Skip to main content

Wadi Rum, el desierto rojo de Jordania

Wadi Rum, el desierto rojo que se extiende al sur de Jordania, en las proximidades del también Mar Rojo, es un extraordinario paraje natural y protegido, salpicado por escarpadas montañas de arenisca y granito, ante cuya visión no pude más que sentir admiración y asombro. Wadi Rum o Uadi Rum, como se traduciría literalmente del árabe, llegó a ser muy conocido en Occidente por haber sido escenario de la Rebelión árabe ocurrida entre los años 1916 y 1918, en la que participó de manera muy activa un oficial británico de nombre Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.

Como dato curioso, cabe mencionar que en recuerdo y honor a las hazañas y la vinculación de este insigne personaje con la región de Wadi Rum, entre las formaciones montañosas de este desierto, destaca una a la que se bautizó con el nombre de Los Siete Pilares de la Sabiduría, en referencia al libro escrito por T.E. Lawrence, donde relata sus experiencias bélicas y humanas. Esta montaña es fácil de localizar, ya que se alza frente al Centro de Visitantes desde donde parten a diario excursiones en vehículos todo-terrenos. Con estos  vehículos, gestionados por la cooperativa de beduinos, se ofrece a los turistas visitas guiadas a los lugares más destacados de la zona.

Vehículos todo-terrenos y formación rocosa de los Siete Pilares

Planeando entrar en Wadi Rum, el desierto rojo

Aunque si alguna vez llegas hasta ahí y decides apuntarte a una de estas excursiones, procura, al menos, aprovisionarte con un buen sombrero o pañuelo que te protejan de la arena. Unas gafas de sol, abundante agua y crema de protección solar, porque aunque los recorridos no se dilatan mucho en horas de travesía, mejor que el calor, la arena y los botes del vehículo, no te cojan desprevenido. 

Vehículo pick-up abierto utilizado por los beduinos para llevar turistas.

En mi caso, y dada mi necesidad de disponer de más tiempo para  realizar fotografías de este espectacular paraje, necesitaba algo más que una mera incursión de un par de horas. Durante mis pesquisas informativas previas sobre el lugar, contacté con una compañía que parecía ajustarse a mis necesidades. 

Vista general de la ciudad de Petra

Durante mi viaje por tierras jordanas, estando ya en la ciudad de Petra, me personé en la oficina de la compañía, y entre sorbos de té a la menta, un poco de inglés de supervivencia y algo de gesticulación internacional, conseguí que tanto el manager como los guías presentes en la improvisada reunión hicieran ademán de que entendían y consentirían las demandas que solicitaba. Sé que viajar con un fotógrafo puede ser en ocasiones muy estresante para guías, conductores y acompañantes en general. Siempre parando donde menos lo imaginan y haciendo cosas que los “turistas normales” ni siquiera se plantean.

Entrando en Wadi Rum, el desierto rojo

A la mañana siguiente, con las primeras luces del día, iniciamos nuestro periplo por los rojizos paisajes de Wadi Rum. Desde el momento en que abandonas el asfalto, y vas adentrándote en el paisaje a través de las rodaderas que otros vehículos han dejado sobre la fina arena, los ardorosos paisajes del desierto comienzan a mostrarte su auténtica inmensidad. Al rato, no puedes sino que acabar reconociendo tu propia pequeñez y vulnerabilidad. Una extraña sensación que te sobrecoge el alma pero que, a la vez, expande tu naturaleza espiritual. Algunos escritores y viajeros han llegado a comparar el desierto con el mar, pero mi propia experiencia me aleja de esta poco fundamentada comparación. Los dos son inmensos, sí, pero son tan diferentes entre ellos, como la propia esencia de sus elementos, uno el agua y el otro el fuego.

A lo largo de mi trayectoria de viajero, he pisado varios desiertos, Sáhara, Thar o Sechura, entre otros, y cada uno de ellos, con una diferente formación geológica y paisajista, que les define. El de Wadi Rum ofrece un rojizo paisaje de arenisca, flanqueado por elevadas formaciones montañosas de granito, que lo convierten en un escenario único y espectacular. Atravesar este espacio es toda una increíble experiencia, un paisaje pleno de colores y sensaciones que además te harán reflexionar sobre la vida y la muerte, la soledad del ser y la grandeza de la naturaleza. Durante el recorrido que hicimos por este desierto pude admirar y fotografiar parajes de extraordinaria y singular belleza, tales como los Siete Pilares de la Sabiduría o los puentes de piedra de Burdah y Um Frouth, unos espectaculares arcos formados por la erosión del viento en las amarillentas rocas del desierto, todo ello, gracias al indiscutible y apreciable conocimiento de la zona que los guías que nos acompañaron demostraron tener.

Arco de Um Frouth, una de las caprichosas formaciones rocosas en el desierto de Wadi Rum

En algunas ocasiones, cuando llegábamos a determinados emplazamientos en los que se podía apreciar la inmensidad del desierto, yo prefería desvincularme del grupo y deambular por la zona, en busca de rincones que fotografiar y, también, porque no decirlo, de esa soledad a veces necesaria para sentir más aún la inmensidad de este tipo de paisajes. Porque, sinceramente, siempre he sentido que para entender y apreciar la quietud de estos desérticos parajes, hay que pararse para mirar y buscar una correspondencia de ánimo, en el interior de uno mismo. Al parecer no era el único que buscaba estos momentos de reflexión. Enfrente tenía encaramado a un peñasco próximo al que yo había subido al amigo Mohammad, uno de los guías, que también parecía disfrutar al contemplar de manera solitaria el magnífico ‘decorado’ que se extendía ante nuestros ojos, momento que aproveché para tomar la fotografía bajo estas líneas.

El hombre se empequeñece, ante la inmensidad del desierto

Recorrer tantos kilómetros bajo el implacable sol supone un considerable gasto de energía, así que al caer la tarde nos dirigimos a uno de los improvisados campamentos que los beduinos tienen distribuidos por la zona. Descansar bajo las lonas de una jaima y tomar un delicioso té es todo un rito ancestral entre las costumbres hospitalarias que aún perviven entre los pueblos árabes, y que bien vale la pena compartir en compañía de estos auténticos habitantes del desierto.

