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Fotos de viaje, información y sentido del lugar

Antes de iniciar un viaje es conveniente recabar toda la información posible sobre el lugar que se va a visitar. Esta información, que previamente hemos recopilado antes de salir de viaje, se debe seguir incrementando una vez que estemos en el destino con la información publicada que vayamos encontrando en el aeropuerto, e incluso en el hotel. Un buen recurso es observar las postales que se exhiben en las tiendas de recuerdos.

Postales en una tienda de souvenirs de Londres

De esta manera nos podremos hacer una idea de cómo se han interpretado los lugares más emblemáticos del destino y los ángulos de las tomas, para así poder considerar la posibilidad de buscar tomas alternativas según nuestros propios criterios fotográficos. Además, conviene personarse en las oficinas de información y turismo para obtener mapas, folletos e información detallada sobre los temas que más te interesen de la zona o ciudad visitada. También conviene recordar que una de las mejores fuentes de información es la proporcionada por las propias personas que nos rodean, el empleado del hotel o pensión, el camarero, el taxista y, en general, por todas aquellas personas que tengan que ver y conozcan el nuevo entorno en el que nos movemos. Una buena política para comprobar que las informaciones obtenidas por estos medios de trato personal sean las correctas, es la de realizar la misma pregunta a diferentes personas.

Taxista en Dakar, una buena fuente de información

Una vez hemos realizados las averiguaciones pertinentes conviene realizar un guión o plan de trabajo, procurando tener claro cuales son los objetivos que se quieren fotografiar, y seguidamente comenzaremos con las visitas de reconocimiento a los lugares elegidos, donde ya podremos iniciar una primera sesión de fotos a la vez que tomamos nota de los posibles efectos que puede tener la luz sobre el motivo en los diferentes momentos del día. Para esto habrá que averiguar la hora y el punto por donde sale y se pone el sol. 

Zocos de Marrakech

La palabra Zoco o Souk proviene del árabe süq, y se refiere a los mercados propios de los países del norte de África. Estos zocos eran originalmente mercados al aire libre donde los comerciantes del lugar mercadeaban con las caravanas que realizaban las largas rutas comerciales. Con el paso del tiempo, y debido al crecimiento que experimentaban las ciudades, estos mercados se fueron integrando en el interior de los centros urbanos, y con la colonización europea, la utilización del término zoco también se exportó a occidente. Los zocos de Marrakech quizás sean los más populares del vecino Marruecos.

El ambiente de los zocos, siempre me ha causado una gran fascinación. Desde muy pequeño ya acompañaba a mi madre o a mis tías a la compra tanto en el zoco de Tánger como en el de Tetuán (ciudad donde nací). En mi memoria aún permanece viva la sensación que me causaban los vivos colores de las mercancías y productos de la tierra. Los penetrantes aromas de las especias y de las frutas, mezclados de manera ineludible con los olores de los excrementos de las ovejas, cabras y burros que circulaban por entre sus callejuelas. El vociferío de los vendedores promocionando sus mercaderías y el trasiego constante de gente que iba de un lado para otro por los angostos callejones. Más tarde, en posteriores etapas de mi vida, he podido visitar y fotografiar muchos de estos tradicionales y animados zocos en los diferentes países, pueblos y ciudades por los que he viajado.  Pasear por entre sus laberínticas calles aún sigue fascinando y alimentando mis sentidos.

Aromáticas y coloridas especias se muestran en cada rincón del Zoco.

Los zocos de la ciudad de Marrakech constituyen un escenario ideal para que el visitante pueda experimentar esas sensaciones a las que me refiero.  Surgida al amparo del auge militar y comercial, la ciudad floreció en una época en la que las grandes caravanas que realizaban las rutas comerciales, atravesaban el desierto del Sáhara, uniendo así el África negra con las grandes ciudades árabes del norte del continente. Marrakech y sus zocos adquirieron una notable importancia comercial, al convertirse en uno de los enclaves de abastecimiento más importante de la zona. En la actualidad, alrededor de estos mercados o zocos, que ocupan casi toda la mitad norte de la Medina, se sigue apreciando un intenso movimiento productivo y comercial, siendo además uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. En realidad, si vas a Marrakech y no te pierdes paseando por entre sus zocos no has disfrutado de la esencia de esta ciudad.

Teteras platedas de latón, expuestas en un comercio en el Zoco de Marrakech.

En estos abigarrados zocos, en los que podrás encontrar todo tipo de objetos y productos, conviene recordar que el regateo es parte del juego comercial. Una ley no escrita que propicia el trato comercial y personal entre vendedor y cliente. También conviene recordar que hay que actuar con cautela y respeto para con las costumbres culturales de los autóctonos, sobre todo a la hora de realizar fotografías a las personas. Para ejercer esta actividad (cada vez más extendida) es conveniente que antes de disparar pidas permiso a los improvisados modelos, así todo fluirá de una manera más satisfactoria y correcta para todos.

Comerciante en el interior de una tienda en el Zoco de Marrakech.

Y es que hoy día, con el masivo uso de cámaras digitales, teléfonos móviles o tablets que incorporan cámara de foto y vídeo por una gran parte de los turistas que recorren la ciudad con la actitud y el deseo irrefrenable de captar sus propios recuerdos para luego luego publicarlos en las redes sociales, es fácil entender que las gentes del país se sientan acosadas y hastiadas, y que, cada vez más, se nieguen, en ocasiones hasta de manera algo violenta, a ser tratadas como si fuesen personajes de un parque temático o animales de zoológico. 

