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Antropología, turismo y fotografía

El turismo y su relación con los habitantes y los entornos de destino acaban afectando a la cultura y las costumbres de los pueblos receptores. Esta nueva realidad social se ve incrementada por un factor de carácter invasivo, el uso de cámaras y móviles con aplicaciones de fotografía digital. Se está convirtiendo cada vez más (especialmente entre los pobladores del llamado primer mundo), en un sistema de comunicación globalizado, propiciado por la posibilidad de realizar, transmitir y exponer imágenes de manera inmediata.

Turistas agolpados frente al palacio de Amalienborg, en Copenhague, para hacer fotos del cambio de guardia.

Esta nueva moda de plasmar cada detalle de las vivencias de un viaje, para luego mostrarlas como souvenir o recuerdo entre los amigos, en las cada vez más populares redes sociales, tales como Facebook o Instagram, está afectando de manera artificiosa, las relaciones entre visitante y anfitrión. Crean situaciones  que, finalmente, acaban por alterar la manera en que se desarrollan las propias costumbres sociales de los pueblos que habitan en los destinos turísticos.

Niños bucean para recoger las monedas que les tiran los turistas, en la playa de la isla Goreé, en la costa de Senegal

Sobre todo, en aquellos en los que las costumbres y tradiciones ancestrales aún prevalecen como cotidiana manifestación social. Los efectos originados por el modo de vivir de los turistas influyen directamente en los miembros de los pueblos visitados, introduciendo nuevos hábitos y costumbres o llegando, incluso, a convertirlos en comunidades que parecen permanecer en un  estado de ‘musealización’ permanente, para así satisfacer a la expectativa folklórica demandada por los visitantes foráneos.

Jóvenes practicando lucha senegalesa, en las playas de Dakar, para llamar la atención de los turistas

Estas razones han llevado a diferentes sociólogos y antropólogos a establecer sus teorías sobre cómo influye la figura del turista y todo el entramado comercial que le rodea en los pueblos visitados. Algunas de estas teorías establecen que el hombre desea viajar para comprender y apreciar la diversidad del mundo que le rodea, mientras que otras solo ven en el turista la representación del hombre moderno en su búsqueda de ocio y descanso. Estas diferentes concepciones sobre el deseo humano de viajar, podrían servir como base para establecer tres principales actores en la escena: viajeros, turistas y locales. Todos interactuando entre sí con un mayor o menor grado de influencia, sobre los usos y costumbres de cada uno de ellos.

Pastor en las montañas del Atlas marroquí

Como norma general, cuando en tu ruta viajera encuentres una reacción de aversión, recelo, timidez o, incluso, miedo en el personaje al que pretendes retratar, es que estás realizando tu camino fuera de los circuitos turísticos. Si por el contrario, el sujeto se muestra y posa complaciente para la fotografía que pretendes realizar, a la vez que te reclama una merecida compensación económica, sin lugar a dudas, estás en un territorio turístico ya trillado.

Jóvenes marroquíes disfrazados de beduinos, esperan en un mirador natural sobre el pueblo de Tinerhir, a la llegada de turistas

Y aunque es obvio que en esta segunda opción la imagen ya no contará ni con la autenticidad ni con la naturalidad de las tomadas en las rutas no convencionales, no por ello dejará de ser un testimonio de la realidad globalizada que se vive en estos destinos, y las imágenes obtenidas seguirán teniendo un valor documental, que reflejará los nuevos conceptos sociales y antropológicos que se han instaurado en estos emplazamientos geográficos que el turismo ha ido transformando.

Tras las huellas de Hemingway en La Habana

La primera vez que viaje a Cuba, llevaba entre mi lista de prioridades seguir las huellas de Hemingway en La Habana, y en particular, visitar los dos establecimientos más frecuentados por este escritor y periodista estadounidense durante el tiempo que vivió en la isla. La obra y vida de este singular personaje, comenzó a interesarme en mi época de estudiante, con ocasión de un trabajo que tuve que realizar para la asignatura de inglés sobre una de sus obras más insignes, The old man and the sea, en español El viejo y el mar.

