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¿Porqué nos gusta viajar?

¿Qué nos motiva a viajar? ¿Qué buscamos cuando decidimos desplazarnos a otros lugares, fuera de nuestro entorno habitual? ¿Viajamos por instinto natural o por motivos sociales?
estas y otras muchas cuestiones más, nos surgen cada vez que pretendemos analizar cuales son los motivos que nos impulsan a viajar. En realidad, las causas por las que nos trasladamos hasta otros ambientes y lugares, son muchas y variadas. Desde los tiempos de la prehistoria, el hombre tuvo que desplazarse para sobrevivir, en busca de alimento y cobijo donde resguardarse de las duras condiciones climáticas. En su condición de cazador, debía seguir a las manadas de animales salvajes, durante la migración que estos realizaban, desde las zonas frías hasta las más cálidas del sur. El carácter nómada del hombre, comenzó a experimentar cambios a partir del Neolítico. La revolucionaria introducción de la agricultura y de la cría de animales, contribuyó a que el hombre, dejara de ser cazador y recolector. Convirtiéndose cada vez más y de manera inexorable, en un ser sedentario. Que agrupado en comunidades, comenzó a construir ciudades para protegerse de los ataques, de animales y de otros grupos humanos hostiles.

Este cambio ancestral en la actitud humana, y la hipotética añoranza por la forma de vida perdida, podría ser uno de los factores detonantes, del gusto por el viaje. Según Bruce Chatwin, novelista y escritor de viajes inglés, la vida normal, era la vida nómada y no la vida sedentaria. Afirmaba, “vagabundear, es una característica humana heredada genéticamente de los primates vegetariano, y que la necesidad de una base, proviene de nuestro costado carnívoro”. El hombre moderno -decía- mantiene insatisfecha su curiosidad, porque se ha hecho sedentario.

Afirmaciones como esta, podrían llevarnos a pensar que el gusto por el viaje, tan en auge en nuestra sociedad actual, podría tener su origen en esta necesidad de escapar de la cotidianidad, a la que nos obliga nuestra vida sedentaria. Tratando de encontrar en estos viajes a nuevos y desconocidos destinos, la esencia de nuestro ser. En esta búsqueda constante del alma nómada, el hombre a través de las diferentes épocas de la Historia, ha viajado para explorar y conquistar otras tierras, para intercambiar bienes y cultura con otros pueblos y hasta con fines místicos y religiosos, tales como las peregrinaciones de los musulmanes a la Meca ó los viajes de cristianos a Santiago de Compostela.

Caravana de camellos en el desierto del Thar, India

Se podría decir, que la historia de la humanidad, es la historia de los viajes y de las narraciones de grandes viajeros; Herodoto,Ibn Battuta, Marco Polo, Cristóbal Colón, Magallanes, Elcano, Charles Darwin, Humboldt, Livingstone y Stanley, Amundsen… y así hasta completar una larga lista de viajeros que contribuyeron a mantener viva la llama nómada de la humanidad, con las narraciones y documentaciones de sus aventuras y exploraciones. El viaje -como decía Montaigne– es un “ejercicio útil”, que ensancha la mente y universaliza. No en vano, en el pasado siglo IXX, se promulgaba con verdadera convicción, el concepto de que los “viajes ilustran”.

Vehículos todo terreno, cruzando el desierto de Wadi Rum en Jordania
El cúmulo de experiencias y sensaciones recogidas durante los viajes, produce en los viajeros, una clara necesidad de transmitir sus experiencias, ya sea de manera coloquial o a través de artísticas disciplinas, como literatura, pintura y dibujo, cine o fotografía. Estas expresiones, sin duda han contribuido a fomentar el conocimiento y el deseo de conocer nuevas culturas y paisajes, en la ciudadanía. Tras la revolución industrial, el viaje se popularizó y cada vez más sectores de la sociedad, pudieron disfrutar de esas experiencias, que hasta ese momento eran solo patrimonio de la clase aristocrática. Desde ese momento, la nueva industria del turismo, no ha dejado de crecer. Los actuales medios de transporte comunicación, contribuyen a que las personas se muevan con mucha más facilidad, por la geografía de nuestro planeta. A la vez que el intercambio de experiencias y conocimientos, se expande de manera globalizada.