Laberínticos paseos cubiertos con comercios atestados de mercancías variopintas.

Deambular pausadamente por entre las laberínticas callejuelas que conforman la medina es toda una experiencia, y a través del paseo curioso podremos acceder hasta los comercios y talleres de los diferentes gremios de artesanos que, agrupados por zonas o barrios, han dado origen a los diferentes zocos de Marrakech.

Aunque no es tarea fácil para el visitante distinguir los límites de estos zocos, repartidos por la medina de Marrakech, finalmente he podido destacar los que a continuación expongo:

1.- Zoco el Bab Salaam. Uno de los zocos más frecuentados por los turistas, al que acuden los nativos para proveerse de todo tipo de mercancías, que van desde productos varios de alimentación, especias, cosmética hasta comida para aves.

Pequeños puestos del Zoco, en los que se puede conseguir “casi de todo”.

2.- Zoco Zrabia o de las alfombras. Este zoco, en el que ahora se pueden apreciar coloridas alfombras y tapices de alegres dibujos geométricos, fue en otros tiempos un lugar en el que se celebraban las subastas de los esclavos que traían los negreros.

Bicicleta aparcada junto a unas alfombras colgadas en un muro del Zoco

3.- Zoco de los Tintoreros. Para los amantes de la fotografía, este zoco ofrece un colorido espectáculo con sus madejas de lana recién teñidas colgando para su secado en cuerdas o rústicos soportes de palo y caña, a lo largo de las calles en las que se ubican los talleres y comercios de este tradicional gremio de artesanos.

4.- Zoco Smata o de las babuchas. Las pequeñas tiendas y talleres de este zoco abren sus puertas cada día para ofrecer a los clientes sus originales y coloridas babuchas, realizadas en cuero con diferentes acabados y diseños, entre las que destacan los modelos más tradicionales acabados en punta.

Tienda repleta de coloridas babuchas en el interior del Zoco

5.- Zoco de los curtidores. Este mercado o barrio de curtidores está bastante alejado de la zona central, más frecuentada por los turistas, y la razón es bastante obvia, el nauseabundo olor que despiden las pieles de los animales que son empapadas en las grandes cubas de cemento. El olor es tan desagradable que los guías reparten hojas de hierbabuena a sus turistas para que colocándolas bajo las fosas nasales, puedan soportar el pestilente ambiente.

Zoco de curtidores un lugar poco frecuentado por los turistas convencionales.

Además de los expuestos en estas breves  referencias, la cantidad de zocos ubicados en la medina de Marrakech puede pasar de la veintena, y a esta lista habría que añadir unos cuantos más. Tales como el Zoco el Kebir, ubicado en una de las principales arterias de la medina y donde se exhiben atractivos artículos de cuero y marroquinería, el Zoco de Siyyaghin o mercado de las joyas, Zoco el Maazi, donde se comercia con pieles de cabra, Zoco Chourai, en el que trabajan los artesanos de la cestería y la madera, Zoco de Addadine, especializado en trabajos de latón y cobre… Así uno tras otro, el paseo te va introduciendo en este exótico mundo de los zocos, que te retrotraen en la historia o te trasladan hasta los escenarios imaginados en las mil y una noches.

Finalmente, entre tanto paseo por las intrincadas callejuelas y plazas de la medina en busca de los exóticos zocos llega el momento de realizar un alto en el camino y, si andas atento, entre tantos bazares y puestos siempre encontrarás algún rincón donde acomodarte para degustar cualquiera de los exquisitos platos de la cocina marroquí y tomarte un tiempo para  el merecido descanso.

En el Zoco de Marrakech podrás disfrutar de la excelente cocina marroquí y de su tradicional té de menta.

Distribuidos por la medina podrás encontrar gran variedad de establecimientos que ofrecen sus servicios de restauración, con diferentes estilos y tendencias, entre los que podrás elegir según tus gustos y posibilidades.

Restaurante adaptado para turistas, en la azotea de una casa en el centro de La Medina de Marrakech

Eu amo Lisboa

La primera vez que viaje a Lisboa lo hice como fotógrafo para una compañía discográfica venezolana que deseaba promocionar uno de sus cantantes de salsa, con una gira por Europa. Y aunque en esa ocasión por razones del propio trabajo no pude dedicar mucho tiempo para conocer la ciudad, lo poco que pude ver, me pareció muy interesante.

Vista de la ciudad desde el castillo de San Jorge

Desde esa primera incursión iniciática, he seguido visitando la ciudad en otras nuevas ocasiones. Estas otras incursiones han sido propiciadas por diferentes y variados motivos. Pero lo que ha permanecido inalterable, es mi atracción por este histórico emplazamiento luso, a pesar de que en los últimos tiempos he venido comprobando que también esta sufriendo las consecuencias del fenómeno conocido como gentrificación.

Modernos edificios y estructuras en el Parque de las Naciones

Lisboa es una ciudad con vocación modernista, y pruebas de ello las tenemos en las nuevas obras de ingeniería y arquitectura que se suman al paisaje urbano de la ciudad, como es el caso del moderno distrito surgido alrededor del Parque de Las Naciones. Pero a pesar de esta apuesta por la modernidad, Lisboa sigue teniendo ese encantador aire decadente que nos traslada a la época de las colonias. En muchas ocasiones, mientras camino por entre sus calles y plazas, tengo la sensación de estar recorriendo algunas de las ciudades de nuestra América del Sur. La arquitectura, la distribución de sus calles y una exuberante vegetación en la que abundan las palmeras, me hacen recordar ciudades de Cuba, Brasil o Ecuador.