Las huellas de Hemingway en La Habana

Ernest Miller Hemingway, nacido en Illinois (un suburbio de Chicago) viajó y vivió por medio mundo, como escritor y reportero de prensa. Durante la década de 1940 a 1950, fijó su residencia en Cuba. Su conocida  afición por las bebidas alcohólicas le llevaba a frecuentar todo tipo de bares, restaurantes y tabernas. En La Habana, era cliente habitual de dos establecimientos, La Bodeguita del Medio y el Floridita. Estos conocidos locales deben su fama internacional a su relación con tan insigne personaje. En una de las paredes de la Bodeguita del Medio escribió en inglés la frase “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquiri en el Floridita”.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Camarero sirviendo mojitos en la Bodeguita del Medio

La Bodeguita del Medio

En este establecimiento de restauración, que tanta fama internacional ha adquirido, se sigue sirviendo comida típicamente criolla, a base de arroz, frijoles, yuca, puerco (cerdo) y pollo. Todo ello regado con bebidas de producción cubana, en especial ron y el famoso mojito, un combinado de ron, azúcar, limón, agua y hierba buena o menta. El singular nombre de La Bodeguita del Medio, al parecer, le viene dado por la propia clientela, debido  a su diferenciada situación en la mitad de una calle, ya que lo normal era que todas las bodegas o fondas de la ciudad se instalasen en las esquinas, por ser esta una ubicación mucho más estratégica y visible.

En mi primer viaje a Cuba, pude disfrutar en diferentes ocasiones de la rica gastronomía que se servía en este establecimiento, mientras disfrutaba de la buena música en vivo que ofrecía el grupo de turno, así como de los famosos mojitos, que en mi visita privilegiada como periodista gráfico a la trastienda, pude observar con todo detalle en su proceso de elaboración.

Durante esta primera estancia en La Habana, llegué a hacerme casi tan habitual de la Bodeguita como el propio Hemingway. Tanto que uno de los cocineros, con el que entablé cierta mistad, acabó invitándome a su fiesta de cumpleaños.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Música en vivo en la Bodeguita

UNA SEGUNDA VISITA A LA BODEGUITA

En mi segunda visita a la isla, después de algo más de una década, me encuentro con que casi no puedo ni entrar al establecimiento, debido a la cantidad tan ingente de turistas que se agolpaban dentro y fuera del local. Pero ya que estaba allí, no quería quedarme sin mojito, así que me abrí paso como pude entre la gente y situándome en un extremo de la barra solicité mi primer trago.

Hice algunas fotos y quedé en volver cuando la cosa estuviese más despejada. En una segunda vuelta conseguí pillar el local con menos embotellamiento turístico, pero mientras disfrutaba tranquilamente de mis mojitos y compartía conversación con el personal de la Bodega, intermitentes oleadas de turistas de todas las nacionalidades, se agolpaban ante la puerta, cámara o móvil en mano y sin mediar palabra se ponían a “disparar” fotos como posesos.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Turistas haciendo fotos desde la puerta de la Bodeguita

Por suerte, esta vez se conformaban con las instantáneas (supongo que para dejar constancia de su “visita” a la Bodega en las redes sociales), sin entrar a consumir. Esto me permitió seguir disfrutando de mi mojito, sin tener que luchar codo a codo, por mantener mi plaza en la barra de tan reducido local. Mientras abandonaba la Bodeguita, para dirigirme al Floridita, reflexionaba sobre en cómo cambian las cosas, y en cómo reaccionaría ante esta casi cómica situación el aventurero Hemingway, si levantara la cabeza.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Fachada exterior del bar La Floridita, en La Habana

Restaurante bar Floridita

Este establecimiento, fundado en 1817, al igual que la Bodeguita, debe su fama mundial al recuerdo de la presencia de Hemingway, que acudía casi a diario para disfrutar de los exquisitos daiquiris que preparaban en el que él llamaba “el mejor bar del mundo”. Con el tiempo, el Floridita se convirtió en un lugar dedicado a la memoria de este escritor. Las paredes están decoradas con fotos enmarcadas en las que se muestran algunas escenas de la vida de este azaroso personaje. Y una estatua de bronce, que lo representa apoyado sobre la barra a tamaño real, ocupa ahora su rincón favorito dentro del bar.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Hemingway en su esquina preferida del Floridita