La hora del té en el interior de una jaima

La extraordinaria oportunidad de recorrer algunas de las más sugerentes zonas de Wadi Rum, el desierto rojo, escuchando tan solo el viento mientras busco imágenes entre las luces y las sombras de estos singulares y extraordinarios parajes, ha contribuido enormemente a modelar mi propia esencia profesional y humana, en la misma manera que el naturalista y explorador francés Théodore Monod apuntaba: “El desierto, no es complaciente, esculpe el alma”.

La misteriosa ciudad de Petra, excavada en la roca

Visitar la misteriosa ciudad de Petra era desde siempre uno de los principales objetivos viajeros que deseaba cumplir. Por eso, organicé este viaje a la Jordania legendaria y arqueológica para, de esta manera, sentir, disfrutar y fotografiar de forma directa, las extraordinarias edificaciones excavadas y ocultas entre las rojizas piedras del Valle del Aravá.

La ciudad creada por los Nabateos, un pueblo de origen nómada que habitualmente vivía en sencillas tiendas construidas con piel de cabra, sigue sorprendiendo a todo aquel que la visita. Así mismo debió sucederle a Jean Louis Burckhardt, el aventurero de origen suizo que viajando disfrazado de mercader árabe explorando el interior de África, acabó descubriendo en 1812 la antigua y misteriosa ciudad, oculta en el interior de las montañas, y de la que le hablaban los beduinos que iba encontrando en su camino.

Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra
Carros de caballos con turistas entrando al desfiladero de acceso a Petra

LA MISTERIOSA CIUDAD DE PETRA

A la ciudad de Petra, oculta durante más de 2000 años entre los desfiladeros y elevaciones de las montañas que se extienden sobre el Valle del Aravá, una frontera natural entre las fértiles tierras de Palestina y las desérticas tierras de Arabia, se accede a través de un angosto y estrecho desfiladero de 1.200 metros de longitud, con paredes que superan los 80 metros de altura y que en ocasiones apenas dejan pasar la luz del Sol. Pero cuando llegas al final del desfiladero, antes de acceder a la zona más amplia e iluminada, se vislumbran los perfiles de la primera construcción, de nombre Al-Khazneh, más conocida como El Tesoro.

Es en ese preciso momento cuando puedes llegar a comprender y experimentar la emoción que debió sentir su descubridor, cuando tras atravesar ese estrecho, con los peligros de emboscada que suponía, se encontró con esta increíble construcción de estilo helenístico, labrada en la piedra, y que, al parecer, sirvió como tumba de un importante rey Nabateo.

Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro
Desfiladero, guardia real y fachada de El Tesoro

Nada te prepara para tu primera impresión de la misteriosa ciudad de Petra

Tengo que reconocer que, a pesar de toda la información que como es habitual había consultado previamente, y de las numerosas fotos y mapas que estuve visionando antes de viajar a la misteriosa ciudad de Petra, una vez logré atravesar el desfiladero y recrearme con la increíble construcción que se erige en esta entrada principal, no pude dejar de asombrarme a cada nuevo paso que daba. Entre las montañas, se erigían verdaderos conjuntos arquitectónicos esculpidos entre las altas y rojizas rocas, alternando su presencia con otras construcciones de clásicas proporciones, irguiéndose sobre el cauce más llano del barranco.

Los distintos conjuntos dentro del emplazamiento

El Teatro, que podía albergar hasta unas 8.000 personas, y una amplia avenida flanqueada por las columnas próximas a los Templos. También, un extraordinario complejo habitacional, en el que no faltaba el agua. El preciado elemento, imprescindible para la vida, y tan difícil de conseguir en estos desérticos parajes, se obtenía gracias a la construcción de ingeniosos canales y albercas o depósitos subterráneos, creados para almacenar y distribuir el agua de las lluvias por toda la ciudad.

Avenida rodeada de columnas en Petra
Avenida rodeada de columnas en Petra

Mientras deambulaba por entre las ruinas arqueológicas de la antigua ciudad, la principal incógnita que seguía rondando por mi cabeza era la de intentar comprender cómo en un ambiente tan inhóspito, los Nabateos, un pueblo de origen nómada, llegó a construir esta gigantesca metrópoli, en la que se pueden observar los diversos estilos arquitectónicos de la época: romano, griego e incluso egipcio; todo un símbolo de poder y riqueza en medio de tan desolados parajes.

Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra
Vista panorámica de zonas de las ruinas de la ciudad de Petra

Un espectacular secreto escondido en el desierto y que, tan solo 200 años atrás, era la tierra donde moraban los Djinn, unos genios invisibles, a los que las antiguas leyendas del desierto, contadas de generación en generación por los beduinos del sur de Jordania, atribuían la creación de estas fabulosas y misteriosas edificaciones.

Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle
Restos de antiguas edificaciones en los áridos paisajes del valle

Ascensión hasta Ad-Deir / El Monasterio de la misteriosa ciudad de Petra

Pero a pesar de los genios de las leyendas y del calor sofocante que caía sobre nuestras cabezas, estaba claro que subiría los más de 800 escalones que ascendían esculpidos en las rocas, por escarpados barrancos, hasta la zona en la que se ubica uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Petra, el Ad-Deir o Monasterio para conseguir ver y fotografiar esta maravilla.  

Beduinos en camello atravesando el valle
Beduinos en camello atravesando el valle

El Monasterio, es uno de los edificios más importantes del complejo arquitectónico de Petra. Su fachada exterior, esculpida en la roca, mide 48 metros de alto por 47 de ancho. El frontal de la edificación, exhibe un pórtico flanqueado por columnas y en su interior se encuentran dos amplias salas, que durante el periodo bizantino fueron utilizados como capilla cristiana, de ahí el nombre de Monasterio (Deir en árabe). La mayoría de los turistas que acuden a Petra con una excursión programada de un solo día se quedan sin la oportunidad de visitarlo, debido a la lejanía de esta construcción con respecto al resto del conjunto y, también, al escabroso camino de acceso a través de barrancos y nuevos desfiladeros en los que se hace necesario emplear casi una hora en subirlos, según las condiciones físicas de cada cual.