Iglesia de San Vicente de Fora y cúpula del Panteón Nacional

La ciudad de Lisboa, asentada en el estuario del río Tajo, con una superficie de casi 3.000 kilómetros cuadrados y una población que supera el medio millón de habitantes, cuenta con numerosos vestigios arquitectónicos y monumentales, reminiscencias de su esplendoroso pasado colonial y de la proyección mundial que tuvieron los portugueses a través de sus marinos y conquistadores.

Monumento a los Conquistadores, en el barrio de Belém

La ciudad está distribuida en distritos o barrios, siendo los de Belém, Alfama, Chiado, Baixa y Barrio Alto, los más conocidos y populares. La mejor forma de conocerlos, sin duda, es a pie, pero dado lo elevado de las colinas circundantes en las que se encuentran algunos de los asentamientos y las largas distancias entre algunos de los diferentes distritos, se recomienda hacer uso de los transportes públicos, ya sean los típicos y peculiares tranvías, el metro, los autobuses o los taxis, cuyas tarifas son relativamente bajas.

Tranvía estacionado en la Plaza del Comercio, centro neurálgico de la ciudad

También, se puede hacer uso de los autobuses de recorrido turístico basados en el sistema “hop-on hop-off”, que te permiten desplazarte hasta los enclaves de mayor interés, realizar la visita a tu aire y retomar el servicio de la línea cuando te apetece. En Lisboa existen actualmente tres líneas, CitySightseeing y Cityrama con autobuses de color rojo que salen desde la plaza del Marqués de Pombal y la tercera línea con autobuses de color amarillo de nombre Yellowbus que, además de ser un servicio oficial, ofrece a mi entender mucho más agilidad en sus líneas y combina en el mismo ticket, sus servicios con los tranvías que circulan por las estrechas y empinadas calles del casco histórico, en los que podrás desplazarte hasta los barrios más carismáticos de la ciudad.

Histórica y emblemática Torre de Belém, a orillas del río Tajo

Torre Vasco de Gama, monumento a los Conquistadores, Monasterio de Los Jerónimos, Torre de Belém, Castillo de San Jorge, Catedral de Sé… Así podríamos seguir enumerando una larga lista de iglesias, edificios, plazas y monumentos repartidos por la toda la geografía urbanística de la ciudad, por los que Lisboa merece ser recorrida de un extremo a otro sin olvidarnos, claro está, de sus dorados atardeceres.

Puente 25 de Abril, sobre las aguas del río Tajo

Los paseos en barco por el río, las extensas playas cercanas, las exquisitas recetas gastronómicas, sus famosos pasteles de Belém, los Fados, el talante tranquilo y hospitalario de sus gentes,… Todos estos ingredientes, y más, contribuirán a que el visitante se sienta atraído por este enclave lusitano asomado a las orillas del Atlántico, de tal manera que pueda llegar a sentir en propia piel la expresión que da nombre a este artículo: “Eu amo Lisboa” (Yo amo a Lisboa).

Vista del barrio de Alfama al atardecer

Definitivamente diré, que con cada nueva visita más me adentro en su sentir callejero del día a día, y más me enamoro de esta ciudad que ya hace tiempo que forma parte de la lista de ciudades que no me canso de visitar.

La misteriosa ciudad de Petra, excavada en la roca

Visitar la misteriosa ciudad de Petra era desde siempre uno de los principales objetivos viajeros que deseaba cumplir. Por eso, organicé este viaje a la Jordania legendaria y arqueológica para, de esta manera, sentir, disfrutar y fotografiar de forma directa, las extraordinarias edificaciones excavadas y ocultas entre las rojizas piedras del Valle del Aravá.

La ciudad creada por los Nabateos, un pueblo de origen nómada que habitualmente vivía en sencillas tiendas construidas con piel de cabra, sigue sorprendiendo a todo aquel que la visita. Así mismo debió sucederle a Jean Louis Burckhardt, el aventurero de origen suizo que viajando disfrazado de mercader árabe explorando el interior de África, acabó descubriendo en 1812 la antigua y misteriosa ciudad, oculta en el interior de las montañas, y de la que le hablaban los beduinos que iba encontrando en su camino.

Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra
Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra

LA MISTERIOSA CIUDAD DE PETRA

A la ciudad de Petra, oculta durante más de 2000 años entre los desfiladeros y elevaciones de las montañas que se extienden sobre el Valle del Aravá, una frontera natural entre las fértiles tierras de Palestina y las desérticas tierras de Arabia, se accede a través de un angosto y estrecho desfiladero de 1.200 metros de longitud, con paredes que superan los 80 metros de altura y que en ocasiones apenas dejan pasar la luz del Sol. Pero cuando llegas al final del desfiladero, antes de acceder a la zona más amplia e iluminada, se vislumbran los perfiles de la primera construcción, de nombre Al-Khazneh, más conocida como El Tesoro.