En mi primer viaje, ya perdido en el tiempo, solía compartir algunas de mis tardes en la ciudad de La Habana con este Hemingway, cuya imagen perpetuada en bronce seguía controlando todo lo que sucedía en el bar. Entre los dos llegó a surgir una especie de complicidad que tenía como puntos comunes el gusto por los daiquiris y por los espacios tranquilos, que los refrescantes y amplios salones del local nos ofrecían. Muchas eran las ocasiones en las que acudía hasta el Floridita para escapar del húmedo calor y del agobiante trasiego de la ciudad. Allí, en aquel rincón, podía disfrutar de un excelente y refrescante trago acompañado con la lectura de un libro, sin más presencia en aquel santuario de paz y sombra, que la del insigne aventurero convertido en perpetuo y silencioso testigo de bronce, el personal del local y la mía propia.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Una simpática camarera preparando un daiquiri

SEGUNDA VEZ EN LA FLORIDITA

En la actualidad, Hemingway, convertido en perpetuo testigo de bronce, asiste impasible como cliente fijo e inamovible al continuo peregrinaje de visitantes curiosos que lo rodean para hacerse fotos junto a su imagen, sin ni siquiera pedirle permiso. Llegando incluso, en los momentos de mayor afluencia a invadir, sin ningún tipo de reparo, su tan valorado rincón del Floridita, ignorando sin respeto ni pudor su presencia. En esta última visita, se me hizo muy difícil acercarme hasta su rincón para saludarle. Cuando por fin pude abrirme paso para  llegar hasta él, pude comprobar desde su punto de vista como nos habían cambiado el ambiente de aquel selecto, tranquilo y sereno Floridita de los 90.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: El histórico local lleno de turistas

El local mostraba ahora un ambiente cargado de observadores asimétricos a los que solo parece motivarles la  búsqueda constante de instantáneas testimoniales para captar con sus móviles. Observadores que, finalmente, acaban observándose los unos a los otros. Este es la nueva tendencia y actitud viajera que el turismo de masas acaba por imponer en la mayoría de los lugares que entran a formar parte de los circuitos turísticos. Todo parece reducirse a un “yo estuve aquí” inmortalizado con una foto digital en las redes sociales.

Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores
Tras Las huellas de Hemingway en La Habana: Los daiquiris del Floridita, siguen siendo los mejores

Así que, en esta ocasión y desde una esquina menos tranquila en la barra del Floridita con un refrescante daiquiri en la mano, solo me restaba elevar mi copa y brindar, entre el ruido y la algarabía que ascendía en el aire del local, por la memoria del tiempo pasado que compartí con la tranquila y silenciosa presencia del estimado Hemingway. 

Los mejores momentos de luz para fotografía de viajes

La luz es la base de la fotografía. De hecho la denominación de fotografía, viene de la raíz etimológica griega phos, que significa luz y grafe que se refiere a escribir o grabar. De esta manera, fotografía viene a ser la acción de escribir o grabar con luz. Dicho de otra manera, la fotografía es una actividad que se desarrolla en base a la captura de la incidencia de la luz, ya sea de origen natural o artificial, en seres y objetos, durante un tiempo determinado. En este sencillo artículo vamos a recordarte cuales son los diferentes y mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Jardines de Taj Mahal en la ciudad de Agra, India

Cuando estás de viaje, debes tener en cuenta que la luz varía de manera considerable según en qué parte del mundo te encuentres y también en la época del año en que viajes pero, en líneas generales, para fotografiar en los distintos momentos del día, deberías tener en cuenta las siguientes anotaciones:

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: Hasta el mediodía

Amanecer. Si deseas obtener buenas tomas del lugar merecerá la pena que te levantes muy temprano. Mejor si es cuando la mayoría de las personas aún duerman. Las primeras luces del día son limpias y claras, aunque algo frías. Esto influye en la captura de buenas instantáneas, dotándolas con un enérgico efecto modelador. Es debido a que las incipientes luces de la mañana producen escasa sombra y poca diferencia entre las zonas iluminadas y las que permanecen en la umbría.

A la salida del sol. Cuando el sol comienza a repartir sus primeros rayos, la luz se deriva hacia tonos más cálidos, en los que predomina el rojo sobre el azul del amanecer. Los objetos directamente iluminados adquieren una alta definición y hasta un halo más romántico, si así me permites definirlo.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Trabajadores entrando a la ciudad de Bikaner a primeras horas del día, Rajasthan, India

La luz de la mañana. Comprende la franja horaria que va desde la salida del sol hasta un par de horas antes del mediodía. Los cielos permanecen más azules, con una luz clara, buena visibilidad y sombras definidas, aunque no demasiado oscuras. Es el periodo de luz más usado por la mayoría de los fotógrafos profesionales, de viajes como otras disciplinas.