El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle
El Monasterio construido en lo alto de una zona montañosa del desértico valle

Un final memorable de la visita a Petra

Pero llegar hasta allí arriba tenía su recompensa. Un montón de fotografías desde todos los ángulos posibles y un merecido refresco sentado a la sombra, en el improvisado kiosco que los actuales descendientes de los antiguos Nabateos (o así lo afirman los beduinos que allí viven), habían montado estratégicamente frente a la pétrea y colosal edificación. Desde allí, reflexionaba sobre el posible origen de toda esta increíble obra formada por cientos de construcciones, la mayoría de ellas directamente talladas en las paredes rocosas de los escarpados cañones.

Circunstancias, todas las aquí narradas, por las que la misteriosa ciudad de Petra no deja de sorprender a todo aquel que tiene la oportunidad de visitarla y contemplarla.

Antropología, turismo y fotografía

El turismo y su relación con los habitantes y los entornos de destino acaban afectando a la cultura y las costumbres de los pueblos receptores. Esta nueva realidad social se ve incrementada por un factor de carácter invasivo, el uso de cámaras y móviles con aplicaciones de fotografía digital. Se está convirtiendo cada vez más (especialmente entre los pobladores del llamado primer mundo), en un sistema de comunicación globalizado, propiciado por la posibilidad de realizar, transmitir y exponer imágenes de manera inmediata.

Turistas agolpados frente al palacio de Amalienborg, en Copenhague, para hacer fotos del cambio de guardia.

Esta nueva moda de plasmar cada detalle de las vivencias de un viaje, para luego mostrarlas como souvenir o recuerdo entre los amigos, en las cada vez más populares redes sociales, tales como Facebook o Instagram, está afectando de manera artificiosa, las relaciones entre visitante y anfitrión. Crean situaciones  que, finalmente, acaban por alterar la manera en que se desarrollan las propias costumbres sociales de los pueblos que habitan en los destinos turísticos.

Niños bucean para recoger las monedas que les tiran los turistas, en la playa de la isla Goreé, en la costa de Senegal

Sobre todo, en aquellos en los que las costumbres y tradiciones ancestrales aún prevalecen como cotidiana manifestación social. Los efectos originados por el modo de vivir de los turistas influyen directamente en los miembros de los pueblos visitados, introduciendo nuevos hábitos y costumbres o llegando, incluso, a convertirlos en comunidades que parecen permanecer en un  estado de ‘musealización’ permanente, para así satisfacer a la expectativa folklórica demandada por los visitantes foráneos.

Jóvenes practicando lucha senegalesa, en las playas de Dakar, para llamar la atención de los turistas

Estas razones han llevado a diferentes sociólogos y antropólogos a establecer sus teorías sobre cómo influye la figura del turista y todo el entramado comercial que le rodea en los pueblos visitados. Algunas de estas teorías establecen que el hombre desea viajar para comprender y apreciar la diversidad del mundo que le rodea, mientras que otras solo ven en el turista la representación del hombre moderno en su búsqueda de ocio y descanso. Estas diferentes concepciones sobre el deseo humano de viajar, podrían servir como base para establecer tres principales actores en la escena: viajeros, turistas y locales. Todos interactuando entre sí con un mayor o menor grado de influencia, sobre los usos y costumbres de cada uno de ellos.

Pastor en las montañas del Atlas marroquí

Como norma general, cuando en tu ruta viajera encuentres una reacción de aversión, recelo, timidez o, incluso, miedo en el personaje al que pretendes retratar, es que estás realizando tu camino fuera de los circuitos turísticos. Si por el contrario, el sujeto se muestra y posa complaciente para la fotografía que pretendes realizar, a la vez que te reclama una merecida compensación económica, sin lugar a dudas, estás en un territorio turístico ya trillado.

Jóvenes marroquíes disfrazados de beduinos, esperan en un mirador natural sobre el pueblo de Tinerhir, a la llegada de turistas

Y aunque es obvio que en esta segunda opción la imagen ya no contará ni con la autenticidad ni con la naturalidad de las tomadas en las rutas no convencionales, no por ello dejará de ser un testimonio de la realidad globalizada que se vive en estos destinos, y las imágenes obtenidas seguirán teniendo un valor documental, que reflejará los nuevos conceptos sociales y antropológicos que se han instaurado en estos emplazamientos geográficos que el turismo ha ido transformando.

Los mejores momentos de luz para fotografía de viajes

La luz es la base de la fotografía. De hecho la denominación de fotografía, viene de la raíz etimológica griega phos, que significa luz y grafe que se refiere a escribir o grabar. De esta manera, fotografía viene a ser la acción de escribir o grabar con luz. Dicho de otra manera, la fotografía es una actividad que se desarrolla en base a la captura de la incidencia de la luz, ya sea de origen natural o artificial, en seres y objetos, durante un tiempo determinado. En este sencillo artículo vamos a recordarte cuales son los diferentes y mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Jardines de Taj Mahal en la ciudad de Agra, India

Cuando estás de viaje, debes tener en cuenta que la luz varía de manera considerable según en qué parte del mundo te encuentres y también en la época del año en que viajes pero, en líneas generales, para fotografiar en los distintos momentos del día, deberías tener en cuenta las siguientes anotaciones:

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: Hasta el mediodía

Amanecer. Si deseas obtener buenas tomas del lugar merecerá la pena que te levantes muy temprano. Mejor si es cuando la mayoría de las personas aún duerman. Las primeras luces del día son limpias y claras, aunque algo frías. Esto influye en la captura de buenas instantáneas, dotándolas con un enérgico efecto modelador. Es debido a que las incipientes luces de la mañana producen escasa sombra y poca diferencia entre las zonas iluminadas y las que permanecen en la umbría.