Es en ese preciso momento cuando puedes llegar a comprender y experimentar la emoción que debió sentir su descubridor, cuando tras atravesar ese estrecho, con los peligros de emboscada que suponía, se encontró con esta increíble construcción de estilo helenístico, labrada en la piedra, y que, al parecer, sirvió como tumba de un importante rey Nabateo.

Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro
Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro

Nada te prepara para tu primera impresión de la misteriosa ciudad de Petra

Tengo que reconocer que, a pesar de toda la información que como es habitual había consultado previamente, y de las numerosas fotos y mapas que estuve visionando antes de viajar a la misteriosa ciudad de Petra, una vez logré atravesar el desfiladero y recrearme con la increíble construcción que se erige en esta entrada principal, no pude dejar de asombrarme a cada nuevo paso que daba. Entre las montañas, se erigían verdaderos conjuntos arquitectónicos esculpidos entre las altas y rojizas rocas, alternando su presencia con otras construcciones de clásicas proporciones, irguiéndose sobre el cauce más llano del barranco.

Los distintos conjuntos dentro del emplazamiento

El Teatro, que podía albergar hasta unas 8.000 personas, y una amplia avenida flanqueada por las columnas próximas a los Templos. También, un extraordinario complejo habitacional, en el que no faltaba el agua. El preciado elemento, imprescindible para la vida, y tan difícil de conseguir en estos desérticos parajes, se obtenía gracias a la construcción de ingeniosos canales y albercas o depósitos subterráneos, creados para almacenar y distribuir el agua de las lluvias por toda la ciudad.

Avenida rodeada de columnas en Petra
Avenida rodeada de columnas en Petra

Mientras deambulaba por entre las ruinas arqueológicas de la antigua ciudad, la principal incógnita que seguía rondando por mi cabeza era la de intentar comprender cómo en un ambiente tan inhóspito, los Nabateos, un pueblo de origen nómada, llegó a construir esta gigantesca metrópoli, en la que se pueden observar los diversos estilos arquitectónicos de la época: romano, griego e incluso egipcio; todo un símbolo de poder y riqueza en medio de tan desolados parajes.

Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra
Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra

Un espectacular secreto escondido en el desierto y que, tan solo 200 años atrás, era la tierra donde moraban los Djinn, unos genios invisibles, a los que las antiguas leyendas del desierto, contadas de generación en generación por los beduinos del sur de Jordania, atribuían la creación de estas fabulosas y misteriosas edificaciones.

Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle
Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle

Ascensión hasta Ad-Deir / El Monasterio de la misteriosa ciudad de Petra

Pero a pesar de los genios de las leyendas y del calor sofocante que caía sobre nuestras cabezas, estaba claro que subiría los más de 800 escalones que ascendían esculpidos en las rocas, por escarpados barrancos, hasta la zona en la que se ubica uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Petra, el Ad-Deir o Monasterio para conseguir ver y fotografiar esta maravilla.  

Beduinos en camello atravesando el valle
Beduinos en camello atravesando el valle

El Monasterio, es uno de los edificios más importantes del complejo arquitectónico de Petra. Su fachada exterior, esculpida en la roca, mide 48 metros de alto por 47 de ancho. El frontal de la edificación, exhibe un pórtico flanqueado por columnas y en su interior se encuentran dos amplias salas, que durante el periodo bizantino fueron utilizados como capilla cristiana, de ahí el nombre de Monasterio (Deir en árabe). La mayoría de los turistas que acuden a Petra con una excursión programada de un solo día se quedan sin la oportunidad de visitarlo, debido a la lejanía de esta construcción con respecto al resto del conjunto y, también, al escabroso camino de acceso a través de barrancos y nuevos desfiladeros en los que se hace necesario emplear casi una hora en subirlos, según las condiciones físicas de cada cual.

El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle
El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle

Un final memorable de la visita a Petra

Pero llegar hasta allí arriba tenía su recompensa. Un montón de fotografías desde todos los ángulos posibles y un merecido refresco sentado a la sombra, en el improvisado kiosco que los actuales descendientes de los antiguos Nabateos (o así lo afirman los beduinos que allí viven), habían montado estratégicamente frente a la pétrea y colosal edificación. Desde allí, reflexionaba sobre el posible origen de toda esta increíble obra formada por cientos de construcciones, la mayoría de ellas directamente talladas en las paredes rocosas de los escarpados cañones.

Circunstancias, todas las aquí narradas, por las que la misteriosa ciudad de Petra no deja de sorprender a todo aquel que tiene la oportunidad de visitarla y contemplarla.

Moderna y luminosa ciudad de Tel-Aviv

A finales del pasado año 2017 la Oficina de Turismo de Israel me contactaba para solicitar mi participación en una exposición fotográfica sobre el país. La muestra, inaugurada en el pasado 27 de noviembre, se expondría en las instalaciones que la compañía B The Travel Brand tiene en Madrid, con 23 imágenes aportadas por otros tantos seleccionados fotoperiodistas españoles.

Mientras visualizaba las fotografías obtenidas en mi visita a Israel, para realizar una primera selección, recordaba las agradables sensaciones y experiencias que me aportaron los lugares visitados durante mi recorrido por el país. En especial la ciudad de Tel-Aviv, una urbe joven, dinámica y luminosa, que me cautivó desde el primer momento en que pisé sus calles. Y, curiosamente, fue una imagen tomada en la avenida marítima de esta ciudad la que los organizadores seleccionaron para la exposición.