Mediodía. Por regla general, esta es la peor franja del día para realizar fotografías. La luz del sol cae demasiado perpendicular, creando sombras duras y molestas visualmente. Aprovecha el momento para buscar algún rincón con encanto donde probar alguna de las especialidades gastronómicas del lugar. De paso, podrás realizar algunas fotografías del interior con los platos y el ambiente.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Imagen del Big Ben y palacio de Westminster al tardecer en la ciudad de Londres

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: de la tarde a la noche

La luz de la tarde. Cuando el sol comienza a declinar sobre el horizonte, la luz vuelve a ser suave y modeladora con los paisajes. Es una luz muy adecuada para realizar contraluces. También es ideal para retratos porque le confiere un agradable y cálido tono de piel a los sujetos retratados.

Puestas de sol. Si vas a realizar fotografías al atardecer no tengas prisa. Sitúate con tu cámara en el trípode en el lugar que te parezca adecuado. Disfruta del espectáculo y espera mientras todo sucede de manera natural. Ve realizando diferentes tomas (horquillado) a medida que la luz va cambiando. Abandona el lugar con el último rayo de luz. Así disfrutarás al máximo de la experiencia y tú alma viajera se beneficiará de su magia. Es, sin duda, uno de los mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Torres de un palacio en Jodhpur al atardecer

Isla de Malta: histórica y mediterránea

El trasiego de jóvenes que acuden cada temporada para estudiar inglés en Malta, junto a la continua afluencia de cruceros cargados de turistas, están convirtiendo el archipiélago maltés, en uno de los enclaves más visitados del Mediterráneo. El clima suave, la huella de la historia presente en cada uno de sus rincones y la herencia cultural visible en las costumbres y tradiciones de sus pobladores, hacen de la isla un enclave muy atractivo para aquellos que la visitan. Ya seas un estudiante que aprovecha la ocasión para aprender idiomas y descubrir nuevos destinos, un crucerista o un empedernido viajero en busca de nuevas experiencias, te aseguro que la isla de Malta, no te va a dejar indiferente.

Barcos en uno de los muelles de La Valeta, capital de Malta.

Aún recuerdo la magnífica impresión que desde la proa del barco en el que viajaba, me causó la vista de los múltiples puertos y embarcaderos que asomaban en cada rincón de la intrincada y laberíntica bahía de La Valeta, capital de la república de Malta. Mientras, el color amarillento de la piedra caliza con la que se construyeron los altos muros de defensa y los edificios de la ciudad, impregnaba el singular paisaje que ahora se ofrecía ante mi asombrada mirada.

Barco de pesca y vista de la ciudad de La Valeta

La estratégica situación geográfica de la isla en medio del Mediterráneo motivó que fuese poblada y conquistada una y otra vez por las diferentes civilizaciones que poblaron las regiones continentales más cercanas. Fenicios, cartagineses y romanos dejaron su huella y cultura en las pequeñas islas. Más tarde, bizantinos, vándalos, árabes y normandos sicilianos se disputaron el territorio. La isla junto a la de Sicilia, también estuvo bajo el dominio de la Corona de Aragón, hasta que en 1530 el rey Carlos I la cedió a los Caballeros Hospitalarios, más conocidos como los caballeros de la Orden de Malta, que junto a la Santa Liga formada por España, Venecia y Génova lograron detener el avance turco.

Barcos y amarillentos edificios de caliza, se asoman al frente costero de la ciudad.

Fue en este convulso periodo cuando se construyó la ciudad fortificada de La Valeta, que tanto me impresiono y que más tarde acabaría ocupando Napoleón Bonaparte en su viaje a Egipto. Con el tiempo, los malteses se rebelaron contra los franceses y fueron los británicos los que tomaron el control, convirtiendo el archipiélago en su protectorado, hasta septiembre de 1964, en que Malta proclamó su independencia.

La enumeración de estos datos y acontecimientos históricos, se hace casi necesaria para poder entender el carismático ambiente que el visitante se va a encontrar durante su visita a la isla de Malta. Pasear por las estrechas calles de La Valeta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es caminar por escenarios anclados en la memoria de la Historia. Desvencijados edificios de los que sobresalen curiosos balcones de madera, normalmente pintados de verde, junto a las altas murallas defensivas, restos del tumultuoso y conflictivo pasado de la ciudad, completan el decorado de tan peculiar emplazamiento.

Herméticos y descuidados balcones de madera, asoman en las fachadas de piedra caliza.