A la salida del sol. Cuando el sol comienza a repartir sus primeros rayos, la luz se deriva hacia tonos más cálidos, en los que predomina el rojo sobre el azul del amanecer. Los objetos directamente iluminados adquieren una alta definición y hasta un halo más romántico, si así me permites definirlo.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Trabajadores entrando a la ciudad de Bikaner a primeras horas del día, Rajasthan, India

La luz de la mañana. Comprende la franja horaria que va desde la salida del sol hasta un par de horas antes del mediodía. Los cielos permanecen más azules, con una luz clara, buena visibilidad y sombras definidas, aunque no demasiado oscuras. Es el periodo de luz más usado por la mayoría de los fotógrafos profesionales, de viajes como otras disciplinas.

Mediodía. Por regla general, esta es la peor franja del día para realizar fotografías. La luz del sol cae demasiado perpendicular, creando sombras duras y molestas visualmente. Aprovecha el momento para buscar algún rincón con encanto donde probar alguna de las especialidades gastronómicas del lugar. De paso, podrás realizar algunas fotografías del interior con los platos y el ambiente.

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes
Imagen del Big Ben y palacio de Westminster al tardecer en la ciudad de Londres

Mejores momentos de luz para fotografía de viajes: de la tarde a la noche

La luz de la tarde. Cuando el sol comienza a declinar sobre el horizonte, la luz vuelve a ser suave y modeladora con los paisajes. Es una luz muy adecuada para realizar contraluces. También es ideal para retratos porque le confiere un agradable y cálido tono de piel a los sujetos retratados.

Puestas de sol. Si vas a realizar fotografías al atardecer no tengas prisa. Sitúate con tu cámara en el trípode en el lugar que te parezca adecuado. Disfruta del espectáculo y espera mientras todo sucede de manera natural. Ve realizando diferentes tomas (horquillado) a medida que la luz va cambiando. Abandona el lugar con el último rayo de luz. Así disfrutarás al máximo de la experiencia y tú alma viajera se beneficiará de su magia. Es, sin duda, uno de los mejores momentos de luz para fotografía de viajes.

Torres de un palacio en Jodhpur al atardecer

Isla de Malta: histórica y mediterránea

El trasiego de jóvenes que acuden cada temporada para estudiar inglés en Malta, junto a la continua afluencia de cruceros cargados de turistas, están convirtiendo el archipiélago maltés, en uno de los enclaves más visitados del Mediterráneo. El clima suave, la huella de la historia presente en cada uno de sus rincones y la herencia cultural visible en las costumbres y tradiciones de sus pobladores, hacen de la isla un enclave muy atractivo para aquellos que la visitan. Ya seas un estudiante que aprovecha la ocasión para aprender idiomas y descubrir nuevos destinos, un crucerista o un empedernido viajero en busca de nuevas experiencias, te aseguro que la isla de Malta, no te va a dejar indiferente.

Barcos en uno de los muelles de La Valeta, capital de Malta.

Aún recuerdo la magnífica impresión que desde la proa del barco en el que viajaba, me causó la vista de los múltiples puertos y embarcaderos que asomaban en cada rincón de la intrincada y laberíntica bahía de La Valeta, capital de la república de Malta. Mientras, el color amarillento de la piedra caliza con la que se construyeron los altos muros de defensa y los edificios de la ciudad, impregnaba el singular paisaje que ahora se ofrecía ante mi asombrada mirada.

Barco de pesca y vista de la ciudad de La Valeta

La estratégica situación geográfica de la isla en medio del Mediterráneo motivó que fuese poblada y conquistada una y otra vez por las diferentes civilizaciones que poblaron las regiones continentales más cercanas. Fenicios, cartagineses y romanos dejaron su huella y cultura en las pequeñas islas. Más tarde, bizantinos, vándalos, árabes y normandos sicilianos se disputaron el territorio. La isla junto a la de Sicilia, también estuvo bajo el dominio de la Corona de Aragón, hasta que en 1530 el rey Carlos I la cedió a los Caballeros Hospitalarios, más conocidos como los caballeros de la Orden de Malta, que junto a la Santa Liga formada por España, Venecia y Génova lograron detener el avance turco.

Barcos y amarillentos edificios de caliza, se asoman al frente costero de la ciudad.

Fue en este convulso periodo cuando se construyó la ciudad fortificada de La Valeta, que tanto me impresiono y que más tarde acabaría ocupando Napoleón Bonaparte en su viaje a Egipto. Con el tiempo, los malteses se rebelaron contra los franceses y fueron los británicos los que tomaron el control, convirtiendo el archipiélago en su protectorado, hasta septiembre de 1964, en que Malta proclamó su independencia.

La enumeración de estos datos y acontecimientos históricos, se hace casi necesaria para poder entender el carismático ambiente que el visitante se va a encontrar durante su visita a la isla de Malta. Pasear por las estrechas calles de La Valeta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es caminar por escenarios anclados en la memoria de la Historia. Desvencijados edificios de los que sobresalen curiosos balcones de madera, normalmente pintados de verde, junto a las altas murallas defensivas, restos del tumultuoso y conflictivo pasado de la ciudad, completan el decorado de tan peculiar emplazamiento.

Herméticos y descuidados balcones de madera, asoman en las fachadas de piedra caliza.

Además de La Valeta, se hace interesante visitar la ciudad amurallada de Mdina y algunos otros puntos del interior de la isla. Para esta pequeña incursión nada mejor que usar el medio de transporte público más singular de la isla: los legendarios autobuses de color amarillo y naranja, decorados a la manera oriental que presupongo herencia de las culturas musulmanas y con el volante a la derecha, legado británico indiscutible.

Peculiares autobuses de transporte público en la isla de Malta.

Viajar en uno de estos llamativos autobuses, es toda una experiencia que recomiendo a cualquier viajero que visite la isla. Solo observar a los diferentes tipos de pasajeros que hacen uso de estos transportes mientras te trasladas rumbo a tu nuevo destino, bien merece el paseo.

