Skip to main content

Eu amo Lisboa

La primera vez que viaje a Lisboa lo hice como fotógrafo para una compañía discográfica venezolana que deseaba promocionar uno de sus cantantes de salsa, con una gira por Europa. Y aunque en esa ocasión por razones del propio trabajo no pude dedicar mucho tiempo para conocer la ciudad, lo poco que pude ver, me pareció muy interesante.

Vista de la ciudad desde el castillo de San Jorge

Desde esa primera incursión iniciática, he seguido visitando la ciudad en otras nuevas ocasiones. Estas otras incursiones han sido propiciadas por diferentes y variados motivos. Pero lo que ha permanecido inalterable, es mi atracción por este histórico emplazamiento luso, a pesar de que en los últimos tiempos he venido comprobando que también esta sufriendo las consecuencias del fenómeno conocido como gentrificación.

Modernos edificios y estructuras en el Parque de las Naciones

Lisboa es una ciudad con vocación modernista, y pruebas de ello las tenemos en las nuevas obras de ingeniería y arquitectura que se suman al paisaje urbano de la ciudad, como es el caso del moderno distrito surgido alrededor del Parque de Las Naciones. Pero a pesar de esta apuesta por la modernidad, Lisboa sigue teniendo ese encantador aire decadente que nos traslada a la época de las colonias. En muchas ocasiones, mientras camino por entre sus calles y plazas, tengo la sensación de estar recorriendo algunas de las ciudades de nuestra América del Sur. La arquitectura, la distribución de sus calles y una exuberante vegetación en la que abundan las palmeras, me hacen recordar ciudades de Cuba, Brasil o Ecuador.

Iglesia de San Vicente de Fora y cúpula del Panteón Nacional

La ciudad de Lisboa, asentada en el estuario del río Tajo, con una superficie de casi 3.000 kilómetros cuadrados y una población que supera el medio millón de habitantes, cuenta con numerosos vestigios arquitectónicos y monumentales, reminiscencias de su esplendoroso pasado colonial y de la proyección mundial que tuvieron los portugueses a través de sus marinos y conquistadores.

Monumento a los Conquistadores, en el barrio de Belém

La ciudad está distribuida en distritos o barrios, siendo los de Belém, Alfama, Chiado, Baixa y Barrio Alto, los más conocidos y populares. La mejor forma de conocerlos, sin duda, es a pie, pero dado lo elevado de las colinas circundantes en las que se encuentran algunos de los asentamientos y las largas distancias entre algunos de los diferentes distritos, se recomienda hacer uso de los transportes públicos, ya sean los típicos y peculiares tranvías, el metro, los autobuses o los taxis, cuyas tarifas son relativamente bajas.

Tranvía estacionado en la Plaza del Comercio, centro neurálgico de la ciudad

También, se puede hacer uso de los autobuses de recorrido turístico basados en el sistema “hop-on hop-off”, que te permiten desplazarte hasta los enclaves de mayor interés, realizar la visita a tu aire y retomar el servicio de la línea cuando te apetece. En Lisboa existen actualmente tres líneas, CitySightseeing y Cityrama con autobuses de color rojo que salen desde la plaza del Marqués de Pombal y la tercera línea con autobuses de color amarillo de nombre Yellowbus que, además de ser un servicio oficial, ofrece a mi entender mucho más agilidad en sus líneas y combina en el mismo ticket, sus servicios con los tranvías que circulan por las estrechas y empinadas calles del casco histórico, en los que podrás desplazarte hasta los barrios más carismáticos de la ciudad.

Histórica y emblemática Torre de Belém, a orillas del río Tajo

Torre Vasco de Gama, monumento a los Conquistadores, Monasterio de Los Jerónimos, Torre de Belém, Castillo de San Jorge, Catedral de Sé… Así podríamos seguir enumerando una larga lista de iglesias, edificios, plazas y monumentos repartidos por la toda la geografía urbanística de la ciudad, por los que Lisboa merece ser recorrida de un extremo a otro sin olvidarnos, claro está, de sus dorados atardeceres.

Puente 25 de Abril, sobre las aguas del río Tajo

Los paseos en barco por el río, las extensas playas cercanas, las exquisitas recetas gastronómicas, sus famosos pasteles de Belém, los Fados, el talante tranquilo y hospitalario de sus gentes,… Todos estos ingredientes, y más, contribuirán a que el visitante se sienta atraído por este enclave lusitano asomado a las orillas del Atlántico, de tal manera que pueda llegar a sentir en propia piel la expresión que da nombre a este artículo: “Eu amo Lisboa” (Yo amo a Lisboa).