Además de La Valeta, se hace interesante visitar la ciudad amurallada de Mdina y algunos otros puntos del interior de la isla. Para esta pequeña incursión nada mejor que usar el medio de transporte público más singular de la isla: los legendarios autobuses de color amarillo y naranja, decorados a la manera oriental que presupongo herencia de las culturas musulmanas y con el volante a la derecha, legado británico indiscutible.

Peculiares autobuses de transporte público en la isla de Malta.

Viajar en uno de estos llamativos autobuses, es toda una experiencia que recomiendo a cualquier viajero que visite la isla. Solo observar a los diferentes tipos de pasajeros que hacen uso de estos transportes mientras te trasladas rumbo a tu nuevo destino, bien merece el paseo.

Moderna y luminosa ciudad de Tel-Aviv

A finales del pasado año 2017 la Oficina de Turismo de Israel me contactaba para solicitar mi participación en una exposición fotográfica sobre el país. La muestra, inaugurada en el pasado 27 de noviembre, se expondría en las instalaciones que la compañía B The Travel Brand tiene en Madrid, con 23 imágenes aportadas por otros tantos seleccionados fotoperiodistas españoles.

Mientras visualizaba las fotografías obtenidas en mi visita a Israel, para realizar una primera selección, recordaba las agradables sensaciones y experiencias que me aportaron los lugares visitados durante mi recorrido por el país. En especial la ciudad de Tel-Aviv, una urbe joven, dinámica y luminosa, que me cautivó desde el primer momento en que pisé sus calles. Y, curiosamente, fue una imagen tomada en la avenida marítima de esta ciudad la que los organizadores seleccionaron para la exposición.

Junto a la foto seleccionada en las instalaciones de B The Travel Brand

A mi entender, en esa captura que habían elegido se sintetizaba el espíritu evolutivo de la ciudad. En la imagen un joven en bañador sujetaba una tabla de surf, mientras esperaba a que un semáforo de la avenida marítima le permitiera el paso a la otra acera, en la que destacaba un moderno edificio de extraña concepción arquitectónica junto a las vallas de una nueva obra y una espigada grúa de color rojo. Modernidad, cultura, progreso y juventud, esto es lo que puede observarse en la instantánea, y en cada rincón de Tel-Aviv.

Ambiente joven y multicultural, en la costa de la ciudad

La ciudad, fue creada al norte de la antigua ciudad y puerto mediterráneo de Yafo, en el año 1909, como un primer barrio residencial con el nombre de Akhuzat Bayit. La zona pronto comenzó a expandirse y se fueron creando nuevos barrios hasta llegar a conformar un importante núcleo urbano, que en 1910 fue renombrado como Tel-Aviv, que viene a significar “Colina de la Primavera”.

Precisamente, en uno de esos populosos y acogedores barrios establecí mi temporal alojamiento. Había alquilado un piso vacacional, a través de Internet, para de esta manera poder relacionarme de una manera más directa, con la vida diaria de sus propios ciudadanos. El resultado fue bastante satisfactorio, el ambiente del barrio, era de lo más tranquilo y el entorno muy agradable. Los bloques de apartamentos, eran edificios de no más de tres plantas, rodeados de árboles y zonas ajardinadas.

Barrio residencial al norte de la ciudad

Me gustaba salir por las mañanas, dirigirme a la amplia avenida que cruzaba la zona para comprar el pan y tomarme un expreso en la terraza del bar de la esquina, junto a una pequeña tienda de comestibles. Los jóvenes camareros y camareras me atendían de manera cordial y respondían amigablemente ante mis demandas de información sobre el lugar. Tras estos preámbulos comenzaba cada mañana con mis incursiones por la ciudad, la mayoría de las veces a pie (que dicho sea de paso, siempre es la mejor manera de descubrirla) dada la estratégica situación del apartamento.

Zona de playas en la costa de la ciudad

Catorce kilómetros de blancas playas, puertos deportivos, avenidas, hoteles y zonas ajardinadas, se extienden frente al Mediterráneo para uso y disfrute de propios y foráneos. El ambiente en la zona costera de la ciudad era de lo más variopinta y animada, pero esta diversidad no es solo reflejo de la multinacionalidad de sus visitantes. También es consecuencia directa, de la continua afluencia de inmigrantes judíos, que venidos hasta el Estado de Israel, desde las antiguas comunidades soviéticas, europeas y americanas, han propiciado de manera evidente el carácter internacional y cosmopolita que se respira en toda la ciudad.