Moderna y luminosa ciudad de Tel-Aviv

A finales del pasado año 2017 la Oficina de Turismo de Israel me contactaba para solicitar mi participación en una exposición fotográfica sobre el país. La muestra, inaugurada en el pasado 27 de noviembre, se expondría en las instalaciones que la compañía B The Travel Brand tiene en Madrid, con 23 imágenes aportadas por otros tantos seleccionados fotoperiodistas españoles.

Mientras visualizaba las fotografías obtenidas en mi visita a Israel, para realizar una primera selección, recordaba las agradables sensaciones y experiencias que me aportaron los lugares visitados durante mi recorrido por el país. En especial la ciudad de Tel-Aviv, una urbe joven, dinámica y luminosa, que me cautivó desde el primer momento en que pisé sus calles. Y, curiosamente, fue una imagen tomada en la avenida marítima de esta ciudad la que los organizadores seleccionaron para la exposición.

Junto a la foto seleccionada en las instalaciones de B The Travel Brand

A mi entender, en esa captura que habían elegido se sintetizaba el espíritu evolutivo de la ciudad. En la imagen un joven en bañador sujetaba una tabla de surf, mientras esperaba a que un semáforo de la avenida marítima le permitiera el paso a la otra acera, en la que destacaba un moderno edificio de extraña concepción arquitectónica junto a las vallas de una nueva obra y una espigada grúa de color rojo. Modernidad, cultura, progreso y juventud, esto es lo que puede observarse en la instantánea, y en cada rincón de Tel-Aviv.

Ambiente joven y multicultural, en la costa de la ciudad

La ciudad, fue creada al norte de la antigua ciudad y puerto mediterráneo de Yafo, en el año 1909, como un primer barrio residencial con el nombre de Akhuzat Bayit. La zona pronto comenzó a expandirse y se fueron creando nuevos barrios hasta llegar a conformar un importante núcleo urbano, que en 1910 fue renombrado como Tel-Aviv, que viene a significar “Colina de la Primavera”.

Precisamente, en uno de esos populosos y acogedores barrios establecí mi temporal alojamiento. Había alquilado un piso vacacional, a través de Internet, para de esta manera poder relacionarme de una manera más directa, con la vida diaria de sus propios ciudadanos. El resultado fue bastante satisfactorio, el ambiente del barrio, era de lo más tranquilo y el entorno muy agradable. Los bloques de apartamentos, eran edificios de no más de tres plantas, rodeados de árboles y zonas ajardinadas.

Barrio residencial al norte de la ciudad

Me gustaba salir por las mañanas, dirigirme a la amplia avenida que cruzaba la zona para comprar el pan y tomarme un expreso en la terraza del bar de la esquina, junto a una pequeña tienda de comestibles. Los jóvenes camareros y camareras me atendían de manera cordial y respondían amigablemente ante mis demandas de información sobre el lugar. Tras estos preámbulos comenzaba cada mañana con mis incursiones por la ciudad, la mayoría de las veces a pie (que dicho sea de paso, siempre es la mejor manera de descubrirla) dada la estratégica situación del apartamento.

Zona de playas en la costa de la ciudad

Catorce kilómetros de blancas playas, puertos deportivos, avenidas, hoteles y zonas ajardinadas, se extienden frente al Mediterráneo para uso y disfrute de propios y foráneos. El ambiente en la zona costera de la ciudad era de lo más variopinta y animada, pero esta diversidad no es solo reflejo de la multinacionalidad de sus visitantes. También es consecuencia directa, de la continua afluencia de inmigrantes judíos, que venidos hasta el Estado de Israel, desde las antiguas comunidades soviéticas, europeas y americanas, han propiciado de manera evidente el carácter internacional y cosmopolita que se respira en toda la ciudad.

Una joven observa el skyline de la ciudad, desde la terraza de un restaurante en Jaffa

Tras el largo y gratificante paseo por la costa, el panorama urbano plagado de altas estructuras y edificios va quedando atrás, dando paso a la antigua y reconstruida ciudad portuaria de Jaffa. En esta zona urbana, se ubican algunas de las más importantes iglesias, monasterios y mezquitas de la zona, tales como la iglesia de san Pedro y el Monasterio Franciscano. Pasear por los jardines construidos sobre lo más alto de la colina, que dominada el puerto, visitar galerías de arte, adquirir interesantes artículos de artesanía y joyería o degustar un buen pescado de la zona, en cualquiera de los restaurantes repartidos por sus calles y puerto completará la visita a tan histórico lugar en el que en otros tiempos desembarcaban las expediciones militares de los Cruzados para dirigirse a Tierra Santa.

Vista del histórico puerto de Jaffa

Siguiendo con mi periplo por Tel-Aviv, me adentro por las callejuelas del barrio de Neve-Tzedek, primer asentamiento judío construido en las afueras de Yaffa, actualmente convertido en un encantador barrio repleto de cafeterías, bares y tiendas en las que destacan un especial toque de bohemia y modernismo. Un barrio tranquilo con buenos ambientes, en el que merece la pena alojarse en alguno de los pequeños hoteles o habitaciones de la zona, tal como yo mismo hice a mi vuelta del Mar Rojo. Su estratégica ubicación permite desplazarse fácilmente hasta la zona de playas, el viejo puerto de Jaffa, la popular zona de Florentín, donde abundan los restaurantes y cafeterías de moda, o el cercano mercado del Carmel.

Puesto de venta de verduras en el mercado del Carmel

El Carmel es un enorme mercado al aire libre ubicado en el barrio de los yemenitas y muy cercano al barrio de Neve Tzedek, que está considerado como uno de los mercados de mayores dimensiones en todo el Oriente Medio. Entre sus calles, compartiendo espacio con los puestos de frutas, verduras y mercancías de todo tipo, se encuentran numerosas galerías de arte que exhiben y ofrecen obras de seleccionados artistas nacionales e internacionales. Pasear por entre las diferentes calles del Mercado Carmel y del barrio que lo circunda es toda una experiencia de olores y colores para los sentidos que no debes perderte.