Junto a la foto seleccionada en las instalaciones de B The Travel Brand

A mi entender, en esa captura que habían elegido se sintetizaba el espíritu evolutivo de la ciudad. En la imagen un joven en bañador sujetaba una tabla de surf, mientras esperaba a que un semáforo de la avenida marítima le permitiera el paso a la otra acera, en la que destacaba un moderno edificio de extraña concepción arquitectónica junto a las vallas de una nueva obra y una espigada grúa de color rojo. Modernidad, cultura, progreso y juventud, esto es lo que puede observarse en la instantánea, y en cada rincón de Tel-Aviv.

Ambiente joven y multicultural, en la costa de la ciudad

La ciudad, fue creada al norte de la antigua ciudad y puerto mediterráneo de Yafo, en el año 1909, como un primer barrio residencial con el nombre de Akhuzat Bayit. La zona pronto comenzó a expandirse y se fueron creando nuevos barrios hasta llegar a conformar un importante núcleo urbano, que en 1910 fue renombrado como Tel-Aviv, que viene a significar “Colina de la Primavera”.

Precisamente, en uno de esos populosos y acogedores barrios establecí mi temporal alojamiento. Había alquilado un piso vacacional, a través de Internet, para de esta manera poder relacionarme de una manera más directa, con la vida diaria de sus propios ciudadanos. El resultado fue bastante satisfactorio, el ambiente del barrio, era de lo más tranquilo y el entorno muy agradable. Los bloques de apartamentos, eran edificios de no más de tres plantas, rodeados de árboles y zonas ajardinadas.

Barrio residencial al norte de la ciudad

Me gustaba salir por las mañanas, dirigirme a la amplia avenida que cruzaba la zona para comprar el pan y tomarme un expreso en la terraza del bar de la esquina, junto a una pequeña tienda de comestibles. Los jóvenes camareros y camareras me atendían de manera cordial y respondían amigablemente ante mis demandas de información sobre el lugar. Tras estos preámbulos comenzaba cada mañana con mis incursiones por la ciudad, la mayoría de las veces a pie (que dicho sea de paso, siempre es la mejor manera de descubrirla) dada la estratégica situación del apartamento.

Zona de playas en la costa de la ciudad

Catorce kilómetros de blancas playas, puertos deportivos, avenidas, hoteles y zonas ajardinadas, se extienden frente al Mediterráneo para uso y disfrute de propios y foráneos. El ambiente en la zona costera de la ciudad era de lo más variopinta y animada, pero esta diversidad no es solo reflejo de la multinacionalidad de sus visitantes. También es consecuencia directa, de la continua afluencia de inmigrantes judíos, que venidos hasta el Estado de Israel, desde las antiguas comunidades soviéticas, europeas y americanas, han propiciado de manera evidente el carácter internacional y cosmopolita que se respira en toda la ciudad.

Una joven observa el skyline de la ciudad, desde la terraza de un restaurante en Jaffa

Tras el largo y gratificante paseo por la costa, el panorama urbano plagado de altas estructuras y edificios va quedando atrás, dando paso a la antigua y reconstruida ciudad portuaria de Jaffa. En esta zona urbana, se ubican algunas de las más importantes iglesias, monasterios y mezquitas de la zona, tales como la iglesia de san Pedro y el Monasterio Franciscano. Pasear por los jardines construidos sobre lo más alto de la colina, que dominada el puerto, visitar galerías de arte, adquirir interesantes artículos de artesanía y joyería o degustar un buen pescado de la zona, en cualquiera de los restaurantes repartidos por sus calles y puerto completará la visita a tan histórico lugar en el que en otros tiempos desembarcaban las expediciones militares de los Cruzados para dirigirse a Tierra Santa.

Vista del histórico puerto de Jaffa

Siguiendo con mi periplo por Tel-Aviv, me adentro por las callejuelas del barrio de Neve-Tzedek, primer asentamiento judío construido en las afueras de Yaffa, actualmente convertido en un encantador barrio repleto de cafeterías, bares y tiendas en las que destacan un especial toque de bohemia y modernismo. Un barrio tranquilo con buenos ambientes, en el que merece la pena alojarse en alguno de los pequeños hoteles o habitaciones de la zona, tal como yo mismo hice a mi vuelta del Mar Rojo. Su estratégica ubicación permite desplazarse fácilmente hasta la zona de playas, el viejo puerto de Jaffa, la popular zona de Florentín, donde abundan los restaurantes y cafeterías de moda, o el cercano mercado del Carmel.

Puesto de venta de verduras en el mercado del Carmel

El Carmel es un enorme mercado al aire libre ubicado en el barrio de los yemenitas y muy cercano al barrio de Neve Tzedek, que está considerado como uno de los mercados de mayores dimensiones en todo el Oriente Medio. Entre sus calles, compartiendo espacio con los puestos de frutas, verduras y mercancías de todo tipo, se encuentran numerosas galerías de arte que exhiben y ofrecen obras de seleccionados artistas nacionales e internacionales. Pasear por entre las diferentes calles del Mercado Carmel y del barrio que lo circunda es toda una experiencia de olores y colores para los sentidos que no debes perderte.

Vista de la plaza Dizengoff, en el centro urbano de la ciudad

Si te gusta el arte arquitectónico, en las calles y avenidas de los diversos barrios de Tel Aviv podrás ir localizando diferentes edificios de innovadores y atrevidos diseños que en ocasiones incluso parecen desafiar a las leyes más elementales de la gravedad.