Una joven observa el skyline de la ciudad, desde la terraza de un restaurante en Jaffa

Tras el largo y gratificante paseo por la costa, el panorama urbano plagado de altas estructuras y edificios va quedando atrás, dando paso a la antigua y reconstruida ciudad portuaria de Jaffa. En esta zona urbana, se ubican algunas de las más importantes iglesias, monasterios y mezquitas de la zona, tales como la iglesia de san Pedro y el Monasterio Franciscano. Pasear por los jardines construidos sobre lo más alto de la colina, que dominada el puerto, visitar galerías de arte, adquirir interesantes artículos de artesanía y joyería o degustar un buen pescado de la zona, en cualquiera de los restaurantes repartidos por sus calles y puerto completará la visita a tan histórico lugar en el que en otros tiempos desembarcaban las expediciones militares de los Cruzados para dirigirse a Tierra Santa.

Vista del histórico puerto de Jaffa

Siguiendo con mi periplo por Tel-Aviv, me adentro por las callejuelas del barrio de Neve-Tzedek, primer asentamiento judío construido en las afueras de Yaffa, actualmente convertido en un encantador barrio repleto de cafeterías, bares y tiendas en las que destacan un especial toque de bohemia y modernismo. Un barrio tranquilo con buenos ambientes, en el que merece la pena alojarse en alguno de los pequeños hoteles o habitaciones de la zona, tal como yo mismo hice a mi vuelta del Mar Rojo. Su estratégica ubicación permite desplazarse fácilmente hasta la zona de playas, el viejo puerto de Jaffa, la popular zona de Florentín, donde abundan los restaurantes y cafeterías de moda, o el cercano mercado del Carmel.

Puesto de venta de verduras en el mercado del Carmel

El Carmel es un enorme mercado al aire libre ubicado en el barrio de los yemenitas y muy cercano al barrio de Neve Tzedek, que está considerado como uno de los mercados de mayores dimensiones en todo el Oriente Medio. Entre sus calles, compartiendo espacio con los puestos de frutas, verduras y mercancías de todo tipo, se encuentran numerosas galerías de arte que exhiben y ofrecen obras de seleccionados artistas nacionales e internacionales. Pasear por entre las diferentes calles del Mercado Carmel y del barrio que lo circunda es toda una experiencia de olores y colores para los sentidos que no debes perderte.

Vista de la plaza Dizengoff, en el centro urbano de la ciudad

Si te gusta el arte arquitectónico, en las calles y avenidas de los diversos barrios de Tel Aviv podrás ir localizando diferentes edificios de innovadores y atrevidos diseños que en ocasiones incluso parecen desafiar a las leyes más elementales de la gravedad.

La zona de Tel Aviv conocida como Ciudad Blanca hace referencia al lugar de la ciudad donde más edificios de estilo Bauhaus, fueron construidos en los años treinta por arquitectos judíos alemanes que escaparon del régimen nazi. La construcción de numerosos edificios de arquitectura modernista repartidos por toda la ciudad hizo que la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad en el año 2003.
La tendencia general de incorporar nuevos edificios de corte arquitectónico modernista a la ciudad sigue siendo un valor cultural y artístico añadido en Tel Aviv.

10 recomendaciones para tus fotos de viajes

Antes de adentrarnos en sofisticados temas técnicos, sobre la fotografía de viajes y sus herramientas. Te propongo un sencillo y básico decálogo de actuaciones, que deberías tener en cuenta antes de empezar a “disparar” fotos, a diestra y siniestra.

1. El equipo, antes de emprender un viaje, asegúrate de que todo el equipo funciona perfectamente, compruebe que lleva suficientes baterías, cargadores y tarjetas.

2. Durante el viaje lleva siempre la cámara contigo, bien protegida en su bolsa ó estuche, para evitar así largas exposiciones al sol ó golpes y especialmente si vas a lugares arenosos ó en los que haya agua.

3. Utiliza la luz ambiente siempre que te sea posible, las luces de las primeras horas del día y las del atardecer resultan mucho más atractivas y en condiciones difíciles de luz utiliza sin miedo las sensibilidades más altas que te permita tu cámara.

4. No desestimes los días nublados ó de mal tiempo, a veces estas condiciones meteorológicas, le añaden un encanto especial a las fotografías.