Vista de la plaza Dizengoff, en el centro urbano de la ciudad

Si te gusta el arte arquitectónico, en las calles y avenidas de los diversos barrios de Tel Aviv podrás ir localizando diferentes edificios de innovadores y atrevidos diseños que en ocasiones incluso parecen desafiar a las leyes más elementales de la gravedad.

La zona de Tel Aviv conocida como Ciudad Blanca hace referencia al lugar de la ciudad donde más edificios de estilo Bauhaus, fueron construidos en los años treinta por arquitectos judíos alemanes que escaparon del régimen nazi. La construcción de numerosos edificios de arquitectura modernista repartidos por toda la ciudad hizo que la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad en el año 2003.
La tendencia general de incorporar nuevos edificios de corte arquitectónico modernista a la ciudad sigue siendo un valor cultural y artístico añadido en Tel Aviv.

Sicilia, isla histórica y legendaria

Es muy frecuente que al pronunciar el nombre de Sicilia nuestro interlocutor lo asocie de inmediato con imágenes e historias de la “mafia”. La mayor parte de ellas, introducidas en la memoria colectiva por la industria del cine y la televisión.

Aunque, para sorpresa de todos los que la visitan, Sicilia, la isla más grande del Mar Mediterráneo, ofrece mucho más que estas historias sobre la mafia. La isla se muestra como una tierra en la que abundan los vestigios arquitectónicos y culturales heredados de los múltiples pueblos que en diferentes épocas de la Historia la conquistaron y poblaron.

Templos griegos, villas romanas, mezquitas y catedrales normandas, aparecen repartidos por la geografía de esta isla mediterránea, permaneciendo hasta nuestros días como testigos fieles de la impronta cultural dejada por fenicios, griegos, cartagineses, romanos, germánicos, bizantinos o normandos. Una historia repleta de invasiones, conquistas y reconquistas, que junto a la insularidad y a lo intrincado de su geografía, han modelado a través de los tiempos el peculiar carácter de sus gentes que orgullosamente anteponen su identidad y cultura siciliana a la de la propia nación italiana a la que pertenecen.

Adentrarse en los ambientes humanos de esta isla de cinco millones de habitantes compartiendo, aunque solo sea por un momento, el modo de vida sus habitantes es una experiencia absolutamente recomendable. Son numerosos los pueblos y paisajes que con su carga de historia, tradiciones y leyendas, convierten el viaje a Sicilia en una instructiva aventura.

Palermo, la capital de la isla, es una de las visitas imprescindibles. La antigua ciudad está repleta de impresionantes edificios y monumentos entre los que destaca la catedral y el Palazzo dei Normanni, de curioso estilo árabe-normando. Callejear por ella es como pasear por las diferentes etapas de su historia.

Vista de la catedral de Palermo

Cerca de Palermo, a tan solo 13 km de distancia, se halla la zona costera de Mondello, a los pies del monte Pellegrino. Grandes villas, hoteles y un antiguo balneario, siguen en pie, recordando las doradas épocas de un turismo de élite que prosperó en la zona entre los años 1890 y 1910.

Antiguo balneario en la playa de Mondello

También muy próximo a la capital se encuentra Monreale, una población de montaña, cuyo origen se remonta a la Baja Edad Media. Su grandiosa catedral normanda y el claustro interior de 228 columnas, lo han convertido en lugar de visita obligada.

Claustro interior de la catedral normanda de Monreale

Cefalú es un atractivo pueblo de la costa norte. Sus luminosos rincones marineros y una colosal catedral normanda construida a la sombra de una gran peña, han propiciado que este pueblo de pescadores sea uno de los lugares más visitados de la isla.

Puerto y costa de Cefalú

Para adentrarnos en la historia de las grandes civilizaciones que se establecieron en esta isla, es obligado pasear sin prisa por el Valle de los Templos, un importante yacimiento arqueológico en las cercanías de la ciudad de Agrigento. Contemplar los magníficos restos de los templos de Juno, Hércules, Júpiter Olímpico, Dioscuros o el de la Concordia es todo un espectáculo, y de manera muy especial, cuando al caer la tarde los últimos rayos solares se reflejan sobre las antiguas construcciones de piedra, tiñéndolas con un refulgente y cálido tono naranja.

Restos arqueológicos y templo de la Concordia, en Agrigento

Otro de los espectáculos que nos ofrece la isla es la visita al volcán Etna, el más grande y activo de Europa. La última vez que mostró actividad fue pocos días antes de iniciar nuestro recorrido el pasado mes de marzo. Desde las poblaciones cercanas todavía se podía vislumbrar la columna de humo sobre su cima.

Vista del volcán Etna, en actividad

Catania, en la costa oriental, es una de las grandes poblaciones próximas al volcán, que ya en 1669 sufrió los efectos de una devastadora erupción. Esta populosa ciudad en la que destaca la Piazza del Duomo y su original fuente del Elefante fue declarada en el 2002 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Vista de la ciudad, con el volcán Etna en el horizonte

La encantadora Taormina, ubicada sobre las altas y rocosas costas entre las que se suceden pequeñas calas y bahías, bañadas por las tranquilas aguas del mar Jónico, también se encuentra próxima al volcán. De hecho, desde las antiguas ruinas del Teatro Griego, se puede contemplar su silueta destacando sobre la costa y el mar, a manera de fondo natural de tan histórico escenario.

Ruinas arqueológicas del Teatro Griego

Siracusa, es una de las grandes ciudades históricas de Sicilia, que bajo ningún concepto, debes dejar de visitar. Por sus calles y plazas pasearon algunos de los más grandes filósofos y matemáticos de la época helénica, tales como Platón, Esquilo o Arquímedes. El antiguo barrio de la isla de Ortigia, con sus muros de defensa y la zona central en la que se ubica la Piazza del Duomo, se ha convertido en una zona de referencia para los visitantes de la ciudad. También merece la pena visitar el Parque Arqueológico de Neapolis, donde se ubican los principales monumentos griegos y romanos, aunque durante nuestra incursión pudimos observar, con cierta tristeza, que la mayor parte de las instalaciones se encuentran en un lamentable estado de abandono.