La zona de Tel Aviv conocida como Ciudad Blanca hace referencia al lugar de la ciudad donde más edificios de estilo Bauhaus, fueron construidos en los años treinta por arquitectos judíos alemanes que escaparon del régimen nazi. La construcción de numerosos edificios de arquitectura modernista repartidos por toda la ciudad hizo que la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad en el año 2003.
La tendencia general de incorporar nuevos edificios de corte arquitectónico modernista a la ciudad sigue siendo un valor cultural y artístico añadido en Tel Aviv.

Sicilia, isla histórica y legendaria

Es muy frecuente que al pronunciar el nombre de Sicilia nuestro interlocutor lo asocie de inmediato con imágenes e historias de la “mafia”. La mayor parte de ellas, introducidas en la memoria colectiva por la industria del cine y la televisión.

Aunque, para sorpresa de todos los que la visitan, Sicilia, la isla más grande del Mar Mediterráneo, ofrece mucho más que estas historias sobre la mafia. La isla se muestra como una tierra en la que abundan los vestigios arquitectónicos y culturales heredados de los múltiples pueblos que en diferentes épocas de la Historia la conquistaron y poblaron.

Templos griegos, villas romanas, mezquitas y catedrales normandas, aparecen repartidos por la geografía de esta isla mediterránea, permaneciendo hasta nuestros días como testigos fieles de la impronta cultural dejada por fenicios, griegos, cartagineses, romanos, germánicos, bizantinos o normandos. Una historia repleta de invasiones, conquistas y reconquistas, que junto a la insularidad y a lo intrincado de su geografía, han modelado a través de los tiempos el peculiar carácter de sus gentes que orgullosamente anteponen su identidad y cultura siciliana a la de la propia nación italiana a la que pertenecen.

Adentrarse en los ambientes humanos de esta isla de cinco millones de habitantes compartiendo, aunque solo sea por un momento, el modo de vida sus habitantes es una experiencia absolutamente recomendable. Son numerosos los pueblos y paisajes que con su carga de historia, tradiciones y leyendas, convierten el viaje a Sicilia en una instructiva aventura.

Palermo, la capital de la isla, es una de las visitas imprescindibles. La antigua ciudad está repleta de impresionantes edificios y monumentos entre los que destaca la catedral y el Palazzo dei Normanni, de curioso estilo árabe-normando. Callejear por ella es como pasear por las diferentes etapas de su historia.

Vista de la catedral de Palermo

Cerca de Palermo, a tan solo 13 km de distancia, se halla la zona costera de Mondello, a los pies del monte Pellegrino. Grandes villas, hoteles y un antiguo balneario, siguen en pie, recordando las doradas épocas de un turismo de élite que prosperó en la zona entre los años 1890 y 1910.

Antiguo balneario en la playa de Mondello

También muy próximo a la capital se encuentra Monreale, una población de montaña, cuyo origen se remonta a la Baja Edad Media. Su grandiosa catedral normanda y el claustro interior de 228 columnas, lo han convertido en lugar de visita obligada.

Claustro interior de la catedral normanda de Monreale

Cefalú es un atractivo pueblo de la costa norte. Sus luminosos rincones marineros y una colosal catedral normanda construida a la sombra de una gran peña, han propiciado que este pueblo de pescadores sea uno de los lugares más visitados de la isla.

Puerto y costa de Cefalú

Para adentrarnos en la historia de las grandes civilizaciones que se establecieron en esta isla, es obligado pasear sin prisa por el Valle de los Templos, un importante yacimiento arqueológico en las cercanías de la ciudad de Agrigento. Contemplar los magníficos restos de los templos de Juno, Hércules, Júpiter Olímpico, Dioscuros o el de la Concordia es todo un espectáculo, y de manera muy especial, cuando al caer la tarde los últimos rayos solares se reflejan sobre las antiguas construcciones de piedra, tiñéndolas con un refulgente y cálido tono naranja.

Restos arqueológicos y templo de la Concordia, en Agrigento

Otro de los espectáculos que nos ofrece la isla es la visita al volcán Etna, el más grande y activo de Europa. La última vez que mostró actividad fue pocos días antes de iniciar nuestro recorrido el pasado mes de marzo. Desde las poblaciones cercanas todavía se podía vislumbrar la columna de humo sobre su cima.

Vista del volcán Etna, en actividad

Catania, en la costa oriental, es una de las grandes poblaciones próximas al volcán, que ya en 1669 sufrió los efectos de una devastadora erupción. Esta populosa ciudad en la que destaca la Piazza del Duomo y su original fuente del Elefante fue declarada en el 2002 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Vista de la ciudad, con el volcán Etna en el horizonte

La encantadora Taormina, ubicada sobre las altas y rocosas costas entre las que se suceden pequeñas calas y bahías, bañadas por las tranquilas aguas del mar Jónico, también se encuentra próxima al volcán. De hecho, desde las antiguas ruinas del Teatro Griego, se puede contemplar su silueta destacando sobre la costa y el mar, a manera de fondo natural de tan histórico escenario.