Vista del barrio de Alfama al atardecer

Definitivamente diré, que con cada nueva visita más me adentro en su sentir callejero del día a día, y más me enamoro de esta ciudad que ya hace tiempo que forma parte de la lista de ciudades que no me canso de visitar.

Cazando los tranvías de Lisboa

En Lisboa, los tranvías además de ser un medio práctico de transporte urbano también han llegado a convertirse en uno de los más reconocidos atractivos de la ciudad, ya que la mayoría de las líneas del centro histórico siguen conservando unos vehículos de diseño tradicional y nostálgico que atrae la mirada y las cámaras de los visitantes. La visión de estos coloridos tranvías circulando por las estrechas calles o ascendiendo y descendiendo por las empinadas vías que enlazan los diferentes barrios de la ciudad, mientras alertan de su paso a los sorprendidos y despistados peatones con el repicar de su campana, nos trasladan a otra época.

Tranvía estacionado en la parada de la centrica plaza del Comercio

La red de tranvías de Lisboa está dividida en cinco rutas y cuenta con una flota de 58 vehículos o “carros eléctricos”, como los conocen los lisboetas, de los cuales 40 son tranvías de madera que aún mantienen el carrozado tradicional. Las líneas de “eléctricos” más conocidas y usadas por los turistas son la 28 y la 15. Ambas recorren el centro de la ciudad con frecuentes paradas en los más importantes tramos del recorrido. La línea 28 efectúa un largo recorrido a través de los barrios más importantes del centro histórico, Graca, Alfama, Baixa, Chiado, Barrio Alto y la línea 15 con vehículos más modernos y menos pintorescos, hace el recorrido hasta el importante Barrio de Belém, donde se ubican gran parte de los monumentos más importantes de la ciudad, como el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém y el monumento a los Conquistadores.

Tranvías circulando por los más emblematicos rincones de la ciudad de Lisboa

Los tranvías de Lisboa han llegado a convertirse en uno de los símbolos más representativos  de la ciudad, su peculiar imagen, aparece en libros, postales, productos de souvenirs, anuncios, en los cuadros de los artistas callejeros y, si te descuidas, detrás de ti… Conviene estar siempre muy atento.

Tranvía circulando frente a la Asamblea de la República, en el barrio de Sao Bento

Debo confesarles que la imagen de estos pequeños y románticos tranvías circulando por las calles de Lisboa, repletos de turistas, me atrapa y fascina, hasta el punto de que no había día que caminara por las calles de Lisboa sin acabar  persiguiendo a alguno de estos “carros” por las estrechas callejuelas.  En ocasiones, cuando encontraba un escenario que me atraía, esperaba pacientemente cámara en mano hasta que pasara alguno de estos singulares tranvías por el lugar que ya tenía encuadrado de antemano para “cazarlos”.

Tranvía circulando por las calles del Barrio Alto

La verdad es que con mi proceder, debía ofrecer una extraña imagen a quienes casualmente se tropezaran conmigo, porque si bien es verdad que cada vez son más los turistas que utilizan la fotografía como medio testimonial de los lugares que visitan para luego exhibirlas en los foros y redes sociales, estos actúan como si la cámara o el móvil fuesen una prolongación de sus ojos y, por regla general, disparan a todo lo que se mueve, sin tener demasiado en cuenta otros factores de luz, composición o tiempos.

Turista haciendo fotos a un tranvía en Barrio Alto

Y aunque existen otros grupos minoritarios de turistas aficionados a la fotografía de viajes, que equipados con caros y sofisticados equipos, muestran algo más de interés por esta disciplina, y que cuando estoy haciendo fotos, merodean por la zona con disimulo y “zas” disparan sobre la escena hacia la que estoy apuntando con mi cámara. Al parecer, en estas ocasiones,  ninguno de ellos llegaba a mostrar el interés suficiente,  para superar la incómoda y larga espera necesaria para “cazar” fotos de tranvías en las calles de Lisboa.

Tranvías en la céntrica plaza de Figuiera

Si lo pienso bien, esto de ir de un lado para otro con la cámara a cuesta es cada día más difícil, pero me gusta, así que siempre que viaje a Lisboa seguiré recorriendo sus asombrosos barrios del casco antiguo atento a la caza de nuevas imágenes de estos, convertidos ya en símbolo universal de la ciudad.