Piazza del Duomo

Para recorrer Sicilia y poder descubrir sus encantadores rincones te recomendaría alquilar un coche. Esta opción te aportará más autonomía y libertad de decisiones, pero a la vez necesitaras grandes dosis de paciencia y bastante agilidad a la hora de circular entre el caótico tráfico de las ciudades y la temeraria falta de respeto a las normas de tráfico, con la que la mayoría de los conductores conducen por las carreteras de la isla. Pero, si pasas la prueba con éxito, podrás llegar a lugares de gran interés como los descritos y otros tantos más, como pueden ser las dos Ragusas.

Ragusa Ibla, pequeña ciudad señorial construida sobre una elevación montañosa en el fondo de un valle y la nueva Ragusa Superiore, más amplia y moderna y construida tras el terremoto de 1693.

10 recomendaciones para tus fotos de viajes

Antes de adentrarnos en sofisticados temas técnicos, sobre la fotografía de viajes y sus herramientas. Te propongo un sencillo y básico decálogo de actuaciones, que deberías tener en cuenta antes de empezar a “disparar” fotos, a diestra y siniestra.

1. El equipo, antes de emprender un viaje, asegúrate de que todo el equipo funciona perfectamente, compruebe que lleva suficientes baterías, cargadores y tarjetas.

2. Durante el viaje lleva siempre la cámara contigo, bien protegida en su bolsa ó estuche, para evitar así largas exposiciones al sol ó golpes y especialmente si vas a lugares arenosos ó en los que haya agua.

3. Utiliza la luz ambiente siempre que te sea posible, las luces de las primeras horas del día y las del atardecer resultan mucho más atractivas y en condiciones difíciles de luz utiliza sin miedo las sensibilidades más altas que te permita tu cámara.

4. No desestimes los días nublados ó de mal tiempo, a veces estas condiciones meteorológicas, le añaden un encanto especial a las fotografías.

5. Cuenta historias con tus imágenes, cada lugar que visites tiene su propio encanto, no te olvides del factor humano, las gentes del lugar, sus costumbres y su forma de vivir…estate atento y procura captar las historias y anécdotas de interés que se producen a tu alrededor.

Cuando fotografíes monumentos, procurar incluir a tus compañeros de viaje en la toma, esto añade interés y calor humano a la fotografía.

Añade personajes en las tomas fotográficas

6. Fíjate en las postales turísticas que se exponen en las tiendas de souvenirs, no hace falta que las copies, pero te servirán como referencia para tus propias interpretaciones del lugar.

7. Si vas a visitar museos, no dejes tu cámara en el Hotel creyendo que no está permitido hacer fotos en este tipo de instalaciones, generalmente en la mayoría de ellos sí se permite y lo que suele prohibirse es la utilización del flash y del trípode.

8. Haz fotografías de los carteles de indicación de los lugares visitados, (rótulos, señales, indicadores, etc.) te servirán posteriormente a la hora de clasificar las fotografías obtenidas durante el viaje y para ubicarlas en el lugar correcto.

9. Acostúmbrate a llevar un pequeño trípode de viaje, los hay de muchos tipos y tamaños, su uso te permitirá obtener mejores fotos de paisajes ó de detalles y sobre todo de esas bonitas fotos nocturnas que tanto nos gustan a todos.

Utiliza un trípode para las fotos nocturnas

10. Se respetuoso,  por último y muy importante, respeta las normas, tanto de seguridad como de civismo… es importante saber que no esta permitido tomar fotografías de instalaciones militares, aeropuertos, estaciones de autobuses o ferrocarril y que a la hora de fotografiar personas, debes respetar el derecho a la imagen y a la intimidad.

Histórica y moderna Jerusalén

Desde el primer momento en que vislumbre la ciudad de Jerusalén, desde lo alto del monte Sión. No pude dejar de pensar en los ancestrales motivos que a lo largo de los tiempos, han convertido a este singular emplazamiento de Oriente Próximo, en lugar sagrado y de conflictiva confluencia, para las tres mayores religiones monoteístas del mundo. La ciudad de Jerusalén, esta directamente vinculada al origen de las religiones Abrahámicas, y ha sido paradójicamente, escenario directo de destacados episodios en la historia de la humanidad, casi siempre motivados por el deseo de obtener el control de este místico enclave. Desde los tiempos del rey David y de su hijo Salomón, hasta nuestros días, el codiciado enclave, ha estado ligado a continuas historias de construcciones y destrucciones.

No pretendo enumerarte en este artículo sobre Jerusalén, la larga historia de batallas por el poder, que en nombre de la religión, se han venido produciendo. Tampoco es mi intención relacionar todas las posibles rutas peregrinas, ni describir con detalle testimonial, una larga lista de los lugares de cultos, que se pueden visitar en este crisol de religiones. Por el contrario, preferiría intentar transmitirte y mostrarte, algunas de las sensaciones vividas durante mi visita a esta emblemática ciudad. Así que, siguiendo con mi tendencia de implicarme todo lo posible en la vida cotidiana de los propios habitantes de las ciudades que visito. Lo primero que hice fue buscar para mi estancia en Jerusalén, una vivienda privada a través de Hundredrooms, un buscador que aglutina a los mejores proveedores de este tipo de alojamientos.

Zona residencial de German Colony
Zona residencial de German Colony

Finalmente elegimos un pequeño apartamento ubicado en la Colonia Alemana, un agradable y tranquilo barrio residencial, relativamente cercano al centro histórico de Jerusalén. Un barrio, jalonado de modernas cafeterías y restaurantes. Con supermercados, tiendas y varias paradas de autobús, en el que pronto pude llegar a sentirme como en casa, tanto de día como de noche.