Ruinas arqueológicas del Teatro Griego

Siracusa, es una de las grandes ciudades históricas de Sicilia, que bajo ningún concepto, debes dejar de visitar. Por sus calles y plazas pasearon algunos de los más grandes filósofos y matemáticos de la época helénica, tales como Platón, Esquilo o Arquímedes. El antiguo barrio de la isla de Ortigia, con sus muros de defensa y la zona central en la que se ubica la Piazza del Duomo, se ha convertido en una zona de referencia para los visitantes de la ciudad. También merece la pena visitar el Parque Arqueológico de Neapolis, donde se ubican los principales monumentos griegos y romanos, aunque durante nuestra incursión pudimos observar, con cierta tristeza, que la mayor parte de las instalaciones se encuentran en un lamentable estado de abandono.

Piazza del Duomo

Para recorrer Sicilia y poder descubrir sus encantadores rincones te recomendaría alquilar un coche. Esta opción te aportará más autonomía y libertad de decisiones, pero a la vez necesitaras grandes dosis de paciencia y bastante agilidad a la hora de circular entre el caótico tráfico de las ciudades y la temeraria falta de respeto a las normas de tráfico, con la que la mayoría de los conductores conducen por las carreteras de la isla. Pero, si pasas la prueba con éxito, podrás llegar a lugares de gran interés como los descritos y otros tantos más, como pueden ser las dos Ragusas.

Ragusa Ibla, pequeña ciudad señorial construida sobre una elevación montañosa en el fondo de un valle y la nueva Ragusa Superiore, más amplia y moderna y construida tras el terremoto de 1693.

Histórica y moderna Jerusalén

Desde el primer momento en que vislumbre la ciudad de Jerusalén, desde lo alto del monte Sión. No pude dejar de pensar en los ancestrales motivos que a lo largo de los tiempos, han convertido a este singular emplazamiento de Oriente Próximo, en lugar sagrado y de conflictiva confluencia, para las tres mayores religiones monoteístas del mundo. La ciudad de Jerusalén, esta directamente vinculada al origen de las religiones Abrahámicas, y ha sido paradójicamente, escenario directo de destacados episodios en la historia de la humanidad, casi siempre motivados por el deseo de obtener el control de este místico enclave. Desde los tiempos del rey David y de su hijo Salomón, hasta nuestros días, el codiciado enclave, ha estado ligado a continuas historias de construcciones y destrucciones.

No pretendo enumerarte en este artículo sobre Jerusalén, la larga historia de batallas por el poder, que en nombre de la religión, se han venido produciendo. Tampoco es mi intención relacionar todas las posibles rutas peregrinas, ni describir con detalle testimonial, una larga lista de los lugares de cultos, que se pueden visitar en este crisol de religiones. Por el contrario, preferiría intentar transmitirte y mostrarte, algunas de las sensaciones vividas durante mi visita a esta emblemática ciudad. Así que, siguiendo con mi tendencia de implicarme todo lo posible en la vida cotidiana de los propios habitantes de las ciudades que visito. Lo primero que hice fue buscar para mi estancia en Jerusalén, una vivienda privada a través de Hundredrooms, un buscador que aglutina a los mejores proveedores de este tipo de alojamientos.

Zona residencial de German Colony
Zona residencial de German Colony

Finalmente elegimos un pequeño apartamento ubicado en la Colonia Alemana, un agradable y tranquilo barrio residencial, relativamente cercano al centro histórico de Jerusalén. Un barrio, jalonado de modernas cafeterías y restaurantes. Con supermercados, tiendas y varias paradas de autobús, en el que pronto pude llegar a sentirme como en casa, tanto de día como de noche.

Ambiente nocturno en la Colonia Alemana
Ambiente nocturno en la Colonia Alemana

Si viajas a Jerusalén, podrás comprobar que alrededor de los muros que albergan a la ciudad vieja, en la que aún hoy, se pueden observar vestigios arqueológicos de arcos romanos, fosos bizantinos, muros levantados por los cruzados, bastiones otomanos y templos religiosos de los más variados credos. Se extiende una nueva y moderna ciudad de grandes avenidas, con amplios centros comerciales, museos, jardines, restaurantes y todo tipo de servicios propios de una gran urbe contemporánea. Una imagen muy alejada de la estampa que ofrece la laberíntica ciudad histórica.

Moderna zona comercial de Mamilla
Moderna zona comercial de Mamilla

El contraste que se establece entre la moderna ciudad que se erige fuera de las murallas, y el ambiente medieval del interior. Me descubría una imagen muy diferente a la que previamente, me había imaginado. Este nuevo y moderno aspecto de la ciudad, que podía observar a mi alrededor, con sus terrazas, cafeterías, restaurantes y tiendas de última generación. Que a pesar de sus vanguardistas diseños, seguía conservando, el original estilo arquitectónico de Jerusalén, realizado a base de piedra caliza dolomítica, me sorprendía agradablemente.

Vista de la ciudad desde el Monte de los Olivos
Vista de la ciudad desde el Monte de los Olivos

En una primera toma de contacto con la ciudad, se hacia imprescindible subir hasta el Monte de los Olivos, un histórico lugar repleto de cementerios y templos, desde el que se puede observar una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad, con la dorada cúpula del Templo de la Roca, centralizando la escena. Tras esta iniciática visita al huerto de Getsemaní y otros lugares sagrados, ubicados en las laderas de este monte de los olivos. Comenzamos nuestro recorrido por entre los diferentes barrios y templos de la vieja ciudad de Jerusalén.

