“Mi guachinche no es un bar ni un restaurante”

En la carretera de San Antonio de La  Matanza nos reencontramos con Plácido, que acaba de inaugurar la temporada de su afamado guachinche. “Este vino tiene cuerpo y cerebro”, solemnizo delante de Rafa, Juan Luis, Emilio, Jose y el peluche. Él y su mujer, Goya, están muy atareados. Cada vez que se acerca le hago una pregunta, hasta que reposamos en el mostrador.

-Plácido, ¿de cuántos garrafones es este guachinche?

“¿Garrafones? ¡Yo qué sé!”

-[Le gastamos una broma] ¡Un refresco!

[Simula un berrinche y nos reímos] “En este guachinche está terminantemente prohibido beber todo lo que no sea vino o agua”.

-Con este vino se van las penas…

“Se van y se alivian las penas”.

-¿Qué tenemos hoy?

“El vino es lo principal”.

-De comida…

“Pescado salado, carne fiesta, conejo,  pulpito, unas papitas arrugadas, unas papitas fritas, un poco de queso, el panito…”

-Y dos huevos duros…

“A veces, pero no es lo habitual”.

-¿Desde cuándo está abierto?

“Abrimos ayer [un viernes]”.

-¿Para cuántos meses es el permiso?

“El Ayuntamiento de La Matanza nos da permiso para tres meses”.

-Prorrogable por otro, creo…

“Yo nunca agoto los tres meses”.

-Hasta que se venda todo el vino… ¿De qué cantidad estamos hablando?

“Dos mil litros. Escojo la misma cantidad, porque tengo el mismo terreno, podo igual y las viñas me echan las uvas parecidas un año tras otro. Siempre las podo al mismo nivel, no dejo más ni dejo menos. Hombre, hay años que echan un poquito menos o más; pero ahí, ahí…”

-Hay muchos guachinches por esta zona, ¿no?

“Sí, sí, muchos”.

-¿Quién más atiende el negocio?

“¿Aquí? Mi mujer y yo, nada más. Si un domingo me veo apurado, mi hija me echa una manita”.

-Son las tres y media. ¿Cuánta gente habrá pasado hoy por aquí?

“Pues, ¡qué te voy a decir! Unas ochenta personas…”

-¿Desde qué hora?

“Desde la una”.

-Hasta las…

“Jueves, viernes, sábado y domingo abro a las doce o las doce y media. Lunes y martes cierro, los miércoles a partir de las seis de la tarde. Mi guachinche cierra la puerta cuando den las nueve o las diez de la noche”.

-¡Bonita casa!

“Esto no es mío, se lo arriendo a una señora. Yo vivo en El Sauzal. Llevo aquí desde el año 2000”.

-Tres o cuatro meses… ¿Y después qué?

“Estamos hasta marzo o abril, hasta que se acabe el vino, y después hasta el próximo año”.

-¿Y el resto del año?

“Soy agricultor, trabajo en mi casa, cuido mis viñas, mis terrenos… Tengo dos tractores y hago mis trabajitos para una clientela buena”.

-[Unas frases encuadernadas decoran las paredes] ¿Son de cosecha propia?

“Muchas son mías y otras me las dicen. Mi hija las pasa por el ordenador y las cuelgo”.

-[Leo una en voz alta] Oración de Plácido: Ángel de la guarda, que guardas a los pecadores, aparta de esta casa a los malos bebedores ¿Cómo se descubre a un mal bebedor?

“Hay un vino bueno y no le gusta y hay otro de inferior calidad y le encanta”.

-¿Este es de La Matanza?

“No, el vino es de El Sauzal. Soy nacido en La Matanza pero vivo en El Sauzal”.

-El Gobierno de Canarias quiere practicar el tiro al plato…

“Lo que no me parece normal es que algunos guachinches tengan siete, ocho o nueve platos, que no los hay ni en un restaurante”.

-¿Cuántos son aquí?

“Tres platitos. El queso y las papas son para acompañar”.

-Si no se cumplen las normas…

“Debemos aceptar unas reglas, vale… Pero, si nos ponen unas normas muy rígidas, no las podemos cumplir. Bueno, ese no es el caso mío”.

-¿De impuestos y eso?

“Los dos estamos dados de alta en la Seguridad Social, tenemos los módulos de Hacienda y la licencia de apertura del Ayuntamiento, con un margen de tres meses para vender mi vino”.

-¿Esta es la única manera de vender el vino?

“Para mí, sí. No hay otra salida, porque los bares no se preocupan mucho. Será que hay bastantes. En fin… Antes era ventorrillero, me iba a las fiestas a instalar mis cantinas. Ya no es rentable. Los jóvenes beben otras cosas”.

-Al final, ¿cuánto vino nos hemos tomado?

[Se monta una pelotera, amistosa, de aquí te espero. Para redondear, Plácido nos invita a una cuarta] “Ocho medias botellas, que son cuatro litros… Ocho cuartas… Cuatro litros y medio… Ocho medios litros, que son cuatro litros… Casi un litro por persona…”

-¿Qué cantidad se sirve normalmente en una mesa?

“En una mesita de cuatro, lo mínimo son dos litros”.

Plácido Afonso Ravelo, viticultor

Publicado el por DNM en Entrevistas ¿Qué opinas?

El autor

DNM

Domingo Negrín Moreno es licenciado en Geografía e Historia y Periodismo por la Universidad de La Laguna. Durante una larga temporada coordinó Nacional/Internacional en 'La Gaceta de Canarias', periódico en el que se ocupó posteriormente de las jefaturas de Sociedad/Cultura y Canarias. En enero de 2006 se incorporó a 'Diario de Avisos', donde también desempeña su faceta humorística. Antes, ejerció de redactor en Radio Club Tenerife (cadena SER) y participó en la fundación de Radio 21, Sociedad Anónima Laboral. Tres años después de haber sido premiado por RNE en un concurso de guiones se convirtió en uno de los diez jóvenes españoles al encuentro de Europa seleccionados por la cadena pública. Coautor de viñetas de actualidad, ha escrito un libro -'Quijotadas' (Turquesa)- que repasa situaciones asombrosas y divertidas.

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