Ambiente nocturno en la Colonia Alemana
Ambiente nocturno en la Colonia Alemana

Si viajas a Jerusalén, podrás comprobar que alrededor de los muros que albergan a la ciudad vieja, en la que aún hoy, se pueden observar vestigios arqueológicos de arcos romanos, fosos bizantinos, muros levantados por los cruzados, bastiones otomanos y templos religiosos de los más variados credos. Se extiende una nueva y moderna ciudad de grandes avenidas, con amplios centros comerciales, museos, jardines, restaurantes y todo tipo de servicios propios de una gran urbe contemporánea. Una imagen muy alejada de la estampa que ofrece la laberíntica ciudad histórica.

Moderna zona comercial de Mamilla
Moderna zona comercial de Mamilla

El contraste que se establece entre la moderna ciudad que se erige fuera de las murallas, y el ambiente medieval del interior. Me descubría una imagen muy diferente a la que previamente, me había imaginado. Este nuevo y moderno aspecto de la ciudad, que podía observar a mi alrededor, con sus terrazas, cafeterías, restaurantes y tiendas de última generación. Que a pesar de sus vanguardistas diseños, seguía conservando, el original estilo arquitectónico de Jerusalén, realizado a base de piedra caliza dolomítica, me sorprendía agradablemente.

Vista de la ciudad desde el Monte de los Olivos
Vista de la ciudad desde el Monte de los Olivos

En una primera toma de contacto con la ciudad, se hacia imprescindible subir hasta el Monte de los Olivos, un histórico lugar repleto de cementerios y templos, desde el que se puede observar una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad, con la dorada cúpula del Templo de la Roca, centralizando la escena. Tras esta iniciática visita al huerto de Getsemaní y otros lugares sagrados, ubicados en las laderas de este monte de los olivos. Comenzamos nuestro recorrido por entre los diferentes barrios y templos de la vieja ciudad de Jerusalén.

El barrio judío y la visita al conocido Muro de las Lamentaciones, era una de las visitas obligatorias. A partir de ese punto ya podemos adentrarnos por las estrechas callejuelas, que discurren por entre los barrios musulmán y cristiano.

Vista de la ciudad vieja y Muro de las Lamentaciones
Vista de la ciudad vieja y Muro de las Lamentaciones

Es evidente que en el interior de esta vieja y sagrada ciudad de Jerusalén, hay muchas cosas que ver y que no somos los únicos visitantes. Números grupos de turistas y peregrinos venidos de los lugares más dispares del planeta, inundan cada día las estrechas calles. Mezclándose con los propios habitantes de los barrios, que realizan sus actividades diarias, entre los numerosos bazares, restaurantes y cafetines, que flanquean las calles de este antiguo emplazamiento.

Debo reconocer, que al caminar por el interior del casco medieval de Jerusalén, se tiene la sensación de sumergirse en la historia.

Modernas calles y avenidas fuera de los muros de la ciudad vieja
Modernas calles y avenidas fuera de los muros de la ciudad vieja

Durante los días sucesivos seguimos con nuestro descubrimiento de Jerusalén, visitamos algunos de los emplazamientos más destacados de la ciudad, tales como el Knesset, el edificio que alberga al Parlamento israelí, los jardines de Wohl Rose Garden, Botanical Garden y como no los museos, entre los que resalto y recomiendo el Museo Israelí, en el que podrás disfrutar con sus exposiciones sobre historia, arqueología y arte de todos los tiempos. En los jardines exteriores de este museo se encuentra una formidable maqueta de la vieja ciudad de Jerusalén y el Shrine of the Book, donde se exhiben los famosos rollos del Mar Muerto.

Jardínes de Wohl Rose Garden
Jardínes de Wohl Rose Garden

Al final de cada incursión diaria, volvíamos a nuestro barrio, nos acercábamos a los supermercados para comprar provisiones, paseábamos por entre los comercios y rincones, intercambiamos algún que otro comentario con los lugareños, que ya íbamos conociendo. Llegando a sentirnos de esta manera, un poco más vecinos y un poco menos turistas.

Para más información sobre Jerusalén, visita la página de Turismo de Israel

Mercadillos de Navidad

Con el mes de diciembre, llegan los tradicionales Mercadillos de Navidad, presentes en casi todos los pueblos y ciudades de Europa. Estos singulares mercados, se instalan cada año en los más destacados espacios de pueblos y ciudades. En los kioscos, stands y puestos ambulantes, que forman estos tradicionales mercados, se pueden encontrar, desde los típicos adornos navideños, hasta exquisitos productos culinarios, propios de estas fiestas.

0801000499-Nuremberg
En Alemania, considerada la cuna de los mercados de Navidad, esta tradición de instalar los tradicionales mercadillos navideños, conocidos como Christkindlsmarkt ó mercados del niño Jesús, en las plazas de sus principales pueblos y ciudades, posee gran arraigo social y cultural.

Uno de estos mercados alemanes, más emblemáticos es el de Núremberg, que desde hace cuatro siglos, se viene instalando en la plaza Hauptmark (plaza del mercado), situada junto al Ayuntamiento y en pleno centro histórico-medieval.

Entre sus puestos repletos de vistosos objetos artesanos y decoraciones típicas de estas fiestas, se pueden degustar algunas exquisiteces tradicionales originales. Tales como el Lebkuchen, unas galletas decoradas y condimentadas con especias ó el famoso Glühwein, vino caliente con canela y azúcar al que también se le añaden especias, y se sirve muy caliente, ideal para entrar en calor, durante las frías noches de centro Europa.

0801000587-Nuremberg
La bulliciosa actividad, que se registra en el mercado de Navidad de Núremberg, se intensifica con la llegada de la noche. Los grupos de gente que se mueven entre los puestos, invaden la plaza y calles adyacentes, formando una masa compacta, entre la que de manera intermitente, se abre paso a golpe de corneta, unas carrozas tiradas por caballos. Unos magníficos vehículos decorados con los antiguos emblemas de los transportes del correo imperial, que ofrecen a los visitantes, cortos paseos por las zonas cercanas.

Como dato curioso, podrás observar como estos históricos carruajes, se detienen a su paso por los kioscos, donde los taberneros obsequian a los conductores, con una tradicional jarra de vino caliente, para que así puedan soportar el aire frío de la noche.

Puedes obtener más información en Oficina de Turismo de Núremberg.