¡CUMPLEAÑOS FELIZ MUNDIAL!

 

Cantar tres veces cumpleaños feliz no sucede todos los días. Acabo de asistir a un ‘hat-trick’ de cumpleaños familiares y la fiesta, amén de una ocasión excepcional para reunirnos y hablar –esas dos cosas que damos por imposibles el resto del tiempo, presas de un correcalles incorregible-, resultó una reconciliación inesperada con la alegría, sobre todo en el instante que todos cantábamos la mítica canción de las hermanas Hill (1893), la más popular en lengua inglesa (‘Happy birthday to you’), cuyos derechos –como ven, me he informado- expiran en España en 2016 y en EE.UU. en 2030.

 

La sonrisa, cuánto más la risa o la carcajada, se ha puesto cara en un clima generalizado de enojo por los reveses de la economía. Y allí todos teníamos la misma cara clonificada como los chinos: cara de felicidad. Es curioso el mensaje simple y directo de esa letra inimitable que no se anda con rodeos y se limita a homenajear a la persona que gana edad con dos palabras mágicas: cumpleaños feliz. Envejeces a gusto cuando todos te dan la enhorabuena y te hacen  regalos y te sientes el centro del grupo. Eres la estrella.

 

El momento es simpático y estimulante, todos están alegres y desinhibidos, diríase que dejaron en la puerta sus problemas y los colectivos, y se disfruta de la celebración como si fuera un día en que se detiene el mundo porque alguien, en particular, tiene un año más en su cuentakilómetros. Me detuve a observar la escena –como digo, tres veces de una sentada- y fue un triple chute de adrenalina, endorfina, serotonina, dopamina y todas las hormonas juntas del ‘buen rollo’.

 

Todos regresábamos a casa como si saliéramos de otro país distinto al nuestro, sin duda de uno de esos países que encabezan los rankings de felicidad o que, como Bután, miden este concepto intangible (el índice de Felicidad Nacional Bruta lo llaman), de vuelta al nuestro, que, según la OCDE, se pasará los próximos cincuenta años creciendo tan solo un 1,7% (aquí el índice es el del PIB). Y me supuse el efecto contagio que conseguiríamos si este país un día organizara un cumpleaños nacional, su propia efeméride, y cantáramos en todas las plazas la canción de marras, y borráramos de nuestras caras el semblante de amargados que llevamos dibujado yo diría que por obligación.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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