El barrio judío y la visita al conocido Muro de las Lamentaciones, era una de las visitas obligatorias. A partir de ese punto ya podemos adentrarnos por las estrechas callejuelas, que discurren por entre los barrios musulmán y cristiano.

Vista de la ciudad vieja y Muro de las Lamentaciones
Vista de la ciudad vieja y Muro de las Lamentaciones

Es evidente que en el interior de esta vieja y sagrada ciudad de Jerusalén, hay muchas cosas que ver y que no somos los únicos visitantes. Números grupos de turistas y peregrinos venidos de los lugares más dispares del planeta, inundan cada día las estrechas calles. Mezclándose con los propios habitantes de los barrios, que realizan sus actividades diarias, entre los numerosos bazares, restaurantes y cafetines, que flanquean las calles de este antiguo emplazamiento.

Debo reconocer, que al caminar por el interior del casco medieval de Jerusalén, se tiene la sensación de sumergirse en la historia.

Modernas calles y avenidas fuera de los muros de la ciudad vieja
Modernas calles y avenidas fuera de los muros de la ciudad vieja

Durante los días sucesivos seguimos con nuestro descubrimiento de Jerusalén, visitamos algunos de los emplazamientos más destacados de la ciudad, tales como el Knesset, el edificio que alberga al Parlamento israelí, los jardines de Wohl Rose Garden, Botanical Garden y como no los museos, entre los que resalto y recomiendo el Museo Israelí, en el que podrás disfrutar con sus exposiciones sobre historia, arqueología y arte de todos los tiempos. En los jardines exteriores de este museo se encuentra una formidable maqueta de la vieja ciudad de Jerusalén y el Shrine of the Book, donde se exhiben los famosos rollos del Mar Muerto.

Jardínes de Wohl Rose Garden
Jardínes de Wohl Rose Garden

Al final de cada incursión diaria, volvíamos a nuestro barrio, nos acercábamos a los supermercados para comprar provisiones, paseábamos por entre los comercios y rincones, intercambiamos algún que otro comentario con los lugareños, que ya íbamos conociendo. Llegando a sentirnos de esta manera, un poco más vecinos y un poco menos turistas.

Para más información sobre Jerusalén, visita la página de Turismo de Israel

Venecia

Venecia ó Venezia, construida en el siglo V, por el pueblo Véneto, en el interior de una laguna, con el propósito de permanecer fuera del alcance de las hordas bárbaras, que saqueaban Europa. Es sin lugar a dudas, uno de los asentamientos humanos más emblemáticos y conocidos del planeta.

Y paradójicamente, la ciudad concebida para protegerse de las invasiones de otros pueblos, es ahora, invadida cada día por miles de turistas, que venidos desde los más diversos rincones del mundo, pasean por sus calles intentando atrapar la esencia, ya en ocasiones trasnochada, de este singular enclave del mediterráneo.

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Aunque cualquier momento, es bueno para visitar la ciudad de Venecia, recomendamos no hacerlo en la época veraniega, para evitar así las grandes aglomeraciones de turistas. En esta época, el transito de viajeros que deambulan cámara en ristre, de una lado para otro de la ciudad, llega a ser muy agobiante. Especialmente, en los enclaves más significativos, tales como la Plaza de San Marcos o el puente de Rialto. Esta enorme afluencia de visitantes, esta llegando a ser realmente preocupante, tanto para las estructuras y cimientos de la ciudad, afectados por el paso de los gigantescos cruceros, que surcan el Gran Canal para atracar en el puerto de la ciudad. También los propios habitantes, ven como su vida diaria se complica y agrava con la superpoblación y con el encarecimiento de los productos básicos, que este fenómeno conlleva.

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Si quieres viajar a Venecia, te recomiendo el otoño, ese paso de verano a invierno, una estación en la que podrás descubrir la autentica esencia de la ciudad, disfrutando de sus ambientes de manera más sosegada. Paseando sin prisa ni colas por sus calles y plazas.

Venecia, a pesar de la creciente y constante afluencia de visitantes, sigue ofreciendo, multitud de buenas razones para disfrutar con sus ambientes, arquitectura e historia. Para empezar, encamina tus pasos a los lugares más emblemáticos, tales como la y plaza y Basílica de San Marcos, centro de la vida religiosa y turística. El Palacio Ducal, el puente de los Suspiros ó el Campanile de San Marcos, la torre más alta de la ciudad, desde donde podrás realizar unas interesantes fotos panorámicas del entorno.

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Si tu bolsillo te lo permite, date un paseo en una tradicional góndola por los canales de la ciudad. Si esto no es posible, utiliza los transportes colectivos, conocidos como vaporettos, -una especie de autobuses acuáticos- para y trasladarte por un precio mucho más asequible, de una parte a otra de la ciudad. Tal como lo hacen los propios venecianos.

Callejea por entre las estrechas y laberínticas callejuelas de la ciudad, para descubrir nuevos rincones, plazas y jardines, que alejados de los centros turísticos, permanecen a la espera de ser descubiertos solo por los que se atreven a perderse, entre sus ancestrales calles y canales.

Cuando te sientas cansado, de tanto descubrimiento, acomódate en una de las terrazas con vistas a la laguna y observa como se mecen las embarcaciones a la dorada luz del atardecer, mientras te tomas un café, una buena copa de vino o mejor un Spritz, un refresco con alcohol, tradicional de la zona del Véneto.