Y aunque esta se practicaba entre las tribus nativas que tomaban como esclavos a los enemigos derrotados, no fue hasta el siglo XVI, con la colonización de América, en que esta cruel costumbre se vio incrementada por árabes y europeos. Para llegar hasta estos enclaves es mejor hacerlo en barco, navegando río adentro, hasta llegar al viejo embarcadero de Albreda. Una vez en tierra el visitante podrá observar, junto a un frondoso árbol y un viejo cañón, una enorme escultura con forma humana que muestra sus brazos en alto y en sus muñecas unos grilletes rotos. La cabeza es la propia bola del mundo y en su base puede leerse “Never Again” (nunca más). La casa de los descendientes de Kunta Kinteh y el museo de Juffureh completan la visita.

Monumento que rememora el final de la esclavitud, en el poblado de Albreda

Frente al embarcadero de Albreda se puede divisar la isla James donde se almacenaban los esclavos que iban a ser enviados al nuevo mundo. Navegamos hacia esta pequeña isla, que nos parece envuelta en el misterio. La neblina y las extrañas siluetas de los baobabs contribuyen con esta visión. Unas canoas se acercan al barco para trasladarnos hasta la isla en la que ahora solo quedan algunos cañones oxidados y los derruidos muros de lo que un día fue un flamante fuerte británico.

Una de las canoas que hacen el transporte hasta James island

Parques y reservas naturales repartidos por toda la geografía del país harán las delicias para los amantes de la naturaleza, que podrán disfrutar de una amplia variedad de especies de aves así como de cocodrilos, hienas y monos. La Reserva Nacional de Abuko, muy cerca de Serekunda, cuenta con varios puestos para la observación de aves. Entre la zona de manglares del Mandina Bolon, afluente del río Gambia, se extiende la reserva natural de Makasutu, una zona de frondosa vegetación repleta de aves en la aún habitan grupos de monos babuinos.

Circulando en un vehículo 4×4, por las pistas de acceso a Makasutu

Espero con estas líneas haber contribuido a despertar el deseo de explorar este pequeño país africano, imbricado en el río que le da nombre y que ha sido testigo de tantas historias a lo largo del tiempo. Por mi parte, ya estoy deseando poder establecer nuevas rutas que me lleven hasta las zonas más profundas del país.