5. Cuenta historias con tus imágenes, cada lugar que visites tiene su propio encanto, no te olvides del factor humano, las gentes del lugar, sus costumbres y su forma de vivir…estate atento y procura captar las historias y anécdotas de interés que se producen a tu alrededor.

Cuando fotografíes monumentos, procurar incluir a tus compañeros de viaje en la toma, esto añade interés y calor humano a la fotografía.

Añade personajes en las tomas fotográficas

6. Fíjate en las postales turísticas que se exponen en las tiendas de souvenirs, no hace falta que las copies, pero te servirán como referencia para tus propias interpretaciones del lugar.

7. Si vas a visitar museos, no dejes tu cámara en el Hotel creyendo que no está permitido hacer fotos en este tipo de instalaciones, generalmente en la mayoría de ellos sí se permite y lo que suele prohibirse es la utilización del flash y del trípode.

8. Haz fotografías de los carteles de indicación de los lugares visitados, (rótulos, señales, indicadores, etc.) te servirán posteriormente a la hora de clasificar las fotografías obtenidas durante el viaje y para ubicarlas en el lugar correcto.

9. Acostúmbrate a llevar un pequeño trípode de viaje, los hay de muchos tipos y tamaños, su uso te permitirá obtener mejores fotos de paisajes ó de detalles y sobre todo de esas bonitas fotos nocturnas que tanto nos gustan a todos.

Utiliza un trípode para las fotos nocturnas

10. Se respetuoso,  por último y muy importante, respeta las normas, tanto de seguridad como de civismo… es importante saber que no esta permitido tomar fotografías de instalaciones militares, aeropuertos, estaciones de autobuses o ferrocarril y que a la hora de fotografiar personas, debes respetar el derecho a la imagen y a la intimidad.

Fotografía de viajes, consejos básicos

Aunque hoy día, la fotografía esta presente en casi todos los actos de nuestra vida diaria, debido al auge de las redes sociales, es en las vacaciones y en los viajes, cuando los usuarios y aficionados de esta técnica, deciden realizar un mayor número de fotografías que más tarde, les ayuden a evocar aquellos felices e interesantes momentos y lugares de los que disfrutaron en sus vacaciones.
“Estar, siempre preparado, llevar la cámara a todas partes y aprovechar cualquier tema de interés que pueda surgir”… este podría ser el consejo más importante para todo aquel que quiera tomar fotos de los mejores momentos de su viaje.
La fotografía de viajes, es una experiencia creativa, que nos permite movernos en entornos y paisajes diferentes, a la vez que nos posibilita la relación con otras sociedades y costumbres distintas a las de nuestro habitat cotidiano. En mi opinión, para lanzarse a la aventura de un viaje fotográfico y documental, debes seguir tres importantes y básicos consejos:

Preparar el viaje: Una vez elegido el destino, que te gustaría fotografiar, planea cuidadosamente todos los pormenores del viaje, esto puedes hacerlo a través de una agencia ó usando las magníficas herramientas que hoy día nos ofrece Internet para buscar medios de transporte y alojamientos.

Documentación: Infórmate previamente sobre la zona geográfica y las costumbres sociales de los lugares que vas a visitar y si es posible lleva esa información en tu bolsa de fotografía.

El equipo fotográfico: El conocimiento de las técnicas fotográficas básicas y del funcionamiento de tu propio equipo de fotografía, te serán imprescindibles a la hora de hacer tus fotos de viaje. Prepara tu equipo fotográfico, sin dejar nada al azar, objetivos, baterías, cargadores, trípode, flash y todo lo que creas necesario, pero sin excesos que posteriormente, dificulten tu capacidad de movimiento.


Las fotografías obtenidas en estas experiencias, son a menudo insustituibles, por esto es importante estar bien preparado y tener algunos conocimientos prácticos respecto a los equipos y las técnicas de fotografía.

Pero ocurre que a veces, los resultados no son todo lo bueno que se hubiera deseado y no corresponden con las expectativas ni con el entusiasmo con que fueron tomadas. Un mal planteamiento de la toma, un error técnico o el desconocimiento de las herramientas, son la causa habitual de obtener unas defectuosas imágenes que en definitiva, no nos servirán para poder revivir con satisfacción, las impresiones experimentadas durante el viaje.

Por estas razones, en próximos artículos en este blog, iré comentando algunos consejos básicos. Con más detalles y temas específicos que se deben tener en cuenta a la hora de realizar fotografías en nuestros viajes, basados en mis propias experiencias.